sábado, 3 de diciembre de 2016

Acerca de Rozitchner, Carta Abierta y Monty Python



Siendo las diez y cuarenta y dos del día sábado 3 de diciembre de 2016, una serie de eventos sucedidos a último momento han provocado una reunión de emergencia del Consejo Editorial de La Causa de Catón para evaluar qué medidas tomar en épocas tan turbulentas como las que estamos atravesando.

En efecto, a juzgar por la entrevista a Alejandro Rozitchner realizada por Diego Sehinkman y publicada hoy en La Nación (click) el plagio cometido contra Ricky Sarkany por la carnicería cordobesa “Sankarny” (click) no es un rayo en un cielo estrellado sino que se trata de una verdadera plaga que está azotando nuestro país y que no solamente es un ataque deliberado contra el ingenio popular que nunca descansa sino que además constituye un gravísimo atentado contra la seguridad jurídica.

En verdad, en dicha entrevista Rozitchner sostiene que “Carta Abierta es un fenómeno mal comprendido. Es un fenómeno humorístico como el grupo Monty Python. Es una especie de producción humorístico intelectual”. A esta altura nuestros lectores habituales no necesitan evidencia alguna para corroborar nuestra acusación (o al menos eso esperamos). Pero, tal como dice Mirtha Legrand, dado que “el público se renueva” (o al menos eso esperamos), precisamente por eso invitamos a los lectores a que echen un vistazo a las etiquetas del blog que prueban el descarado plagio cometido por el Sr. Rozitchner: Carta Abierta, Forsteriana, Horatiana, para no decir nada de verdaderos fenómenos intelectuales off-Carta Abierta como Hernán Brienza (Brienzana) y Mempo Giardinelli (Giardinelliana).

Es por estas razones que La Causa de Catón le ha encomendado a su Departamento de Legales que inicie las acciones precisamente legales correspondientes que pongan al impenitente Rozitchner en su lugar, sin perjuicio de la intervención de los fueros civil, penal y contencioso-administrativo, haciendo plena reserva del caso federal y del recurso por ante los tribunales internacionales pertinentes si por ventura la Justicia Nacional irónicamente no hiciera Justicia a nuestra querida Causa.

Hablando de acciones legales, dado que el Sr. Rozitchner confiesa tener “una visión hippie”, venir del “del rock [y de la] la marihuana” y alegar tener una [sic] “formación… filosófica”, anticipando que el aludido pretenda escudarse en dichas desventuras, hacemos asimismo plena reserva del inicio de acciones legales contra el movimiento hippie internacional y en particular los hippies de Plaza Francia, el rock en general (cuyos efectos nocivos quedan confirmados por las afirmaciones en juego), la familia Escobar y los carteles mexicanos de la droga y finalmente contra la Universidad Central de Venezuela, institución que por inferencia asumimos es la responsable de las acciones del Sr. Rozitchner. Dejamos en manos del Departamento de Legales si la conducta del Sr. Sehinkman puede ser subsumida o no bajo el tipo penal de la complicidad e incluso eventualmente encubrimiento.

Quedan Uds. debidamente notificados. Se hará Justicia (o al menos eso esperamos).



miércoles, 30 de noviembre de 2016

¿La Culpa es de Fidel?



El fallecimiento de Fidel Castro provocó varias reacciones muy curiosas. Por razones de espacio nos vamos a concentrar solamente en dos.

En primer lugar, hay una nota del filósofo Darío Sztajnszrajber en Página 12 (click) que al propio Fidel, suponemos, le habría llamado la atención. El título de la nota es: "¿Por qué Fidel? ¿Por qué Cuba?". La respuesta a dichas preguntas es francamente extraordinaria: "ser de izquierda es estar abierto a lo inédito, a lo imprevisible, a lo imposible". En efecto, alguien podría decir que lo mismo se aplica, por ejemplo, al nazismo, particularmente antes de que llegara Hitler al poder. En verdad, mucha gente no pudo siquiera imaginar semejante fenómeno (y pagó con su vida por eso) debido a que fue precisamente "inédito", "imprevisible", "imposible".

En cuanto a que "lo imposible siempre es una caricia que no consuma ni violenta, sino que reguarda la distancia justa" y por lo tanto la creencia en que la Revolución cubana fue una revolución pacífica o una "revolución de las caricias", sin duda aleja considerablemente la Revolución cubana del nazismo pero tiene sus propios problemas. En efecto, o bien es una gran broma pythonesca o en realidad sugiere que el autor no entiende qué es una revolución y menos la cubana.

En segundo lugar nos llamó poderosamente la atención la opinión del Prof. Pablo Vommaro acerca del sistema político cubano, al menos a juzgar por el siguiente video (recomendamos ver a partir del minuto 30 hasta el 32):




Vommaro, con razón, sostiene que la noción de democracia ha variado con el tiempo, pero con ese criterio, también ha variado la idea de libertad, que antes no era sino la otra cara de una defensa de la esclavitud, pero no por eso hoy vamos a defender una concepción semejante. En realidad, hoy en día el uso actual de "democracia" en su sentido bastante minimalista hace referencia a una competencia entre diferentes partidos políticos en elecciones libres (en el sentido mínimo de que el resultado electoral es incierto). De ahí que la aclaración de Vommaro, "simplemente no hay un sistema de partidos", es demoledora para poder decir con un mínimo de sentido que en Cuba hay algo así como una democracia (en realidad el marxismo clásico entendía al sistema político anterior al advenimiento final del comunismo como una dictadura del proletariado).

El Prof. Vommaro además cree que "no hay partido único" en Cuba a pesar de que "el único partido habilitado es el comunista cubano". La mejor explicación caritativa de semejante frase quizás sea que (a) Vommaro comparte nuestra debilidad por Monty Python (véase infra el video de la quesería sin quesos) o (b) como rezaba una vieja historia anterior a la caída del muro de Berlín, en Cuba se puede votar por sí o por no, por sí que se queden, o por no, que no se vayan.




En cuanto a que, como bien dice el Prof. Vommaro, en Cuba hay un sistema electoral regulado por ley, la mera existencia de reglas no tiene por qué atraer nuestra aprobación con independencia de cuáles sean dichas reglas. Después de todo, hasta la mafia tiene reglas, tal como lo dice Neil Dellacroce (subjefe de la familia Gambino), interpretado por Anthony Quinn, al recordarle amenazadoramente a John Gotti, interpretado por Armand Assante, precisamente en el telefilm “John Gotti” (1996), dirigido por Robert Harmon: “tú rompes las reglas y toda esta maldita Cosa Nostra se resquebraja y se derrumba. Tú no rompes jamás las reglas. ¿Capisce?”.



Es más, tanto Hans Kelsen cuanto Carl Schmitt estaban de acuerdo en que todo Estado (capitalista, comunista, etc.) es un Estado de Derecho, i.e. no puede funcionar sin normas jurídicas. La cuestión en todo caso es cuáles son dichas normas. Por otro lado, la filosofía marxista del derecho (pensemos, por ejemplo, en Eugeny Pashukanis) suele desconfiar de las normas jurídicas (y de los derechos en general) precisamente por su conexión con los Estados.

Quizás convenga dar la batalla por Cuba en el terreno de la distribución del ingreso y otros derechos sociales, pero no precisamente en el de la democracia.

miércoles, 23 de noviembre de 2016

Un Cacho de Cultura



Para que no digan que La Causa de Catón le presta demasiada atención a Carl Schmitt y a Sacha Baron Cohen, compartimos ahora un par de artículos de la Revista de Cultura de la AMIA (en realidad, se trata de dos números de la revista, sugestivamente abiertos en una página en particular; dicho sea de paso, convendría abrir los artículos en pantalla completa, abajo a la derecha de la pantalla como decía Emilio Ariño).

El primero trata sobre el republicanismo hebraico, que no trata precisamente del republicanismo en el club Hebraica, sino de cómo el republicanismo se volvió revolucionario o en todo caso furiosamente antipersonalista, preocupado por la distribución del ingreso y defensor de la tolerancia religiosa (Antipersonalismo, igualitarismo y tolerancia en el republicanismo hebraico).

El segundo trata sobre los Juicios de Núremberg y el anti-positivismo jurídico. Lo que explica este artículo es cómo la forma misma del derecho, si bien permite la comisión de varios delitos bastante atroces, es incompatible con la comisión de atrocidades a gran escala como un genocidio. Fue precisamente este hecho el que motivó que los nazis decidieran llevar adelante el Holocausto por fuera del derecho (Los Juicios de Nuremberg y el Anti-positivismo jurídico).



domingo, 20 de noviembre de 2016

Acerca de Presentaciones de Libros y la Toma de Rehenes

A raíz de la presentación de Razones Públicas (click) se ha suscitado un muy interesante debate acerca de la práctica de tomar rehenes, en este caso en aras de obtener un juicio favorable por parte de los presentadores. En efecto, no han faltado quienes se han pronunciado terminantemente en contra de dicha práctica en términos claramente inequívocos.

Permítasenos entonces aclarar que es una verdadera calumnia la que sostiene que para asegurarnos de que la opinión de los presentadores fuera favorable habíamos raptado a sus otrxs significantes y a sus hijxs. Que quede absolutamente claro que solamente mantuvimos como rehenes a sus otrxs significantes. Se nos había ocurrido agregar a los hijxs pero resultó ser impracticable no solamente porque se trata de un número no menor sino que además varios de ellos viven en el exterior. Ni siquiera contamos con semejante presupuesto. Por lo demás, los rehenes fueron liberados apenas terminó la presentación.

En segundo lugar, los muchos fanáticos de “El Padrino” recuerdan que existía una familia, los Bocchicchio, que se dedicaba a ofrecerse como rehenes durante la realización de ciertos encuentros, como por ejemplo el que tuvo lugar entre Michael Corleone y el Turco Sollozo (para no decir nada del Capitán McCluskey). El negocio consistía en que quien proponía el encuentro (en este caso Sollozzo) contrataba a los Bocchicchio, quienes a su vez a cambio de una suma de dinero enviaban un rehén que quedaba en manos de quien aceptaba la invitación (en este caso, la Familia Corleone). Si algo les sucedía a los invitados, la familia de estos últimos disponía a voluntad de la vida del rehén.

En tercer lugar, el propio dictador Haffaz Aladeen tomó como rehenes familias enteras (no como nosotros que nos limitamos a otrxs significantes) para asegurarse de obtener buenas críticas para su película (aconsejamos activar CC en youtube).




Finalmente, si por alguna razón, las prácticas de la mafia y las de un dictador no hubieran convencido a nuestros lectores todavía, invocaremos el ejemplo de lo que se suele denominar como “entrega del rehén parlamentario”. En efecto, una vez finalizada la guerra civil y restaurada la monarquía, cada vez que la Corona abre el período de sesiones del Parlamento británico un miembro del Parlamento es entregado como rehén quien queda en manos de la Corona en el Palacio de Buckingham hasta que la Corona regrese sana y salva (nos permitimos aconsejar nuevamente el uso de CC en youtube).




No faltarán los lectores que sostengan que todos nuestros esfuerzos han sido en vano ya que el juicio de los presentadores no ha sido muy favorable que digamos. Precisamente, en aras de alimentar el debate invitamos ahora a nuestros lectores a escuchar nuevamente la presentación y luego participar del debate. Para estimular semejante participación hemos decidido establecer un sorteo entre los que dejen su opinión al respecto. El primer premio es una semana en Miramar con todos los gastos pagos. El segundo premio son dos semanas en Miramar con todos los gastos pagos. Con Uds., nuevamente, los intérpretes.

    

jueves, 10 de noviembre de 2016

A propósito de la Democracia y del Triunfo republicano



El resultado de las elecciones en EE.UU. nos trae a la memoria la relación controversial que suelen tener la deliberación y la decisión democráticas, por no decir la república y la democracia, expresada claramente por Rousseau en un conocido pasaje del Contrato Social:

Cuando se propone una ley en la asamblea del Pueblo, lo que se les pregunta no es precisamente si aprueban la proposición o si la rechazan, sino si ella es conforme o no a la voluntad general que es la suya; cada uno dando su sufragio dice su opinión sobre ello, y del cálculo de los votos se saca la declaración de la voluntad general. Cuando entonces la opinión contraria a la mía prevalece, eso no prueba otra cosa que yo me había equivocado, y que lo que yo estimaba ser la voluntad general no lo era. Si mi opinión particular hubiera prevalecido yo habría hecho otra cosa de lo que hubiera querido, y es entonces que yo no habría sido libre. Esto supone, es cierto, que todos los caracteres de la voluntad general están todavía en la pluralidad: cuando dejan de estarlo, cualquiera sea el partido que se tome no hay más libertad” (Jean-Jacques Rousseau, Del Contrato Social, traducción de Mauro Armiño, Madrid, Alianza, 1980, pp. 109-110, traducción modificada).

Para discutir este pasaje, como se suele decir en inglés, vamos a hacer sonar nuestra propia corneta y tomar una hoja, o tres en realidad, de nuestro propio libro Razones Públicas (pp. 174-176).

Por un lado, (A) Rousseau supone que existe una voluntad general que es anterior a la deliberación democrática y que por lo tanto debe comandar precisamente dicha deliberación; es precisamente por eso que los ciudadanos que participan de la deliberación (o de la votación para el caso) no deben preguntarse meramente si aprueban o no la moción (o cierto partido político), sino si la misma es o no conforme a la voluntad general. Como la decisión democrática es básicamente declarativa de una voluntad general preexistente, habría razones para impugnar toda decisión que se apartara de dicha voluntad general.

        Sin embargo, como es muy difícil conocer la voluntad general a menos que quienes participan de la deliberación alcancen una decisión unánime (y a veces ni siquiera si hubiera unanimidad), es por eso que Rousseau también afirma que (B) la voluntad general en realidad es el resultado de la deliberación ya que se expresa en el “cálculos de votos” de quienes participan en la deliberación en cuestión. Según esta posición, la decisión democrática no declara sino que constituye la voluntad general. Antes del pronunciamiento democrático es imposible conocer cuál es la decisión correcta.
       
        Las posiciones declarativa y constitutiva de la decisión democrática tienen sus pros y sus contras. La tesis declarativa (A) pretende asegurarse de que la decisión democrática sea correcta, lo cual supone que contamos con un estándar de corrección anterior a la democracia que nos permite juzgarla. Pero entonces, si existen estándares de corrección que son anteriores a la decisión democrática, vale preguntarse cuál es el sentido mismo de la deliberación democrática: ¿para qué deliberar (o votar para el caso) para alcanzar una verdad que conocemos de antemano, salvo quizás para expresarnos, o para pasar el tiempo quizás?

        De ahí que la tesis constitutiva (B) venga a suplir la deficiencia mayor de la tesis declarativa, en la medida en que sostiene que en lugar de ser redundante, la decisión democrática hace toda la diferencia ya que antes de que sea tomada precisamente no podemos saber lo que debemos hacer. Para emplear la terminología rousseauniana, según la tesis constitutiva la voluntad general es la de la mayoría, y la voluntad particular es la que perdió. El problema es que en tal caso es natural que surja la pregunta: ¿estamos dispuestos a hacer cualquier cosa que decida la mayoría, solamente porque lo decidió la mayoría? Después de todo, hay momentos en los cuales hasta los demócratas pueden llegar a ser una minoría, en la medida en que por democracia no entendamos solamente un conjunto de procedimientos sino además un contenido mínimo.

        Ciertamente, la discusión sobre la diferencia práctica que hace la democracia no puede ser sincronizada con el resultado de una elección o con la derrota de un partido. Eso sería hacer trampa, incluso si ganara Trump, un populista o neofascista y no en el buen sentido de la expresión como diría Sacha Cohen.

        En realidad, el triunfo de Donald Trump son buenas y malas noticias. Las buenas, ya en sus primeros discursos como presidente queda claro que no va a hacer lo que dijo. Las malas, es que todo lo que dijo fue para ganar las elecciones. Veremos qué nos depara el futuro.

domingo, 6 de noviembre de 2016

Carta Abierta a Pichetto



El espacio Carta Abierta, como no podía ser de otro modo, acaba de hacer pública su indignación por la sombría xenofobia del Senador Miguel Ángel Pichetto (Página 12). Sin embargo, desde hace un tiempo los grandes medios hegemónicos han montado una campaña de desprestigio en contra de dicho espacio, campaña que a juzgar por el título del muy reciente libro de Bernard Lahire, En defensa de la sociología, y sobre todo por su subtítulo, Contra el mito de que los sociólogos son unos charlatanes, justifican a los delincuentes y distorsionan la realidad, tiene la misma estructura que la campaña de desprestigio de la cual los sociólogos han sido objeto en los últimos años, al menos en Francia. De ahí que en países como Francia debe haber pocas cosas peores que adherir a Carta Abierta y encima ser sociólogo. Nos vemos entonces obligados a salir en su defensa. Cabe aclarar que no se trata de oportunismo político ya que no es la primera vez que salimos en defensa del espacio e invitamos a nuestros lectores a recorrer nuestros archivos (Carta Abierta).

En primer lugar, muchos han criticado la longitud de los pronunciamientos de Carta Abierta por ser demasiado extensos, llegando en algunos casos a los varios miles de palabras. En cambio, el de hoy no alcanza a tener 862 palabras precisamente porque tiene 861. Es cierto que no pocos han criticado además el estilo ampuloso y enigmático de Carta Abierta. Dejamos sin embargo la defensa de este último rasgo en manos del equipo de abogados de O. J. Simpson.

En segundo lugar, algunos le critican a Carta Abierta la oportunidad de su indignación por Pichetto. Nos da la impresión de que la objeción sería la siguiente: por qué se dieron cuenta justo ahora de que Pichetto está más cerca de Roberto Rimoldi Fraga que de Peter Singer. Después de todo, bajo la égida de Cristina Kirchner él no era precisamente el Anacharsis Cloots de las pampas. Previendo esta objeción Carta Abierta hace saber al mundo que recuerda claramente aquella frase de Pichetto que inmortalizara su paso por el Senado cuando sostiene el espacio que que existen “frases xenófobas y racistas para no olvidar” del tipo “...murieron –en la AMIA– ciudadanos argentinos de religión judía y argentinos…”, en el contexto del celebrado tratado con Irán. Lo que el espacio olvidó agregar fue que en su momento creyeron que era una broma de Norman Erlich, similar a las tantas que existen sobre sefaradíes y askenazíes.

En realidad, esta objeción contra Carta Abierta es muy injusta. En efecto, es un hecho comprobado por la neurociencia hace tiempo que la genealogía y la estructura de nuestro cerebro todavía mantiene un perfil reptiliano, lo cual explica por ejemplo que cada vez que un automóvil nos acomete en la calle nuestra primera reacción sea la de paralizarnos. Ciertamente, la de inmovilizarse tratando de despistar al agresor es una estrategia que fue útil en su momento para los reptiles pero algo anticuada si pensáramos en las exiguas ventajas que podría reportarnos hoy en día en caso de tener que hacer frente a una camioneta 4 x 4 (o un Fiat 600 para el caso); sin embargo, nuestra primera reacción sigue siendo la misma. De hecho, mientras que el atraso del cerebro reptiliano humano es de cientos de millones de años, en comparación el de Carta Abierta es inconmensurablemente superior en términos evolutivos ya que es de solamente tres años y medio (nuestros lectores recordarán que la inmortal frase de Pichetto es de febrero del 2013: Senador lo que se dice Senador).

Además, mientras que bajo el kirchnerismo Pichetto hablaba por sí mismo y jamás en nombre del kirchnerismo, ahora, a pesar de que Pichetto “no pertenece al partido de gobierno”, “por su boca expele la globalización a martillazos, ofreciéndose como guardián exaltado del parque temático del macrismo”. A buen entendedor, pocas palabras.

En todo caso, y para que no queden dudas, Carta Abierta no le escapa a la auto-crítica: “El personaje del que venimos hablando fue desde Menem hasta acá el jefe de bloque de senadores del PJ primero y del FPV/PJ a continuación. Todos quienes luchamos por y apoyamos a los gobiernos populares de Néstor Kirchner y Cristina Fernández de Kirchner somos responsables de que esto haya sucedido y suceda. Nos comprometemos a impedir –en la medida de nuestras posibilidades, y llamamos a los compañeros a unir fuerzas en esto– que señores de esta calaña ocupen cargos en un futuro gobierno nacional, popular y democrático y que tampoco lo hagan como parlamentarios en representación de un pueblo al que reiteradamente traicionan”.

Nos imaginamos entonces cómo se deben sentir los miembros de Carta Abierta después de haber defendido a Néstor y a Cristina y ahora tener que hacer público su arrepentimiento, otro gesto que honra a este espacio, un verdadero hervidero de auto-crítica.

jueves, 3 de noviembre de 2016

Katz, Strasser, Rosenkrantz, Rosler: Audio de la Presentación de Razones Públicas


Como en el cuadro de Rafael, algunos leen, otros miran hacia arriba, otros hacia abajo, y otros mantienen la vista hacia adelante



Finalmente, con muchas consonantes y pocas vocales en sus apellidos, A. Katz, C. Strasser, C. Rosenkrantz y A. Rosler (o KSRR, una sigla bastante amenazadora, con cierta reminiscencia de un Eje Rin-Danubio a punto de invadir Polonia o de las fuerzas contra las que combatía el Súper Agente 86), presentaron Razones Públicas. Seis Conceptos Básicos sobre la República, un libro de Katz Editores que a esta altura no es aventurado decir que está próximo a convertirse en algo así como el Harry Potter del republicanismo, a juzgar en todo caso por la multitud que literalmente abarrotara las instalaciones de Dain Usina Cultural el pasado 25 de octubre, a pesar de que el clima algo otoñal no acompañara precisamente al evento.

De hecho, nos preguntamos si no fue una suerte en realidad que la lluvia disuadiera a los demás y lograra persuadirlos de no concurrir. Los organizadores, en efecto, no podían ocultar su orgullo en términos de la convocatoria aunque se mostraban preocupados por los efectos colaterales de semejante repercusión. La Policía Federal merced a un operativo conjunto con la Metropolitana y el Regimiento de Patricios cuya ayuda fue solicitada en virtud de tratarse de un caso de fuerza mayor, se vio obligada no solamente a coordinar el acceso de la multitud sino además a desviar el recorrido normal de la línea 55 de transporte colectivo de pasajeros, lo cual a su vez provocó no pocos trastornos en el tránsito del barrio de Palermo en general con embotellamientos que llegaban hasta la sede misma del Regimiento mencionado a la sazón, el cual se mostró solícito de modo casi instantáneo y a quien le estaremos eternamente agradecidos.

En verdad, la asistencia fue tal que los organizadores se vieron forzados a instalar sendas pantallas gigantes (gracias Diego Herman por habernos anoticiado al respecto) para aplacar los ánimos de esa multitud transformada en una verdadera turba una vez que se hubo enterado de que las instalaciones del solar de la esquina de Thames y Nicaragua solamente podían albergar algunos cientos de personas y una decena de abogados. Gracias a los matutinos del día siguiente nos enteramos incluso de que la cola de ingreso llegó a ser de tal entidad que pingües ganancias fueron obtenidas por quienes decidieron celebrar actos de comercio a lo largo de la misma, concentrándose fundamentalmente en la venta de pilotos para la lluvia, paraguas y teléfonos celulares.

Justo cuando lamentábamos que las palabras de los presentadores iban a quedar irremediablemente sumergidas en las aguas del Leteo, una de las personas asistentes—que prefirió que su nombre permaneciera en el anonimato y se llama Graciela Soler—, verdadera Mnemósine rediviva,
nos proveyó amabilísimamente de una grabación del audio de la presentación, el cual ponemos a disposición de los escasísimos lectores que decidieron no concurrir vaya uno a saber por qué.

Si bien el audio permite que nos concentremos en el contenido de las proposiciones, lo cual son buenas noticias por cierto, por otra parte eso mismo a veces impide que entendamos el significado de las mismas. Es por eso que nos vemos obligados a aclarar que las risas que emergen aproximadamente a los 35 minutos de la presentación se deben a ciertos gestos del autor que daban a entender su intención de que la presentación fuera suspendida ipso facto debido a que el Dr. Rosenkrantz en ese momento no tuviera mejor idea que dar a conocer el hecho de que el libro adolece de ciertas contradicciones, y de hecho las risas inmediatamente subsiguientes se deben a otros tantos gestos del autor que dan a entender a su vez que la presentación debía continuar una vez que el propio Dr. Rosenkrantz indicara que en realidad dichas tensiones contribuían a incrementar la valía del libro.

A continuación, sin más aditamentos o cortapisas, las severas y polémicas críticas formuladas por los presentadores, seguidas por la respuesta algo subida de tono del autor a las mismas. Con Uds., los intérpretes:

 

domingo, 30 de octubre de 2016

Es un Escándalo



En una nota de hoy en Página 12 (click) Eugenio Zaffaroni muestra su preocupación por el caso de, entre otras personas, Milagro Sala. Se trata de una preocupación más que razonable, tal como lo hemos mencionado en este mismo blog (click). Algo huele mal en Jujuy.

Lo que llama la atención sin embargo es la manera de argumentar de Zaffaroni. En primer lugar, su referencia a la excepción. En efecto, según Zaffaroni, si no entendimos mal, quienes justifican la detención de Milagro Sala lo hacen invocando algo así como un estado de excepción. De ahí que Zaffaroni sostenga que “La excepcionalidad fue el argumento legitimante de toda inquisición a lo largo de la historia, desde la caza de brujas hasta nuestros días, pasando por todos los golpes de Estado y las consiguientes dictaduras. Nadie nunca ejerció un poder represivo arbitrario en el mundo sin invocar la ‘necesidad’ y la ‘excepción’”.

Sin embargo, es una falacia creer que, v.g., dado que quienes ejercen “un poder represivo arbitrario” invocaron la excepción, entonces todos los que invocan una excepción ejercen “un poder represivo arbitrario”. De otro modo, dado que los nazis usaban trenes para transportar a las víctimas del genocidio, entonces todos los que usan trenes son nazis. Con ese criterio, además, dado que el pensamiento de Schmitt tuvo un uso nazi (tema sobre el que vamos a volver más abajo) entonces todos (entre ellos Chantal Mouffe) los que usan a Schmitt son nazis. En realidad, la culpa, por así decir, no es de la excepción, sino de los que la usan. Como se solía decir a comienzos de la década del 80, la culpa no es del chancho sino del que le da de comer y por eso habían atentado contra el cocinero de Álvaro Alsogaray.

De hecho, el mismísimo Carlos Nino decía en relación a los juicios de Nuremberg que “ningún valor moral, por más importante que sea, es absoluto y prevalece sobre todos los demás valores”. En algunas ocasiones no queda otra alternativa que buscar el “mal menor” (C. Nino, Introducción al Análisis del Derecho, p. 26). Y el propio Zaffaroni reconoce otro tanto al sostener que quienes hablan de la excepción afirman “hipócritamente que actuaban legitimados por la urgencia de salvar valores superiores ante la amenaza de males de extrema gravedad” [el subrayado es nuestro]. Con lo cual Zaffaroni no solamente comete una falacia sino que además se contradice a sí mismo, ya que si alguien actúa hipócritamente es porque tiene sentido lo que hace, aunque no en el caso en cuestión. En otras palabras, precisamente, los hipócritas se aprovechan de lo que es moralmente correcto (en nuestra discusión, se trata de la excepción). Si se aprovecharan de lo que no tiene sentido o es imposible, no existiría la hipocresía.

En segundo lugar es notorio cómo un jurista de la talla de Zaffaroni tiene serias dificultades para entender a Carl Schmitt. Sin duda, Carl Schmitt durante algunos años fue cómplice del nazismo, o en todo caso lo miró con bastante cariño. Sin embargo, hay fuertes razones para creer que el de Schmitt fue un caso de oportunismo, como el de algunos jueces que, de modo inverso, primero colaboraron con la dictadura militar argentina denegando presentaciones de habeas corpus para llenarse la boca hablando de democracia y derechos humanos en los años subsiguientes.

En efecto, así como Schmitt se convirtió en un defensor del régimen jurídico nazi, antes del advenimiento al poder del nazismo el propio Schmitt había advertido que si los nazis (o los comunistas) llegaban al poder iban a cerrar la puerta constitucional detrás de sí mismos y por eso Schmitt, v.g. en Legalidad y Legitimidad, recomendaba declararlos inconstitucionales y prohibirles competir en las elecciones.

En otras palabras, hasta 1932, Schmitt, si bien no era exactamente un admirador de la Constitución de Weimar, hizo todo lo posible por defenderla. Creer que, como lo hace Zaffaroni, la doctrina constitucional de Schmitt fue un “un razonamiento perverso para legitimar el poder ilimitado del Führer” en el mejor de los casos implica el desconocimiento de todo lo que Schmitt había pensado y escrito hasta 1932.

De hecho, hay momentos en los que da la impresión de que Zaffaroni tampoco leyó la obra de Schmitt después del nazismo, entre otras cosas, La Teoría del Partisano, en la que consta que el portador de lo político ya no es el Estado sino en realidad un enemigo del Estado como el partisano o guerrillero. En otras palabras, el pensamiento de Carl Schmitt es muchísimo más complejo de lo que parece a primera vista.

En realidad, volviendo a la excepción, la única manera de evitar el ascenso del nazismo era la de invocar precisamente la excepción que representaba semejante movimiento político para el orden republicano y las medidas excepcionales previstas por la Constitución de Weimar en defensa de la misma. No tiene mayor sentido creer que hubiese sido suficiente una cédula de notificación de un juez federal para hacer frente al nazismo.

Para concluir y volviendo a Milagro Sala, es absurdo invocar una excepción para justificar su detención arbitraria, pero no porque toda invocación de una excepción sea arbitraria sino porque hoy en día en Argentina invocar una excepción no tiene mayor sentido. En realidad, la cuestión central tampoco es la detención en sí misma, ya que si cometió algún delito es lógico que esté detenida, sobre todo si mediante su libertad pudiera interferir en los juicios en su contra, lo cual agregaría otro delito al delito originario que explicaría su detención. Pero, como se suele decir en inglés, debemos mantener el ojo en la pelota: la cuestión entonces tampoco es la detención de Milagro Sala en sí misma sino si cometió o no un delito. Hablar de la excepción y de Carl Schmitt lo único que hace es contribuir a la confusión y mantener aquello que deseamos cambiar.

miércoles, 19 de octubre de 2016

Este martes razones públicas serán dadas de Razones Públicas



Katz editores

invita a la presentación de

Razones públicas

Seis conceptos básicos sobre la república


de Andrés Rosler


Una imagen viva del discurso republicano, que nos atrae no solo por sus propiedades inherentes, sino también por lo que hay en él de nuestras propias experiencias políticas y aspiraciones


Presentan:
 Carlos Rosenkrantz, Carlos Strasser y el autor



Martes 25 de octubre, a las 18.30 hs.


DAIN - Usina cultural

Nicaragua 4899, Ciudad de Buenos Aires


Entrada libre y gratuita

Alea jacta est

jueves, 6 de octubre de 2016

Presentación del libro Razones Públicas




El entusiasmo generado por Razones Públicas en la juventud republicana (a juzgar al menos por la imagen que ilustra esta entrada) nos motiva a hacer público el anuncio de que dicho libro será presentado en sociedad el martes 25 de octubre de este año a las 18:30 en la librería Dain Usina Cultural (click), sito en la calle Nicaragua 4899 del barrio de Palermo de la ciudad de Buenos Aires.

Estarán a cargo de la presentación Carlos Rosenkrantz y Carlos Strasser, acompañados por Alejandro Katz y el autor (Andrés Rosler, a la sazón frecuente colaborador de este blog). Queda por develar si los presentadores irán a, para parafrasear a Marco Antonio en el Julio César de Shakespeare, "enterrar" o a "elogiar" el libro.

Quienes desearan conocer algún adelanto sobre el libro pueden consultar no solamente la página del libro (click) y este mismo blog (Test de Republicanismo en Sangre), sino además una nota hecha por Astrid Pikierny en La Nación (La República como Tamiz) e incluso un audio del programa de radio de Jorge Lanata (Sin Filtro).

Si en aras de evitar congestionamientos de tránsito o incidentes varios la Policía Federal decidiera alguna distribución particular del acceso del público (v.g., locales por Thames, visitantes por Nicaragua), lo anunciaríamos oportunamente por este mismo medio.

Lxs esperamxs.


jueves, 22 de septiembre de 2016

Defensa Propia o Castigo Privado




Una parte considerable de la sociedad argentina parece estar más que dispuesta a extender el espacio de la legítima defensa a tal punto que la línea entre la defensa propia y el castigo privado parece estar en vías de extinción.

Lo que subyace a esta ampliación de la defensa propia es la creencia de que vivimos en lo que la jerga de la filosofía política suele llamar “estado de naturaleza” (y no en el buen sentido de la expresión, si es que existe). Dado que el Estado por diversas razones (ineficiencia, corrupción, falta de recursos, etc.) no cumple con su tarea de proteger la vida de los ciudadanos, estos se ven tentados a recuperar el derecho pre estatal de castigar.

Esta manera de pensar no advierte que si los particulares recuperaran el derecho pre estatal de castigar a sus agresores debido a la inacción estatal, el castigo privado no solamente rara vez disuadiría la conducta de los eventuales futuros agresores, sino que además muy probablemente socavaría todavía más la autoridad del Estado, todo lo cual no haría sino lograr que la situación presente recrudeciera aún más.

Tal como lo han enseñado los grandes pensadores del Estado moderno (Hobbes, Kant y Hegel), la línea que separa entre víctimas y agresores existe solo gracias a la autoridad estatal. Una vez que el Estado deja de tener autoridad, esa línea queda desdibujada dando lugar a un estado de naturaleza en el cual somos todos agresores y víctimas, todos nos perseguimos mutuamente. La estructura de la interacción en tal caso haría que fuera razonable y legítimo perseguir o atacar preventivamente solamente por las dudas, para no ser víctima del ataque de los demás. El castigo privado, entonces, lo único que haría es eliminar la distinción entre agresores y víctimas; pero en tal caso no tendría sentido hablar siquiera de castigo, privado o de cualquier otro tipo.

Las víctimas de un delito suelen tener naturalmente el deseo de vengarse de sus agresores, por la sencilla razón de que primitivamente, en el estado de naturaleza originario en el que vivían nuestros ancestros, no había Estado alguno y por lo tanto no había otra forma de protegerse. Ahora, que tenemos un Estado con muchos defectos, no debemos debilitarlo mediante el castigo privado, sino mejorarlo. Los ciudadanos cumplen con su responsabilidad pagando sus impuestos (amén de participar y controlar al Estado) y los funcionarios deberían cumplir con la suya.

El Estado tiene una enorme deuda con sus ciudadanos, particularmente en el área de la prevención del delito. Y debe ponerse al día (no solo castigando sino fundamentalmente atacando las causas del delito). Sin embargo, hay que ser conscientes de que el castigo privado lo único que lograría es que dicha deuda se acrecentara, con la muy previsible bancarrota final de toda la sociedad.

Fuente: Clarín.

martes, 13 de septiembre de 2016

Maestría en Filosofía Política de la UBA



"Calle Atenas su virtud, 
su grandeza calle Roma.
 ¡Silencio que al mundo asoma 
la gran Maestría en Filosofía Política del Sud!"


Atención legionarios y legionarias, Asterixes, Falbalás y por qué no Ideafixes (o personas cuya idea fija sea la filosofía política), la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires anuncia el reclutamiento de la primera cohorte de su Maestría en Filosofía Política, un verdadero Deus Mortalis representado ni más ni menos que por el profesor Jorge Dotti.

En la página oficial del posgrado consta que "La propuesta está destinada a graduados de Filosofía y de otras carreras universitarias o terciarias que tengan vinculación con la filosofía política, como Historia, Derecho, Ciencias Sociales, Economía, etc. El propósito de la Maestría es formar investigadores con el nivel de calificación suficiente como para generar un impacto positivo en la producción filosófica profesionalizada, específicamente en los ámbitos de la filosofía social y política. También se trata de abrir canales de perfeccionamiento y actualización disciplinar para graduados de filosofía que ejerzan la docencia de nivel medio o superior y posibilitar su inserción en redes de investigación".

                                               Plan de Estudios

Primer Ciclo
Segundo Ciclo
Filosofía política clásica

Filosofía política medieval

Filosofía política moderna 1 (siglos XVI-XVII)

Filosofía política moderna 2 (siglo XVIII)

Filosofía política del siglo XIX 1

Filosofía política del siglo XIX 2

Filosofía política contemporánea

Teoría de la justicia

Teoría de la democracia

Derecho y política

Estado y soberanía

Seminario de Investigación I

Seminario de Investigación II


El período de inscripción es del 3 al 31 de octubre de 2016. Quienes deseen más información sobre este verdadero empacho de filosofía política (sin posibilidad de tirarse el cuerito) pueden hacer click en Posgrado Filo. Información de contacto:
Puan 430 - CABA - C1406CQJ - Argentina
Lu-Vi 12 a 18
+54 (011) 4433-5925
info.posgrado@filo.uba.ar

Después no digan que no les avisamos. Y si no, que se nos caiga el cielo sobre nuestras cabezas.

sábado, 3 de septiembre de 2016

De Bombas y Terroristas



¿Cree que los grupos guerrilleros deberían ser llamados terroristas?
—Es que naturalmente son terroristas. Sobre todo la guerrilla urbana, donde no hay un enfrentamiento con un ejército en un terreno. Por eso, para hacerse notar, o tomaban un cuartel o una comisaría para robar las armas o ponían una bomba. Cuando se pone una bomba, es para causar terror. No se hacen las cosas porque te volviste loco. El hecho en sí es un hecho de terror” (Infobae).

Como de costumbre, las apreciaciones de Graciela Fernández Meijide son ciertamente interesantes, pero en este caso particular son algo imprecisas también. En efecto, ella asocia la caracterización de terrorista con el tipo de arma empleada: “Cuando se pone una bomba, es para causar terror”. Sin embargo, tal caracterización no permite distinguir entre el terrorismo y el acto de guerra. Nadie puede negar que los aviones de los ejércitos regulares usan bombas y sin embargo no se suele creer que ese mismo hecho los convierta necesariamente en terroristas.

Por otro lado, las bombas de los aviones seguramente provocan más terror todavía que el que provocan los actos que suelen ser considerados terroristas, a menos que creamos que el terror de las bombas provienen del hecho que son puestas antes que tiradas. Quizás el terror de las bombas puestas provenga de que sean puestas de modo imprevisto por sus víctimas, pero otro tanto se lograría con un ataque aéreo sorpresa.

Un guerrillero, por su parte, muy probablemente se sienta más cerca de la guerra que del terrorismo, aunque, como lo dice el nombre (“guerrilla”), la guerra librada tiene lugar en una escala menor. De hecho, los guerrilleros por definición pertenecen a estructuras militares (por no decir neo-, filo- o para-estatales) con sus correspondientes jerarquías y férreas disciplinas, las cuales contemplan no solamente el ataque de sus enemigos sino la muerte para el caso de desobediencia dentro de sus propias filas.

Suele suceder que, quizás asimismo por definición, la guerrilla no cuente con la aprobación de un Estado en operaciones por así decir y por eso sea ilícita o clandestina. Pero, en la medida en que los guerrilleros estuvieran dispuestos a atacar exclusivamente a los combatientes entre sus enemigos no habría razones para considerar que sus efectos fueran, otra vez, necesariamente terroristas. Semejante equiparación entre el terrorismo y la insurgencia haría que la expresión “terrorismo de Estado”—que hoy en día parece ser redundante—se convirtiera en una contradicción en sus términos.

En sentido estricto, entonces, convendría decir que un acto terrorista consiste en el ataque deliberado de no combatientes con independencia del arma empleada, de la víctima y del agente. En efecto, mientras que un acto de guerra es aquel que tiene como blanco deliberado solamente a combatientes, un acto terrorista apunta deliberadamente a no combatientes. El acto de guerra ciertamente puede provocar víctimas entre los no combatientes pero se trataría de víctimas no deliberadas sino solamente previstas o como se suele decir “efectos colaterales”.

Por lo demás, la caracterización del terrorismo exclusivamente como ataque deliberado contra no combatientes permite que tanto los funcionarios estatales cuanto los guerrilleros (o insurgentes si se quiere) puedan cometer actos terroristas: no importa quién comete el acto sino qué hizo. Creer que el Estado o el insurgente por definición no puede cometer actos terroristas parece ser antojadizo, a pesar de lo que suelan creer respecto de sus propios actos tanto los agentes estatales como los insurgentes.

Alguien podrá creer que la caracterización de un acto como terrorista no depende tanto de qué se hace o quién lo hace sino en aras de cuál meta se hace. En efecto, algunos podrían creer que, dada la mala prensa que tiene la idea misma de terrorismo, el Estado no puede cometer actos terroristas debido a que tiene a su cargo la protección del orden. En realidad, para los estatistas son los insurgentes los únicos que pueden cometer actos terroristas sobre todo porque los insurgentes por definición representan un grave desafío para el orden.

Por su parte, los insurgentes tampoco se sienten cómodos con la etiqueta de terrorista porque invocan una meta o idea (de ahí su “idealismo”) que se supone justifica sus actos (libertad, igualdad, etc.) y por eso suelen entenderse a sí mismos como “luchadores por la libertad”. Sin embargo, si la meta pudiera ser invocada para decidir si un acto es o no terrorista, no solamente los insurgentes sino también los Estados tendrían derecho a invocar dichas metas (que bien pueden ser asimismo la libertad, igualdad, etc.) para que sus propios bombardeos—o lo que fuera—no sean considerados terroristas.

Dicho sea de paso, algunos consideran que la distinción entre previsión e intención que se suele usar para distinguir entre el acto de guerra y el acto terrorista, si bien es psicológicamente relevante (i.e. no es lo mismo querer que prever), exagera la preponderancia del agente a expensas del punto de vista de la víctima. En efecto, es altamente probable que a la víctima de un acto terrorista no le interese en lo más mínimo que el agente que estuviera a punto de atacarla fuera un agente del Estado o un guerrillero y/o lo hiciera deliberadamente o sólo como resultado de un acto colateral y/o lo hiciera en defensa o en contra del orden. Lo que suele interesarle a las víctimas es, v.g., que no las vuelen en pedazos, sin que importe quién lo hiciera o por qué.

Finalmente, la muy mala y merecida prensa con la que suele contar el terrorismo parece impedir que tuviera sentido empezar siquiera a discutir la posibilidad de un acto terrorista justificado. En otras palabras, jamás podríamos siquiera excusar a quien atacara deliberadamente a una persona no combatiente. Solamente un personaje de Sacha Cohen podría entonces hablar de “terrorismo en el buen sentido de la palabra”.

Sin embargo, quizás no sea necesario invocar a Sacha Cohen a este respecto. Supongamos que X (v.g. Hernán Cortés, el rey Leopoldo de Bélgica, Hitler, Stalin, el presidente de una corporación, etc.) estuviera cometiendo un genocidio y que la única manera de impedirlo fuera cometer un acto terrorista contra algún familiar (no combatiente) de X, suponiendo que X, genocida que es, sin embargo puede tener cierto afecto por la persona en cuestión que lo haría cambiar de opinión acerca del genocidio (de otro modo, el ejemplo no tendría sentido). Quizás la decisión sea literalmente discutible, pero precisamente este ejemplo muestra que a diferencia de lo que se suele creer, al menos tiene sentido empezar a discutir al respecto y quizás se tratara incluso de un acto excusable. Reveladoramente, sin embargo, se trata de casos de laboratorio ya que ninguno de los actos terroristas cometidos hasta ahora caen bajo semejante descripción.

sábado, 27 de agosto de 2016

Manes, Forster: ¿tomeito, tomato?



En una especie de infomercial, CÑÑ recientemente entrevistó a Facundo Manes acerca del “cerebro argentino” (CÑÑ). Tal como surge en la entrevista, la pregunta por el “cerebro argentino” está relacionada con la reciente designación de Facundo Manes en la “Unidad de Coordinación para el Desarrollo del Capital Mental” dentro del ámbito de la Gobernación de la Provincia de Buenos Aires.

Los cerebros de los lectores del blog no podrán sorprenderse en absoluto de que para algunos cerebros sea natural asociar la reciente institución con la Secretaría de Coordinación Estratégica para el Pensamiento Nacional de otrora, a cargo de nuestro admirado Ricardo Forster (forsteriana), para no decir nada de la aspiración cristinista de democratizar las neuronas (democratizando neuronas).

Ahora bien, al comienzo mismo de la entrevista sobre el cerebro argentino el propio Manes reconoce que en realidad no existe un cerebro argentino ya que el cerebro argentino es igual al brasileño, al ruso, etc. Por ejemplo, el sesgo de confirmación mencionado por Manes es característico no solamente de kirchneristas y macristas, sino de todos los cerebros e incluso se debe a que originariamente era bueno para los negocios (probablemente debido a que estos sesgos podían ayudar a proteger la reputación propia, lo cual impedía el castigo y/o la expulsión del grupo).

En todo caso, si hubiera que usar un gentilicio habría que decir que todos los cerebros humanos actuales son básicamente africanos, ya que, dicen los que saben, fue en África, hace no más de unos 45.000 años, justo antes de partir hacia los diferentes continentes, donde y cuando el cerebro humano alcanzó su estructura y el funcionamiento actual. Quizás el punto de Manes sea precisamente que en el futuro un nuevo cerebro (probablemente humano) evolucione esta vez en Argentina y no en África, y de ahí que se pueda hablar de un cerebro argentino. Pero, como se puede apreciar, no solamente se trata de una creencia demasiado optimista sino que además se trata de un proceso que puede tardar varios años.

A continuación, Manes mismo, otra vez, parece aclarar que lo que hace que un cerebro sea argentino es que esté rodeado por así decir de la cultura argentina. Los cerebros, entonces, tienen la misma estructura y funcionamiento, pero por razones evolutivas operan con culturas diferentes. Pero entonces, si se nos permite la expresión, somos todos peronistas. En efecto, para poder entender esas culturas diferentes, precisamente, las neurociencias en sentido estricto no pueden ser muy útiles que digamos. Por ejemplo, Chomsky explica los principios universales del lenguaje debido a que el cerebro humano cuenta con una estructura y un funcionamiento no menos universal (al menos hasta ahora, y aunque hubiera cambios estos pueden tomarse su tiempo como vimos más arriba). Son estos principios los que permiten que podamos hablar un idioma.

Pero ningún psicólogo cognitivo cree que, v.g., se puede aprender un idioma estudiando neurociencias o psicología cognitiva. Lo que hace falta es una gramática del idioma particular. Lo mismo sucede con las culturas en general. De ahí que si Manes quiere tener éxito en su proyecto político debería interesarse menos por las neurociencias y más por las ciencias sociales o humanas. Nobleza obliga, Manes mismo habla de cómo la cultura influye sobre el cerebro creando “esquemas mentales”. Pero entonces, es el propio Manes el que reconoce que haría falta menos Prozac (o Manes) y más no tanto Platón sino Aristóteles (o el científico social de nuestra preferencia). Por momentos da la impresión de que para algunos un neurocientífico está en mejores condiciones de ser, v.g., ministro de economía, debido a que los consumidores y productores tienen cerebro. El hecho mismo de que la cultura es un producto de la evolución muestra que hay que tomarse a la cultura en serio y no como la continuación de la biología por otros medios.

Por supuesto, el punto no es que, como se solía creer—y algunos todavía creen—las culturas son soberanas y hacen lo que quieren con los seres humanos y sus cerebros. Pero, otra vez, es precisamente por eso que no tiene sentido hablar de un cerebro argentino. Creer en algo semejante equivaldría a creer, v.g., que fue el cerebro europeo el que logró conquistar el resto del mundo, antes que al revés, cuando hoy en día existe consenso (sobre todo debido a la obra de Jared Diamond) en que la superioridad tecnológica europea que hizo posible dicha conquista no se debió a la superioridad mental o cultural sino a ciertas condiciones geográficas, las cuales influyeron a su vez en el uso de tecnologías y de recursos animales que incluso explican por qué, v.g., los conquistadores españoles eran inmunes a las enfermedades que diezmaron a sus conquistados. Como se puede apreciar, en todo caso no fue una cuestión precisamente cerebral la responsable de la conquista. Lo habría sido si los conquistadores hubieran diseñado una guerra biológica, cuando lo que hicieron fue aprovecharse de ella.

Además, el cerebro argentino (o de cualquier otra clase) no puede ser el problema, no solamente porque también, para ser bastante optimistas, debería ser la solución (a menos que necesitáramos cerebros extranjeros emulando, otra vez, al propio Perón quien en la década del cincuenta se vio forzado a traer árbitros ingleses para el fútbol argentino profesional), sino porque además es un lugar común decir que estos mismos cerebros argentinos se ajustan perfectamente a otras culturas sin tener que operarse el cerebro, terapias cognitivas o tomar medicamento alguno. Precisamente, la falta de políticas de Estado que menciona Manes, a su vez, no se debe a un problema cerebral, sino cultural. Si los argentinos pueden adaptarse a otras culturas con políticas de Estado, podrían hacer otro tanto en su propio país. El problema no es entonces cerebral sino cultural o de coordinación.

En cuanto a las “conductas que perpetúan la pobreza”, la manera en que Manes se expresa sugiere que son las personas las que deciden ser pobres debido a que no cuentan con el capital mental adecuado, como si las personas pudieran dejar de ser pobres sacando un crédito de un banco mental. En realidad, no es difícil de comprobar que la relación de causalidad es fundamentalmente la inversa, i.e. la pobreza y su falta constitutiva de recursos (por ejemplo alimentarios) afecta al desarrollo del cerebro, por lo cual la pobreza en el fondo—i.e. con independencia de algunos casos individuales—no es una decisión individual sino un problema estructural (Gerald Cohen tiene un paper muy bueno al respecto). Habría que decir entonces que la pobreza se debe fundamentalmente a la falta de capital económico y probablemente cultural, no mental. En todo caso, si Cohen se equivocaba, nos gustaría saber cuál era precisamente el defecto cerebral que tenía Gerald Cohen (y bien nos gustaría tenerlo).

Para terminar donde empezamos, es difícil resistir la impresión de que la asociación mental entre Manes y Forster se debe a que existe entre ambos cierto aire de familia. Sin embargo, hay un par de puntos que podríamos mencionar para distinguir entre ambos.

El primero es que mientras que el de Forster era un cargo remunerado, el de Manes es ad-honorem. En segundo lugar, a juzgar por varias de sus expresiones, el de Forster parece ser un caso típico de manual de “bullshit” tal como lo entiende Harry Frankfurt, i.e. como “la falta de conexión con la verdad—esta indiferencia frente a cómo son las cosas en realidad”.

En efecto, el que “bullshitea”, por así decir, “no está preocupado por el valor de verdad de lo que dice. Es por eso que no puede ser considerado como si estuviera mintiendo; ya que no presume que sabe la verdad, y por lo tanto no puede deliberadamente promulgar una proposición que presume que es falsa. Su oración no está basada en una creencia en que es verdadera ni, como debe ser una mentira, en una creencia en que no es verdadera” (H. Frankfurt, On Bullshit, pp. 33-34). En cuanto a Manes, Steven Pinker advirtió no hace mucho acerca de cómo una banalidad puede disfrazarse “de neurohabla y ser tratada como una gran revelación de la ciencia” (The Blank Slate, p. 86). Manes, para ser optimistas, sabe cuál es la verdad y tal vez solamente quiere darse a conocer para favorecer su carrera política. Tal como (dicen) Zhou Enlai dijera acerca del futuro de la Revolución (¿Francesa?), todavía es muy temprano para saber si se trata de buenas o malas noticias.

sábado, 13 de agosto de 2016

"Los verdaderos republicanos somos nosotros, los populistas"




Nos vemos en la obligación de comenzar aclarando que el título de esta entrada, entendemos, no es irónico (i.e. no pertenece a Monty Python), sino que es literal y pertenece al profesor Eduardo Rinesi, al menos según la Agencia Paco Urondo (click). Se trata de una proposición que invita al debate y por eso resulta tan atractiva.

Por alguna razón, mientras que los populistas ocasionalmente tratan de acercarse al (y a veces parece ser hasta quieren apropiarse del) republicanismo, rara vez los republicanos hacen otro tanto en relación al populismo. Nos hace acordar al caso mencionado por Jackie Mason, quien con mucha razón solía contar que mientras que los judíos habitualmente se nutren de comida china, rara vez alguien ha visto a algún chino comiendo comida judía. Quizás se trate de un éxito de relaciones públicas o simplemente se deba a que la comida china es mucho más rica (o los primero debido a lo segundo). Habría que ver si lo mismo se aplica a la relación entre populismo y republicanismo.

Para evitar confusiones, y sin entrar en la cuestión de cuál comida es la más rica, quizás convenga primero hacer un retrato del republicanismo para luego poder determinar si el populismo se le parece o no, con independencia de si el retrato es bello o feo, deseable o indeseable, etc.

Nuestros lectores habituales a esta altura ya saben que a continuación vamos a hacer sonar nuestra propia corneta (Razones Públicas), i.e. vamos a mencionar los cinco rasgos esenciales del republicanismo que no pueden faltar en un retrato republicano clásico. En Razones Públicas consta por qué el retrato que sigue no es una estipulación sino un retrato de la tradición republicana clásica. A continuación nos limitamos a describirlo (Test de republicanismo en sangre).

El primer rasgo esencial del republicanismo es el de la libertad como no dominación, según la cual una persona es libre si no depende del arbitrio de otra persona (sea física o jurídica). En otras palabras, una persona es libre si depende de la ley y nada más. La libertad republicana y el personalismo son completamente incompatibles.

El segundo rasgo es la virtud. Dicha virtud no tiene por qué ser moral; antes bien, se trata de una noción política (precisamente, Montesquieu decía que la republicana es una "virtud política"). La otra cara de la importancia de la virtud es que no se puede ser republicano y defender la corrupción, que precisamente consiste en la falta de virtud.

El tercero rasgo es el debate producido por la participación cívica o popular (dicho sea de paso, no hay que olvidar que "pueblo" es una noción distintiva y originariamente republicana). El conflicto político no se debe a que la gente sea mala o estúpida sino a que incluso agentes virtuosos pueden tener diferentes visiones o proyectos sobre lo que debemos hacer en conjunto. En particular, no podemos calificar a quienes están en desacuerdo con nosotros como enemigos del pueblo sólo porque piensan diferente.

En cuarto lugar, la otra cara del debate cívico es la autoridad de la ley. Dado que los desacuerdos políticos son inevitables tenemos que tomar una decisión sobre cuál es el camino que vamos a seguir y una vez tomada la decisión no podemos incumplirla sosteniendo que las instituciones consagran el status quo. El debate político y el eslogan "la ley es la ley" son dos caras de la misma moneda. Otro tanto se aplica a la distinción entre derecho y poder, característica del discurso republicano.

En quinto lugar, la patria. En efecto, la libertad como no dominación, inspirada por la virtud, la cual en lugar de impedir el debate lo estimula, debate que a su vez es canalizado gracias a la autoridad de la ley, todos estos rasgos tienen como espacio la patria e incluso la nación siempre y cuando entendamos a esta última no en términos chauvinistas sino tal como Ernest Renan la entendía, i.e. como equivalente de patria. De ahí que la expresión "patria libre", bien entendida, es redundante y que sólo pudo haber emergido una vez que el nacionalismo chauvinista se apropiara de la noción de patria.

En efecto, si estamos dominados, no nos preocupa la corrupción, la unanimidad es la regla, nos gobierna el personalismo de un líder providencial y creemos que la nación (sea el territorio, la cultura, etc.) es más importante que las instituciones cívicas, entonces ya no vivimos en un régimen republicano, ya no tenemos una patria en sentido estricto, sino que hemos caído en el cesarismo.

En conclusión, expresiones tales como republicanismo populista o populismo republicano son inevitablemente contradictorias, a menos que se trate de una ironía (aunque a veces no sea fácil percibir la ironía).