sábado, 19 de julio de 2014

Crimen y Castigo

Acabamos de enterarnos. En las palabras de La Política Online, "Los kirchneristas Ledesma y Slokar salvaron de la cárcel a Felisa Miceli" (click). En efecto, la Sala 2 de ese tribunal emitió un fallo que si bien confirmó la condena contra Felisa Miceli al mismo tiempo dejó sin efecto la pena, que era de 4 años -no excarcelable- y por lo tanto la enviaba a prisión. Ahora otro tribunal deberá aplicarle un castigo menor.

Nos parece que por estrictas razones de proporcionalidad no había alternativa. En efecto, si ése era el destino que le correspondía a Felisa Miceli, ¿qué deberían hacer con Amado Boudou los tribunales federales? ¿Mandarlo a la silla eléctrica? O peor aún, ¿forzarlo a ver la colección entera de 678 al menos desde que María Julia Oliván dejó el ciclo?

Pensándolo bien, quizás a Miceli le corresponda una pena ejemplar ya que se trata de un delito cometido por una funcionaria pública. O quizás no. Dejemos que la justicia actúe. Acerca del castigo de ver 678, entendemos que se trata sólo de una idea ya que el Código Penal no contiene esa pena, aún.

Aquí va entonces una modesta propuesta para instrumentar dicha pena, por supuesto, sólo en el caso de una eventual reforma que la contemple, y siempre y cuando a los tribunales les parezca que semejante castigo es acorde a las convenciones internacionales de derechos humanos.

La idea es que el condenado sea rehabilitado mediante la visión de 678 (nos parece que con la visión de un solo programa es suficiente, lo de la colección completa era un chiste). Dada la naturaleza de 678, da la impresión de que dicha visión deberá ser forzada, y de ahí la escena que subimos a continuación de "La Naranja Mecánica" de Kubrick. Es opcional para las autoridades agregar una música de trasfondo que fuera de especial agrado para el castigado a los efectos de realizar el contraste entre lo que valora el castigado y lo que debe mirar (si hay que elegir, ver preferentemente desde 1:28 hasta 1:55):




- ¡No! ¡No! ¡Párenlo! ¡Párenlo por favor! ¡Se los ruego! ¡Es un pecado! ¡Es un pecado! ¡Es un pecado!

jueves, 17 de julio de 2014

Víctor Hugo tiene Razón

Víctor Hugo Morales ha provocado una verdadera polémica merced a sus declaraciones sobre los festejos del Seleccionado Alemán (acerca de la derrota, sólo vamos a repetir el acápite del blog, ya que Lucano lo dijo mucho antes y mucho mejor que cualquier otra persona: “La causa victoriosa complació a los dioses, mas la vencida a Catón”).

A esta altura no es ninguna novedad que para Víctor Hugo la burla alemana al gaucho es nazi y los jugadores por lo menos deberían ser enviados a una cámara de gas (suponemos que esto último es sólo una metáfora, pero no así la primera consideración). A aquellos lectores que se niegan a creer estas declaraciones de Víctor Hugo, los invitamos a hacer click.

Ahora bien, la curiosidad científica que suele inspirar al equipo de La Causa de Catón nos llevó a preguntarnos por qué Víctor Hugo pudo haber dicho semejante imbecilidad.

Una primera hipótesis es que Víctor Hugo ha sucumbido a la calamitosa práctica de designar como “nazi” a todo aquello que nos parece insoportable (y su correspondencia especular con el impulso de designar como “democrático” todo aquello que nos parece digno de elogio). De este modo, deberíamos decir, v.g., que el humorista que acompaña a Víctor Hugo en su programa de radio es un nazi, y que,v.g., el gol de Messi a Irán fue democrático.

Por lo demás, hemos revisado nuestros archivos, y hasta donde hemos podido ver, los nazis cometieron por supuesto atrocidades inenarrables, pero no recordamos haber visto burla infantil alguna a los gauchos. De hecho, hemos repasado “El Triunfo de la Voluntad” de Leni Riefenstahl, y tampoco hemos encontrado burla infantil alguna a los gauchos. Tampoco hay evidencias de que los nazis hayan matado a persona alguna ante la Puerta de Brandenburgo con pelotas de fútbol de salón (quizás fue una opción contemplada durante la tristemente célebre conferencia en el Wannsee, pero obviamente fue desechada por ser muy poco operativa).

Dicho sea de paso, rogamos a Dios que Víctor Hugo no escuche la muy ocurrente versión que el equipo de otra brillante periodista como Julia Mengolini ha preparado de lo que se ha convertido en un clásico:




Sí hemos encontrado, sin embargo, que los nazis usaron el deporte con fines políticos, sobre todo mediante la propaganda estatal, amén de haber sido los pioneros en la creación de juventudes políticas. No queremos entonces imaginarnos lo que Víctor Hugo piensa, v.g., de La Cámpora (o la Juventud Radical para el caso), o de la propaganda en los intervalos de la transmisión del Mundial de la TV Pública.

Y continuando con el repaso de nuestros archivos, hemos encontrado que Víctor Hugo durante el Mundial 78 ensayó una original defensa del mismo al sostener que "El gobierno argentino no mató a nadie para organizar el campeonato" (click). Quizás sea significativo que Víctor Hugo, dueño de un intelecto superior, haya omitido referirse a si se aplica otro tanto a la inversa, i.e., si la dictadura organizó el Mundial para matar a alguien. De hecho, no nos extrañaría enterarnos de que Hitler tampoco haya matado a alguien para organizar las Olimpíadas de Berlín en 1936 (aunque quizás sí haya sucedido a la inversa), y nos gustaría conocer la opinión de Víctor Hugo al respecto.

Nobleza obliga, al momento de terminar esta entrada hemos encontrado un video muy revelador que pone en duda nuestra réplica a Víctor Hugo. Veamos primero el video y luego veamos la letra:



A esta altura es obvio que este video le da la razón a Víctor Hugo. ¿Quién no percibe el nazismo que rezuma lo que parece ser una inocente rima infantil entonada por lo que parece ser un no menos inocente coro infantil y que encima se canta en todo el país? El título de la canción, que a la vez es el insistente y opresor estribillo, es muy significativo: "Nosotros siempre crecemos (o peor: devenimos más grandes)" (Wir werden immer größer). Salta a la vista el expansionismo nazi. Otro tanto sucede con el avance irresistible del coro en su totalidad hacia la plataforma: ¿no es obvia la referencia al Anschluss de Austria? ¿Y esos pañuelos que pretender ser inofensivos cuando en realidad conjuran en nuestra memoria los estandartes que flameaban durante el Congreso de Nuremberg? ¿Y los aplausos? ¿No son los mismos que recibía Hitler?

Por si hiciera falta, sólo vamos a mencionar el texto de la primera estrofa (no nos da el estómago para más), la cual es escalofriante:

"Nosotros siempre crecemos, todos los días un pedazo (Wir werden immer größer, jeden Tag ein Stück).
Nosotros siempre crecemos, eso es una suerte (Wir werden immer größer, das ist ein Glück)".

Parafraseando a Woody Allen, ¿quién no siente un deseo irrefrenable de invadir Polonia luego de escuchar esta estrofa sola, qué decir de toda la canción?

Nunca le agradeceremos a Víctor Hugo lo suficiente por habernos mantenido alertas contra el peligro nazi. 


martes, 15 de julio de 2014

Boudou: culpable, inocente, las dos cosas (Julia Perié)

Justo cuando la discusión sobre el affaire Boudou estaba a punto de alcanzar el nivel de saturación, la diputada nacional por Misiones del Frente para la Victoria, Julia Perié, secretaria de la Comisión de Juicio Político del Congreso de la Nación, ha sacudido a la opinión pública con su muy innovadora posición (click).

En efecto, hasta aquí la opinión pública se dividía, por así decir, entre quienes creen que Boudou es responsable de uno o varios actos delictivos contra la administración pública (por no decir que tiene cierta propensión a los mismos que quizás deba ser tratada), y quienes creen que Boudou es víctima de un linchamiento mediático. Ciertamente, el número de quienes se cuentan en uno o otro bando no es parejo ni muchísimo menos, pero todavía hay gente que se inclina por lo segundo.

La diputada Perié, sin embargo, cree si Boudou cometió un delito literalmente debe ser condenado e ir preso (un condicional que entendemos la ubica dentro del primer bando), pero a la vez cree que Boudou es víctima de una campaña en su contra. ¿Cómo explicar semejante posición intermedia? ¿Acaso hay algún factor que interfiere con el normal raciocinio de la diputada? ¿Supone la diputada que si el delito es denunciado por un diario entonces dicha noticia exonera de responsabilidad al sospechoso? Pero, si (y este es sin duda un gran SI como dicen en inglés) este fuera el caso, ¿por qué entonces debería ir preso Boudou?

No parece haber espacio lógico para alojar semejante postura ya que la misma desafía los principios de identidad, contradicción y de tercero excluido. ¿Por qué debería ir preso alguien que es objeto de un linchamiento mediático? ¿Y por qué no agradecer, en lugar de lamentar, el hecho de que los medios (entre ellos por supuesto Clarín Miente) hayan publicado la noticia de dicho delito, lo cual, dicho sea de paso, fue lo que provocó la investigación judicial al respecto que podría derivar en una condena? Seguramente no será porque Boudou pertenece al mismo partido que la diputada.

Esperamos que, como el proverbial filósofo clásico que tanto añoraba mantenerse alejado de la política para dedicarse a la teoría, la diputada Perié cuente con el tiempo libre suficiente para explicarnos mejor su innovadora y provocadora tesis, quizás en la forma de algún ensayo o quizás una obra más extensa si lo considera pertinente. Mientras tanto, quizás podamos inspirarla, aunque sólo muy aproximadamente, con la siguiente escena de "Hechizo de Luna":



- Bien, Sr. Castorini, ¿qué piensa?
- 10,800 dólares [N. de la R.: en 1987!!!].
- Eso parece ser muchísimo.
- Miren, hay tres clases de caños. Está la clase de caños que Uds. tienen, y es basura, y Uds. pueden ver adónde los llevó. Después está el bronce, que es muy bueno, a menos que algo salga mal, y algo siempre sale mal. Y finalmente está el cobre, que el único caño que yo uso: cuesta plata, cuesta plata porque ahorra plata.
- Pienso que deberíamos seguir el consejo del Sr. Castorini, amor.

sábado, 12 de julio de 2014

Shakespeare y Mascherano

Después de ver el partido que jugó Mascherano contra Holanda  (Pensamiento Nacional y Fútbol) nos vino a la mente una frase de Terry Eagleton: "Aunque es difícil encontrar evidencia concluyente, es difícil leer a Shakespeare sin sentir que él estaba casi ciertamente familiarizado con los escritos de Hegel, Marx, Nietzsche, Freud, Wittgenstein y Derrida" (William Shakespeare, Oxford, 1986, pp. ix-x).

La asociación es obvia. En efecto, si bien para la saga de obras históricas sobre Inglaterra Shakespeare se basó fundamentalmente en las Chronicles (1582) de Raphael Hollinshed (1582) y The Union of the Two Noble and Illustre Families of Lancaster and York (1548) de Edward Hall, y aunque no es fácil encontrar evidencia concluyente otra vez, es imposible que Shakespeare haya podido escribir Enrique V, por ejemplo, escenas tales como la recordada toma de Harfleur en el III Acto con su afamada arenga ("Unce more unto the Breach") y sobre todo la escena de la arenga de Agincourt en el IV Acto, sin haber estado familiarizado con el juego de Mascherano no sólo contra Holanda sino además contra Alemania.

Es que el parecido entre el cansancio y lesiones de unos y el favoritismo de otros (Alemania paga el doble que Argentina en las apuestas), así como el parecido de las arengas, son innegables. La única diferencia, esperemos, es la notoria superioridad numérica del rival. ¿O acaso hay algo que Shakespeare sabe y nosotros no, y está tratando de decírnoslo?

Por si estas consideraciones parecen exageradas, basta recordar la escena correspondiente a la arenga de Agincourt en la versión cinematográfica de Enrique V de Kenneth Branagh:




¿Se habrá basado Shakespeare también en Mascherano para escribir la escena de la vigilia antes de Agincourt, cuando Enrique (V, no el del pase-gol a Maradona) se hace pasar por una persona desconocida, para sondear la moral de sus soldados? Quizás Mascherano hará otro tanto mañana, y de ahí la inspiración de Shakespeare.

Veremos si Mascherano termina igual que Enrique. Ya falta poco para averiguarlo. Quién sabe, si jugamos otra vez como Clarín...
   


jueves, 10 de julio de 2014

El Pensamiento Nacional y el Fútbol



[ATENCIÓN: DEBIDO A LAS QUEJAS RECIBIDAS COMO RESULTADO DE LA LECTURA DE LA PRIMERA E INADVERTIDA EDICIÓN DE ESTA ENTRADA, NOS VEMOS OBLIGADOS A ADVERTIR QUE LA ENTRADA SIGUIENTE CONTIENE PÁRRAFOS DE FORSTERISMO EXPLÍCITO]

Según el Secretario de Coordinación Estratégica para el Pensamiento Nacional (SCEPN), el futbol es una elocuente expresión de la sociedad. En él, a través de él, se ponen de manifiesto los valores de una época, sus pretensiones y sus desmesuras, sus sueños locos y la eternización del instante (El fútbol, el negocio y una pared con la historia).

De ahí que sea muy revelador el hecho de que, tal como dice Forster, nuestra Selección, obedeciendo a intereses mezquinos, se ha convertido en un equipo que juega a no perder, como si cualquier riesgo pudiera concluir en catástrofe.

En efecto, como dice Forster con toda razón, la Selección ha elegido la lógica del ajuste, la contención y el conservadurismo. En la estructura del equipo de Sabella revolotea un espectro de miedos ancestrales y de memorias salidas de oscuras frustraciones, cierto pánico conservador, el miedo al fracaso, el miedo a tomar riesgos que ha condicionado a Messi y compañía.

Según Forster, Sabella ha privilegiado el fútbol-capital, el de los cultores del pragmatismo y la eficiencia, de aquellos que contabilizan en el haber de sus ganancias sólo aquello que se transforma en éxito, ya que en ellos impera el reino de la rentabilidad, la calculabilidad del avaro que lo único que quiere es gozar de su riqueza.

Del otro lado, queda el genuino disfrute nacional y popular de lo que desde siempre guarda el futbol-juego para aquellos que simplemente se dejan acariciar por su insuperable estética, ese quiebre de la cintura que parece inútil y excesivo pero que representa la utopía de la infancia recobrada, un fútbol que guarda en su interior la alquimia de gambetas, aventura lúdica, toma de riesgo y confianza en el genio inigualable de un diez salido de la saga de lo mejor de nuestra historia futbolera.

En otras palabras, según Forster, jugar con cuatro defensores y al menos dos o tres mediocampistas de contención no expresa otra cosa que el pánico escénico unido a la más plena inseguridad, una reivindicación de los sistemas y de los cerrojos, mediante los cuales el genio individual queda subordinado a la fuerza colectiva.

Para concluir con Forster, Sabella ha quedado contaminado por lo que los grandes medios de comunicación dicen sobre el país y su irreparable infortunio; como si una condena previamente escrita lo hubiese condicionado y atenazado pese a tener la mejor delantera de los últimos años.

Ahora falta preguntarle a la gente qué equipo prefiere, o cuál la representa más. ¿Uno corporativo, conservador, capitalista, aburguesado, con aversión al riesgo, o uno nacional y popular, utópico, progresista, expresivista y estético? Mientras tanto, llegamos a la final y el país está loco de contento.    

martes, 8 de julio de 2014

Brasil, decime qué se siente...

La canción "Brasil, decime qué se siente, ..." es reveladora de nuestro desorden cultural, o mental como se decía antes. En primer lugar, es muy sugerente, por lo menos desde un punto de vista psicológico, la idea misma de usar como metáfora de dominación la frase "tener de hijo" a alguien.

Alguien podría decir que se trata de una metáfora, y que no tiene sentido psicoanalizarla. Vayamos entonces a una segunda cuestión, de naturaleza matemática por así decir. Brasil es pentacampeón, Argentina es bicampeón del mundo. Por lo tanto, hasta ahora la relación es 5:2, y con toda la suerte del mundo (ojalá), podría ser 5:3. Y aún más, hasta donde sabemos, en los mundiales jugaron cuatro veces. Argentina perdió dos (inapelablemente por así decir, tanto en el Mundial 74 como en el 82), ganó una vez (en el 90, con una suerte increíble, y rivotril) y un empate (en Rosario durante la dictadura). Es decir, Argentina perdió el 50 % y ganó el 25 % de partidos claves como los mundialistas. Y en las eliminatorias la paternidad brasileña es muy clara. Ciertamente, teniendo en cuenta todos los partidos oficiales juntos, se trata de un casi empate, con lo cual no hay paternidad alguna sino en todo caso hermandad (lo cual alteraría significativamente la letra de la canción).  

Quizás el punto de la canción sea que Argentina le ganó a Brasil el último partido, el del rivotril. Con ese criterio, River tiene de hijo a Boca. No hace falta aclarar que nada nos haría más felices que eso, a pesar de que sería revelador desde un punto de vista psicológico, como dijimos más arriba, y además seguiría siendo absurdo creer algo semejante. 

Probablemente, la explicación sea que el propósito de una canción de cancha es que sea pegadiza, no informativa o epistémica, y su contenido proposicional es una excusa para expresar nuestros deseos y provocar al adversario. Sin embargo, eso sería apropiado para, v.g., quizás, un equipo modesto de la B o C, pero no para una potencia mundial como la Selección Argentina, sobre todo en este momento. En el fondo, hasta las canciones de cancha deben tener ciertas pretensiones a la verdad, si es que nosotros (y nuestros adversarios sobre todo) somos razonables. La falsedad no suele hacer tanta mella o doler tanto como la verdad.






domingo, 6 de julio de 2014

¿La Selección cruzó el Rubicón?



Varios periodistas están hablando del Rubicón que cruzó la Selección Nacional al haber vencido a Bélgica y pasado por lo tanto a las semifinales del Mundial, y todo esto debido a la metáfora que usó nuestro DT Alejandro Sabella en las vísperas del partido de cuartos de final.

El problema con esta metáfora es que es evidentemente redundante o peligrosamente falsa. En efecto, el Rubicón era un arroyo rojizo que determinaba el límite entre Italia y la Galia Cisalpina, posiblemente el actual  río Pisciatello. Al cruzar el Rubicón, César (quien realidad sólo expresó en su característica tercera persona que "César se dirigió hacia Rimini", la ciudad que quedaba del otro lado del arroyo) sabía que transgredía una de las prohibiciones constitutivas de la república romana, según la cual ningún general victorioso podía entrar en territorio romano con su ejército, para evitar precisamente toda influencia militar en la toma de decisiones políticas. 

La decisión de César dio inicio a la guerra civil, nominalmente para defender los derechos de los tribunos de la plebe que habían acudido a él para que los protegiera, pero César reconoció más tarde que lo hizo en realidad para escapar de una condena y del exilio. 

De ahí que el cruce del Rubicón por un lado designa la voluntad de no volver atrás y/o haber alcanzado un punto del cual no se puede volver, lo cual es obvio en toda competencia deportiva una vez que se pasa de ronda. Un semifinalista, entendemos, no puede volver a estar en cuartos de final. La frase que se le atribuye a César a orillas del Rubicón ("la suerte está echada") revela además la performatividad de las competencias deportivas.

Pero, por el otro lado, el cruce del Rubicón también se refiere a una decisión claramente ilegal, que atenta contra los cimientos del régimen republicano. Claramente, por suerte, Sabella no tiene que escapar de condena o exilio alguno. Faltaba más. Ha mostrado que es un muy buen director técnico (aunque las lesiones de algunos jugadores han contribuido a que pueda formar un equipo; quizás no debería haber esperado que eso sucediera para hacerlo, pero no debe ser fácil manejar tantos egos de estrellas). Dicho de sea de paso, el Rubicón podría designar un cruce revolucionario, pero, para bien o para mal, lo que está haciendo Sabella no es muy revolucionario que digamos.

Evidentemente, el punto de Sabella (y de los periodistas que lo siguen) es que el equipo deseaba llegar más lejos que muchos de sus antecesores. Ojalá que lo logre, pero eso quizás sea la Luna (como se decía hace tiempo), no el Rubicón.

Finalmente, es curioso que muchos se indignen por los actos de corrupción en los más alto niveles de la FIFA pero no por los logros de la FIFA en la última década. Después de todo, este Mundial es uno de ellos.

miércoles, 2 de julio de 2014

Son Secuestros y Asesinatos, y no en el buen Sentido de la Palabra

Lejos estamos de querer asesorar al destacado especialista Pedro Brieger acerca de cómo analizar la política de Medio Oriente. Sería, de hecho, como se suele decir en inglés, algo así como querer llevar carbón a Newcastle. Pero no podemos esconder, por supuesto, nuestro interés amateur por la filosofía de las ciencias sociales, y es por eso que nos llamó la atención el siguiente clip:




Como se puede apreciar, Pedro Brieger, analista internacional de Visión 7, noticiero de la TV Pública, hizo precisamente pública su adhesión a la neutralidad valorativa no sólo en las ciencias sociales sino en el periodismo al sostener que sólo le interesa "la realidad", ya que para él "es otro [el] debate acerca de la moral, de la violencia, si es buena, o mala", y por eso se limitó a narrar ciertos hechos.

En efecto, para Brieger, "más allá del hecho puntual de los tres jóvenes israelíes secuestrados y asesinados" (frase que se convirtió en un hashtag),
- "está claro que la violencia continúa día a día" en esa región.
- "Israel continúa secuestrando gente e incluso matando... y hace cuarenta y siete años ocupa un territorio [extranjero]".
- "toda ocupación provoca resistencia... pacífica y violenta" y que "toda resistencia provoca más represión".
- "Israel es como un pacman que avanza comiéndose territorio palestino".
- "[en este territorio] estaban los tres jóvenes".

Quizás Brieger en el futuro pueda iluminar sus análisis científicos parafraseando a Sacha Cohen, v.g. con frases como estas: "encontraron a tres jóvenes israelíes, secuestrados y asesinados, y no en el buen sentido de la palabra". O a Capitanich, para el caso: "no fueron secuestros y asesinatos, sino desplazamientos involuntarios en el espacio e interrupciones permanentes de los ciclos vitales".

Nuestros lectores seguramente compartirán nuestra curiosidad por el planteo de Brieger, y no sólo por su profesión de neutralidad valorativa en un medio de comunicación que ha abjurado de semejante ingenuo o perverso credo y sólo cree posible y deseable la adopción de una causa en la lucha contra los grandes medios corporativos.

En verdad, si Brieger se limita a describir la realidad sin apelar al razonamiento moral, y sin entrar en el debate acerca de si "la violencia... es buena o mala", ¿cuál es el problema de que Israel ocupe territorio extranjero, y de hecho secuestre y mate gente? ¿Que provoca consecuencias perjudiciales, como por ejemplo resistencia, pacífica y violenta? ¿Qué sucedería entonces si las ocupaciones de territorio extranjero en lugar de provocar consecuencias perjudiciales o resistencia fueran bienvenidas por las poblaciones ocupadas? Por ejemplo, Austria recibió a la Alemania de Hitler literalmente con los brazos abiertos. Y la próxima vez que Israel secuestre o mate palestinos, ¿Brieger recurrirá a la neutralidad valorativa para describir tales hechos? ¿O acaso la neutralidad valorativa de Brieger es selectiva o intermitente, según la ocasión?

Quién sabe, quizás el destacado panel de 678, del mismo canal, que suele discutir cuestiones similares, se aboque al tema próximamente y despeje nuestras dudas.





sábado, 28 de junio de 2014

El Imperio contraataca (siempre)




Anónimx, en un comentario a la última entrada sobre el mordisco de Suárez y la previsibilidad del Imperio (click), hace referencia a una dimensión que no fue tratada a fondo en dicha entrada aunque sí sugerida. En efecto, Anónimx gentilmente nos recuerda, con razón, que la FIFA no ha castigado de manera ecuánime conductas iguales o peores que la de Suárez. Se trata de un punto de naturaleza moral y que está fuera del alcance de quienes hablan de la "moralina" o "moralidad barata" desplegada contra Suárez.

Ahora bien, aunque a Suárez le fuera mucho mejor en una discusión sobre la moralidad, por así decir, no sólo de su conducta sino la moralidad de las decisiones de la FIFA, subsistiría el hecho de que su conducta no sólo fue antireglamentaria, sino notoriamente irracional.

En efecto, incluso suponiendo o concediendo incluso que la de Suárez fue una gesta grande-patriótica revolucionaria contra las fuerzas del Imperio (como parecen creer muchos), la asimetría moral que jugaría en tal caso a favor de Suárez (por definición el Imperio representa al mal), no podría ocultar la asimetría o superioridad militar por así decir que jugaría en tal caso a favor del Imperio, y por lo tanto la conducta de Suárez le dejó servida en bandeja una inmejorable ocasión al Imperio para deshacerse de él. A Suárez ni siquiera le hicieron un control antidoping sorpresivo, sino que muerde a un rival por tercera vez en cuatro años consecutivos.

En otras palabras, Suárez en lugar de, v.g., comportarse estratégicamente haciendo una guerra de guerrillas, no hizo sino facilitarle el trabajo a sus enemigos. Fue precisamente eso lo que quisieron impedir teóricos como el Che, quienes dedicaron grandes esfuerzos a la elaboración de una teoría que no sólo mostrara la superioridad moral de su causa sino fundamentalmente una teoría que asegurara la victoria. De ahí que quienes defienden la misma causa que Suárez deberían ser los primeros en criticar la irracionalidad de su conducta, y por las mismas razones, los que defienden la causa contraria nunca podrán agradecerle lo suficiente por lo que Suárez hizo para ayudarlos. La irresponsabilidad de Suárez fue mayúscula.

Para citar a Perry Anderson en su legendaria discusión con Edward Thompson, "la estrategia sin moralidad es un cálculo maquiavélico, (...). La moralidad sin estrategia, ... sólo... una ética contra un mundo hostil, está condenada a la tragedia innecesaria: una nobleza sin fuerza conduce al desastre. Lo que el socialismo necesita hoy es realismo moral—con igual énfasis en ambos términos [moralidad y estrategia]". Sólo falta reemplazar a a Suárez por Allende o Dubcek para que la equiparación entre el fútbol y el anti-imperialismo sea total.


jueves, 26 de junio de 2014

El Imperio es tan previsible...



Un jugador de fútbol de un equipo sudamericano durante un campeonato mundial en la era de la tecnología apoya con cierto ímpetu la parte superior de su mandíbula sobre el hombro de un jugador rival europeo, y en dicho hombro aparentemente quedan marcados los dientes del jugador sudamericano. El Imperio no tiene mejor idea que iniciar una investigación sobre el hecho, a pesar de que ni el árbitro ni los jueces de línea lo advirtieron, y caratula el caso como una mordida, sin siquiera investigar la buchonada europea de denunciar la aparente violación del reglamento, o qué hacía este jugador europeo, a la sazón italiano, durante el fascismo de Mussolini (y no en el buen sentido de la palabra, como diría Sacha Cohen).

En defensa del jugador sudamericano es sugerente que nadie hable de la inimaginable perversión de quienes redactaron el reglamento de fútbol ya que previeron la posibilidad de un jugador muerda a otro, lo cual dice mucho sobre la psicología del reglamento.

El jugador sudamericano, por su parte, basa su defensa en el hecho de que fue el jugador europeo el que lo golpeó con el hombro a él en el pecho. Es una defensa excelente; lo único que le falta explicar es si el golpe fue en el pecho cómo fue que terminaron las marcas de los dientes en el hombro, y por qué el jugador que hoy es víctima de una investigación se terminó agarrando los dientes luego de un golpe en el pecho.

Un compañero de equipo de Suárez propuso una defensa no menos efectiva. Para Diego Lugano, no hay certidumbre alguna acerca de si los dientes que quedaron marcados en el hombro italiano son de Suárez, ni tampoco acerca de cuándo impactaron el hombro. Es altamente probable que el italiano haya sido mordido antes del partido (suponemos no más de una semana antes, y si el plazo hubiese sido mayor debería haber sido conservado en un freezer y luego descongelado, pero estamos especulando aquí) y que el italiano, perteneciente a una cultura que hace de la picardía un arte, haya esperado hasta el minuto 82 para simular el impacto y caerse, justo cuando Suárez se le acercó en el área y le hizo sentir que tenía su mandíbula cerca.

Y el técnico del equipo, el Maestro Tabarez, con toda su sabiduría defendió a su jugador invocando un proverbio popular en su país: siempre hay alguien detrás de un árbol esperando que uno se equivoque. En otras palabras, siempre está la FIFA viendo los partidos, esperando que alguien viole el reglamento para hacerlo cumplir. En Argentina, Carta Abierta sigue este proverbio oriental a pie puntillas (click).

Por si esto fuera poco, la investigación de la FIFA adolece de dos graves defectos. En primer lugar, se trata de una verdadera judicialización del fútbol. Los jueces no deben tomar decisiones políticas, y los dientes de Suárez son obviamente una cuestión política. ¿De qué no habría acusado la FIFA a Juan Carlos Rousselot, por ejemplo, si alguna vez él hubiese considerado jugar profesionalmente al fútbol? ¿Quién no ve detrás de esta hipócrita acusación de una conducta antideportiva la mano del Imperio que no le perdona a Uruguay haberle ganado a Inglaterra y a Italia? ¿Desde cuándo el reglamento del fútbol es tan importante que hay que cumplirlo, incluso cuando juega un país de la Patria Grande contra otro europeo cuna del fascismo y de la Liga del Norte?

Y en segundo lugar, la investigación de la FIFA se basa en la reincidencia, i.e. una institución que para muchos doctrinarios penales es lisa y llanamente inconstitucional, y que encima se trata de una reincidencia cometida por los jugadores de los equipos contrarios al de Suárez. En efecto, Suárez ya había sido golpeado en su pecho con el hombro por otros dos jugadores al menos y sancionado por ello.

No sólo es absurdo que Suárez sea castigado por el comportamiento de otros, sino que además algunos sostienen que una vez que el castigo ha sido aplicado no debería ser tenido en cuenta en el caso de castigos posteriores, ya que violaría el sagrado principio liberal non bis in idem. Después de todo, el derecho penal no debe formarse una idea moral del carácter de quienes lo violan, sino sólo dedicarse a juzgar acciones discretamente consideradas.

Interrumpimos aquí nuestras reflexiones, a la espera de que el Imperio haga justicia, aunque no nos hacemos muchas ilusiones.


miércoles, 25 de junio de 2014

Siempre se aprende algo nuevo



La debilidad argumentativa de la nota de Dario Sztajnszrajber sobre la filosofía del fútbol (click) nos hizo darnos cuenta de que si bien, por obvias razones welfaristas, sentimos cierta simpatía por el resultadismo, como discurso de justificación el resultadismo es insostenible. En efecto, veamos los argumentos que el así llamado resultadismo suele blandir orgullosamente.

1. Reduccionismo estipulativo: jugar bien equivale a ganar jugando correctamente, i.e. de acuerdo con el reglamento (aunque, irónicamente, los resultadistas como Bilardo en muchas ocasiones no han respetado el reglamento a rajatable precisamente). Semejante argumento no sólo convierte en redundante e ininteligible (por no decir estúpida) toda discusión sobre los merecimientos (ya que si sucede, conviene o está bien) sino además paso por alto el obvio hecho de que hay varias formas de jugar que satisfacen los criterios de ganar y de jugar correctamente, lo cual por supuesto explica el debate en sí mismo y obviamente debería acallar cualquier reduccionismo como por ejemplo el resultadista. Insistir con que jugar bien es ganar sería sólo una petición de principios (e incluso hoy Sabella, quien entendemos es un cultor de la escuela resultadista, sostuvo en la conferencia de prensa después del partido contra Nigeria que el equipo no jugó bien a pesar de que ganó, una frase que no tiene sentido para un resultadista).

Por lo demás, este reduccionismo tiene un costado favorable, ya que haría que la profesión de ser comentarista de fútbol sea la más simple del mundo, ya que según esta posición un buen comentarista sólo constata hechos (cuenta goles) y debería limitarse a decir que jugó bien el que ganó; en caso de un empate, ninguno de los dos equipos jugó bien.

2. Objetivismo: los resultadistas suelen objetar que si jugar bien no es jugar correctamente (y ganar), entonces jugar bien es una noción estética, y la estética es puramente subjetiva; por el contrario, uno puede objetivamente identificar a quienes juegan correctamente. Ahora bien, también es objetivo determinar cuál es el equipo más alto o más pesado, pero no por eso deberíamos usar semejante criterio, ya que es irrelevante. Cumplir con el reglamento es ciertamente relevante, pero no por eso suficiente, tal como acabamos de ver.

3. Subjetivismo estético:  merece ser considerada por separado la objeción acerca del subjetivismo o relativismo ético. Se suele entender este subjetivismo como si implicara que en estética vale todo. Si fuera cierto, v.g., estética debería ser la materia más fácil de cualquier carrera de filosofía, ya que para aprobarla sólo haría falta decir en el examen (o en el concurso de profesores para el caso): “todo vale”.

De hecho, para acercarnos un poco al resultadismo, vamos a conceder que la estética en cuestión es la occidental tal como suele ser practicada por los expertos en arte y reconocida por el mercado. Sería absurdo que alguien dijera que el subjetivismo en cuestión impide la apreciación de las obras de arte. El mercado mismo de las obras de arte, institución performativa si las hay, cree seguir ciertos estándares estéticos.  Si alguien replicara que los estándares cambian, deberíamos recordar que otro tanto sucede con el reglamento del fútbol.

Finalmente, podríamos conceder que el resultadismo otorga más satisfacciones que el buen juego, precisamente porque los defensores del “jogo bonito” también quieren ganar, a pesar de lo que suelen decir sus detractores, y es un hecho que en general el resultadismo es más efectivo.

Pero entonces, la pregunta es: ¿por qué los resultadistas no se conforman con ganar y con la indudable felicidad que experimentan por haberse quedado con los tres puntos, sino que además pretenden tener cierta superioridad normativa, quieren justificar el triunfo moralmente por así decir? ¿Por qué, además del nexo que existe entre ganar y la felicidad, los resultadistas quieren mostrar cierta conexión entre el resultado y la estética, y probablemente la moral?

Evidentemente, hay algo en la discusión sobre la justificación y las consideraciones estéticas—o de justicia—que incomoda a los resultadistas, quizás porque sienten la debilidad de su posición, y los fuerza a intentar ganar también esa discusión, y no sólo en la cancha. Esta última es una cuestión psicológica y quizás hasta neurobiológica, y escapa a nuestro muy modesto entender.

Para concluir, ignoramos si los así llamados "menottistas" (al menos en nuestro país) tienen razón. Pero no parece haber otra alternativa que creer que el resultadismo es notoriamente reduccionista (aunque no en el buen sentido de la palabra), y sus argumentos dejan bastante que desear.

martes, 24 de junio de 2014

¿Filosofía del Fútbol?

A tono con el Mundial, suponemos, hace poco apareció una nota de Dario Sztajnszrajber sobre el resultadismo y el buen juego en el fútbol (click). La tesis central de la nota es que es muy difícil por no decir imposible distinguir entre el resultadismo y el buen juego. En efecto, según el autor:

"Hay una línea ambigua que divide el resultadismo del buen juego. Es ambigua porque es discutible el concepto mismo de buen juego. ¿A qué se refiere ese “bien”? Se lo asocia, según algunos, a la belleza. Jugar bien es jugar lindo. Pero se confunden así las nociones de bien y de belleza, como si un buen juego tuviera que ver con rescatar cierta estética que todo juego posee. (...). Pero como toda estética, se vuelve imposible de medir. Salvo que exista una disposición reglamentaria que cuantifique belleza y sea posible contabilizar, por ejemplo, cuántos caños, rabonas, jueguitos realiza cada equipo".

Un primer problema con esta tesis es que no existe confusión alguna entre bien y belleza. La idea misma de "buen juego" es obvio que se refiere a la estética. Eso queda muy claro en portugués, tal como lo muestra la expresión "jogo bonito".

En segundo lugar, si fuera cierto que la estética en el fútbol es imposible de medir, el autor debería sostener que la Holanda del 74 y del 78 no jugó bien porque no salió campeón. O pensemos en el Barcelona que sin duda juega, o jugaba bien, y no porque sí salió campeón repetidamente.

Además, el Barcelona muestra que sí rinde "como negocio una especie de Harlem Globetrotters del fútbol", al menos durante cierto tiempo, a pesar de las dudas del autor de la nota. Y hasta donde sabemos, los partidos del Barcelona han servido para sublimar instintos de violencia. Son los partidos del fútbol argentino los que no pueden cumplir con esta función antropológica, quizás porque no son precisamente instancias de buen fútbol.

En tercer lugar, la propuesta del autor de "asociar... el buen juego con el cumplimiento de lo que el juego dictamina" no tiene mayor sentido, precisamente porque tal como lo dice el autor, "El reglamento podrá o no gustarnos, pero no habla de belleza". Quien cumple con lo que juega el dictamina juega correctamente, pero no bien, así como quien hace más goles gana, pero no por eso juega bien. Y sólo algún fanático de las reglas, como lo son varios de los que trabajan en el equipo de La Causa, podría alegar que seguir reglas es jugar bien. No nos queda claro si según el autor hay otras personas aparte de los adoradores de reglas que trabajan en este blog que creen realmente que "jugar bien es hacer más goles que el contrario". Decir en tal caso que alguien jugó bien sería equivalente al "si sucede, conviene".

En cuarto lugar, si bien el autor tiene dudas sobre la existencia del jugar bien, no duda de la existencia de criterios de justicia o merecimientos que nos permiten evaluar el resultado, ya que, suponemos, ese es precisamente el sentido de citar la diferencia entre el derecho y la justicia. Pero entonces, el autor contradice sus propias dudas expresadas al comienzo de la nota. Es obvio que la calificación de un resultado como justo deriva al menos en parte de la estética del juego desplegado, y sólo muy ocasionalmente los merecimientos, v.g., en términos de ocasiones de gol podrán ser completamente independientes de consideraciones de buen juego.

(Dicho sea de paso, es muy extraña la idea según la cual el "derecho siempre ejerce la violencia porque se inclina por un tipo de interpretación de la justicia y deja otras afuera". Con ese criterio, la nota misma en cuestión sería violenta porque se inclina por una interpretación sobre el buen juego en perjuicio de otras interpretaciones. El derecho, en realidad, ejerce autoridad, y ocasionalmente es violento cuando provoca un daño físico o psíquico, y no cuando excluye una interpretación).

En quinto lugar, la siguiente frase mezcla una redundancia con una contradicción: "Está claro que el resultado nunca concreta la justicia, pero pone un límite necesario para que el juego pueda efectivizarse. Lo único que importa entonces es el resultado, pero el resto no sólo importa, sino que se vuelve, justamente por ello, utopía". En efecto, (a) es obvio que a toda competencia es inherente la idea de un resultado, y no sólo para "efectivizarla". Sin resultado, no hay competencia. Y (b) si "lo único que importa es el resultado", no tiene sentido agregar inmediatamente a continuación "el resto no sólo importa sino que...".

En sexto lugar, es nuevamente redundante decir, como lo hace en el siguiente párrafo, que la utopía "no cuenta como resultado", "no define un partido". Si contara, o definiera un partido, no sería una utopía. Y precisamente, es la utopía, o los estándares valorativos, los que usamos para discutir los merecimientos del resultado. Si los merecimientos coincidieran siempre con el resultado, no existiría el resultadismo y el buen juego sería redundante.

Finalmente, del último párrafo surge entonces el autor cambia de opinión ya que el buen juego deja de ser para él ambiguo para convertirse en utópico. Claro que si por utopía entendiéramos un estándar que usamos para evaluar los partidos, estaríamos completamente de acuerdo, con lo cual la nota perdería su sentido.

Para los que quieren fútbol y filosofía, un poco de Monty Python:


lunes, 23 de junio de 2014

Maradona, Max Weber y el Desencantamiento del Mundo



Muy recientemente hemos tratado la polémica Grondona vs. Maradona (Maradona es sagrado). Sin embargo, la Carta Abierta de Maradona en respuesta a la severa acusación de Grondona ha cambiado el eje de la discusión (click). En efecto, según Maradona, Grondona es un perverso, y la razón de la perversión es que Maradona jamás deseó que a la Selección le fuera mal. Nunca pensábamos que iba a llegar el día, pero nos vemos en la obligación en este caso de salir en defensa de Grondona, al menos conceptualmente.

En primer lugar, Grondona jamás puso en duda el aporte de Maradona a la Selección como jugador. Lo que está sobre el tapete ahora es si Maradona como espectador afecta o no el rendimiento de la Selección.

En segundo lugar, la sugerencia de Maradona según la cual su polémica con Grondona representa a su vez el combate entre una nueva América Latina y “los poderes que manipulan el mundo” es inapropiada. En efecto, Grondona ha estado y estará con todos los regímenes políticos, desde los militares hasta los nacionales y populares como el actual en nuestro país (Maradona mismo ha sido generoso en su apoyo a gobiernos tan diferentes como el de Menem y el de Fidel Castro).

En tercer lugar, y aquí está el meollo de la cuestión, ser mufa no es una noción práctica como supone Maradona, sino simplemente ontológica. En efecto, la acusación de Grondona—y acá estamos reconstruyendo su posición de un modo que suponemos Grondona aceptaría—no se refiere a los deseos o actos de Maradona como espectador, sino a lo que Maradona es, i.e. según Grondona su sola presencia en el mismo estadio en el que juega la Selección es perjudicial para la misma. Muchos mufas de hecho han jurado por lo más sagrado que no desean ser perjudiciales ni mucho menos, y jamás eso hizo diferencia alguna. Dicho sea de paso, sería una interesante discusión si un mufa a su ontología podría agregar algo mediante sus estados mentales, v.g. si un mufa pudiera ser peor que otro debido a que además desea que le fuera mal a aquello sobre lo que proyecta la mufa.

Por lo demás, es curioso que Maradona no respondiera con un cambio de paradigma por así decir, atacando a la noción misma de ser mufa, ya que por momentos daría la impresión de que una noción tan común en el campo de las ciencias sociales como la del desencantamiento del mundo popularizada por Max Weber no hubiese llegado aún al ámbito de la Selección Argentina.  

domingo, 22 de junio de 2014

Maradona es sagrado



La atribución del carácter de mufa  a Maradona por parte de Julio Grondona no sólo ha provocado una muy considerable indignación entre los fanáticos del fútbol sino que además plantea varias cuestiones filosóficas, por así decir.

Una primera pregunta que surge naturalmente al respecto es: ¿qué tiene de malo decir que alguien es mufa? Evidentemente, el problema no puede ser la mufa en sí. Esto es, puede haber mucha gente que cree en la mufa, pero eso no puede explicar la indignación, ya que la mufa es un fenómeno esencialmente supersticioso, i.e., sólo depende de nuestras creencias.

En realidad, la indignación debe provenir del hecho de que dado que la mufa es irracional, atribuirle a alguien carácter de mufa en realidad equivale a expresar cierta desaprobación por los actos de dicha persona. Esto explica por qué, v.g., muy poca gente se quejaba de la atribución del  carácter de mufa a Menem, ya que, suponemos, Menem merecía dicho tratamiento por sus varios y notorios actos de corrupción e ineptitud. En cambio, la reciente indignación supone que toda atribución de ser mufa a Maradona es injustificable o inmerecida ya que los merecimientos de Maradona son tan varios y notorios  como lo son los desmerecimientos de Menem.

Y aquí es donde surge la otra gran pregunta. ¿Maradona acaso no ha hecho lo suficiente como para merecer cierta desaprobación, como por ejemplo, y sin apelar al razonamiento moral sino ciñéndonos a las reglas del fútbol, doparse durante un Mundial y dejar afuera de la competencia a un equipo que parecía tener todo para ganar el torneo?

Decir que las dotes deportivas de Maradona compensan sus graves faltas antideportivas es absurdo—a pesar de que mucha gente cree, v.g., que el segundo gol contra Inglaterra en el 86 justifica el primero, y quizás por eso los argentinos en general suelen sentirse tan orgullosos de los dos goles. Semejante "clearing" normativo no tiene sentido (para poner a prueba esta afirmación sólo hace falta imaginar cómo nos sentiríamos si quedáramos afuera de un Mundial por un gol con la mano cometido por un eventual rival, incluso suponiendo que dicho rival hubiese hecho un gol similar al segundo contra los ingleses). Quienes sospechan del hecho de que Maradona fue elegido para el control justo el mismo día que se drogó, suponemos que sólo aprueban el control para quienes no se doparon ese mismo día, si es que aprueban el control antidóping en absoluto.

Quedan al menos dos explicaciones de la atribución del carácter de mufa a Maradona. La primera es una variación del tema de la falta de autoridad moral, en este caso de Julio Grondona, para hacer semejante denuncia. Esta explicación es muy débil, como suele pasar con casi toda variación del tema de la autoridad moral. En todo caso sería relevante si Julio Grondona tuviera algo que ver con el dopaje de Maradona, o si hubiese provocado que Maradona se dopara. Una hipótesis cercana sería la de atribuir el dopaje de Maradona—y no el control como acabamos de ver—a una casualidad, hipótesis por supuesto que hiciera famosa Amado Boudou recientemente, la cual nos exime de mayores comentarios.

La segunda explicación es la más sólida ya que cree que la indignación ante la atribución de la mufa a Maradona se debe a que Maradona es sagrado. En efecto, es completamente absurdo creer que algo sagrado o una divinidad pueda ser mufa. Todo lo contrario, sólo puede tener efectos saludables, o debe ser en todo caso anti-mufa por definición. Por supuesto, algunos episodios como el terremoto de Lisboa en el siglo XVIII, las grandes calamidades del siglo XX (entre las que se encuentra probablemente la actuación argentina en Sudáfrica 2010) representan desafíos ingentes para toda teodicea—la cual trata de reconciliar la existencia del mal con la omnipotencia y bondad divinas (v. miles kirchneristus et Deus absconditus)—.

Si los devotos de la Iglesia maradoniana replicaran que se trata de un problema que tienen no sólo ellos sino los devotos de cualquier otra religión, tendrían ciertamente razón.

jueves, 19 de junio de 2014

Son Piratas (y no en el buen Sentido de la Palabra)


Diagnóstico del Gobierno: los acreedores son buitres, verdaderos piratas, y el juez Griesa (con la Corte Federal de Apelaciones y la Corte Suprema de EE.UU. suponemos) un delincuente que está extorsionando a la Argentina (encima, los buitres creen ser legítimos acreedores, y Griesa (et al.) cree ser un juez, también en el buen sentido de la palabra). Es como si alguien es extorsionado por unos secuestradores, digamos porque le han secuestrado a la esposa, y estos secuestradores creen estar actuando legítimamente.

Estrategia del Gobierno (encabezado a la sazón por una abogada muy exitosa): insultar a los piratas y al juez que nos extorsiona, declarar a voz en cuello que no les va a pagar, etc. (amén de que el Gobierno ha reducido sus reservas a la mitad en los últimos dos años, perdió unos 25 mil millones, y gasta unos 14 mil millones en la importación de energía). Es como si el que debe pagar el rescate insulta a los secuestradores, les dice de todo (hasta aquí, si recordamos bien, es casi casi el argumento de "Rescate", con Mel Gibson), y además se gasta gran parte del dinero en otra cosa.

Defensa del Gobierno (una vez que fracasa la estrategia): "¿Qué esperaban? Los acreedores son buitres y el juez un delincuente". Es como si el que debía negociar con los secuestradores dijera ante el fracaso de su estrategia: "¿Qué esperaban? Son secuestradores".

¿Entendimos bien?