martes, 17 de enero de 2017

La Coalición político-mediático-judicial-de-derecha-estadounidense-israelí ataca-de-Nuevo




Página 12 de hoy nos recuerda que la Coalición político-mediático-judicial-de-derecha-estadounidense-israelí ataca de nuevo (click). Mientras nos proponíamos aportar nuestro humilde granito de arena nos dimos cuenta de que estábamos esencialmente repitiendo lo que habíamos dicho hace casi dos años, el 27 de enero de 2015 para ser más precisos, aquella vez para la opinión pública internacional (click). Por lo cual, hemos decidido subir otra vez esa entrada en su casi totalidad, con el agregado de un video de la Policía Federal que ilustra cómo fue la recolección de evidencias en el departamento de Nisman por parte del equipo de investigaciones especiales de la fuerza.

Hace poco nos contaron que hay gente en el extranjero que lee este blog. No solamente todavía no salimos del asombro que nos provoca saber que hay alguien que nos lee en absoluto, sino que además no podemos darnos siquiera una idea del esfuerzo intelectual que representa poder entender a este país para alguien que no es argentino o que no ha vivido en Argentina.

Es por esto que con esta entrada inauguramos lo que podríamos llamar La Causa de Catón Servicio Internacional, en aras de ayudar a quienes se embarcan en semejante ordalía intelectual. Después de todo, los nativos (y residentes ciertamente) tienen una enorme ventaja ya que la sabiduría de la naturaleza les permite acomodarse a su medio ambiente y por eso, suponemos, les resulta más fácil entenderlo. En realidad, es la única hipótesis que puede explicar la supervivencia en un medio ambiente semejante, aunque estamos abiertos a otras sugerencias. Dicho sea de paso, en breve contrataremos a James Earl Jones para que grabe el identificador de nuestra señal internacional. 

En esta oportunidad vamos a tratar de explicar desde un punto de vista internacional el último suceso que ha cobrado estado público a nivel mundial, un suceso del cual ya nos habíamos ocupado brevemente (No es lo que parece). A tal efecto, vamos a usar una analogía televisivo-cinematográfica.

Supongamos que en televisión dan una película en la cual un fiscal que investiga a la Presidencia de la República aparece muerto en su domicilio el día anterior a hacer su primera presentación oficial en el Congreso Nacional acerca de precisamente dicha causa. Supongamos también que dicho fiscal contaba con una numerosa y celosa escolta de la Policía Federal, la cual había perdido todo contacto con él por lo menos durante las últimas once horas que condujeron a su muerte.

Luego, la Presidenta de dicha República escribe una epístola en Facebook (1 Cristina ad Facebookenses) comentando el acontecimiento como si fuera un usuario más de dicha red social con un puesto de sandías a la vera de una ruta provincial, y no la Presidenta de la República, e indicando ciertamente que para ella se trató de un suicidio. El suicidio, obviamente, está conectado con un grupo monopólico que busca desestabilizarla.

Evidentemente insatisfecha con esta primera carta, la Presidenta escribe una segunda en la misma red social, pero en la que cambia de opinión, ya que en lugar de inclinarse por el suicidio afirma que se trató de un asesinato obviamente orquestado por el mismo grupo monopólico que según la hipótesis anterior buscaba desestabilizar su Gobierno mediante un suicidio. Nobleza obliga, la Presidenta aclara en esta segunda epístola que “no tengo pruebas, pero tampoco tengo dudas” [de que se trata de un asesinato] (2 Cristina ad Facebookenses 12), quizás inspirada por el credo quia absurdum (“creo porque es absurdo”) de la patrística cristiana. Paralelamente, las encuestas muestran que la enorme mayoría del país en cuestión cree que se trató de un asesinato y las malas lenguas rumorean que eso fue precisamente lo que explica el cambio de opinión presidencial.

Continuando con la alegoría de esta trama, agreguemos ahora que el periodista que había dado la primicia sobre la muerte del fiscal se va del país alegando que está siendo perseguido precisamente por ese motivo. La trama se hace más espesa ya que mientras el periodista huye del país, la agencia oficial de noticias (Télam), la aerolínea de bandera (Aerolíneas Argentinas) y la cuenta oficial de la Casa de Gobierno en twitter (dirigida por una verdadera artista de la sutileza y el protocolo) difunden los datos del itinerario y del pasaje de dicho periodista, como si fuera un servicio prestado por la aerolínea a quienes viajan en business o en primera para asegurarse de que alguien vaya a buscar al pasajero en el destino final.

Mientras que algunos simpatizantes del Gobierno alegaban que este periodista descaradamente mentía enmascarando unas vacaciones en Uruguay como una persecución en la que su vida corría peligro, el Jefe de Gabinete, una vez preguntado al respecto, sostuvo que “Es un periodista que se sentía amenazado y fue importante publicar su paradero”. Como se puede notar, se trata de un Gobierno que cree que la mejor manera de calmar el miedo a la persecución es mediante una terapia de shock, algo así como encerrar a un claustrofóbico en un ascensor o tratar el miedo al agua y el vértigo con un clavado en Acapulco. Monty Python se habría muerto de hambre si hubiese tenido que trabajar en un país semejante. En todo caso, sus representaciones habrían sido cuadros puramente costumbristas.

Finalmente, y todo siempre en la misma película, la Presidenta más de una semana después del hecho decide salir en Cadena Nacional para completar su cuadro de situación. En dicha alocución sostiene que fue la Ministra de Seguridad quien la anotició a las 0:30 sobre "un incidente" que involucraba un fiscal tirado sobre un charco de sangre. La Presidenta, incrédula, le preguntó si se trataba de una broma, ya que sus ministros son muy de hacerle bromas a la madrugada sobre incidentes con fiscales federales tirados arriba de un charco de sangre (nota para quienes vieron el Mundial: la relación entre esta Presidenta y sus ministros es muy parecida a la que tenía Sabella con Lavezzi en el partido con Nigeria). Aquellos fanáticos que se interesan en la búsqueda de perlas cinematográficas, aquí tienen una: el Secretario de Seguridad había dicho públicamente en esta película que fue él quien le había dado la noticia por primera vez a la Presidenta (encima, el Secretario se mostró por televisión en el domicilio del fiscal antes de que llegara el poder judicial). Quizás en la secuela el guión desarrolle este desacuerdo entre la Presidenta, la Ministra y el Secretario (de hecho, le acabamos de dar el título a la segunda parte).

La Presidenta con la sana intención de colaborar con la investigación judicial, aunque respetando escrupulosamente la separación de los poderes, indica en la misma Cadena que el hermano de un empleado del grupo monopólico es responsable del homicidio. El implicado por la Presidenta es a la sazón un espía del Servicio de Inteligencia, cuyo excelente plan para llevar a cabo semejante maniobra de desestabilización incluía aparentemente una fuga al exterior, aunque según la Presidenta se había dejado estar, ya que había iniciado los trámites del pasaporte cuatro días antes del crimen. Además, esta misma persona que entendemos es un espía profesional, antes de su asesinato no tuvo mejor idea que escribir media docena de tweets en los que insulta a la Presidenta de la República, suponemos para asegurarse de que su crimen no pudiera ser rastreado hasta él.

Es difícil entonces resistir la inferencia de que el grupo monopólico de marras tiene, para decir lo menos, serias dificultades en el rubro de contratación de recursos humanos, particularmente en lo que atañe a su Departamento de Desestabilización. Si pudiéramos le recomendaríamos a este grupo monopólico que la próxima vez antes de contratar una consultora de recursos humanos vean al menos la primera temporada de “Los Soprano”. Quizás esto también quede para la secuela.

Hasta acá la analogía (nos faltó mencionar que también se roban un misil de una base militar, pero no vamos a entrar en detalles, ya que se trata de un hecho menor no conectado con la historia principal, cuya tarea es darle más color a una trama bastante anodina).

Ahora nos vemos forzados a pedirles a nuestros lectores extranjeros que hagan el enorme esfuerzo de lograr una “suspensión voluntaria de la incredulidad” y acepten que lo que acabamos de describir no es el guión trillado de una película de clase B cuya trama sería inconcebible hasta—o sobre todo—en África subsahariano (de hecho hoy en día en África subsahariano cuando sucede algo inaudito dicen: “esto no pasa ni en Argentina”), sino que ha sucedido.

Finalmente, el agregado mencionado del video aportado por la Policía Federal mientras su equipo de investigaciones especiales llevaba a cabo la recolección de evidencias en el departamento de Nisman.


 


jueves, 12 de enero de 2017

Qué lindo que es estar en Mar del Plata



Es una vieja y generosa costumbre de las autoridades de La Causa de Catón la de permitirle a su staff que escuche la radio mientras trabaja en vacaciones. De ahí que hayamos tenido la oportunidad de escuchar hace poco una entrevista radial al Sr. Emilio Sucar Grau, subsecretario de Inspección General del municipio de General Pueyrredón, mientras trataba de explicar la naturaleza y el alcance del programa “Mar del Plata Segura” que incluye entre sus medidas el secuestro de bebidas alcohólicas en la playa.

Un periodista entonces no sin razón le preguntó al Sr. Sucar Grau acerca de la diferencia entre el alcohol digno de ser secuestrado en la playa y el alcohol que legalmente se expende en los establecimientos que están literalmente a unos pocos metros de la playa, si no es que están literalmente sobre la playa.

La respuesta del Sr. Sucar Grau fue, como se suele decir en inglés, la de tomar una hoja del libro de Martín Sabbatella para contestar esencialmente que “se trata de una disposición democrática y por lo tanto hay que obedecerla”. Nuestros lectores recordarán cuando un periodista le preguntara al dirigente de Nuevo Encuentro por qué había no había renunciado a su banca de diputado luego de haber aceptado un cargo en el Gobierno Nacional y Sabbatella respondió que “había dos alternativas. Yo tomé la otra”.

En efecto, las respuestas de Sabbatella y de Sucar Grau apelan a información con la que ya contábamos, sea el hecho de que la decisión marplatense es democrática (lo único que faltaba era que no lo fuera) o la tautología de que había dos opciones y Sabbatella optó por la otra. La cuestión es por qué Sabbatella no tomó la otra alternativa y por qué en este caso está permitido consumir alcohol en algunos lugares y en otros no. De hecho, según el nuevo programa marplatense la policía puede secuestrar el alcohol en la playa sin que medie disturbio alguno o incluso señales de intoxicación.

Que está prohibido tener alcohol en la playa y que hay que obedecer era un hecho que ya conocíamos. Es precisamente porque está prohibido y debemos obedecer es que queremos saber la razón. Si no estuviera prohibido y no hubiera que obedecer solamente la curiosidad académica podría interesarse por este caso. Insistir con que está prohibido es solamente una petición de principios o muestra en todo caso la carencia de argumentos atendibles.

Quizás al hacer referencia a que vivimos en democracia lo que quiso decir Sucar Grau fue que la prohibición fue el resultado de un genuino debate, por lo cual él no debería tener mayores problemas en recordarnos brevemente cuál fue ese debate, proveyéndonos de este modo de algún argumento. Pero tampoco lo hizo.

En resumen, si bien es absolutamente cierto que en democracia hay que obedecer al derecho, no es menos cierto que en democracia se supone que existe una razón por la cual obedecemos al derecho, y esa razón, obviamente, no puede ser que hay que obedecer al derecho. Semejante afirmación o bien es  tautológica de un modo insultante o bien indica que no hay argumentos. Se trata de una afirmación muy poco reconfortante para un régimen democrático pero que se sentiría muy a gusto en un sketch de Monty Python, como tantas otras cosas en este bendito país.


sábado, 7 de enero de 2017

Derek Parfit, in Memoriam (1942-2017)




Para despejar el rumor de que a este blog solamente le interesan los chistes de Jorge Corona y las películas de Sacha Baron Cohen, vamos a hacer una excepción y pegamos a continuación un texto del muro de Facebook de un miembro de nuestro staff en el cual cuenta la impresión que le causara Derek Parfit la primera vez que lo viera en Oxford, hace un poco más de veinte años, mientras empezaba sus estudios de doctorado. Dado que todo el mundo conoce el genio de Parfit, quizás esta narración ayude a rescatar una dimensión previsible aunque tal vez no tan conocida del autor de Reasons and Persons.

'Por alguna razón, luego de haber almorzado con mi gran amigo Julián Epelbaum, me acabo de acordar de que durante mi primer año en Oxford, 1994-1995, tuve la osadía de ir a la primera clase del seminario para el B.Phil. (maestría en filosofía) que daba Derek Parfit en el All Souls. 

Siendo miembro del All Souls Parfit no tenía carga docente alguna, pero obviamente él conocía la importancia de dar clase. Dije “osadía” porque los seminarios de B.Phil. estaban reservados para los estudiantes de posgrado en filosofía.

Nunca me voy a olvidar de ese primer día. Parfit apareció tal como lo describen ahora en las necrológicas, con su camisa blanca y pantalones negros, con la salvedad de que en esa época además usaba una corbata roja. Parfit siempre usaba la misma ropa, i.e. solamente compraba pantalones negros y camisas blancas (y corbatas rojas en aquel entonces, aunque supongo que menos ya que las corbatas no tienen el mismo desgaste que el resto de la ropa, siempre y cuando se les dé un uso habitual), fundamentalmente para no perder tiempo decidiendo qué ponerse (indudablemente, esto es lo único en lo que me parezco a Parfit, al menos en lo que atañe a mi colección de camisetas blancas).

Al comienzo de la primera clase Parfit le pedía a cada uno de los estudiantes que se presentara y sobre todo contara en qué estaba trabajando (aclaro que, como buen doctorando en derecho, yo estaba sentado en la última fila, oculto, sin pronunciar palabra; encima, en esa época mi inglés era peor que ahora, hablaba como el protagonista del comercial de desodorantes Axe de aquella época, precisamente antes de ponerse el desodorante). Entonces, cada uno de los admitidos al B.Phil. (muchos de ellos estadounidenses que a su vez estaban admitidos en los mejores programas de doctorado en su país pero así y todo para ellos el B.Phil. de Oxford era un must) presentaba su tesis.

Ahí fue que vi a la mente de Parfit en actividad, en vivo y en directo o en tiempo real como se dice ahora, ya que apenas acababa él de escuchar lo que le decía cada estudiante (sea que se tratara de filosofía moral, filosofía de la mente, metafísica, lo que fuera), ipso facto en no menos de tres y no más de cinco minutos no solamente le trazaba un panorama extraordinario y sucinto a la vez del estado del arte de esa cuestión sino que además le anticipaba todos los caminos que podría tomar, cuáles le convenía y cuáles no, qué problemas tenía que evitar, etc. 

Nunca jamás había visto yo, ni volví a ver, un despliegue de semejante inteligencia, talento y precisión a la vez, y todo eso en tan poco tiempo, obviamente porque tenía que hacer lo mismo con la veintena de asistentes al seminario. Parfit jamás había hablado antes seguramente con esos estudiantes, pero estoy seguro de que en esos cinco minutos les había cambiado la vida para siempre. Era una mente que jugaba ella sola simultáneas filosóficas con las mentes de los demás, y que daba la impresión de que no podía perder una sola partida. 

También me acabo de acordar que hacia 1998-1999, cuando exponía en lecciones parte de lo que terminaría siendo su trabajo “Sobre lo que importa” (On What Matters), Joseph Raz mismo asistía para hacerle preguntas. Básicamente, se entendían solamente entre ellos dos.

Parfit debe haber sido uno de los últimos grandes "Mr" de Oxford, i.e. un don que no necesitaba un doctorado para trabajar ahí. 

Se fue quizás el más grande. Por suerte todavía nos quedan sus ideas'.

jueves, 5 de enero de 2017

El Tiempo pasa, pero seguimos sin usar mucho el Pensamiento



Ahora que estamos de vacaciones, al personal de La Causa de Catón nos gusta de vez en cuando visitar Facebook. Sí, es cierto, nos parecemos al cartero de ese cuento de Jorge Corona que en sus ratos libres salía a caminar por ahí. 

Y es en Facebook que encontramos esta imagen (click) muy sugestiva. Incluso suponiendo que las intenciones de quienes hayan montado este cuadro sean las mejores, sin embargo a veces hasta las mejores intenciones terminan pavimentando el camino del infierno (conceptual al menos). 

En efecto, nos da la impresión de que el propósito de las imágenes contrapuestas, la de la niña alemana nazi y la joven soldado (asumimos que "soldada" podría prestarse a confusión) israelí es la de mostrar una equiparación o equivalencia entre el nazismo e Israel. Semejante impresión de hecho es confirmada por la similitud entre los textos de las dos columnas que subyacen a dichas imágenes.

Sin embargo, esta imagen adolece de una seria falacia. En efecto, da la impresión de que el punto de la imagen es mostrar que dado que los nazis usaban en sus imágenes niñas o jóvenes con alcancías entonces todos los que usan niñas o jóvenes con alcancías en sus imágenes son nazis. ¿Se sigue entonces que dado que los nazis usaban trenes, cascos, tinta china o comían strudel, entonces quienes hacen otro tanto también son nazis?

Encima, cualquier persona con un mínimo conocimiento de alemán puede notar que la alcancía que sostiene la niña nazi es para "construir hosteles y hogares para jóvenes", mientras que la soldado israelí se propone juntar fondos para apoyar al ejército. Con lo cual, daría la impresión de quienes juntan dinero para "construir hosteles y hogares para jóvenes" son nazis. De hecho, los nazis también tuvieron una juventud partidaria. ¿Se sigue de ahí que quienes hacen otro tanto también son nazis?

Alguien podría de hecho sostener que un efecto imprevisto de la ignorancia del idioma alemán es que una comparación entre ambas alcancías muestra que en realidad los nazis al menos recaudaban dinero para los jóvenes mientras que los israelíes solamente juntan dinero para sus soldados, por lo cual en este aspecto al menos los nazis salen mejor parados que los israelíes. Quizás sea una ventaja para los diseñadores de esta imagen, pero, insistimos, absolutamente imprevista.

Quizás entonces convendría a veces no dejarse llevar por las emociones y mantener el ojo en la pelota como se suele decir en inglés, i.e. prestar más atención al pensamiento. Eso permitiría además entender y evaluar mejor la realidad, sea cual fuere. 

sábado, 31 de diciembre de 2016

Como todos los Fines de Año, Catón va al Cine



Como es nuestra costumbre, hemos decidido terminar el año con una selección de todas las entradas del blog, elegidas según las escenas de películas o programas de televisión que contienen, ordenadas a su vez según su género o programa. Creemos que se trata de una excelente oportunidad para entretenerse solo o en familia, reírse (a veces) un rato y, al releer las entradas, quién sabe, hasta pensar un poco (Dios quiera). Si contara con adeptos la iniciativa, podríamos incluso votar la mejor (o peor) película (o por qué no la entrada) del blog. Por obvias razones temporales, las entradas no reflejan de modo equidistante al gobierno anterior y al actual, lo cual esperemos se corrija asimismo con el tiempo.

Que disfruten de los videos, muchas felicidades para estas fiestas y feliz año nuevo!




Comedia
Mejor Imposible
La Vida de Brian I
La Vida de Brian II
La Máscara
El Dictador

Drama
La Reina
Cesare deve morire
John Gotti

Musicales
El Hombre de la Mancha
Todos te dicen te amo

Románticas
Hechizo de Luna

Teatro
Julio César

Televisión
Bing Bang Theory No es lo que parece
Bing Bang Theory French Toast
Little Britain

El Show de Dave Letterman

Mickey Mouse (Pluto)

Monty Python La Tienda de Quesos
Monty Python Four Yorkshiremen
Monty Python La Clínica de la Discusión
Monty Python Sketch del Restaurant
Monty Python El Ministerio de los Andares Tontos
Monty Python Libro de Frases Húngaras

sábado, 24 de diciembre de 2016

¿CONICET O SINICET?



La reducción del presupuesto para el CONICET ha provocado un debate sobre el valor de la investigación en humanidades y ciencias sociales, extendiéndose en algunos casos extremos hasta la investigación científica en general—al menos aquella financiada por el Estado. Dado que no nos dedicamos a ellas, vamos a dejar de lado las así llamadas ciencias “duras”.

Se trata de un debate genuino ya que se enfrentan dos posiciones con argumentos atendibles en ambos lados del mostrador, o in utramque partem, como suele decir la tradición republicana. Por un lado, desde el punto de vista de los contribuyentes es absolutamente natural que se pregunten por cuál es el destino de los fondos públicos. No hay que olvidar que quienes trabajan en el CONICET lo hacen gracias al dinero de los contribuyentes, lo cual los ubica en una situación de cierta asimetría respecto a estos últimos.

Por el otro lado, desde el punto de vista de quienes se dedican, por ejemplo, a las humanidades, la pregunta misma acerca del valor de las mismas, por no decir acerca de su utilidad, indica que hay algo que está saliendo mal, que hay algo que quien formula la pregunta no entiende cabalmente. Encima, no es fácil explicar para qué sirven las humanidades. Después de todo, se supone que las humanidades gozan de valor inherente. Las ciencias sociales, por el contrario, deberían estar en mejores condiciones de mostrar cuál es su utilidad. En todo caso, la asimetría que deriva del origen público de los fondos no implica ciertamente una relación de esclavitud entre los contribuyentes y los investigadores.

Yendo al fondo del asunto, y para decirlo con muy pocas palabras, la razón de ser del CONICET consiste en que financia investigaciones que no de ser por el Estado no serían llevadas a cabo. Es por eso que, precisamente, quienes se oponen a la existencia misma del CONICET sostienen que dado que al sector privado (y la gran mayoría de las universidades privadas en nuestro país, por no decir casi todas, y aunque lo hagan también hay investigadores del CONICET que trabajan en ellas), v.g., no gastaría dinero en egiptología o en humanidades, el Estado entonces no debería hacerlo. Otros solamente ponen en duda algunas de las investigaciones del CONICET, lo cual también es mucho más que comprensible. El CONICET es una institución sublunar, o lo que es lo mismo, expuesta al error.

La pregunta, de todos modos, sigue siendo la del valor de esas investigaciones, que si no fuera por el CONICET, no existirían. Ciertamente, uno podría hacer referencia al CNRS francés, institución de la cual deriva el CONICET, para defender a este último, pero una indicación de autoridad no es un argumento sino una postergación de la discusión.

Hay dos grandes clases de argumentos que se pueden usar en defensa de las humanidades y las ciencias sociales. En primer lugar, su valor intrínseco. La del valor intrínseco es una noción que atrae a los filósofos, quienes a su vez proponen alguna variación del tema del argumento de la función humana, alguna vez propuesto por Aristóteles: se supone que los seres humanos se distinguen de los demás animales por su capacidad de razonar. No debería sorprendernos que semejante argumento no sea tan popular entre quienes pagan impuestos. Después de todo, hay filósofos que, v.g., ponen en duda la existencia misma de los propios árboles bajo los cuales se protegen del verano, o incluso dudan de la existencia de los dólares con los que ahorran (si tienen suerte).

Además, hasta los filósofos podrían reconocer que no es fácil explicar en qué consiste dicho valor inherente. Peor todavía, la explicación del valor de X en términos de la utilidad Y podría ser contraproducente. Si el valor de X depende de Y parecería que no tiene sentido hablar de su valor inherente.

Encima, algunos de los más grandes humanistas no fueron inmunes al nazismo y tampoco al estalinismo. Sin embargo, del hecho que haya habido humanistas de esta clase no se sigue que las humanidades no tengan valor. En realidad, es el propio humanismo el que nos ayuda a entender y criticar, v.g., la atrocidad moral de los genocidios. Dada la conexión que las ciencias sociales deberían tener con el humanismo, otro tanto se podría decir de las primeras.

En segundo lugar, se encuentra el tema del consecuencialismo y sus variaciones.

En efecto, (a) la investigación en humanidades y ciencias sociales podría afectar positivamente las políticas públicas. Como ya vimos, este argumento es el ámbito en el que deberían lucirse las ciencias sociales. Por ejemplo, las investigaciones bien hechas sobre la violencia ayudan a que el Estado pueda mantenerla a raya, siempre y cuando el Estado estuviera dispuesto a aplicar el resultado de las investigaciones en cuestión.

(b) Las humanidades y ciencias sociales son útiles para comprender mejor nuestra cultura desde un punto de vista universal para de ese modo rescatarla de sus prejuicios nacionalistas sin forzarnos a creer que el pasto del vecino, o el de otras culturas, es siempre más verde que el nuestro. Al fin y al cabo, las neurociencias, a su modo, han salido al rescate del argumento aristotélico de la función humana al sostener que aquello que nos distingue de los demás animales y explica en el fondo por qué ellos están enjaulados y nosotros somos quienes los enjaularon (y no al revés), es precisamente la cultura. Nótese que no estamos abogando por enjaular a nadie (aunque en algunos casos dan ganas de dar un debate) sino que estamos mostrando qué puede aportar la investigación sobre la cultura.

(c) Las investigaciones en humanidades y ciencias sociales son verdaderamente útiles para llevar a cabo un control de daño de lo que se suele denominar como “divulgación”, la cual, tal como suele ser hecha en nuestro país, puede ser tentadora para leer en la playa sobre todo para los adultos pero a la vez puede ser bastante nociva para las mentes de los jóvenes si llega a las escuelas indiscriminadamente.

(d) Las ciencias sociales y las humanidades pueden ser muy útiles para promover el pensamiento crítico (pace Alejandro Rozitchner: click) y la innovación.

No sería de extrañar que estos argumentos no hayan convencido a todos (si es que convencieron a alguno). Como en todo debate genuino, es muy difícil encontrar un argumento parecido a un golpe de knock-out. Algunos suelen esgrimir en defensa del CONICET el hecho de que el Estado también destina recursos a la Iglesia Católica. Sin embargo, sea que tal decisión fuera deseable o indeseable, las humanidades y las ciencias sociales deberían ser capaces de dar batalla por sí mismas. De otro modo, mostrar que los recursos se destinan para otra cosa en el fondo no es sino una forma de desviar la atención, postergando el debate.

Finalmente, quizás la comparación con la discusión sobre la administración de justicia sea útil para quienes desean plebiscitar las investigaciones del CONICET. Una sociedad genuinamente democrática, por no decir republicana, quiere tener una administración de justicia separada de las mayorías circunstanciales precisamente porque supone que los jueces cuentan con cierto conocimiento especializado del que carecen las mayorías. Parafraseando a Horacio, cambiando los nombres, bien podríamos estar hablando también del CONICET. Nótese que esta argumentación no es elitista sino todo lo contrario, ya que son las mismas mayorías las que deciden auto-limitarse, por así decir, a raíz de los beneficios que semejante decisión les reporta.

Cabe desear entonces que la muy razonable preocupación por el gasto público (sobre todo después de más de una década de redistribución récord del ingreso que terminó con por lo menos un tercio de la población en la pobreza a pesar de que los ingresos durante dicha época alcanzaron un pico histórico) no se convierta en una obsesión a menudo contraproducente por la búsqueda inmediata de la ganancia. La última palabra, como siempre en democracia, la tiene la mayoría. Esperemos que se trate de una mayoría informada.

viernes, 23 de diciembre de 2016

La Despedida de un Grande de Verdad: Hernán Brienza




Esta es una entrada que jamás siquiera imaginamos que íbamos a tener que escribir: Hernán Brienza, debido a una burda conspiración de la ultra-izquierda, los medios corporativos y el macartismo neofascista, como tantos otros (Boudou, Barone, Sandra Russo, Mariana Moyano, etc.), se vio forzado a anunciar su despedida de la esfera pública (click).

Se trata de uno de esos acontecimientos, como el 11 de septiembre de 2011 o el gol de Maradona contra los ingleses (honestamente, cualquiera de los dos), que nadie puede olvidar dónde se encontraba cuando sucedieron. Es un día que vivirá en la infamia, como muy bien dijera Francis Delano Roosevelt respecto al bombardeo de Pearl Harbor.

Vae victis! ¡Ay de los países que permiten que un pensador como Hernán Brienza abandone la palestra y se conforme con la paleta (o algún otro corte de carne más barato)!

Las únicas buenas noticias son que nuestros lectores no necesitan que les recordemos la cantidad y la calidad de la publicística de Brienza. No por nada, la entrada más vista en toda la historia del blog es precisamente sobre este gigante (La Ley de Brienza). Pero, como suele decir sabiamente Mirtha Legrand, el público se renueva—o, como decía Heráclito, no nos bañamos dos veces en el mismo río, o, no nos bañamos dos veces, o, seamos sinceros, ¿a quién queremos engañar? algunos directamente no nos bañamos—vamos a tratar de recordar su obra.

En menudo brete nos hemos metido ya que al elegir algunas de las genialidades de Brienza nos vemos obligados a descuidar otras. Un mero repaso de su obra muestra lo titánico de nuestra tarea.
Se trata de un hombre que deja un espacio tan grande que es imposible de llenar. Probablemente haya que convocar a una licitación pública solamente para conseguir las grúas necesarias para comenzar con semejante tarea. Pero, “Así es la Vida”, con Luis Sandrini y Susana Campos, y no vamos a esquivar el bulto, si se nos permite la expresión.

Queremos recordar entonces esos verdaderos picos de rendimiento que habrían hecho sonrojar al mismísimo Sergei Bubka, si alguna vez ser obsecuente llegara a ser una disciplina olímpica.

Empecemos.

(1) su celebérrima contribución sobre la responsabilidad—que se disputan tanto la teoría moral como la del derecho—mediante la cual muestra la inocencia y la culpabilidad a la vez de Milani (click), y por qué no su Big Bang Brienza.

(2) Su no menos festejada ontología en la que explica qué significa ser kirchnerista (La ontología de Brienza).

(3) Cuando se vio lastimosamente obligado a defender por qué debía ser parte de delegación argentina en el Salón del Libro de París de 2014 (Tu querida presencia), como si hubiera hecho falta justificarlo.

(4) Cuando, como pitoniso que es, probó de forma clara y distinta que no nos merecimos a Cristina (¿Y si nada tuvo sentido?).

(5) Su paso por el INRHAIMD o Instituto Nacional de Revisionismo Histórico Argentino e Iberoamericano Manuel Dorrego (La Querella de los Historiadores).

Y, last but not least, en ésta que no es, insistimos, sino una somera e injusta revisión de una obra tan profusa en calidad y cantidad como la de Brienza,
(6) el verdadero cenit de su pensamiento, su acusación formidable y terminante contra la idea misma de corrupción (Viva la Corrupción!), seguida de su consabida aclaratoria (Comprensión y Justificación en las Ciencias sociales).

No puede caber duda alguna a esta altura de que Hernán Brienza debería ser estudiado en las universidades. La única duda es cuál sería la disciplina más apropiada. ¿Ciencias Sociales (ciencia política, sociología, etc.)? ¿Psicología? ¿Neurociencias? ¿Derecho Penal? ¿Un enfoque multidisciplinario quizás? De hecho, Hernán Brienza merecería tener su propio verbo, probablemente “brienzar”, cuya definición dejamos en manos de nuestros lectores.

Nada nos haría más felices que el espacio que deja Brienza sea ocupado por Alejandro Rozitchner, pero no nos hacemos muchas ilusiones. Hacen falta varios Rozitchner para llenar semejante vacío. Somos realistas y por eso, al revés que el mayo del 68, no pedimos lo imposible.

Quedará para siempre, eso sí, nuestra etiqueta en este blog, Brienzana, que esperamos eternizará su figura. Que no sea un adiós sino hasta siempre.




martes, 20 de diciembre de 2016

Acerca del "Pensamiento crítico" (y otras Redundancias)



Las afirmaciones de Alejandro Rozitchner en contra del pensamiento crítico (click) han levantado bastante revuelo, sobre todo porque se supone que un filósofo jamás puede estar en contra del pensamiento crítico o en todo caso tratar de reducirlo o contenerlo.

Semejante suposición parece ser cierta, a tal punto que la idea misma de “pensamiento crítico” en el fondo es una redundancia. ¿Cómo sería un pensamiento que no fuera crítico? Todo pensamiento tiene aspiraciones normativas en relación a cierta realidad. De hecho, el propio Rozitchner está criticando a quienes prefieren el así llamado “pensamiento crítico”.

Además, muy poca gente, o al menos muy poca gente razonable, desearía quedarse con su pensamiento una vez que este último hubiera resultado ser falso o desacertado. La gente razonable no se queda con sus pensamientos porque guarda una relación afectuosa con ellos. Los pensamientos no son como las mascotas o incluso los seres humanos: si no superan el test, son descartados.

Por supuesto, el pensamiento, como diría Tu Sam, puede fallar, pero toda vez que nos hemos dado cuenta, hacemos algo al respecto. Habrá algunos que preferirán vivir engañados antes que conocer la realidad, pero asumimos que Rozitchner no quiere defender el engaño.

Tampoco es cierto que la creatividad, que con razón defiende Rozitchner, pueda darse el lujo de no ser crítica. En realidad, quienes son creativos suelen ser muy críticos sobre todo con ellos mismos y con la realidad.

Quizás Rozitchner por “pensamiento crítico”—aunque no en el buen sentido de la expresión—haga referencia a Carta Abierta. Pero el de Carta Abierta, en su época de apogeo, no era precisamente pensamiento crítico sino una racionalización en la cual, como Sergei Bubka, Carta Abierta alcanzaba cada vez un nivel más alto, digna del oro olímpico si semejante destreza alcanzara status deportivo. De ahí que si este último era el punto de Rozitchner, tampoco tendría sentido creer que él está en contra del pensamiento crítico.

Rozitchner, sin embargo, tiene un mérito que lo distingue claramente, v.g., del otrora Secretario de Coordinación Estratégica para el Pensamiento Nacional, con el cual se lo suele comparar. Parafraseando lo que H. L. A. Hart solía decir sobre John Austin (el jurista) y Oliver Wendell Holmes, y que Hart nos perdone por lo que estamos a punto de hacer, Rozitchner puede no convencernos y a menudo está claramente equivocado, pero al menos se equivoca claramente. Con Ricardo Forster uno a veces ni siquiera entiende lo que quiere decir y por eso puede sonar profundo, cuando ni siquiera podemos saber que se equivoca. En otras palabras, Rozitchner nos simplifica mucho las cosas, lo cual no es poca cosa.



miércoles, 14 de diciembre de 2016

Derecho Penal: una Consulta



Hay momentos en que no podemos evitar pensar que algunos portales de noticias no soportan el éxito del blog, a tal punto que quieren imitarnos, y es por eso que, v.g., informan que “Marcelo Nasif, del bloque Primero Jujuy, elevó el proyecto ante la Legislatura provincial, con el respaldo del diputado del Parlasur Alberto Asseff. El objetivo es que los ciudadanos ‘se pronuncien por el sí o el no respecto a la posibilidad de que Milagro Sala, libre, amenazará testigos, entorpecerá e impedirá que la Justicia la investigue por hechos de corrupción’” (click).

Sin embargo, hasta donde sabemos, da la impresión de que semejante noticia no tiene nada de ironía sino que refleja un hecho que ha ocurrido efectivamente, y como era de esperar, no pocos consideran semejante propuesta como “fascista”.

Ahora bien, a pesar de que se se ha vuelto moneda corriente denominar como “fascista” lo que está mal, el caso de la propuesta de la consulta popular sobre la libertad de Milagro Sala muestra claramente que semejante práctica adolece de serios defectos, siendo el primero la inexactitud, ya que ni siquiera al fascismo se le ocurrió hacer algo semejante. De hecho, ni el nazismo (algunos previsiblemente hacen un juego de palabras con el apellido “Nasif”) o el estalinismo convocaban a una consulta popular para decidir un caso judicial.

Pensándolo bien, se trata de una propuesta tan absurda desde todo punto de vista que solamente podría habérsele cruzado por la cabeza a Sacha Baron Cohen mientras redactaba el guión de “El Dictador”, pero si fue ese el caso, evidentemente la tuvo que desechar por su inverosimilitud.

Por otro lado, hace bastante tiempo tuvo lugar un muy conocido caso de consulta popular en el que el pueblo pudo elegir entre Cristo y Barrabás, pero no parece ser lo que tienen en mente los diputados mencionados más arriba. Se suele mencionar asimismo que La Inquisición Española no fue precisamente benevolente para con quienes eran sospechados de haber cometido graves pecados, pero hasta donde sabemos tampoco recurrió a una consulta popular, no al menos con estos fines.

Volviendo al fascismo, al nazismo y al estalinismo, ciertamente llevaron a cabo varios procesos judiciales que no eran sino una pantomima de justicia pero al menos rindieron un cierto homenaje a las formas. Por supuesto, el fascismo, el nazismo y el estalinismo, por no decir nada del maoísmo, tienen varios esqueletos en sus closets, sobre todo los tres últimos, a tal punto que cometieron verdaderos genocidios, a diferencia de lo que está aconteciendo en Jujuy. Sin embargo, rogamos a Dios que a nadie se le ocurra defender estas propuestas en relación a Milagro Sala indicando la diferencia, i.e. diciendo que en Jujuy todavía no se ha cometido genocidio alguno. Sería demasiado.

A esta altura, llama poderosamente la atención que no hubieran preferido solicitar un número 0800 para que toda la ciudadanía (y no solamente la jujeña) pudiera participar sin costo o incluso poner en el aire un programa de televisión para que luego la audiencia decidiera al respecto. Al menos, esta última propuesta sería mucho más digna en el sentido de que sería mucho más transparente o acorde a lo que parece estar pasando.


miércoles, 7 de diciembre de 2016

Cómo no argumentar en Materia penal o a Propósito de Milagro Sala otra Vez



Las siguientes declaraciones de Ernesto Sanz, según Clarín al menos (que esperamos, para variar, no mienta esta vez: click) no son muy reconfortantes que digamos para quienes se dedican al derecho penal (v. también: creeras en Milagro):

(1) “Frente a tanta hipocresía de gente a la que le cuesta reconocer y repudiar decenas de delitos, hay que poner una sola cosa: Justicia. No se trata de bibliotecas ni de teorías, menos de académicos; se trata de Justicia”.
(2) “Milagro Sala no puede estar libre porque obstaculizaría la investigación. Liberarla sería un canto a la injusticia y una derrota de la ley y la verdad”.
(3) “Hoy decían que Gerardo es un radical distinto porque se las aguanta”.

En primer lugar, la hipocresía de quienes defienden a Milagro Sala por mera conveniencia política es absolutamente irrelevante en lo que atañe a una cuestión penal. Hasta los hipócritas pueden tener razón si es que detectan un vicio de procedimiento. Lamentablemente, la descalificación personal no es monopolio del kirchnerismo.

En segundo lugar, Sanz se equivoca seriamente al decir que “No se trata de bibliotecas” y sobre todo “ni de teorías”. Los jueces penales en un Estado de Derecho basan sus investigaciones en lo que se suele denominar como una teoría del delito, que como tal no figura en el Código Penal (o en la Constitución para el caso), precisamente porque es una teoría. La justicia o la injusticia de un caso penal alejada de la teoría del delito es tan irrelevante como la hipocresía de los denunciantes o los defensores: lo único que importa es si los jueces penales actúan conforme a la teoría del delito, según la cual una persona puede estar detenida exclusivamente porque cometió un delito (siendo ese delito además la razón de su detención) y jamás al revés, i.e. cometió un delito porque está detenida, como parecen suponer algunos.

En tercer lugar, suponiendo que la mención a “Gerardo” haga referencia al gobernador de la provincia de Jujuy, no es exactamente tranquilizadora ya que se supone que el poder ejecutivo no puede intervenir en las decisiones de los otros poderes, particularmente el judicial y menos aún en casos penales.

En lo que sí Sanz tiene razón es que los jueces pueden decidir no concederle la libertad a Milagro Sala si consideran que eso constituiría “obstaculizar el descubrimiento de la verdad y la actuación de la Ley”, siempre y cuando la detención misma, que está precisamente en cuestión, responda a la imputación de un delito en primer lugar, tal como vimos más arriba.

Si abundara la racionalidad de nuestros funcionarios públicos podríamos suponer que la detención de Milagro Sala está bien fundada porque de otro modo sería muy estúpido convertirla en una mártir, aunque en lo que atañe a la política de su detención—la cual otra vez es irrelevante en materia penal—llama la atención que quienes se preocupan por la suerte de Sala no sean una amplia mayoría, sobre todo dentro del peronismo.

En resumen, la hipocresía de los defensores, la justicia de sus acusadores (independiente de la teoría del delito penal) o el aguante del gobernador son completamente irrelevantes o incluso contraproducentes para el Estado de Derecho. Lo único que importa es si existen evidencias que prueben los delitos de los que se la acusa a Milagro Sala y por los cuales está todavía detenida.

sábado, 3 de diciembre de 2016

Acerca de Rozitchner, Carta Abierta y Monty Python



Siendo las diez y cuarenta y dos del día sábado 3 de diciembre de 2016, una serie de eventos sucedidos a último momento han provocado una reunión de emergencia del Consejo Editorial de La Causa de Catón para evaluar qué medidas tomar en épocas tan turbulentas como las que estamos atravesando.

En efecto, a juzgar por la entrevista a Alejandro Rozitchner realizada por Diego Sehinkman y publicada hoy en La Nación (click) el plagio cometido contra Ricky Sarkany por la carnicería cordobesa “Sankarny” (click) no es un rayo en un cielo estrellado sino que se trata de una verdadera plaga que está azotando nuestro país y que no solamente es un ataque deliberado contra el ingenio popular que nunca descansa sino que además constituye un gravísimo atentado contra la seguridad jurídica.

En verdad, en dicha entrevista Rozitchner sostiene que “Carta Abierta es un fenómeno mal comprendido. Es un fenómeno humorístico como el grupo Monty Python. Es una especie de producción humorístico intelectual”. A esta altura nuestros lectores habituales no necesitan evidencia alguna para corroborar nuestra acusación (o al menos eso esperamos). Pero, tal como dice Mirtha Legrand, dado que “el público se renueva” (o al menos eso esperamos), precisamente por eso invitamos a los lectores a que echen un vistazo a las etiquetas del blog que prueban el descarado plagio cometido por el Sr. Rozitchner: Carta Abierta, Forsteriana, Horatiana, para no decir nada de verdaderos fenómenos intelectuales off-Carta Abierta como Hernán Brienza (Brienzana) y Mempo Giardinelli (Giardinelliana).

Es por estas razones que La Causa de Catón le ha encomendado a su Departamento de Legales que inicie las acciones precisamente legales correspondientes que pongan al impenitente Rozitchner en su lugar, sin perjuicio de la intervención de los fueros civil, penal y contencioso-administrativo, haciendo plena reserva del caso federal y del recurso por ante los tribunales internacionales pertinentes si por ventura la Justicia Nacional irónicamente no hiciera Justicia a nuestra querida Causa.

Hablando de acciones legales, dado que el Sr. Rozitchner confiesa tener “una visión hippie”, venir del “del rock [y de la] la marihuana” y alega tener una [sic] “formación… filosófica”, anticipando que el aludido pretenda escudarse en dichas desventuras, hacemos asimismo plena reserva del inicio de acciones legales contra el movimiento hippie internacional y en particular los hippies de Plaza Francia, el rock en general (cuyos efectos nocivos quedan confirmados por las afirmaciones en juego), la familia Escobar y los carteles mexicanos de la droga y finalmente contra la Universidad Central de Venezuela, institución que por inferencia asumimos es la responsable de las acciones del Sr. Rozitchner. Dejamos en manos del Departamento de Legales si la conducta del Sr. Sehinkman puede ser subsumida o no bajo el tipo penal de la complicidad e incluso eventualmente encubrimiento.

Quedan Uds. debidamente notificados. Se hará Justicia (o al menos eso esperamos).



miércoles, 30 de noviembre de 2016

¿La Culpa es de Fidel?



El fallecimiento de Fidel Castro provocó varias reacciones muy curiosas. Por razones de espacio nos vamos a concentrar solamente en dos.

En primer lugar, hay una nota del filósofo Darío Sztajnszrajber en Página 12 (click) que al propio Fidel, suponemos, le habría llamado la atención. El título de la nota es: "¿Por qué Fidel? ¿Por qué Cuba?". La respuesta a dichas preguntas es francamente extraordinaria: "ser de izquierda es estar abierto a lo inédito, a lo imprevisible, a lo imposible". En efecto, alguien podría decir que lo mismo se aplica, por ejemplo, al nazismo, particularmente antes de que llegara Hitler al poder. En verdad, mucha gente no pudo siquiera imaginar semejante fenómeno (y pagó con su vida por eso) debido a que fue precisamente "inédito", "imprevisible", "imposible".

En cuanto a que "lo imposible siempre es una caricia que no consuma ni violenta, sino que reguarda la distancia justa" y por lo tanto la creencia en que la Revolución cubana fue una revolución pacífica o una "revolución de las caricias", sin duda aleja considerablemente la Revolución cubana del nazismo pero tiene sus propios problemas. En efecto, o bien es una gran broma pythonesca o en realidad sugiere que el autor no entiende qué es una revolución y menos la cubana.

En segundo lugar nos llamó poderosamente la atención la opinión del Prof. Pablo Vommaro acerca del sistema político cubano, al menos a juzgar por el siguiente video (recomendamos ver a partir del minuto 30 hasta el 32):




Vommaro, con razón, sostiene que la noción de democracia ha variado con el tiempo, pero con ese criterio, también ha variado la idea de libertad, que antes no era sino la otra cara de una defensa de la esclavitud, pero no por eso hoy vamos a defender una concepción semejante. En realidad, hoy en día el uso actual de "democracia" en su sentido bastante minimalista hace referencia a una competencia entre diferentes partidos políticos en elecciones libres (en el sentido mínimo de que el resultado electoral es incierto). De ahí que la aclaración de Vommaro, "simplemente no hay un sistema de partidos", es demoledora para poder decir con un mínimo de sentido que en Cuba hay algo así como una democracia (en realidad el marxismo clásico entendía al sistema político anterior al advenimiento final del comunismo como una dictadura del proletariado).

El Prof. Vommaro además cree que "no hay partido único" en Cuba a pesar de que "el único partido habilitado es el comunista cubano". La mejor explicación caritativa de semejante frase quizás sea que (a) Vommaro comparte nuestra debilidad por Monty Python (véase infra el video de la quesería sin quesos) o (b) como rezaba una vieja historia anterior a la caída del muro de Berlín, en Cuba se puede votar por sí o por no, por sí que se queden, o por no, que no se vayan.




En cuanto a que, como bien dice el Prof. Vommaro, en Cuba hay un sistema electoral regulado por ley, la mera existencia de reglas no tiene por qué atraer nuestra aprobación con independencia de cuáles sean dichas reglas. Después de todo, hasta la mafia tiene reglas, tal como lo dice Neil Dellacroce (subjefe de la familia Gambino), interpretado por Anthony Quinn, al recordarle amenazadoramente a John Gotti, interpretado por Armand Assante, precisamente en el telefilm “John Gotti” (1996), dirigido por Robert Harmon: “tú rompes las reglas y toda esta maldita Cosa Nostra se resquebraja y se derrumba. Tú no rompes jamás las reglas. ¿Capisce?”.



Es más, tanto Hans Kelsen cuanto Carl Schmitt estaban de acuerdo en que todo Estado (capitalista, comunista, etc.) es un Estado de Derecho, i.e. no puede funcionar sin normas jurídicas. La cuestión en todo caso es cuáles son dichas normas. Por otro lado, la filosofía marxista del derecho (pensemos, por ejemplo, en Eugeny Pashukanis) suele desconfiar de las normas jurídicas (y de los derechos en general) precisamente por su conexión con los Estados.

Quizás convenga dar la batalla por Cuba en el terreno de la distribución del ingreso y otros derechos sociales, pero no precisamente en el de la democracia.

miércoles, 23 de noviembre de 2016

Un Cacho de Cultura



Para que no digan que La Causa de Catón le presta demasiada atención a Carl Schmitt y a Sacha Baron Cohen, compartimos ahora un par de artículos de la Revista de Cultura de la AMIA (en realidad, se trata de dos números de la revista, sugestivamente abiertos en una página en particular; dicho sea de paso, convendría abrir los artículos en pantalla completa, abajo a la derecha de la pantalla como decía Emilio Ariño).

El primero trata sobre el republicanismo hebraico, que no trata precisamente del republicanismo en el club Hebraica, sino de cómo el republicanismo se volvió revolucionario o en todo caso furiosamente antipersonalista, preocupado por la distribución del ingreso y defensor de la tolerancia religiosa (Antipersonalismo, igualitarismo y tolerancia en el republicanismo hebraico).

El segundo trata sobre los Juicios de Núremberg y el anti-positivismo jurídico. Lo que explica este artículo es cómo la forma misma del derecho, si bien permite la comisión de varios delitos bastante atroces, es incompatible con la comisión de atrocidades a gran escala como un genocidio. Fue precisamente este hecho el que motivó que los nazis decidieran llevar adelante el Holocausto por fuera del derecho (Los Juicios de Nuremberg y el Anti-positivismo jurídico).



domingo, 20 de noviembre de 2016

Acerca de Presentaciones de Libros y la Toma de Rehenes

A raíz de la presentación de Razones Públicas (click) se ha suscitado un muy interesante debate acerca de la práctica de tomar rehenes, en este caso en aras de obtener un juicio favorable por parte de los presentadores. En efecto, no han faltado quienes se han pronunciado terminantemente en contra de dicha práctica en términos claramente inequívocos.

Permítasenos entonces aclarar que es una verdadera calumnia la que sostiene que para asegurarnos de que la opinión de los presentadores fuera favorable habíamos raptado a sus otrxs significantes y a sus hijxs. Que quede absolutamente claro que solamente mantuvimos como rehenes a sus otrxs significantes. Se nos había ocurrido agregar a los hijxs pero resultó ser impracticable no solamente porque se trata de un número no menor sino que además varios de ellos viven en el exterior. Ni siquiera contamos con semejante presupuesto. Por lo demás, los rehenes fueron liberados apenas terminó la presentación.

En segundo lugar, los muchos fanáticos de “El Padrino” recuerdan que existía una familia, los Bocchicchio, que se dedicaba a ofrecerse como rehenes durante la realización de ciertos encuentros, como por ejemplo el que tuvo lugar entre Michael Corleone y el Turco Sollozo (para no decir nada del Capitán McCluskey). El negocio consistía en que quien proponía el encuentro (en este caso Sollozzo) contrataba a los Bocchicchio, quienes a su vez a cambio de una suma de dinero enviaban un rehén que quedaba en manos de quien aceptaba la invitación (en este caso, la Familia Corleone). Si algo les sucedía a los invitados, la familia de estos últimos disponía a voluntad de la vida del rehén.

En tercer lugar, el propio dictador Haffaz Aladeen tomó como rehenes familias enteras (no como nosotros que nos limitamos a otrxs significantes) para asegurarse de obtener buenas críticas para su película (aconsejamos activar CC en youtube).




Finalmente, si por alguna razón, las prácticas de la mafia y las de un dictador no hubieran convencido a nuestros lectores todavía, invocaremos el ejemplo de lo que se suele denominar como “entrega del rehén parlamentario”. En efecto, una vez finalizada la guerra civil y restaurada la monarquía, cada vez que la Corona abre el período de sesiones del Parlamento británico un miembro del Parlamento es entregado como rehén quien queda en manos de la Corona en el Palacio de Buckingham hasta que la Corona regrese sana y salva (nos permitimos aconsejar nuevamente el uso de CC en youtube).




No faltarán los lectores que sostengan que todos nuestros esfuerzos han sido en vano ya que el juicio de los presentadores no ha sido muy favorable que digamos. Precisamente, en aras de alimentar el debate invitamos ahora a nuestros lectores a escuchar nuevamente la presentación y luego participar del debate. Para estimular semejante participación hemos decidido establecer un sorteo entre los que dejen su opinión al respecto. El primer premio es una semana en Miramar con todos los gastos pagos. El segundo premio son dos semanas en Miramar con todos los gastos pagos. Con Uds., nuevamente, los intérpretes.

    

jueves, 10 de noviembre de 2016

A propósito de la Democracia y del Triunfo republicano



El resultado de las elecciones en EE.UU. nos trae a la memoria la relación controversial que suelen tener la deliberación y la decisión democráticas, por no decir la república y la democracia, expresada claramente por Rousseau en un conocido pasaje del Contrato Social:

Cuando se propone una ley en la asamblea del Pueblo, lo que se les pregunta no es precisamente si aprueban la proposición o si la rechazan, sino si ella es conforme o no a la voluntad general que es la suya; cada uno dando su sufragio dice su opinión sobre ello, y del cálculo de los votos se saca la declaración de la voluntad general. Cuando entonces la opinión contraria a la mía prevalece, eso no prueba otra cosa que yo me había equivocado, y que lo que yo estimaba ser la voluntad general no lo era. Si mi opinión particular hubiera prevalecido yo habría hecho otra cosa de lo que hubiera querido, y es entonces que yo no habría sido libre. Esto supone, es cierto, que todos los caracteres de la voluntad general están todavía en la pluralidad: cuando dejan de estarlo, cualquiera sea el partido que se tome no hay más libertad” (Jean-Jacques Rousseau, Del Contrato Social, traducción de Mauro Armiño, Madrid, Alianza, 1980, pp. 109-110, traducción modificada).

Para discutir este pasaje, como se suele decir en inglés, vamos a hacer sonar nuestra propia corneta y tomar una hoja, o tres en realidad, de nuestro propio libro Razones Públicas (pp. 174-176).

Por un lado, (A) Rousseau supone que existe una voluntad general que es anterior a la deliberación democrática y que por lo tanto debe comandar precisamente dicha deliberación; es precisamente por eso que los ciudadanos que participan de la deliberación (o de la votación para el caso) no deben preguntarse meramente si aprueban o no la moción (o cierto partido político), sino si la misma es o no conforme a la voluntad general. Como la decisión democrática es básicamente declarativa de una voluntad general preexistente, habría razones para impugnar toda decisión que se apartara de dicha voluntad general.

        Sin embargo, como es muy difícil conocer la voluntad general a menos que quienes participan de la deliberación alcancen una decisión unánime (y a veces ni siquiera si hubiera unanimidad), es por eso que Rousseau también afirma que (B) la voluntad general en realidad es el resultado de la deliberación ya que se expresa en el “cálculos de votos” de quienes participan en la deliberación en cuestión. Según esta posición, la decisión democrática no declara sino que constituye la voluntad general. Antes del pronunciamiento democrático es imposible conocer cuál es la decisión correcta.
       
        Las posiciones declarativa y constitutiva de la decisión democrática tienen sus pros y sus contras. La tesis declarativa (A) pretende asegurarse de que la decisión democrática sea correcta, lo cual supone que contamos con un estándar de corrección anterior a la democracia que nos permite juzgarla. Pero entonces, si existen estándares de corrección que son anteriores a la decisión democrática, vale preguntarse cuál es el sentido mismo de la deliberación democrática: ¿para qué deliberar (o votar para el caso) para alcanzar una verdad que conocemos de antemano, salvo quizás para expresarnos, o para pasar el tiempo quizás?

        De ahí que la tesis constitutiva (B) venga a suplir la deficiencia mayor de la tesis declarativa, en la medida en que sostiene que en lugar de ser redundante, la decisión democrática hace toda la diferencia ya que antes de que sea tomada precisamente no podemos saber lo que debemos hacer. Para emplear la terminología rousseauniana, según la tesis constitutiva la voluntad general es la de la mayoría, y la voluntad particular es la que perdió. El problema es que en tal caso es natural que surja la pregunta: ¿estamos dispuestos a hacer cualquier cosa que decida la mayoría, solamente porque lo decidió la mayoría? Después de todo, hay momentos en los cuales hasta los demócratas pueden llegar a ser una minoría, en la medida en que por democracia no entendamos solamente un conjunto de procedimientos sino además un contenido mínimo.

        Ciertamente, la discusión sobre la diferencia práctica que hace la democracia no puede ser sincronizada con el resultado de una elección o con la derrota de un partido. Eso sería hacer trampa, incluso si ganara Trump, un populista o neofascista y no en el buen sentido de la expresión como diría Sacha Cohen.

        En realidad, el triunfo de Donald Trump son buenas y malas noticias. Las buenas, ya en sus primeros discursos como presidente queda claro que no va a hacer lo que dijo. Las malas, es que todo lo que dijo fue para ganar las elecciones. Veremos qué nos depara el futuro.