sábado, 13 de diciembre de 2014

¿Nazismo gráfico u Originalidad creativa?


La Presidencia de la Nación ha tomado una excelente decisión: celebrar hoy, 13 de diciembre, el día de la democracia. No tenemos sin embargo la menor idea de por qué se festeja el día de la democracia un 13 de diciembre, aunque cualquier día es bueno para celebrar a la democracia. Dicho sea de paso, Ramiro Rosler nos recuerda que el 13 de diciembre es la fecha del fusilamiento de Dorrego. Quizás se trate entonces de un homenaje oblicuo del Instituto Histórico homónimo.

Por si alguno notara que el póster ni siquiera menciona a la festejada, i.e. a la democracia, bastaría responder que aquello que es tan obvio que no necesita ser mencionado, precisamente no necesita ser mencionado. ¿Desde cuándo las tarjetas de invitación a un casamiento mencionan siquiera casamiento alguno? ¿Quién no recibió alguna vez invitaciones cuyo único texto son frases tales como "El lenguaje es la casa del ser" o "¡Qué bien que hicimos en traer a Pisculichi!"?

Nos preocupa sin embargo la ola de malentendidos que se ha propagado por las redes sociales, según la cual el póster del Partido Justicialista de la Ciudad de Buenos Aires (PJCABA) es una burda imitación de la propaganda nazi, por ejemplo:



No nos extrañaría que muy pronto se sumara al malentendido el viejo adagio de la monarquía francesa (y algunas de sus funestas repercusiones tales como la Matanza de San Bartolomé y la revocación del Edicto de Nantes) y actual eslogan de la poco democrática Acción Francesa:


En efecto, la similitud de la estructura del contenido proposicional de los tres afiches es notable (sin mencionar a Dios para de ese modo mantener la simetría, pero invirtiendo el orden del póster para ser fieles al adagio monárquico):


Cristina
Hitler
Acción Francesa
Un pueblo
Un pueblo
Una fe
Un proyecto
Un imperio
Una ley
Una conductora
Un conductor
Un rey



Dado que ni el nazismo ni la Acción Francesa son precisamente paradigmas de la democracia (aunque el nazismo llegó al poder democráticamente), la asociación entre el contenido de los eslóganes permite que el kirchnerismo caiga en la misma bolsa de la lógica del uno o de la soberanía omnipotente, indivisible, infalible e irresistible. Todo aquel que siquiera disienta con ella es por definición un enemigo sea del pueblo o un hereje. Y todo merced a la asombrosa similitud textual de los eslóganes. 

Sin embargo, no deberíamos dejarnos llevar sin más por la similitud textual, ya que, como inmortal y muy didácticamente lo mostrara el Pierre Menard de Borges, dos textos idénticos pueden dar lugar a obras diferentes gracias, v.g., a la intención del autor y al contexto del texto. Asimismo, en este blog hemos mencionado innumerables veces al personaje de Sacha Cohen en "El Dictador", para quien se puede hablar de "fascismo" y no en el buen sentido de la palabra. 

Pero el obstáculo insuperable para creer que el póster del PJCABA es una burda imitación de la propaganda nazi es que para poder imitar algo hay que conocerlo, y dudamos que el equipo creativo del PJCABA siquiera haya oído hablar del nazismo, y si lo hizo, indudablemente no entendió de qué se trata. De otro modo, no se hubiera expuesto a ser un muy fácil blanco para la crítica (aunque a veces subestimamos la crisis de nuestro sistema educativo). Quienes politizaron una infracción de tránsito seguramente entenderán la repercusión política de un póster semejante. 

Hablando de ignorancia, también hemos dicho varias veces en este blog que quienes tildan de nazi al Gobierno por la creación de la Secretaría de Coordinación Estratégica para el Pensamiento Nacional ignoran que si bien el nazismo contó con dependencias estatales destinadas a la propaganda, la censura, al cine, etc., al nazismo jamás se le pasó por la cabeza contar con una dependencia estatal para el pensamiento. En el país de Heidegger semejante secretaría habría sido inconcebible. Y otro tanto se aplica a creer que el abuso de la cadena nacional por televisión es nazi o fascista. Durante el nazismo y el fascismo no había televisión. Hablando de Ricardo Forster, dado que hace poco declaraba que "El peligro de la época es reducir la estética del cine a Hollywood", nos provoca curiosidad saber cuál es su posición respecto al nazismo gráfico. 

La inferencia más probable, entonces, es que los encargados de la publicidad del PJCABA merecen todo el crédito de haber creado un eslogan increíblemente similar a los usados por los nazis (entre otros movimientos notoriamente antidemocráticos) sin haberse basado en el nazismo (o en la Acción Francesa para el caso). En efecto, en una cultura obsesionada con la romántica aspiración a la originalidad autorial, cada generación debe remontar obstáculos cada vez más mayores. Y el equipo creativo del PJCABA ha triunfado donde varios fracasaron, aunque irónicamente el culto a la originalidad les impida gozar del crédito artístico que merecen. Todo sea por la autonomía del arte.  

   

miércoles, 10 de diciembre de 2014

Estado de Derecho, Delito político y Terrorismo



Los que desean un poco de delito político para las fiestas, pueden hacer click acá. Los que quieran ver el Anuario de Derecho Constitucional Latinoamericano 2014 entero, puede hacer click acá. Buen apetito.

jueves, 4 de diciembre de 2014

¿Fueron los Fueros?


Las corporaciones mediáticas y sus esbirros electorales quieren hacernos creer ahora que la Presidenta de la República contempla la posibilidad de presentarse en las próximas elecciones como candidata a diputada del Mercosur, para poder contar con fueros constitucionales que la protejan del hostigamiento corporativo-judicial del que ha sido objeto hasta ahora y que algunos prevén se extenderá luego de que termine su actual mandato presidencial. Por suerte, el Jefe de Gabinete, el gran Contador Capitanich, ha despejado toda duda al respecto al negar rotundamente que “el voto popular del Parlasur busque inmunidad” (click).

Como si no fuera suficiente la imputación de semejante bajeza, de esta verdadera capitis diminutio a la primera mandataria (como si ella hubiese jamás contemplado siquiera rebajarse de este modo), este infundio viene acompañado por la no menos absurda hipótesis según la cual la Presidenta, a la izquierda de la cual se encuentra la pared como bien ha sostenido ella misma memorablemente desde un balcón interno de la Casa Rosada, podría considerar formar parte de una lista con el candidato presidencial del establishment, i.e. Daniel Scioli. No en vano el Secretario de Coordinación Estratégica para el Pensamiento Nacional y asesor de pensamiento for export ha manifestado una y otra vez a quien deseara oírlo que Scioli no representa en absoluto al modelo kirchnerista (que el árbol no tape el Forster).

Ahora bien, aunque supusiéramos exclusivamente en aras de la argumentación que esta imposible hipótesis tiene asidero alguno, no es la primera vez que un estadista se ve obligado por la fuerza de las circunstancias a manejarse estratégicamente a la caza de fueros debido a que es objeto de una persecución injusta.

En efecto, sin que importara el éxito de su campaña militar en la Galia, Julio César fue víctima de la persecución de sus adversarios políticos en el Senado—el parecido quita el aliento—que querían quitarle “el beneficio concedido por el pueblo”. Es más, “dicen que [César] había temido que se le obligara a rendir cuenta de las acciones que realizó en su primer consulado en contra de los auspicios, las leyes y el veto de los magistrados, pues Marco Catón [homónimo del blog] anunciaba muchas veces, incluso bajo juramento, que le acusaría en cuanto licenciara su ejército, y todo el mundo pronosticaba que, si volvía como un particular, tendría que defender su causa ante los jueces… con un cordón de hombres armados” (Suetonio, Vidas de los Césares, I.30). Fue por eso que César prefirió que se desatara una guerra civil antes que ceder su mando y perder sus fueros y de ese modo comparecer ante los tribunales (aquí un clip de Senado TV).

Yendo ahora a los EE.UU., cuyo gobierno reveladoramente planea matar a nuestra Presidenta tal como ella misma otra vez nos lo hiciera saber, en la película “Bienvenidos a Mooseport”, un ex-presidente (Gene Hackman) decide presentarse a una elección local como intendente en un pequeño pueblo de Maine solamente para ahorrar dinero en la búsqueda de una vivienda (si no hay tiempo ver por favor desde 0:24 hasta 0:42):


 

- [presentador] Demos la bienvenida a nuestro ex-presidente de los EE.UU. Monroe "Eagle" Cole
- [Cole] En relación al rumor que estoy aquí solamente porque perdí mi casa en Baltimore en mi divorcio...
- [esposa] es solamente la punta del iceberg / [Cole] ladrona, conspiradora
- [Cole ]... es absolutamente cierto.

De todos modos, y completamente in arguendo, sería completamente normal que un presidente luego de dos términos consecutivos de mandato buscara mantenerse en algún cargo público (sea en un concejo deliberante o el Mercosur) para no perder ritmo, y de paso con algún que otro fuero. Además, los fueros que se supone busca nuestra Presidenta no pueden provocar una guerra civil como los de César ni persiguen su auto-interés material como hacen los imperialistas estadounidenses, sino que solamente busca un refugio frente al incesante hostigamiento corporativo de la justicia penal. Que sea justicia.

sábado, 29 de noviembre de 2014

Pensamiento Nacional for Export



Nos complace mucho anunciar que tal como ha sucedido con el primer satélite nacional, ahora nos hemos convertido en un país exportador de pensamiento completamente nacional, un producto cuyo valor agregado intelectual sea probablemente insuperable.

En efecto, según el reconocido diario español El País, el Secretario de Estado para la Coordinación Estratégica del Pensamiento Nacional, el filósofo argentino Ricardo Forster, "uno de los intelectuales argentinos más relevantes del kirchnerismo", es "una de las voces de Sudamérica a quien más escucha Podemos", la flamante agrupación política española. Se trata de un asesoramiento que nos llena de orgullo como argentinos y que confirma la penetración del Pensamiento Nacional en la mismísima Madre Patria.

Es precisamente por eso que el mencionado periódico publicó una entrevista (click) en la que nuestro pensador, si se nos permite, se florea con sus habituales comentarios originales, incisivos, provocadores, desafiantes, penetradores, en una palabra, filosóficos. Confiamos en que nuestros lectores procederán a disfrutar de la entrevista ellos mismos, pero mientras tanto queremos adelantar algunas de sus varias perlas. 

Lamentablemente, nuestro Secretario, cuándo no, fue molestado con motivo del nombre de su cargo debido al recelo que provocó "en los medios de información más críticos con el Gobierno". Forster, magnánimo, contestó que desde su secretaría intenta "generar las condiciones para un diálogo que no eluda las diferencias". ¿Qué mejor nombre entonces para su Secretaría que el de "Secretaría de Estado para Generar las Condiciones para un Diálogo que no Eluda las Diferencias"? Quizás un cambio de nombre termine con esta inútil discusión semántica.

Una vez preguntado, algo socarronamente quizás, por su relación con Podemos ("¿Les ha dado consejos?"), su habitual modestia hizo que el Secretario se viera obligado a aclarar que "Más que consejos han sido conversaciones", probablemente debido a que un Forster que da consejos más que un Forster es un Feinmann. Sin embargo, habiendo leído toda la entrevista no habría que descartar que la natural modestia haya sido además una estrategia legal para evitar ser demandado por vicios redhibitorios.

En efecto, el Filósofo no ocultó la recomendación que le hiciera a Podemos: "la única alternativa es la politización de la sociedad. Es posible tomar riesgos, es necesario tomar riesgos. Hay que terminar con la política del miedo". Pero hete aquí que a nadie se le escapa que la politización de la sociedad y su consiguiente concepción agonal de la democracia en términos de la distinción amigo-enemigo gira alrededor del mecanismo del metus hostilis tal como lo llamaban los historiadores romanos, o miedo al enemigo para decirlo más claramente. Con lo cual, so pena de contradecirse (y nos permitimos dudar del futuro que pueda tener la exportación de pensamiento contradictorio), Forster no quiere terminar con la política del miedo en sí, sino con cierta clase de política del miedo, suponemos con el terror que infunden los medios de comunicación y las corporaciones en general, pero no, v.g., con el miedo al enemigo del pueblo, el cual es responsable a su vez del natural miedo popular en su contra. 

Ante la pregunta malintencionada "¿Es inevitable la demagogia para alcanzar el poder?", Forster nuevamente hizo gala de otra de sus virtudes, la nobleza, al contestar que "Muchas veces se ha intentado reducir el populismo a la demagogia", y de tal forma al reconocer implícitamente que el populismo es demagogia y algo más. Habría que ver cuántos populistas comparten la franqueza forsteriana.  

Dicho sea de paso, en una nota reciente de su autoría, el Filósofo ha reivindicado "el uso novedoso e inesperado que, en la escena española actual, viene haciendo el grupo Podemos" del "populismo, un nombre maldito". Y en esta nota el Filósofo formula una pregunta extraordinaria: "¿Qué nos dice un nombre tan demonizado y denigrado por la academia y los grandes medios de comunicación? ¿Qué provocación guarda en su interior? ¿Por qué incomoda tanto? Cuando un nombre genera tanta virulencia y tanto antagonismo hermenéutico es porque guarda una potencia novedosa y crítica, porque es capaz de intervenir en la escena de la realidad desnudando lo que permanece vedado y abriendo, una vez más, la dimensión de lo político como la evidencia de lo no resuelto en el seno de la sociedad" (click). 

Nos preguntamos sin embargo si Forster advierte que semejante argumento es capaz de albergar en su seno hasta al nazismo. ¿O acaso no se trata de un nombre "demonizado y denigrado por la academia y los grandes medios de comunicación", francamente provocador, que tanto incomoda, que genera "tanta virulencia y tanto antagonismo hermenéutico", debido a su capacidad "de intervenir en la escena de la realidad desnudando lo que permanece vedado y abriendo, una vez más, la dimensión de lo político como la evidencia de lo no resuelto en el seno de la sociedad"? De hecho, el nazismo se jactó en su época de ser incluso "novedoso y crítico". Por suerte, con un mínimo de pensamiento el Filósofo podría desembarazarse muy rápidamente de semejante argumento.   

Finalmente, dado que hay gente que se resiste a creerlo, el Filósofo sostuvo que "si uno no se sube en el momento adecuado, el tren pasa" (es decir, los trenes no vuelven a buscar a quienes no se subieron en ellos a tiempo) y que "Ellos [Podemos] perciben, y yo estoy de acuerdo, que hay momentos en que se disloca un cierto orden. Y es un momento único. O se aprovecha o se lo pierde". En otras palabras, y para los que dicen que solamente dice incoherencias, el Filósofo mostró que su debilidad es la redundancia o la tautología, siempre bienvenidas para el caso de que hubiera gente que todavía pusiera en duda el hecho de que el mundo, v.g., se divide entre los muchos en el mundo que conocen a Forster y los muy pocos que todavía no lo conocen. 

Ojalá que la exportación del pensamiento nacional no decaiga. La Secretaría para el Pensamiento Nacional no podría haber caído en manos mejores o en todo caso más representativas.  

martes, 25 de noviembre de 2014

Abogadxs exitosxs


Desafortunadamente, la persecución (por no decir linchamiento) judicial en contra del Gobierno parece acrecentarse con el transcurso del tiempo. Por suerte, sin embargo, las mentes legales del Gobierno no se quedan de brazos cruzados sino que responden vigorosamente.

Por ejemplo, la diputada Diana Conti, cuya peculiar doctrina penalista hemos examinado en otra oportunidad (derecho penal para todos y todas), señaló que “los jueces pueden investigar a cualquiera, no es que por ser un presidente no lo pueden hacer, pero no con esta espectacularidad e intencionalidad política de dañar a la Presidenta de la Nación”.

No es que quisiéramos poner palos en la rueda, pero no entendemos cómo la ideología política de un juez puede afectar sus decisiones legales. En efecto, ¿acaso un acusado puede exigir que el juez que entiende en la causa comparta su ideología política? Por supuesto, es comprensible que un juez que no comparte la ideología del acusado trate de condenarlo. Pero si la condena está fundamentada (o lo está, supongamos, la absolución de alguien que comparte la ideología del juez), entonces la ideología del juez es irrelevante (quemá esas cartas). Acerca de la oportunidad de la investigación, para eso están precisamente los plazos de prescripción de la acción penal. Ojalá que el Gobierno logre apartar al juez si, llegado el caso, tal como ha sucedido en otras oportunidades (desde un juez hasta un fiscal pasando por el Procurador General de la Nación), el funcionario judicial resulta ser inapropiado o incompetente, en el sentido amplio de la palabra.

El Secretario de Justicia, Julián Álvarez, a su vez, comparte la preocupación por la motivación política del juez (dando un saludable giro al respecto: click), y agrega una variación bastante extraña del tema: “Yo no digo ni que está mal ni que está bien, probablemente (Amado) Boudou esté bien procesado, está bien que él (por Bonadio) haga todas las investigaciones que quiera. Lo que está mal es que las realice en función de lo que le sucede en la Magistratura”. Más allá de que Álvarez está echando algo de sombra sobre la reputación del Vicepresidente de la República (Boudou), no tiene mucho sentido su asociación entre la conducta de Bonadío y el Consejo de la Magistratura.

En efecto, según Álvarez, Bonadío, que está siendo investigado por el Consejo de la Magistratura por mala praxis, incurre en otra mala praxis para beneficiarse en la investigación de la que él mismo es objeto. Es como si alguien acusado de homicidio cometiera a la vista de todo el mundo otro homicidio para ser exonerado del primero. Se estaría cavando su propia fosa, y cada vez más profunda.

Quizás preocupada por lo que las otras mentes legales del Gobierno (no contamos entre ellas al Jefe de Gobierno Capitanich, no porque no sea competente, sino porque entendemos que es contador) han hecho hasta ahora en su defensa, la Presidenta misma de la República ha salido hoy mismo en su propia defensa y advirtió que “Ningún buitre financiero o carancho judicial, me va a extorsionar”. Lejos estamos de presumir que podemos asesorar a la Presidenta, pero llama la atención que ella haya descripto la persecución de la que es objeto como una “extorsión”.

En verdad, si la extorsión girara alrededor de una acusación completamente infundada, sería muy irracional de parte de la Presidenta cumplir con dicha extorsión. La idea misma de extorsión en general supone que lo que forzaría al extorsionado a cumplir con la extorsión es que quien lo extorsiona tiene precisamente algo ilícito en su contra. Distinto sería, por supuesto, si alguien hubiese sido secuestrado, pero hasta el momento no parece ser el caso.

La idea misma de extorsión en este caso supone entonces que lo que forzaría al extorsionado a cumplir con la extorsión es que quien lo extorsiona tiene precisamente algo ilícito en su contra como para poder torcerle el brazo, lo cual sería políticamente letal para la Presidenta.

Cabe recordar que los fondos buitres ya han probado con éxito esta fórmula extorsiva con el Presidente del Congo, Denis Sassou-Nguesso, quien extorsionado por los gastos de su familia y de las comitivas presidenciales en el exterior, se vio obligado a llegar a un acuerdo con los buitres. Por ejemplo, una habitación de hotel en la que estuvo el Presidente del Congo en Nueva York costó más de lo que un congoleño promedio gana en una década.

Dicho sea de paso, la injustificable conducta de los fondos buitres es más inteligible que la de las mentes legales del Gobierno, pero tampoco es precisamente un dechado de planeamiento estratégico, ya que los buitres suponen que la opinión pública argentina es tan poderosa como o tiene el mismo peso que la congoleña. Mucho nos tememos que se verán seriamente defraudados al respecto.

sábado, 22 de noviembre de 2014

¿Hasta cuándo, Senadores, abusarán de nuestra Paciencia?


Cansado de la falta de solución de continuidad de las prácticas destituyentes de la oposición, el prestigioso jurista Eduardo Barcesat, al igual que su insigne antecesor Cicerón, ha descubierto un complot ni más menos que en el Senado y por lo tanto ha radicado una denuncia en sede penal por tentativa de sedición, en contra de los senadores opositores que, verdaderos émulos de Catilina a su vez, se niegan a tratar la vacante que tendrá lugar en la Corte Suprema una vez que se haga efectiva la renuncia del Dr. Eugenio Zaffaroni. En buen criollo, para Barcesat semejante conducta senatorial constituye un “golpe de Estado institucional” (audio Nacional).

La denuncia está tan bien fundamentada (a diferencia del vergonzoso linchamiento mediático del que son objeto tanto el Vicepresidente [extra Kirchnerismum nulla salus] cuanto la Presidenta de la República) que ni siquiera el hecho de que el poder judicial esté en manos de una corporación golpista podrá impedir que llegue a buen término.

Dicho sea de paso, a juzgar por el relato de Cicerón sobre el complot de Catilina, los senadores sediciosos pueden considerarse afortunados. En efecto, en la antigua y republicana Roma podrían haber sido muertos como Cayo Graco "a causa de ciertas sospechas de sedición", y qué decir de la suerte de Marco Fulvio quien "fuera asesinado con sus hijos", por las mismas razones (Catilinarias, I). En esa época (O tempora, o Mariano Mores!) se cultivaba el derecho penal del enemigo para el cual "quien es enemigo de la república no puede ser ciudadano en modo alguno" (Catilinarias, IV). Hoy en día, por suerte, el derecho penal del enemigo ha caído en descrédito, nadie es condenado por una sospecha, y el delito de sedición tiene penas sensiblemente menores (de uno a cuatro años de prisión), irrisorias en comparación.

Ahora bien, para que la denuncia no corra riesgos innecesarios, nos tomamos el atrevimiento de anticipar ciertos planteos estrambóticos que algún hercúleo juez dworkiniano, muy probablemente dispuesto asimismo por la oposición destituyente a tal efecto, podría hacer en contra de la presentación barcesatiana. 

En primer lugar, podría llamar la atención la racionalidad de los autores del delito. En efecto, tal como sostiene el Dr. Barcesat, se trata de sedición en grado de tentativa, ya que no hay “ni remotamente condiciones” para llevar a cabo el golpe, pues se trata de un “pedaleo en el aire”. Claro que, como es imposible pedalear en el aire, si la oposición además de subversiva es estúpida, eso no es un problema de la justicia penal sino de la oposición. Solamente quienes creen que el delito imposible y la tentativa inidónea no son punibles podrían insistir en este punto.

En segundo lugar, también podría atraer la atención el hecho de que el Dr. Barcesat impugne la predisposición de la oposición a derogar leyes kirchneristas. En efecto, si hasta hace poco festejábamos el regreso de la política, ¿qué problema podría haber con la derogación de leyes kirchneristas? Después de todo, para el kirchnerismo la política es conflicto, y el conflicto, al igual que el tango, solamente se puede bailar de a dos. En otras palabras, la política, según la concepción kirchnerista, consiste en oponerse y luchar, y en usar el derecho a tal fin, sancionando o derogando leyes según sea necesario. ¿Por qué entonces el kirchnerismo puede reivindicar la política pero la oposición no podría hacer otro tanto, siempre dentro de la ley? Es francamente curioso que el kirchnerismo oscile entre la conflictividad transformadora de lo político (“vamos a cambiar todo”) y el instititucionalismo conservador (“no hay que tocar nada”) según sea Gobierno u oposición, i.e., según mejor le convenga.

Sin duda, la cuestión que más llama la atención de la catilinaria barcesatiana es la idea misma de un “golpe de Estado institucional”. En efecto, según la genealogía del “golpe de Estado”, el mismo era por definición institucional y, acuñado por Gabriel Naudé durante la época dorada de la Razón de Estado, describía cualquier acción del soberano en defensa de su Estado frente a toda oposición destituyente. Entre los ejemplos que da Naudé de golpe de Estado se encuentran tanto la matanza de San Bartolomé cuanto la ejecución paradigmáticamente republicana de los hijos de Bruto decidida por Bruto mismo (Consideraciones políticas sobre los golpes de Estado, 1639, cap. III). Obviamente, y como hoy diría Sacha Cohen, dado que se trataba de un golpe de Estado en el buen sentido de la palabra, la genealogía de la expresión no puede corresponder a lo que el Dr. Barcesat tiene en mente.

Pero si aquello a lo que el Dr. Barcesat  se refiere es al, para decirlo en sus palabras, “golpe de Estado institucional” en el—invocando nuevamente a Sacha Cohen—mal sentido de la palabra (después de todo se trata de un muy serio delito contra el orden constitucional), entonces la expresión parece ser absurda. Precisamente, dado que una acción realizada institucionalmente en última instancia no puede ser institucionalmente atacada (Hobbes y luego Kant explicaron por qué), la expresión “golpe de Estado institucional” es equivalente a la de un “delito legal”, por lo cual esta alternativa provocaría la desestimación de la denuncia penal in limine. Algo irónicamente quizás el Dr. Barcesat podría invocar la confusión kirchnerista frecuentemente esgrimida por la oposición entre república y democracia para sostener que a pesar de que un acto satisfaga los mínimos requisitos formales de la legalidad (v.g. no es delito) no por eso adquiere visos de legitimidad republicana. Pero en este terreno, insistimos, estamos solamente especulando.

Finalmente, por “golpe de Estado institucional” el Dr. Barcesat quizás solamente quiso dar a entender una tautología, tal como nos lo recuerda la genealogía del concepto. Después de todo, todo golpe de Estado es llevado a cabo por personas que pertenecen a las instituciones estatales. Por ejemplo, y mal que nos pese, hasta el Ejército es una institución estatal; y, por si hiciera falta recordarlo, los golpes de Estado en Argentina han sido su especialidad. Es más, un golpe de Estado sin colaboración institucional parece ser o bien algo imposible, o muy probablemente una revolución. De ahí que llame mucho la atención que alguien tan cuidadoso en el uso del lenguaje como el Dr. Barcesat no lo haya advertido. 

Sea como fuere, solamente nos resta expresar nuestros votos para que todo el peso de la ley recaiga particularmente sobre todos aquellos que cometen delitos en perjuicio del Estado desde dentro del Estado, a pesar de que se les ha confiado la guardia de la cosa pública. Ya es hora de que truene el escarmiento.

domingo, 16 de noviembre de 2014

Extra Kirchnerismum nulla Salus



No es la primera vez que nos indignamos por el incesante linchamiento mediático contra Boudou, el cual se incrementa diariamente. Ya habíamos mostrado que el de Boudou es un caso de manual de chivo expiatorio según la teoría de René Girard (Boudou, Edipo y Girard). En efecto, este caso reúne lo que Girard llama los tres "estereotipos perseguidores": (1) ¿acaso no estamos atravesando una crisis sacrificial marcada por la inflación, recesión, una profunda grieta,  inequidad redistributiva, amenaza de default, etc.? (2) ¿Acaso la opinión pública no se ha hecho eco de una ola de crímenes de todo tipo, entre los que no falta una seria acusación penal relacionada con la acuñación de moneda? (3) Alguien podrá albergar dudas sobre los dos primeros estereotipos perseguidores, pero nadie puede negar que Boudou centrípetamente atrae a todos los signos victimarios imaginables: un verdadero parvenu, un marplatense que anda en moto, ex disc-jockey y UCeDé, elegido a dedo por la Presidenta, a quien encima se le ocurrió la idea de re-estatizar las AFJPs.

Por si nuestra hipótesis sacrificial sobre Boudou no hubiese sido tan convincente, proponemos ahora una nueva explicación, la cual no solamente es institucionalista (como le gusta a los republicanos liberales) sino que salta a la vista para todo aquel que conozca la discusión de San Agustín con los donatistas y que aniquilaría el linchamiento mediático si, por imposible que fuera y Dios no lo permita, Boudou fuera culpable de todo lo que se le acusa.

Dado que el tiempo es tirano, quizás sea suficiente citar los siguientes párrafos de bibliografía secundaria: "Los donatistas, herejes del norte de África, exigían que sus jefes jerárquicos fueran moralmente irreprochables. En conflicto con ellos, Agustín defiende firmemente el principio de que también el ministro de la Iglesia es un hombre débil, y posiblemente incluso un hombre malo. No tiene el oficio [N. de la R.: cargo] porque sea digno, sino, a la inversa, es digno porque ejerce el ministerio eclesiástico. En la institución uno puede vivir moralmente por encima de su propia condición" (R. Safranski, El Mal, p. 91). Un corrupto, entonces, puede ser vicepresidente.

Por si no hubiera quedado claro, "Así como aquellos que han sido bautizados por Judas, escribe Agustín, no deben ser bautizados nuevamente, porque es Cristo el que los ha bautizado 'del mismo modo, aquellos que han sido bautizados por un borracho, por un homicida o por un adúltero, si han recibido el bautismo cristiano, han sido bautizados por Cristo' (In Johann., 5, 18)" (G. Agamben, Opus Dei, p. 42). Si Judas puede ser sacerdote, Boudou puede ser vicepresidente.

En otras palabras, la Iglesia primitiva ya había resuelto lo que la oposición republicano-liberal quiere convertir en un problema de hecho inexistente. Por si todavía quedaran dudas, Eugenio Zaffaroni acaba de declarar que las alternativas electorales para el 2015 son kirchnerismo o caos, ya que el único proyecto político viable es el kirchnerista (click). En otras palabras, Zaffaroni describe al kirchnerismo en los mismos términos que Cipriano (tan enemigo de los donatistas como San Agustín) lo hiciera en relación a la Iglesia (extra ecclesiam nulla salus): fuera del kirchnerismo no hay salvación.

La ironía es que Zaffaroni, al distinguir (tal como lo hace la Iglesia primitiva), entre el sujeto agente y la obra y al enfatizar a esta última por sobre el primero, sugiere que es indiferente a cuál candidato votaremos ya que todos deberán mantener el mismo proyecto (por lo demás, todos los candidatos se han pronunciado a favor de mantener un pilar de la actual administración como la AUH, la cual irónicamente fue propuesta por Lilita Carrió y quizás por eso el Gobierno se resiste a convertirla en ley). Por supuesto, Zaffaroni podría responder que así como la Iglesia es la única que puede administrar los sacramentos, el kirchnerismo es el único que puede gobernar democráticamente este país. Pero no sonaría muy democrático que digamos.  


domingo, 9 de noviembre de 2014

Acerca del Niño Maravilla o Para leer a Hernán Brienza


Muy buenas noticias. Después de un largo tiempo (¿o será que hacía mucho que no lo leíamos?) Hernán Brienza ha vuelto a incursionar en la teoría social (para muestra de incursiones pasadas, basta un botón: la ontología de Brienza), esta vez para tomar posición en el ya famoso debate acerca de la sociología del conocimiento en el contexto de la discusión acerca del Niño Maravilla Kirchnerista.

Ciertamente, el disparador de la respuesta de Brienza fueron los comentarios de Lanata sobre el Niño Maravilla. Pero no nos confundamos. Si hubiese aparecido un niño deseando ser como, v.g., Marcos Aguinis y dicha aparición hubiese sido criticada por el multimedios oficialista, Brienza habría respondido de la misma manera: "Quiero dejar bien claro algo: Muchachos, se trata de un chico de once años, ¿se entiende bien? Once Años. No terminó el primario". Irónicamente, Lanata dijo exactamente lo mismo (el problema es la edad, no la opinión), aunque Brienza no lo recuerda.

Sea como fuere, ya que "se trata de un chico de once años, ¿se entiende bien? Once Años. No terminó el primario", cuáles son sus opiniones políticas es irrelevante. De ahí que no tiene sentido hacer de él un caballito de batalla y por supuesto tampoco tiene sentido criticarlo, sean cuales fueran sus opiniones políticas. Sí tiene sentido discutir qué se hace políticamente con los niños. Hasta acá, estamos totalmente de acuerdo con Brienza.

Lo que más llama la atención es uno de los argumentos que subyace a la nota de Brienza: "Un párrafo aparte se merece el argumento estúpido y estupidizante del adoctrinamiento. Todo chico de once años es adoctrinado. (...). La supuesta cantinela del 'libre pensamiento' también es una forma de adoctrinamiento. (...). Desde que nacemos, a través de los mandatos familiares, de la educación pública o privada, a través de los medios de comunicación, los dibujitos animados –como bien explicó en 1972 Ariel Dorfman en Para leer al Pato Donald–, la religión, la ideología de los padres". Brienza, sin embargo, extiende su crítica desde la más tierna infancia al caso de los adultos: "es imposible un verdadero pensamiento en libertad. Todos estamos atravesados por sentidos, ideas, doctrinas, influencias y procesos de lavado de cabeza".

¿Sugiere entonces Brienza que, dado que todos estamos adoctrinados, quienes fueron adoctrinados para cometer delitos de lesa humanidad lo harán (otro tanto con ser enemigos del pueblo), quienes fueron adoctrinados para no cometerlos, no lo harán, y entonces no tiene sentido realizar reproche alguno, sino solamente cabe indagar, de pura curiosidad, cómo es que fue adoctrinado el autor? Después de todo, quienes reprochan la comisión de delitos de lesa humanidad, según Brienza, solamente lo hacen porque fueron adoctrinados para reprochar, y no porque haya algo malo en los delitos de lesa humanidad con anterioridad a todo adoctrinamiento que provoca precisamente el reproche.

Pero entonces ¿Brienza sugiere entonces que él mismo es kirchnerista porque lo adoctrinaron o le lavaron la cabeza? Nótese que no es tan descabellada la idea, porque hasta no hace mucho escribía notas en contra de quien con el tiempo se convirtiera en entrevistador oficial. En tal caso, ¿por qué criticar a quien expuesto "a un bombardeo constante el liberalismo a través de los medios de comunicación y la educación de la sociedad neocapitalista", es precisamente un cerdo capitalista a raíz de eso? Ni siquiera podríamos decir que la culpa no es el chancho sino del que le da de comer, porque según Brienza el adoctrinamiento necesariamente no excluye a quien alimenta al cerdo siquiera, y el que adoctrina ha sido tan adoctrinado como todo nuevo adoctrinado. En cuanto a que "quien reconoce su propio adoctrinamiento es más libre, en términos existenciales, que aquel que se considera libre de doctrinas o ideologismos", ¿qué sentido tiene ser más libre que otro si la libertad no existe?

Párrafo aparte merece también la preferencia de Brienza por el "el hombre político" en oposición al "hombre libre" (dicho sea de paso, ¿esta preferencia de Brienza se debe a un adoctrinamiento, o es la de Brienza porque él la considera correcta, y no al revés?). En efecto, mientras que "El imaginario social del liberalismo considera como 'hombre libre' al individuo capacitado para llevar adelante una vida en soledad, con un alto nivel de consumo tecnológico, cultural y suntuario" (vale aclarar que Brienza parece olvidar el énfasis puesto por la Presidenta en el consumo, particularmente, v.g., cuando inaugura una fábrica de lavarropas, y que la Presidenta ha declarado en público su debilidad por Netflix), el "hombre político" de Brienza "se realiza, en cambio, en comunidad", "cuando se relaciona con otros, cuando le escapa e intenta romper el mandato 'individual-consumista' que le impone el liberalismo capitalista".

Ahora bien, es absurdo creer que la preocupación principista por la comunidad es por definición mejor que todo individualismo auto-interesado (más allá de que, según Brienza, tanto el principismo cuanto el auto-interés son exclusivamente el resultado del adoctrinamiento). Si los nazis hubiesen sido auto-interesados indiferentes jamás hubiesen llevado a cabo un genocidio en medio de una guerra mundial, como bien nos lo recuerda Hannah Arendt. De hecho, fue el principismo colectivista nazi lo que particularmente despertó el horror y la curiosidad de Arendt.

Irónicamente, Brienza comete el mismo error que Marcos Aguinis, quien supone que el principismo altruista de la Hitlerjugend es por definición superior a cualquier auto-interés (click). Además, insistimos, el capitalismo liberal podrá tener serios problemas, pero Brienza mismo reconocerá que no todo capitalismo liberal o "empresa de capital monopólico y concentrado" es malvada. El capitalismo liberal de las empresas mineras, Netflix, Chevron, Telefónica, quizás el de Soros, etc., está bien. El problema es el capitalismo monopólico y concentrado que es a la vez enemigo del pueblo. Por suerte hay gente como Brienza que nos indica cuál es cuál o quién es quién en el mundo capitalista e impide que de otro modo caigamos en una muy natural, aunque letal, confusión.

martes, 4 de noviembre de 2014

Estética, Política y Democracia



La polémica ocasionada por la reacción de José Pablo Feinmann contra el Premio recibido por Marcelo Tinelli como Personalidad Destacada de la Cultura (click), a tal punto que Feinmann está dispuesto a devolver el mismo premio obtenido por él, ha hecho emerger una curiosa incoherencia por parte de Feinmann.

No vamos a entrar en detalles acerca de por qué un programa de televisión como el de Tinelli, "Fruto de la devastación cultural del menemismo, sigue ejerciendo esa estética con las permisividades que los tiempos le abren". Quizás se deba a que el kirchnerismo no haya ganado aún la batalla cultural. O quizás se deba a que ese 50 % que puede llegar a ver a Tinelli se corresponda con ese otro 50 %, o casi, que puede llegar a votar en contra del kirchnerismo.

Sí llama la atención, en primer lugar, que, hasta donde sabemos, a Feinmann no le haya provocado malestar alguno, v.g., la obtención del mismo premio por parte de la Tota Santillán. La indiferencia de Feinmann quizás se debió a que la Tota Santillán no tiene la misma repercusión que Tinelli, o a que la Tota le parezca estéticamente superior que Tinelli.

Lo que más llama la atención, sin embargo, es la severa axiología estética de Feinmann. Según Feinmann, "A la gente termina por gustarle eso que todos los días le tiran por la cabeza. Pero si se intentara algo mejor, de a poco los gustos irían cambiando. Eso es precisamente lo que Tinelli y todo lo que gira a su alrededor quieren impedir. Que algo cambie. En tanto tengan atornillados a sus sillones a todos los mira-culos del país, todo irá bien". Podemos inferir entonces que para Feinmann, no tiene mayor sentido creer que el valor estético de un programa de televisión se puede medir democráticamente, por así decir, según el número de sus adherentes. La estética de Feinmann es esencialmente anti-democrática, por no decir platónica.

Para Feinmann, además, la televisión, o la estética quizás en general, no es autónoma respecto a la política, o al menos puede tener nocivos efectos políticos: "El programa de Tinelli... es un programa ideológico-político. Es decir, la eliminación de todo atisbo de conciencia crítica, la reducción de los espectadores a la simple condición-cosa de mira-culos". De este modo, Feinmann parece compartir la posición de quienes defendían la obtención del mismo premio por parte de Ignacio Copani ya que al menos la ideología de Copani es correcta, por más que a Feinmann no le atrajera, suponemos, su música. Esta posición, sin embargo, podría verse en problemas ya que debería negar que, v.g., Leni Riefenstahl habría sido una personalidad destacada de la cultura, o que su cine era artístico. Esto se arregla sin embargo con una leve modificación del premio, v.g.: "Premio a la Personalidad Destacada de la Cultura Democrática".

Ahora bien, dada la conexión entre estética y política que Feinmann propone, es digno de ser destacado que la tesis feinmanniana sobre la televisión se corresponde casi verbatim con la tesis antiperonista sobre la hegemonía peronista en tiempos democráticos. En efecto, y cambiando lo que hay que cambiar, ¿cuántas veces hemos oído algo como lo que sigue?: "A la gente termina por gustarle eso que todos los días le tiran por la cabeza. Pero si se intentara algo mejor, de a poco los gustos irían cambiando. Eso es precisamente lo que X [i.e. el líder peronista a la sazón] y todo lo que gira a su alrededor quieren impedir. Que algo cambie. En tanto tengan atornillados a sus clientes políticos, todo irá bien".

Sin embargo, hasta donde sabemos, Feinmann jamás mostró preocupación alguna por la pobre concepción de democracia que caracteriza al kirchnerismo desde sus comienzos, ni qué hablar cuando alcanzara el histórico 54 % en 2011. Cierto resabio de esta muy pobre concepción de democracia persiste en las declaraciones del actual Jefe de Gabinete cuando para hacer frente a las críticas opositoras responde con un "formen un partido político y ganen elecciones". Tinellli bien podría seguir la línea capitanichiana (aunque bastante anti-nietzscheana por lo demás) respondiéndole a Feinmann con los números del rating de sus respectivos programas.

La pregunta entonces es ¿por qué Feinmann es tan exigente, por no decir platónico y/o antiperonista, con la estética, pero tan peronista, por así decir, con la política? ¿Por qué no se rinde ante los números del rating en televisión (que por lo demás es el hábitat natural del rating), pero sí lo hace en política? ¿O por qué no exige que el simple gobierno de la mayoría sea complementado con instituciones fuertes y deliberativas, amén de una opinión pública crítica o implacable con esa misma mayoría? Después de todo, Feinmann mismo reconocerá que la política es más importante que la televisión, y que por lo tanto deberíamos ser mucho más exigentes en política que en televisión. Quién sabe, quizás Feinmann fue siempre un antiperonista toda su vida, tanto en estética como en política, y no nos habíamos dado cuenta, quizás porque ni él mismo se había dado cuenta, hasta ahora al menos. Y todo gracias a Tinelli.



jueves, 23 de octubre de 2014

Argentina para los Argentinos




Hace tiempo que venimos discutiendo el problema de la así llamada inseguridad, o aumento del delito, en nuestro país. Una y otra vez hemos dicho que, muy a grandes rasgos, existen dos explicaciones del delito. Por un lado, la tesis moral, por no decir teológico-antropológica, popularizada por, entre otros, el reaccionario Joseph De Maistre, la cual supone que la comisión de delitos se debe lisa y llanamente a que la naturaleza humana ha caído y por lo tanto se ve tentada a incumplir mandatos morales, tales como los que subyacen a las prohibiciones del Código Penal. Por el otro, la tesis socio-económica, para la cual no es la caída en sí misma la que explica el delito—al menos no la caída del así llamado delincuente. En efecto, para esta segunda tesis, el delito se debe a una sensiblemente defectuosa distribución del ingreso. Cuando más equitativa es dicha distribución, menos delito habrá. En todo caso, la tesis socio-económica comparte cierta moralización de la explicación del delito pero en relación a la responsabilidad de quienes no hacen nada por mejorar la distribución del ingreso, la cual a su vez explica el delito para empezar a hablar.

A esta altura no es ninguna novedad que en nuestro país está vigente hace más de una década un modelo de crecimiento con una inclusión socio-económica tal que sería absurdo siquiera sospechar que el incremento del delito que tanto preocupa ahora al Gobierno Nacional pueda tener conexión alguna, por remota que fuera, con una defectuosa distribución del ingreso. Todo lo contrario. De ahí el reciente anuncio presidencial de incluir como parte de una reforma del Código de Procedimientos en Materia Penal un régimen especial para extranjeros sorprendidos en flagrante delito, quienes podrán ser deportados ipso facto, i.e. sin juicio previo. En efecto, el modelo de crecimiento inusitado con inclusión por momentos escandinava, se ha convertido en un nuevo "El Dorado", el cual a su vez ha atraído un número tal de extranjeros que, a juicio del Gobierno al menos, solamente vienen a nuestro país a delinquir, y son responsables de la crisis de inseguridad. La distribución del ingreso es nacional y popular, el delito, en cambio, es extranjero y enemigo del pueblo. En otras palabras, la tesis teológico-antropológico-moral es correcta pero si se aplica a los países vecinos, no al nuestro. La caída se ha enseñado con la naturaleza humana pero no con la de los argentinos, sino con la naturaleza humana de los ciudadanos de los países vecinos.     

Seguramente, no faltarán los liberales y republicanos que, cuándo no, pondrán el grito en el cielo por esta medida xenofóbica, la cual no solamente pone en duda las aspiraciones cosmopolitas del modelo (por lo demás, el modelo siempre se jactó de ser nacional y popular, jamás cosmopolita), sino además muy probablemente argumentarán que las garantías constitucionales en materia penal de los ciudadanos se extienden asimismo a todos los habitantes de nuestro país. Es más, no nos extrañaría en absoluto que invocando el Mercosur y la tan mentada hermandad nuestro-americana se preocuparan por el destino que les podría tocar en suerte a los habitantes de esta incipiente unidad regional si la misma adoptara la política de nuestro Gobierno y decidiera deportar, aunque temporariamente, a sus ciudadanos sorprendidos en flagrante delito. ¿Acaso serían bienvenidos en la Unión Europea, o en África, quizás en nuestro nuevo socio comercial e informativo, Rusia, o China?

Tampoco podemos dejar de mencionar a quienes se consideran de izquierda (a pesar de que a la izquierda de este Gobierno está la pared) y por eso creen que la xenofobia, o la reacción para el caso, son incompatibles con el progresismo. La verdad, no tenemos la menor idea de dónde proviene la idea según la cual la xenofobia es patrimonio exclusivo de la derecha. Lo único que faltaba es que alguien alegara que en realidad el capital no tiene banderas, y que por lo tanto la lucha por la emancipación no puede quedar enmarcada dentro de los límites de una sola nación. Por momentos no podemos resistir la tentación de creer que hay gente que nunca leyó, v.g., a Stalin y su socialismo en un solo país.
  
Párrafo aparte merece la prisión preventiva por hechos que produzcan “conmoción social” y la consideración de la reincidencia a tal efecto. Tal como nos lo hiciera notar nuestro amigo Yago, se trata de una concesión a la tan vapuleada prensa opositora. En efecto, sería suficiente que, v.g., Clarín publicara una nota sobre algún hecho delictivo para que el autor de este hecho no saliera nunca más de la cárcel. Se trata de un gesto que ennoblece a la iniciativa gubernamental, pero nos parece exagerado y nos preocupa qué será entonces de la vida de Boudou (al cual esperemos proteja el principio de irretroactividad de las leyes penales) y de la vida de varios funcionarios de este mismo Gobierno que el día de mañana bien podría caer en las manos de la prensa opositora, desprovistos de todo fuero protector. En cuanto a la reincidencia, se trata de un instituto jurídico que solía preocupar a los penalistas liberales, pero aparentemente eso es cosa del pasado. Ni siquiera vale la pena molestarse por quienes creyeran que ni siquiera mediando juicio previo el Estado tiene derecho a deportar a alguien por haber cometido un delito, sobre todo si esta persona está dispuesta a cumplir con la pena. 

Finalmente, no faltarán los que dudarán de las motivaciones del Gobierno para implementar esta medida xenofóbica. Es más, algunos sostendrán que este mismo Gobierno se contradice ya que en el pasado había abjurado públicamente de toda xenofobia e incluso existe una institución estatal destinada a combatirla (INADI). La respuesta es que, sea por oportunismo electoral o por principio, el modelo de crecimiento con inclusión cuasi-escandinava exige luego de una larga década de éxitos una dosis considerable de xenofobia. En la vida hay que elegir.

sábado, 11 de octubre de 2014

Hacia la Democratización Neuronal




Hasta ahora, la lucha en defensa de la democracia nacional y popular se había concentrado en dos muy poderosos enemigos: el Grupo Clarín y los buitres. Sin embargo, del último discurso de la Presidenta de la República, en ocasión del nuevo convenio con la televisión oficial rusa, se infiere que un factor inesperado se resiste a la marcha del proyecto nacional y popular: las neuronas, al menos las argentinas. En las palabras de nuestra Presidenta, "las neuronas de todos y cada uno de los argentinos" necesitan ser democratizadas. 

Ahora bien, parece haber al menos dos grandes dificultades que deben ser tenidas en cuenta si queremos que este proceso de democratización neuronal tenga éxito. 

En primer lugar, pensemos en los problemas conceptuales de este nuevo proyecto. No se trata de subestimar el hecho de que enemigos internos como Clarín y externos como los buitres (sin mencionar al Gobierno de EE.UU. y al incipiente ISIS) hayan tenido acceso a nuestras neuronas. El problema es que los supuestos guardianes de las libertades republicanas pondrán el grito en el cielo debido al carácter interno, por no decir personalísimo, de las neuronas y exigirán seguramente por razones constitucionales que nuestras neuronas no estén expuestas a la autoridad de los magistrados.  

En segundo lugar, la dificultad más grave que quizás deba enfrentar el proyecto neuro-democratizante es que la idea misma de tener que nacionalizar y popularizar a las neuronas es muy extraña, por no decir redundante. En efecto, según la neurociencia, el cerebro ha sido diseñado para razonar de manera tribal, i.e. para razonar en términos de la lógica amigo-enemigo y anteponer siempre el "nosotros" (i.e. la nación) a "ellos" (i.e. el resto del mundo), debido a que en el estado de naturaleza originario todo extraño o extranjero era por definición un enemigo, particularmente en términos genéticos, en la despiadada lucha por recursos somático-reproductivos, antes que, por ejemplo, un vecino que se acercaba para pedir una silla extra porque tenía invitados en casa.

En otras palabras, el razonamiento nacional y popular ha sido seleccionado por o para nuestro cerebro debido a motivos puramente evolutivos, por eso es que muchos consideran al nacionalismo como una atavismo, y a pesar de ello la Presidenta detecta cierta resistencia neuro-vernácula a lo que la evolución misma ha determinado.

Es digno de ser destacado que si bien la neurociencia había hecho grandes adelantos en el campo de la explicación del comportamiento moral, en especial la manera en que el altruismo supera al egoísmo porque la moralidad facilita la cooperación (la cual a su vez facilita la supervivencia tribal), antes del anuncio presidencial y hasta donde sabemos, la neurociencia no había hecho grandes avances en el campo de la neuro-política, qué decir de la neuro-democracia, con la posible excepción de la siguiente y muy breve escena del musical de Woody Allen:



En defensa de la democratización neuronal habría que decir que la evolución no pudo haber previsto la perversa fusión que tiene lugar en nuestro país entre interior y exterior, la cual ha permitido que no pocos argentinos poco argentinos (para parafrasear al Senador Pichetto) se convirtieran en enemigos internos, i.e. enemigos del pueblo y de la Nación. De hecho, los buitres internos se asemejan mucho a ciertas hemorroides que, en la gráfica terminología de Jorge Corona, no son ni internas ni externas sino medio pupilas, ya que entran y salen cuando quieren. Además, si Clarín pudo llegar hasta nuestro cerebro, ¿por qué no podría llegar el Estado también? Si las neuronas no deben quedar expuestas a la autoridad de los magistrados, tampoco deberían quedar expuestas a las corporaciones.

Finalmente, quizás la democratización cerebral se logre acompañando a la nueva Ley de Medios Audiovisuales con un programa de mejoramiento de la neurotransmisión democrática, como por ejemplo un programa de oxitocina para todos y todas, la hormona responsable en nuestros cerebros por la confianza y la cooperación. Sin duda, sería el mejor legado al que podría aspirar un Gobierno democrático.       

viernes, 3 de octubre de 2014

¿Paz o Pacifismo?




Para alguien como Nietzsche, la decisión de la ONU de establecer un Día Internacional de la No Violencia habría sido un sinsentido. En efecto, Nietzsche creía que “la vida actúa esencialmente… ofendiendo, violando, despojando, aniquilando, y no se la puede pensar en absoluto sin ese carácter” (Sobre la Genealogía de la Moral). Las preguntas que debemos hacernos entonces son si Nietzsche habría tenido razón—después de todo hasta Nietzsche se puede equivocar—y qué tan cerca está la ONU de Nietzsche.

Para responder habría que determinar primero qué entendemos por violencia. La palabra misma “violencia” sugiere cierta violación de algo, pero no explica qué es precisamente aquello que es violado. En realidad, nos hemos acostumbrado a decir que algo es “violento” para expresar nuestro rechazo, de tal forma que, por ejemplo, se ha vuelto cuasi-proverbial creer—entiendo que gracias a una banda de rock—que “violencia es mentir”, lo cual en el fondo es una metáfora para expresar que mentir está (muy) mal. En muchas ocasiones cuando queremos denunciar grandes injusticias decimos precisamente que son violentas para llamar la atención y enfatizar la necesidad de que se debe hacer algo al respecto.

El problema con la equiparación literal entre la violencia y la injusticia, es decir, entre una especie y el género, no solamente consiste en que la idea misma de violencia se nos escurre de las manos (¿qué no sería violento en caso de que la injusticia y la violencia fueran sinónimos?), sino que además implicaría que cada vez que nos enfrentáramos a una situación injusta podríamos actuar violentamente. Pensemos, por ejemplo, en la así llamada violencia simbólica y la reacción que provocan las caricaturas anti-religiosas en los creyentes. Estas caricaturas pueden ser ofensivas, quizás injustas, ¿podría entonces la violencia simbólica justificar la violencia literal contra los autores? Si la respuesta fuera que la violencia simbólica es distinta a la literal, entonces habría que preguntarse para qué llevan el mismo nombre: solamente provoca confusión.

A la inversa, el Estado enmascara la violencia que ejerce bajo el nombre de “fuerza”, como si la violencia estatal estuviera siempre justificada, lo cual es ciertamente absurdo, y es por eso que nos preocupa la así llamada violencia institucional.

¿Qué entiende entonces la ONU por violencia? En el sitio oficial consagrado al Día Internacional de la No Violencia, la ONU invoca una frase muy representativa de Gandhi al respecto: “Existen muchas causas por las cuales estoy dispuesto a morir, pero ninguna por la cual esté dispuesto a matar”. De ahí que sea natural suponer que las instancias de violencia que subyacen al Día Internacional de la No Violencia sean las sospechosas de siempre: el homicidio, la violación sexual, la tortura, etc. En tal caso, la cuestión es si el No de la ONU a la violencia es tan absoluto como parece serlo el del pacifismo de Gandhi.

En realidad, mucha gente cree ser pacifista hasta que cae víctima de la violencia, y en tal caso se siente bastante lejos de Gandhi y mucho más cerca de aquel viejo adagio latino: “es lícito repeler a la violencia con violencia”. En otras palabras, muy poca gente comparte la idea cristiana primitiva de que la violencia es tan repugnante que siempre debemos sufrirla antes que ejercerla (de hecho, hasta el cristianismo cambió de opinión apenas dejó de ser perseguido y se convirtió en oficialista).

La ONU no es una excepción. En efecto, sería un error creer que la adopción por parte de la ONU del nacimiento de Mahatma Gandhi, un verdadero ícono pacifista, como Día Internacional de la No Violencia, se debe a que la ONU es una institución pacifista. En lugar de prohibir la violencia exigiéndole a los Estados miembros que ofrezcan la proverbial mejilla restante en caso de una agresión, la ONU les reconoce en tal caso el derecho a la legítima defensa. Además, la ONU puede autorizar el uso de la violencia para hacer cumplir el derecho internacional.

De ahí que si bien a muchos, no sin razón, les provoca risa el Premio Nobel que obtuviera hace poco el presidente de EE.UU., no debemos olvidar que el Premio en cuestión fue el de la Paz, y no el del Pacifismo, y que la paz muchas veces se obtiene mediante la guerra. Obviamente, esto no justifica el imperialismo de la política exterior estadounidense, pero sí muestra que la conexión entre la paz y la guerra no es necesariamente contradictoria—no al menos en términos causales. Es el pacifismo el único que cree que la peor de las paces es preferible a la mejor de las guerras, aunque vengan degollando. De hecho, como nos lo recuerda Tácito, algunos confunden “paz” con desolación.

Por otro lado, los Estados suelen declararle la guerra al terrorismo, merced a una sutil distinción entre precisamente el acto de guerra y el terrorismo. Mientras que el orden jurídico internacional autoriza actos de guerra y sus efectos colaterales sobre no combatientes, se muestra inflexible con el terrorismo (estatal o insurgente) entendido como el ataque deliberado contra no combatientes.

Ahora bien, la distinción que se suele hacer entre la guerra y el terrorismo puede ser psicológicamente sutil pero no por eso deja de ser moralmente endeble. Después de todo, el derecho interno es mucho más exigente ya que criminaliza no solamente al homicidio intencional sino también el homicidio culposo o negligente. En otras palabras, la distinción psicológica entre la intención y la previsión es innegable, pero de ahí no se sigue que sea moralmente apropiada, particularmente en el caso de los actos de guerra. Y no nos olvidemos de que el número de víctimas de actos terroristas no pueden siquiera hacerle sombra a los cientos de millones de víctimas de los actos de guerra del último siglo.

Siguiendo con las distinciones, no nos extrañaría enterarnos de que Gandhi amén de haber preferido morir a matar, también habría preferido morir a dejar morir a los demás. Sin embargo, algunos creen que la distinción entre actuar y omitir, o entre la violencia subjetiva y la estructural, es moralmente relevante, como si pegarle un tiro a alguien fuera mucho peor que dejarlo morir de hambre sin tener que incurrir en grandes costos, a pesar de que el hambre hoy en día es mucho más letal que el homicidio o la guerra.

Probablemente, la diferencia real entre actuar y omitir se deba a que la persona que muere por un disparo suele estar cerca del que jala el gatillo, mientras que la que dejamos morir de inanición—a pesar de que podríamos evitarlo sin grandes costos de nuestra parte—suele ser alguien que no solamente está muy lejos sino que además ni siquiera sabemos quién es. La cuestión, por supuesto, es si esta distinción, que quizás sirva para apaciguar nuestra conciencia, es a la vez moralmente correcta.

Es difícil entonces resistir la conclusión de que la doctrina del efecto colateral (que mantiene viva la distinción entre guerra y terrorismo) y la distinción moral entre actuar y omitir subsisten porque sobreestimamos el punto de vista de la intención y la relación espacial entre agente y víctima, y subestimamos el punto de vista de las víctimas y por lo tanto la gravedad de las consecuencias de nuestros actos, a pesar de que para la víctima la cuestión clave no es la intención última de la agresión o qué tan lejos esté el victimario, sino la violencia en sí misma.

Además, algunos suelen oponerse a los actos de guerra y no a los embargos comerciales, a pesar de que los segundos pueden provocar muchísimas más muertes que los primeros. ¿No se trata otra vez de una subestimación de las consecuencias, esta vez debido a que provienen de omisiones?

Por otro lado, también somos bastante más tolerantes de lo que pensamos con la violencia en nuestra vida cotidiana, la cual sería impensable sin los así llamados accidentes de tránsito, de trabajo, etc. Del hecho que su nombre no contenga la palabra violencia no se sigue sin embargo que no provoquen daños significativos y a menudo letales. Así y todo, se trata de un daño tolerado, un precio que pagamos para vivir de cierto modo.

Finalmente, tal como nos lo recuerda Nietzsche, muy probablemente “el comienzo de todas las cosas grandes en la tierra… ha estado salpicado profunda y largamente con sangre”. La pregunta es qué se sigue de semejante convencimiento. Por ejemplo, la ONU seguramente es consciente de que las pirámides de Egipto son el producto de trabajo esclavo a una escala gigantesca y sin embargo las ha declarado Patrimonio de la Humanidad, por lo cual comparte la idea de que del hecho de que la esclavitud sea moralmente atroz no se sigue que debamos destruir todo lo que tenga que ver con ella. Otro tanto quizás se aplique a la religión y su genealogía violenta. Hablando de religión, es curioso que algunos de los que denuncian la Conquista de América y no soportan siquiera la estatua de Colón, sin embargo queden extasiados en sus peregrinaciones al Vaticano.

La conclusión es bastante nietzscheana, por así decir. No solamente la paz sino también nuestra humanidad son inconcebibles sin cierta dosis de violencia justificada o tolerada al menos. El gran desafío entonces es determinar cuál es la violencia justificada o tolerada, y decirle terminantemente No a la que no lo es. Como diría otro gran pensador, ¿paz o pacifismo? Esa es la cuestión.

Fuente: http://www.bastiondigital.com/notas/que-violencia-queremos


miércoles, 1 de octubre de 2014

Homenaje kirchnerista a Monty Python (editado)

Mientras veíamos ayer la alocución presidencial por TV, y en particular las sentidas palabras a la militancia en el patio, hubo una parte que nos llamó particularmente la atención. A pesar de que muchos critican al Gobierno por su falta de sentido del humor, ¿alguien puede negar que el minuto en cuestión se trata de un deliberado homenaje, paródico por supuesto, a ese otro minuto que también transcurre con un líder y sus militantes en otro patio y que quizás sea la mejor escena de "La Vida de Brian"?:




Muchas gracias a Javier Smaldone (@mis2centavos) por su excelente edición.

lunes, 29 de septiembre de 2014

Carta Abierta 17 o Hacia una Humanidad autorreflexiva

Cuando a Hemingway le preguntaban por el mensaje de sus novelas, él solía contestar que si hubiese querido enviar un mensaje habría ido al correo. Fiel a Hemingway, y como cada vez que el país lo requiere ante una nueva crisis, Carta Abierta salió otra vez al ruedo con su mensaje epistolar usando como correo los diarios. Huelga decir que este mensaje viene expresado en el ya característico lenguaje accesible, nacional y popular, de cada entrega de Carta Abierta.

Se trata, por supuesto, de la Carta Abierta 17 y su sugestivo título: "Buitres y halcones: crítica de la economía política del capitalismo de la globalización". A Marx, por ejemplo, le habría llamado la atención la redundancia final en el título cuando habla de "capitalismo de la globalización". Sin embargo, no solamente las redundancias sino que también hasta a veces las tautologías encierran grandes verdades como "negocios son negocios", o "la guerra es la guerra".

No hace falta aclarar que, como en todas las 16 restantes, se trata de una Carta con la extensión apropiada, "Ni más ni menos", como la milonga de Félix Palorma que grabara Troilo. Esta vez, 4.302 palabras. Cada una de ellas es indispensable, pero quisiéramos, irónicamente por razones de espacio, detenernos en los siguientes puntos.

1. Es muy curiosa la pregunta retórica con la que Carta Abierta parece formular una crítica a la política de seguridad del Gobierno en relación al uso del concepto de "deportación": "¿Es que se habla contra las derechas utilizando los mismos conceptos de las derechas?". En efecto, Carta Abierta evidentemente no se dio cuenta de que los DD.HH., el nacionalismo, el concepto mismo de "lo político", por no decir nada del populismo, son todos conceptos burgueses por no decir de derecha, y sin embargo han sido apropiados por el discurso de un Gobierno a cuya izquierda está la pared. Nos preguntamos si la designación de Milani tampoco hizo sonar una campana, como se suele decir en inglés.

2. Es digno de ser destacado que Carta Abierta constata "necesidades y carencias de sectores de la población que son víctimas antes que agentes de actos furtivos o comercios ilegales", a pesar de que ha transcurrido una década récord en redistribución del ingreso. Quizás Carta Abierta comparta la tesis teológica de que en el fondo en nuestro país el delito es producto de la caída antropológica antes que de notorias desigualdades socio-económicas, o que en todo caso la caída se ensañó particularmente con nuestro país. Hablando de delitos, la corrupción, con razón, ni siquiera es mencionada.

3. Nos complace saber que Carta Abierta comparte nuestro diagnóstico de que el "Servilismo indigno" de la oposición interna de nuestros buitres no puede ser explicada por "ninguna ventaja económica" sino que es lisa y llanamente principista. Es muy difícil luchar contra terroristas que no buscan dinero sino lisa y llanamente morir por sus ideales.

4. Por otro lado, llama la atención la mención en la carta a la "inflación" (al decir de Carta Abierta), o desplazamientos temporarios de precios como suele decir el Jefe de Gabinete, como si dicho fenómeno fuera un problema en absoluto y no un efecto colateral muy saludable del crecimiento económico con inclusión social.

5. La preocupación por la caída de las reservas de divisas y por la desestabilización cambiaria sugiere que Carta Abierta propone asimismo un endurecimiento en la lucha contra el mercado ilegal de cambio (quizás debido a cierto ensañamiento, otra vez, de naturaleza teológica que explica por qué tenemos semejante necesidad de dólares cuando en el resto del mundo en general el dólar se deprecia día a día). Nos tomamos el atrevimiento de recordar que la Unión Soviética también sufrió el daño ocasionado por las transacciones ilegales en monedas extranjeras, a tal punto que no dudó en tomar medidas drásticas en su contra, incluyendo la pena de muerte en 1961 (no será fácil, sin embargo, articular semejante castigo con el carácter correccional que el Gobierno planea darle a esta infracción a los efectos de agilizar la detección de los delincuentes). Compartimos por supuesto el celo en la protección de la moneda nacional, pero mucho nos tememos que el resultado de estas medidas no fue el esperado ni siquiera en la Unión Soviética. El punto es, si la pena de muerte no logró impedir el mercado ilegal de divisas, ¿qué podrá hacer el Gobierno al respecto? Dicho sea de paso, nos provoca curiosidad saber si los miembros de Carta Abierta leyeron el siguiente pasaje de Keynes que solía citar el actual titular del Ministerio de Economía, antes de ser ministro ciertamente:

"Cada vez que el franco [léase peso] se deprecia, el ministro de Hacienda cree firmemente que ello se debe a cualquier cosa excepto a causas económicas y lo atribuye a la presencia de un extranjero en las inmediaciones de la Bolsa o a las misteriosas y malignas fuerzas de la 'especulación'. Intelectualmente, tal actitud no está lejos de la del hechicero africano que atribuye la enfermedad vacuna al 'mal de ojo' echado por un circunstante y el mal tiempo al apetito insatisfecho de un ídolo".

6. También compartimos la preocupación de Carta Abierta en que "Nuevas y viejas derechas encarnan este peligro de restauración de la Argentina neoliberal, de la pobreza material y espiritual, que enuncian promesas alimentadas en las esperanzas sobre las inversiones y préstamos extranjeros y alientan ilusiones sobre la magia mercantil, alienando a las subjetividades de la participación en la construcción de su propio destino, mientras reclaman por alabanzas y conductas que seduzcan a esos supuestos agentes del progreso ordenado", y la trágica ironía de que sea la democracia misma la que permita que semejante proyecto llegue al poder por las urnas. En otras palabras, nos debemos un debate sobre la democracia.

7. Bien querríamos sumarnos al deseo de que "los movimientos populares de todo el mundo se mancomunen en torno a diseñar un nuevo tipo de humanidad autorreflexiva  y de naciones justas", si tan solamente supiéramos qué es la "humanidad autorreflexiva". Otra vez, ¿será una redundancia de las ilustrativas, como la que figura en el título de la Carta?

8. Va de suyo nuestro apoyo a "la necesidad de 'rediscutir' la Constitución", la cual, Dios no lo permita, no sería "para eternizar ninguna figura, sino para ligar temas centrales de la vida social con arquitecturas legales modernas".

9. Nos preocupa que Carta Abierta todavía plantee la alternativa "Diversificación productiva –atravesada por el aporte local de la Ciencia, la Tecnología y la Innovación– o especialización reprimarizadora", como si, por ejemplo, la soja todavía cumpliera papel alguno significativo en nuestra economía, luego de estos diez años de desarrollo industrial inusitado.

10. Finalmente, hay un párrafo que aparece en la Carta pero entendemos que lo hace a los efectos de contribuir a la política criminal, es decir, para ser incorporado en el Código Penal como pena accesoria a toda condena por terrorismo, particularmente el económico, y a la de los infames traidores a la Patria, de tal forma que todo condenado deba leerlo de corrido sin respirar hasta encontrar el punto:

"la existencia de grandes colectividades mediáticas y empresariales, nuevas economías basadas en el avance de artificios biológicos –como la semilla transgénica– sobre la concepción del territorio fértil como granero alimentario mundial, añadiéndose a esto nuevos nódulos que posibilitaban la producción de mercancías, imágenes, enunciados sobre el vivir de 'alta gama'–según la expresión impuesta por la lengua creada por las grandes agencias mundiales que manipulan el consumo colectivo– tuvo su contrapartida social, el flujo de individuos desterritorializados, sin vivienda o con su vida precaria como campo de operaciones de las policías metropolitanas y gendarmerías, en operaciones violentas de desalojo o, por otra parte, de grupos de economías alternativas que incluyen las drogas sintéticas, el tráfico de armas o el lavado de dinero en áreas marginales al sistema económico central, pero funcionales a éste".

domingo, 21 de septiembre de 2014

Kirchnerismo de pura Cepa




En su nota de hoy publicada en Infonews bajo el ingenioso título de "Cuestiones Máximas" Hernán Brienza plantea buenas y malas, o en todo caso, preocupantes noticias. Empecemos por las segundas, como le gustaba a Don Corleone, y luego vayamos por las primeras.

Es ciertamente preocupante que, a falta de un líder, el pueblo kirchnerista (expresión probablemente redundante aunque nuestra) siga siendo "una masa desorganizada y desunida" a pesar de la existencia de agrupaciones tales como "Unidos y Organizados". Además, nos parece un arma de doble filo sostener, como lo hace Brienza, que "con todo el aparato mediático en su contra, con los principales grupos de presión, representantes de las elites dominantes, [el kirchnerismo] ha logrado, a casi 12 años de gobierno, mantener cautivado a un gran porcentaje de la población". En efecto, a la luz de semejante hecho, ¿qué sentido tiene empezar y terminar todas nuestras oraciones con una referencia al poder de los medios opositores? La respuesta, en realidad, quizás sea obvia: los medios opositores seguirán haciendo daño mientras haya gente que no sea kirchnerista.

En cuanto a las buenas noticias, es altamente loable que Brienza se esfuerce por alcanzar un punto de convergencia factible para todos los argentinos, para no decir para toda la Humanidad, o seres capaces de ser persuadidos razonablemente. Hay que reconocer que no es la primera vez que lo hace, ya que en su momento Brienza había proclamado urbi et orbi que, palabras más, palabras menos, "no nos merecemos al kirchnerismo" (Lo que vos te merecés).

En efecto, es para alcanzar este consenso superpuesto que suponemos Brienza se formula dos preguntas. La primera es: "¿Por qué los medios de comunicación de la oposición" primero maximizaron el discurso de Máximo para luego minimizarlo, "intentando de cualquier manera contrarrestar los posibles efectos positivos que pudiera haber generado el hecho político... más interesante de los últimos meses?".

Con su habitual modestia y precisión, Brienza sostiene que la "respuesta es sencilla". Se debe a que "todavía el kirchnerismo tiene la capacidad de mover el amperímetro en el mapa del poder local, hacia adentro y hacia afuera de las filas propias". En verdad, nos guste o no, seamos oficialistas u opositores, Brienza tiene razón. Seguimos hablando del kirchnerismo, el cual probablemente sea un fenómeno político inolvidable. De hecho, ya hay bastantes calles, hospitales, rutas, escuelas, becas, cátedras, centros culturales y vaya uno a saber cuántas cosas más destinadas a tal efecto.

La segunda gran pregunta que se hace Brienza en aras de obtener un consenso superpuesto es: "¿Por qué otro Kirchner?". Brienza es consciente de que hay "claramente, un problema. ¿Hasta dónde es transmisible esa confianza política depositada en Néstor y Cristina?". Y Brienza triunfa donde fracasaron insignes intelectuales. En efecto, su silogismo es arrollador:

(A) Tenemos fe en todo lo que hace Cristina.
(B) Cristina designa a Máximo como sucesor.
ergo
(C) Tenemos fe en Máximo.

Por si alguien todavía dudara de la validez de este silogismo, e incluso del valor de verdad de (A), Brienza incursiona nuevamente en la ontología kirchnerista (los lectores seguramente recordarán la incursión anterior de Brienza en este territorio: la ontología de Brienza) proponiendo una verdadera oferta que no podemos razonablemente rechazar: "Máximo viene, de alguna manera, a funcionar como 'garantía de calidad kirchnerista'. No se sabe, en términos públicos, si tiene o no condiciones para la política. (...). Pero hay algo que es indudable: es kirchnerista de pura cepa –sepa disculpar el lector la ironía del lenguaje–". Estamos tan de acuerdo con esta afirmación de Brienza que hasta hemos contemplado consultar con el Departamento de Asuntos Legales del blog (o "Legales" como lo llamamos habitualmente) para averiguar si no se trata de un plagio, o quizás de un caso de espionaje en nuestros archivos, con lo cual esta buena noticia no deja de tener cierto sabor amargo para nosotros.

En efecto, nunca estuvimos tan de acuerdo con Brienza. ¿Quién en su sano juicio podría dudar de que Máximo Kirchner sea "garantía de calidad kirchnerista", un "kirchnerista de pura cepa"? De hecho, se trata de un material destinado a convertirse en proverbio: "Ser más kirchnerista que Máximo" puede hacer empalidecer al muy actual "Ser más papista que el Papa". En cuanto a que para ser kirchnerista de pura cepa o de calidad no hace falta tener condiciones para la política, cierto kirchnerismo podría mostrarse reticente a compartir esta creencia de Brienza. Por lo demás, las mismas consideraciones sobre plagio o espionaje se aplican a la otra gran ironía de Brienza: Máximo es "como cualquier hijo de vecino".

Tranquiliza saber entonces que no predicamos en el desierto y que está lejos de ser quijotesca la búsqueda de consensos políticos basados en la razonabilidad, y quizás en la tautología. Como ya habíamos dicho alguna vez, a veces lo que más cuesta es el primer paso, tal como comentó Madame Du Deffand al escuchar la historia del santo patrón de París el cual luego de haber sido decapitado recogió su cabeza y se puso a recorrer varios kilómetros de París con la cabeza bajo el brazo (Milagros Kirchneristas).