sábado, 13 de agosto de 2016

"Los verdaderos republicanos somos nosotros, los populistas"




Nos vemos en la obligación de comenzar aclarando que el título de esta entrada, entendemos, no es irónico (i.e. no pertenece a Monty Python), sino que es literal y pertenece al profesor Eduardo Rinesi, al menos según la Agencia Paco Urondo (click). Se trata de una proposición que invita al debate y por eso resulta tan atractiva.

Por alguna razón, mientras que los populistas ocasionalmente tratan de acercarse al (y a veces parece ser hasta quieren apropiarse del) republicanismo, rara vez los republicanos hacen otro tanto en relación al populismo. Nos hace acordar al caso mencionado por Jackie Mason, quien con mucha razón solía contar que mientras que los judíos habitualmente se nutren de comida china, rara vez alguien ha visto a algún chino comiendo comida judía. Quizás se trate de un éxito de relaciones públicas o simplemente se deba a que la comida china es mucho más rica (o los primero debido a lo segundo). Habría que ver si lo mismo se aplica a la relación entre populismo y republicanismo.

Para evitar confusiones, y sin entrar en la cuestión de cuál comida es la más rica, quizás convenga primero hacer un retrato del republicanismo para luego poder determinar si el populismo se le parece o no, con independencia de si el retrato es bello o feo, deseable o indeseable, etc.

Nuestros lectores habituales a esta altura ya saben que a continuación vamos a hacer sonar nuestra propia corneta (Razones Públicas), i.e. vamos a mencionar los cinco rasgos esenciales del republicanismo que no pueden faltar en un retrato republicano clásico. En Razones Públicas consta por qué el retrato que sigue no es una estipulación sino un retrato de la tradición republicana clásica. A continuación nos limitamos a describirlo (Test de republicanismo en sangre).

El primer rasgo esencial del republicanismo es el de la libertad como no dominación, según la cual una persona es libre si no depende del arbitrio de otra persona (sea física o jurídica). En otras palabras, una persona es libre si depende de la ley y nada más. La libertad republicana y el personalismo son completamente incompatibles.

El segundo rasgo es la virtud. Dicha virtud no tiene por qué ser moral; antes bien, se trata de una noción política (precisamente, Montesquieu decía que la republicana es una "virtud política"). La otra cara de la importancia de la virtud es que no se puede ser republicano y defender la corrupción, que precisamente consiste en la falta de virtud.

El tercero rasgo es el debate producido por la participación cívica o popular (dicho sea de paso, no hay que olvidar que "pueblo" es una noción distintiva y originariamente republicana). El conflicto político no se debe a que la gente sea mala o estúpida sino a que incluso agentes virtuosos pueden tener diferentes visiones o proyectos sobre lo que debemos hacer en conjunto. En particular, no podemos calificar a quienes están en desacuerdo con nosotros como enemigos del pueblo sólo porque piensan diferente.

En cuarto lugar, la otra cara del debate cívico es la autoridad de la ley. Dado que los desacuerdos políticos son inevitables tenemos que tomar una decisión sobre cuál es el camino que vamos a seguir y una vez tomada la decisión no podemos incumplirla sosteniendo que las instituciones consagran el status quo. El debate político y el eslogan "la ley es la ley" son dos caras de la misma moneda. Otro tanto se aplica a la distinción entre derecho y poder, característica del discurso republicano.

En quinto lugar, la patria. En efecto, la libertad como no dominación, inspirada por la virtud, la cual en lugar de impedir el debate lo estimula, debate que a su vez es canalizado gracias a la autoridad de la ley, todos estos rasgos tienen como espacio la patria e incluso la nación siempre y cuando entendamos a esta última no en términos chauvinistas sino tal como Ernest Renan la entendía, i.e. como equivalente de patria. De ahí que la expresión "patria libre", bien entendida, es redundante y que sólo pudo haber emergido una vez que el nacionalismo chauvinista se apropiara de la noción de patria.

En efecto, si estamos dominados, no nos preocupa la corrupción, la unanimidad es la regla, nos gobierna el personalismo de un líder providencial y creemos que la nación (sea el territorio, la cultura, etc.) es más importante que las instituciones cívicas, entonces ya no vivimos en un régimen republicano, ya no tenemos una patria en sentido estricto, sino que hemos caído en el cesarismo.

En conclusión, expresiones tales como republicanismo populista o populismo republicano son inevitablemente contradictorias, a menos que se trate de una ironía (aunque a veces no sea fácil percibir la ironía).

sábado, 6 de agosto de 2016

Gobernar a Zeus



La discusión acerca de si Hebe de Bonafini tiene el deber o no de obedecer al derecho muestra que la teoría política moderna, y la cultura política que inspirara, no está preparada para resolver esta cuestión. Algunos, en efecto, alegan que según el Estado de Derecho todas las personas son iguales ante la ley y por lo tanto si un juez las cita a declarar bajo apercibimiento de ser llevadas por la fuerza en caso de negarse, entonces no sólo la persona en cuestión tiene el deber de concurrir sino que si se negara podría ser llevada por la fuerza. Según esta posición, Hebe de Bonafini no es una excepción.

Semejante discusión no habría tomado por sorpresa a Aristóteles, quien había previsto esta situación. En efecto, en su Política se pregunta reveladoramente: "¿qué hay que hacer si llega a haber alguien que se destaca no por una superioridad sobre la base de bienes tales como fuerza política, riqueza o influencias, sino por la virtud? Sin duda, no podría decirse que... podría ejercerse gobierno alguno sobre alguien así. Efectivamente, sería casi como si los seres humanos consideraran justo gobernar sobre Zeus" (III.14.1284b29–34).

Creer entonces que es justo que Hebe de Bonafini acate la decisión de un juez sería como gobernar a Zeus. En efecto, "una persona de este tipo es como un dios entre los seres humanos" (III.13.1284a10). Quizás sea por eso que Diego Maradona haya expresado su más firme repudio al juez y su apoyo a Hebe de Bonafini.

A Carl Schmitt tampoco lo habría sorprendido la idea de excepción en el campo del derecho. Parafraseando el festejado comienzo de su Teología Política: "Hebe de Bonafini, es quien decide sobre el estado de excepción". Por otro lado, quizás habría que leerlo al revés: "Quien decide sobre el estado de excepción, es Hebe de Bonafini". Como se puede apreciar, la interpretación de izquierda a derecha lleva a conclusiones diferentes que la interpretación inversa. La primera suena más normativa (estipula quién decide), la segunda es mucho más performativa (la decisión depende de haber alcanzado cierto resultado o estado de cosas).

La gran cuestión entonces se reduce a si Hebe de Bonafini es un ser humano o un ser divino. ¿Que sea lo que Dios quiera?

domingo, 26 de junio de 2016

J'accuse o La Cuestión Kirchnerista



Es hora de decir la verdad, aunque duela (y, sobre todo, aunque algunos digan que la verdad no existe o es solo interpretación, o que es mentira la verdad): el antikirchnerismo es el nuevo antisemitismo. Este descubrimiento se lo debemos a Elina Malamud, escritora y periodista que ha tenido la valentía de hacer pública su posición el último viernes en Página 12 (Pogrom).

En efecto, para Malamud los kirchneristas son "los nuevos judíos" (queda la duda de si Pichetto los consideraría "argentinos argentinos", pero dejaremos esta discusión para otra oportunidad) que hoy son víctimas de pogroms, perseguidos esta vez por los "nuevos zares sudamericanos". De hecho, Malamud sostiene no solo que estamos en presencia de nuevos pogroms sino que además "no está lejana la creación de un nuevo Dreyfus cuya exposición en la plaza pública, para arrancarle las charreteras ante la turba embobada, se prepara no tan en las sombras". Suponemos que este "nuevo Dreyfus" será Cristina Kirchner, que hace las veces de Diosa y víctima al mismo tiempo, una víctima sacrificial tras los pasos de Walter Benjamin y René Girard.

Nuestros lectores saben que La Causa de Catón solo toma partido por la verdad y por eso no se guarda nada, al igual que Elina Malamud. De ahí que nos veamos obligados a decir que (a) Agustín Rossi ya había denunciado que los kirchneristas están siendo perseguidos como los judíos por los nazis (Perfil) y (b) si bien no es ningún secreto nuestra cercanía con la cultura judía, nos sentimos mucho más cerca de Rossi que de Malamud.

Efectivamente, si bien las intenciones de Malamud son las correctas, ella comete un error categorial que salta a la vista. Hablar de pogroms en este momento implica que los kirchneristas son objeto de persecuciones violentas, sin duda, pero meramente espontáneas y a cargo de la sociedad civil, que en todo caso cuentan con la aprobación tácita o la negligencia de las autoridades. Pero, tal como lo anticipara Rossi, hoy en día los kirchneristas son perseguidos violenta y deliberadamente por el Estado.

Por ahora, hasta donde sabemos, los kirchneristas no han sido víctimas de un genocidio. Pero se está empezando a notar la existencia de una teleología que se dirige inexorablemente hacia esa meta. ¿A quién en su sano juicio no le hace acordar la manera en que José López tiene que deshacerse de sus propiedades a la madrugada en un monasterio la forma en la que los judíos eran forzados a toda hora a despojarse de todos sus bienes?

Por lo demás, hay varios indicios concomitantes. En primer lugar, cada vez hay más gente que dice "¿antikirchnerista yo? Si tengo un amigo kirchnerista". Incluso, ya hay varios kirchneristas que se han escondido en casas de amigos y familiares. En segundo lugar, no pocos ex-funcionarios kirchneristas viven en ese verdadero ghetto kirchnerista llamado Puerto Madero. En tercer lugar, los derechos civiles de los kirchneristas han sido suprimidos: desde la persecución de los intelectuales y artistas (Ignacio Copani, Ricardo Forster y Nancy Dupláa) hasta la persecución de los políticos (basta ver la campaña contra José López, Ricardo Jaime, Julio de Vido, Guillermo Moreno, Amado Boudou, Néstor y Cristina Kirchner. Para mayor abultamiento, véase por favor el cuadro a continuación).



De hecho, el indicio más significativo consiste en que en estos mismos momentos hay varios funcionarios estatales reunidos desfachatadamente en Miramar, en lo que representa una verdadera recreación de la conferencia del Wannsee tratando de encontrar una solución final a la cuestión kirchnerista (suponemos que Agustín Rossi ya está al tanto y que de ahí extrajo su denuncia).

Lo que está en cuestión en la conferencia de Miramar es cómo definir al kirchnerismo y actuar en consecuencia. ¿Para ser kirchnerista hace falta ser hijo de padre y madre kirchneristas? ¿Es suficiente que uno de los padres lo sea? ¿La identidad kirchnerista se transmite por la línea materna? ¿Qué hacer con los que están casados con un o una kirchnerista? ¿Se puede dejar de ser kirchnerista? ¿Los kirchneristas son como los marines o los scouts, i.e. una vez que uno lo es no puede dejar de serlo? ¿Qué hacer con los conversos?

Las vueltas de la vida quizás hagan que los intelectuales kirchneristas que puedan escapar (v.g. Horacio González, Mempo Giardinelli, Edgardo Mocca, Carta Abierta en general, etc.) y se exilien en otro país beneficien de este modo a dicho país, tal como sucediera con los EE.UU. y la generación de profesores pertenecientes a la Escuela de Frankfurt que fundara, v.g., la New School for Social Research. Eso serían buenas noticias para EE.UU., aunque no precisamente para nosotros. De hecho, corre el rumor de que Ricardo Forster, verdadera reencarnación de la vida y obra de Walter Benjamin, se ha visto forzado a escaparse hasta la Triple Frontera para poder abandonar el país.

La historia nos muestra que la única manera de impedir un genocidio es que sus víctimas terminen instituyendo su propio Estado. Los kirchneristas, esos "nuevos judíos" como dice Malamud, quizás tengan que hacer lo mismo. Mientras tanto, la creación de una AMKA (Asociación Mutual Kirchnerista Argentina) quizás ayude a coordinar la acción colectiva (nobleza obliga, otra vez, Elina Malamud anticipó la idea hace un tiempo: Por qué los judíos tenemos la culpa).

Nuestra denuncia, nuestro "yo acuso", tiene como meta despertar las conciencias a tiempo. Cuando empecemos a rememorar el poema de Brecht, ya va a ser tarde.


viernes, 17 de junio de 2016

Lopecito que te llevaste

No nos extraña en absoluto esta nueva campaña de persecución contra el kirchnerismo. Sucedió con Boudou, Lázaro Báez, con Guillermo Moreno, con Cristina misma, no nos vamos a extrañar que ahora se extienda a José López y a Julio De Vido. ¿Qué le hace una mancha más al tigre? No es la primera vez que se busca una víctima sacrificial (Boudou, Edipo y Girard) o que la gente se niega a percibir que las cosas no son lo que parecen, como bien nos lo advirtieran Lázaro Báez y Platón alguna vez (no es lo que parece).

Por otro lado, algunos como Hugo Alconada Mom hablan de cierta obsesión kirchnerista con el efectivo (“cash” como lo llaman), como si en este país todo el mundo aceptara tarjetas de crédito, sobre todo en verano. En realidad, a López se la tenían jurada estaban esperando que apareciera tirando nueve millones de dólares en un monasterio para vengarse. Además, como bien nos recuerda Florencia Saintout, nadie habla del contexto en el que López estaba sacando el dinero del baúl del auto. Y muy pocos dicen que Horacio González tenía razón: la corrupción es un significante vacío aunque enterrado en un monasterio. Lo que nadie puede negar es que duele un poco la falta de confianza de López en la moneda nacional, si bien la vida es muy corta para pasársela con una pala.

En realidad, la carga de la prueba le corresponde a los perseguidores del kirchnerismo. ¿Cómo explican si no la fe irrestricta de los así llamados “fanáticos” solo porque están comprometidos con una causa? No estamos hablando de la fe precisamente de Brancatelli, Coco Sily, Barragán, Forster y otros tantos que no solo abandonaron el barco sino que están pidiéndole explicaciones justo a Cristina. Tampoco estamos hablando de Página 12 que llegó a sacar un editorial en la que denuncia que la corrupción es simplemente inaceptable.

Sí estamos hablando de gente como Hernán Brienza que tuvo la valentía y la inteligencia de poner en cuestión la idea misma de corrupción (Viva la Corrupción) y de otros fieles como Hebe de Bonafini quienes jamás van a poner en duda la honestidad de Néstor y de Cristina y por eso, no sin razón, hablan de una infiltración de Clarín en el corazón del kirchnerismo (infiltración no pocas veces denunciada en este blog, por lo demás) para explicar lo que está sucediendo.

Si Brienza y Bonafini, por ejemplo, no tuvieran razón, habría que sostener que, en el mejor escenario, algunos seres humanos prefieren acomodar la realidad a sus creencias antes que al revés, como si existiera algún sesgo natural o evolutivo que pudiera explicar algo semejante. En efecto, habría que sostener que alguna vez fue evolutivo anteponer la distinción entre “nosotros” y “ellos” a la realidad, de tal forma que para algunos seres humanos su grupo de pertenencia fuera por definición superior a los demás. Solo a un psicólogo evolutivo se le podría ocurrir algo semejante y sugerir encima que semejante sesgo todavía incidiera en nuestro país.

Es por eso que quienes le atribuyen a un pensador de la talla de Arturo Jauretche la apócrifa frase “Cuando tengo una duda, me acuesto pensando en eso; si cuando me levanto persiste mi duda, leo La Nación y hago exactamente lo contrario” buscan desacreditarlo, como si se tratara de un pensador tribal. Lo mismo se aplica a quienes afirman que lo único que hizo falta para que Aníbal Fernández ganara las PASO fue que Clarín lo acusara de ser un narcotraficante, como si hubiese habido votantes kirchneristas que votaron a Fernández porque Clarín lo asociaba con el narcotráfico, i.e. votantes que no advirtieron que se trataba de una trampa tendida por Clarín precisamente para que Fernández ganara las PASO y por lo tanto perdiera la elección provincial. ¿Acaso Clarín pensaba que hay votantes tan estúpidos que carecen de la capacidad de elección? ¿Creen que a los kirchneristas solo les gusta discutir, estar en contra de alguien, como sucede en el sketch de Monty Python?





En realidad, quienes razonan de modo tribal—i.e. distanciándose de la realidad cuando ésta desafía sus creencias—, negando pythonescamente todo lo que dicen los demás, son los perseguidores del kirchnerismo, i.e. los que quieren asociar a Néstor y a Cristina, y por lo tanto a Julio de Vido, con José López. Lo que nos vendría bien entonces es una neurobiología que explicara el tribalismo de los perseguidores y una filosofía que mostrara que es mentira la verdad, o que la verdad no existe: solo existen las interpretaciones. Que el humo no nos impida ver el fondo de las cosas.

lunes, 6 de junio de 2016

Todo lo que Ud. quería saber sobre Guillermo Moreno (y no se atrevía a preguntarle, v.g., a Hernán Brienza)




En la versión de la fábula de Hércules por Luciano de Samósata (nacido en c. 120 dC), que se hiciera muy conocida entre los humanistas del Renacimiento (y que quienes se dedican a la filosofía política la recuerdan porque Hobbes habla de ella en el Leviatán), Hércules era una persona de tal sabiduría y elocuencia que había encadenado los oídos de los demás a su boca y los guiaba como quería.

Nos invade la curiosidad entonces acerca de qué habría dicho Luciano de Samósata si se hubiera enterado de esta nueva proeza de Guillermo Moreno, verdadero Hércules vernáculo, que acaba de convencer a Cynthia García de las bondades de afiliarse al Partido Justicialista (Clarín Miente). En otras palabras, Moreno es un verdadero prodigio de la persuasión.

Quizás sea por eso que algunos hayan manifestado su preocupación por las recientes afirmaciones de Guillermo Moreno:





Ciertamente, no nos referimos tanto a sus consideraciones sobre el Baby Etchecopar cuanto a su comparación entre el Gobierno de Macri y la dictadura de Videla, la cual apunta a que la segunda sale mejor parada que el primero. Como se puede apreciar Moreno sostiene que, para qué negarlo, Videla tiraba gente viva de los aviones, pero no se metía con el alimento de los argentinos. Suponemos que el punto de Moreno es que si bien Macri no tira gente viva de los aviones (o no todavía), sí se mete con el alimento de los argentinos. Quizás solo por compostura Moreno se abstuvo de agregar que a Videla jamás le encontraron una cuenta o una sociedad off-shore (al menos todavía).

El de Moreno es un revisionismo sin tapujos que rescata la figura de Videla a quien todos los demás mortales recuerdan exclusivamente como un dictador (y no en el buen sentido de la palabra como diría Sacha Cohen en la película homónima; a propósito corre el rumor de que Sacha Cohen tiene planeado filmar “Guillermo Moreno” como una secuela de “Borat” y “El Dictador”).

Algo parecido suele pasar con Hitler, de quien la gente recuerda solamente el Holocausto, por ejemplo, y no la recuperación meteórica de la economía alemana gracias a su gestión (o las guarderías para niños arios, por ejemplo). Algunos dirán que en el largo plazo a la economía alemana no le fue muy bien que digamos. Pero decir algo semejante sería equivalente a quedarse con el fin del kirchnerismo y no con sus años de bonanza. Por lo demás, a Hitler tampoco le encontraron sociedades off-shore (al menos todavía).

Por alguna razón nos viene a la memoria ese homenaje relativamente indirecto que Marcos Aguinis alguna vez hiciera del idealismo alemán, aunque no precisamente al de Kant o Hegel: “las juventudes hitlerianas…, por asesinas y despreciables que hayan sido, luchaban por un ideal absurdo pero ideal al fin, como la raza superior y otras locuras. Los actuales paramilitares kirchneristas, y otras fórmulas igualmente confusas, en cambio, han estructurado una corporación que milita para ganar un sueldo o sentirse poderosos o meter la mano en los bienes de la nación” (La Nación).

A esta altura no podemos evitar preguntarnos qué dirían intelectuales de la talla de un Hernán Brienza, un Pedro Brieger o incluso un Jorge Capitanich al respecto, particularmente en relación a los dichos de Moreno sobre Videla.

Brienza insistiría en que la descripción de gente viva arrojada desde aviones carece totalmente de axiología alguna (Comprensión y justificación en las ciencias sociales), Brieger sostendría que “más allá de tirar gente viva de los aviones Videla no tocaba la comida de la gente” (Son secuestros y asesinatos (y no en el buen sentido de la palabra)) y Capitanich agregaría probablemente que se trataba en todo caso de situaciones aisladas (Armando golpe blando Arturo golpe duro), ya que ¿qué porcentaje representan unas decenas de miles en relación a unos veinticinco millones de personas?

Hay momentos en los que la realidad nos abruma y la ironía es lo único que nos permite seguir adelante. Éste es uno de ellos.

domingo, 29 de mayo de 2016

Comprensión y Justificación en las Ciencias Sociales (otra Vez)



Todavía no salimos de nuestro asombro. Tiempo Argentino, el único medio que todavía rescataba del olvido a Hernán Brienza, el Max Weber argentino, se ha plegado a los medios corporativos y censurado su última nota. Nos hemos enterado de semejante decisión gracias a que El Mordisco lo hiciera público.

En esta segunda nota sobre la corrupción (sobre la primera véase Viva la Corrupción!) Brienza insiste en que nos debemos un debate sobre la corrupción y le responde a quienes le atribuyen la peregrina idea de querer justificar la corrupción que eso se debe a que “no tienen aprobado el nivel uno de lecto-comprensión del castellano”. Muchos de ellos, seguramente, tampoco habrían aprobado las tristemente célebres pruebas PISA.

¿A quién no le ha pasado, como a Brienza, que a pesar de estar gritando la verdad a los cuatro vientos, se da cuenta de que su audiencia no está a la altura de dicha verdad? A esto se suma que Brienza, aunque quisiera, no podría ser más claro ni tampoco ser más certero en sus precisiones. De hecho, nos imaginamos al bonachón de Brienza agarrándose la cabeza al grito de “no me entienden, estos tarados no me entienden”. Después de todo, Brienza no tiene la culpa de si sus lectores tienen defectos intelectuales, son iletrados o tienen grandes dificultades para comprender el castellano.

Es digna de ser destacada, sin embargo, la generosidad de Brienza en no darse por vencido y en intentar seguir ayudando a sus lectores menos aventajados. En efecto, y por si hiciera falta, en esta segunda nota Brienza insiste en que sus lectores no comprenden que su intención fue siempre la de “comprender”, jamás la “de justificar” la corrupción (tal vez en la misma línea de Pedro Brieger: Asesinatos y secuestros en el sentido neutro de la palabra).

Nosotros mismos no solo estamos lejos estamos de poder eximirnos de las dificultades lecto-comprensivas del castellano denunciadas por Brienza (después de todo, hace tiempo que somos lectores de Brienza) sino que también estamos un poco cansados de tratar de explicar sus notas infructuosamente por lo general.

Sin embargo, vamos a hacer un último intento. Pero, como sabemos que Brienza no solo detesta a los ricos, sino además y fundamentalmente a los seguidores obsecuentes y lisonjeros, se nos ocurrió que en lugar de seguir riéndonos de sus detractores, siempre como abogados del Diablo (nunca mejor elegida la expresión) podríamos invocar una muy conocida cita de Leo Strauss en relación a la pura comprensión o descripción a-valorativa en ciencias sociales:

“La prohibición contra los juicios de valor en las ciencias sociales conduciría a la consecuencia de que se nos permite dar una descripción estrictamente fáctica de los actos de público conocimiento que pueden ser observados en los campos de concentración y quizás un análisis igualmente fáctico de la motivación de los actores involucrados: no se nos permitiría, sin embargo, hablar de crueldad. Todo lector de tal descripción que no fuera completamente estúpido vería, por supuesto, que las acciones descriptivas son crueles. La descripción fáctica sería, en verdad, una amarga sátira” (Natural Right and History, p. 52).

En otras palabras, ¿cómo pretende Brienza describir la corrupción de modo puramente fáctico o aséptico, i.e. sin provocar en sus lectores el mismo asco que la corrupción le provoca a él mismo? Parafraseando a Leo Strauss solo un estúpido dejaría de percibir en la más fáctica de las descripciones de un acto inmoral, precisamente, un acto inmoral. Pero allá Leo Strauss. Acá, Hernán Brienza.

miércoles, 25 de mayo de 2016

Viva la Corrupción!



Por increíble que parezca, habíamos pensado que nuestros lectores se habían saturado de Hernán Brienza. Es por eso que hace un tiempo habíamos decidido interrumpir nuestra veneración por su obra (brienzana).

Sin embargo, de pronto, comenzaron a sonar los teléfonos de la redacción de la Causa de Catón, llovieron los comentarios en el blog, fuimos arrobados en twitter e incluso apareció la Catón-señal en el cielo (la legendaria "LCC": valga aclarar que el juicio por plagio que tenemos al respecto con la compañía de cable de Miramar, La Capital Cable, lo estamos ganando) para hacernos saber que Hernán Brienza había escrito otra de sus magníficas obras y que debíamos decir algo sobre el tema. Nuestros lectores, como siempre, nos demostraron que tienen razón: nadie puede haber tenido suficiente Hernán Brienza. Se trata de una personalidad inagotable.

En efecto, lo hemos visto en acción muchas veces, como un verdadero Sergei Bubka del periodismo intelectual y militante (a decir verdad, tal como consta en su página de wikipedia, se trata de un periodista que a la vez es escritor, politólogo, ensayista e historiador), que cada vez que se lo propone logra romper su récord anterior. De hecho, en su foja de servicios consta que ha sido un paladín de todas las causas justas. Para muestra bastan unos pocos botones: fue miembro numerario del Instituto Nacional de Revisionismo Histórico Argentino e Iberoamericano Manuel Dorrego (INRHAIMD), demostró que no nos merecíamos a Cristina (lo que vos te merecés), en ocasión de su exitosísima defensa de Milani no solo incursionó no menos exitosamente en la física cuántica (Big Bang Brienza) sino que además hizo añicos la distinción entre culpabilidad e inocencia (La Ley de Brienza), etc. 

En su última nota, la que provocara la más que justificada ira de nuestros lectores para con nosotros, Brienza acomete contra la idea misma de corrupción: “Los argentinos nos debemos un debate en serio sobre la corrupción” (¿Y si hablamos de corrupción en serio?). El intelecto de Brienza no podía dejar de percibir que dado que los grandes iconos de la cultura kirchnerista eran perseguidos por el popularmente denominado crimen de corrupción, bastaba con atacar la idea de corrupción para mostrar la irracionalidad e inmoralidad de dicha persecución. Como se suele decir, muerto el perro, se acabó la rabia. 

La primera tesis que esgrime Brienza al respecto es la de la imposibilidad. En efecto, Brienza argumenta que “No se puede robar un país. No se puede robar todo”. Ahora bien, la inteligencia de Brienza a veces podría jugarle en su contra. Habría que ver cuántos kirchneristas estarán de acuerdo en que el problema con la corrupción que se le atribuye al kirchnerismo es que es imposible. Es como si los nazis hubiesen alegado que es imposible cometer un genocidio de millones de personas. 

De hecho, algunos preferirán tomar el camino tradicionalmente moral de negar la posibilidad de que estadistas como Néstor y Cristina hayan cometido tales actos. Algunos destacados kirchneristas como Julia Mengolini, de hecho, prefieren tomar un camino alternativo (click), ya que si bien todavía creen que la corrupción es moral y jurídicamente reprochable, precisamente por eso tratan de mostrar que a pesar de la corrupción el legado kirchnerista es digno de ser reivindicado (atención, esto es bloguismo verdad en tiempo real: nos está llegando en este preciso momento por la cucaracha que Mengolini hace un tiempo que no paga la cuota y que en realidad a juzgar por su decisión de trabajar en Canal 13 ha dejado de pertenecer al club; ampliaremos). 

De todos modos, a Brienza no se le escapa que la tesis de la imposibilidad puede provocar un debate al interior del kirchnerismo y por eso propone un segundo argumento, el de la necesidad: “La corrupción está íntimamente ligada al financiamiento de la política”. En otras palabras, habiendo dicho primero que la corrupción (en todo caso en el grado atribuido a Néstor y a Cristina Kirchner) es imposible, luego Brienza sostiene que es imposible no ser corrupto si uno se dedica a la política y no tiene dinero. Más abajo lo dice más claramente: “Sólo son decentes los que pueden ‘darse el lujo’ de ser decentes”. Es con un hondo pesar que nos vemos en la obligación de recordar que este argumento, a diferencia del primero, no es exactamente original ya que había sido esgrimido por Diana Conti en televisión (Derecho penal para todxs).

El tercer argumento que da Brienza, suponemos que a mayor abundamiento y no porque los dos primeros no hayan cumplido su misión, es el de la extensión de la idea de corrupción: “Corrupción, también, es evadir impuestos, girar dólares al exterior, tener cuentas en paraísos fiscales, sean funcionarios públicos o privados, porque un presidente que años anteriores defraudó al fisco”. No somos quiénes para decirle a Brienza qué debe hacer o pensar, pero nos cuesta entender cómo este tercer argumento es una defensa del matrimonio Kirchner, sobre todo si Lázaro Báez, tal como se sospecha, no hizo su fortuna mediante una herencia, lotería o un emprendimiento como los de Bill Gates o Steve Jobs (No es lo que parece). 

Por alguna extraña razón (quizás, como dice el tango, “la gente es mala y murmura”), a pesar de su comprobada integridad moral e intelectual, Brienza se ve obligado a aclarar que “No se trata de defender la corrupción en esta nota”. Por si hiciera falta Brienza agrega que “Siento una repulsa moral, heredada de cierto ascetismo cristiano, respecto de la riqueza rápidamente adquirida” e incluso que “considero con Honoré de Balzac que ‘detrás de toda gran fortuna siempre hay un crimen’”. Es más, Brienza sostiene que “No todos somos corruptos”. Otra vez, nos preguntamos cómo se sentirá, v.g., Cristina al leer semejantes líneas. 

A esta altura no podemos dejar de hacer públicas nuestras dudas acerca del registro del discurso de Brienza. Cultores que somos de la ironía, albergamos la sospecha de que Brienza de un modo muy sutil parece estar riéndose de la fortuna de Lázaro Báez y por extensión del kirchnerismo. Habiendo dicho esto, nos vemos forzados a desmentir los rumores según los cuales Brienza trabaja para La Causa de Catón. Bien quisiéramos contar con semejante egregio miembro. 

Finalmente, habiendo dicho que la corrupción era imposible, Brienza termina con un grand finale: “La corrupción… democratiza de forma espeluznante a la política”. A esta altura, y como le debe pasar a varios de los lectores de este blog, ya no sabemos si Brienza está hablando en serio o en broma.

Ahora bien, la ironía brienzana alcanza su punto máximo cuando después de haber hecho pública su denuncia de la corrupción y aclarado que él mismo, a diferencia de los demás, no es corrupto, sostiene que “De lo que se trata en este texto es de comprender no de justificar”. Es difícil resistir la inferencia según la cual, como ya lo hiciera Mempo Giardinelli (Mejor Imposible), Brienza le está rindiendo un homenaje al personaje de Jack Nicholson en “Mejor Imposible”:



- "No soy un pendejo. Ud. lo es, no estoy juzgando. Soy un gran cliente. Este día ha sido un desastre"


Quizás el mensaje de la nota de Brienza sea que, parafraseando al gran Horacio (no al inmortal González, sino a ese otro mucho menos conocido, que tuviera su cuarto de hora en el Renacimiento y por supuesto en la Roma de Augusto), Brienza podrá haber perdido las elecciones, pero ganó la batalla más importante: la cultural e intelectual. Permítasenos entonces lanzar nuestra proclama patriótica en este 25 de mayo: “Viva la Corrupción!”

viernes, 20 de mayo de 2016

¿Quiere saber si Ud. es Republicano? Test de Republicanismo Gratis



"Habría un medio de asombrar al universo, 
haciendo algo totalmente nuevo: la República, por ejemplo". 
Georges Clemenceau, carta al conde de Aunay, 
17 de agosto de 1898


Una teoría política clásica
La tesis central de este libro es muy simple. Un retrato fiel del republicanismo debe contener al menos cinco rasgos fundamentales: libertad, virtud, debate, ley y patria. Estos cinco rasgos, a su vez, son incompatibles por definición con el perfil aguileño y ultrapersonalista de César, o de su equivalente moderno, el cesarismo. Esta breve lista de rasgos sirve asimismo como un test infalible para detectar republicanos. En efecto, de te fabula narratur: si usted está en contra de la dominación, no tolera la corrupción, desconfía de la unanimidad y de la apatía cívicas, piensa que la ley está por encima incluso de los líderes más encumbrados, se preocupa por su patria mas no soporta el chauvinismo, y cree, por consiguiente, que el cesarismo es el enemigo natural de la república, entonces usted es republicano, aunque usted no lo sepa.
Por supuesto, una descripción de los rasgos o conceptos básicos de un discurso político no sirve solamente un propósito estético, sino que constituye a la vez una agenda, i.e. un recordatorio de cuestiones que toda persona interesada en el republicanismo se debería plantear.
Ciertamente, la idea misma de catalogar, incluso brevemente, los rasgos elementales con los que debe contar todo retrato republicano, es sumamente audaz, ya que la republicana es una muy larga y rica historia que abarca diferentes clases de repúblicas y republicanismos, desde sus orígenes romanos hasta la actual República de Francia, pasando por las repúblicas tardomedievales, temprano-modernas y la norteamericana, sin dejar de lado varios autores tan diferentes como Cicerón, Maquiavelo, Montesquieu, Rousseau, Jefferson, Kant, Hegel (vengan de a uno), Tocqueville, y siguen las firmas. Así y todo, creemos que los aspectos republicanos que constituyen los capítulos de este libro dan forma, tal como suelen decir los wittgensteinianos, a un aire o parecido de familia que caracteriza a todos los miembros de la estirpe republicana.
Nuestro retrato del republicanismo es de raigambre definitivamente clásica, en más de un sentido. En primer lugar, en términos cronológicos, ya que todos los temas a discutir figuran predominantemente en la obra de Cicerón, Salustio, Tito Livio, etc. A decir verdad, para la época de este último, el republicanismo ya parecía anticuado, a juzgar por la pregunta que se hace en su prefacio a su narración sobre Los orígenes de Roma —algo así como la historia oficial republicana— si al relatar “los logros del pueblo romano” hacía algo “que valiera el esfuerzo”, puesto que le parecía que “el tema es viejo y trillado”. De hecho, para algunos el nombre mismo de republicanismo suele estar asociado con el conservadurismo o la defensa del statu quo, o en todo caso queda reducido a una teoría de la división del poder.
Sin embargo, lo que para algunos puede parecer un discurso (en el sentido más amplio de la extensión que incluye conceptos, prácticas, instituciones, etc.) vetusto, para otros se trata de una tradición política con una muy rica historia, tal como sucede con las personas entradas en años, quienes jamás son “viejas” sino “experimentadas”. De hecho, gracias a las investigaciones de, v.g., Quentin Skinner sobre el republicanismo, esa muy rica historia ha sido revitalizada a tal punto que se ha convertido en una de las opciones en boga del menú contemporáneo de teoría política, tal como lo muestra la obra de Philip Pettit.
De ahí que la obra de pensadores cronológicamente clásicos como Cicerón, Salustio o Tito Livio, puede ser clásica además en sentido valorativo, ya que en lugar de haberse vuelto obsoleta, ha devenido digna de ser leída y discutida en todas las épocas.
En cuanto a los que creen que el republicanismo no es sino una ideología de la consagración del statu quo, ellos se olvidan no solamente del énfasis republicano en el debate y en el conflicto sino además de la lucha encarnizada del republicanismo a lo largo de su historia contra la dominación. En realidad, lo que suele suceder es que para algunos revolucionarios el republicanismo parece ser conservador, y para algunos conservadores sucede exactamente lo contrario, i.e. el republicanismo parece ser revolucionario. Esto se debe a que el republicanismo trata de articular el debate político con la autoridad de la ley, el cambio radical con la continuidad jurídica, lo extraordinario y lo ordinario.
De hecho, la distinción a ultranza entre conservadurismo y revolución no tiene mucho sentido, a menos que estemos dispuestos a conservar todo o a revolucionar todo. En última instancia, la cuestión es siempre qué debemos hacer aquí y ahora.
En lo que atañe a la reducción del republicanismo a una suerte de fobia al poder, vamos a ver que el republicanismo no solamente se preocupa por controlar el poder, sino que además no tiene reparos en utilizarlo generosamente, siempre al servicio de la libertad de los ciudadanos. Como muy bien sostienen los autores de El Federalista, “el vigor del gobierno es esencial para la seguridad de la libertad”. Ciertamente, “la libertad es a la facción lo que el aire es al fuego, un alimento sin el cual expira instantáneamente”. Sin embargo, “no sería menos una locura abolir la libertad, la cual es esencial para la vida política, porque nutre a la facción, que desear la aniquilación del aire, el cual es esencial para la vida animal, porque le imparte al fuego su agencia destructiva”.
Debido a su insistencia en la necesidad de la virtud como complemento indispensable del gobierno de las instituciones, también se lo suele acusar al republicanismo de “moralizar” y de “juridificar” lo político. Sin embargo, tendremos ocasión de comprobar que la moralización republicana de lo político es o bien anodina, ya que toda discusión política gira alrededor de ciertos valores —y quienes acusan al republicanismo de moralizar lo político también lo hacen en defensa de cierto valor—, o bien la acusación misma es el resultado de un malentendido acerca del papel que debe cumplir la virtud cívica al menos dentro del discurso republicano.

De ahí que Maurizio Viroli tenga mucha razón al recordarnos que la virtud sigue siendo tan “necesaria en nuestra república como en las repúblicas del pasado”, debido a las experiencias de nuestra casa: "por efecto de la debilidad crónica de la conciencia civil en nuestro país, habíamos aceptado tranquilamente y todavía aceptamos prácticas clientelares y políticas de favores, para no hablar del sistema de corrupción política que ha imperado por décadas, y del gobierno de los delincuentes que ha tomado el puesto del gobierno de las leyes en zonas importantes del territorio del Estado". Por otro lado, cierta “juridificación” del conflicto político es inevitable si es que deseamos evitar el anarquismo.
¿Oxford vs. Cambridge?
Cuentan que el legendario filósofo de Oxford, Derek Parfit, dividió alguna vez a los que se dedican a la historia de la filosofía en dos grandes categorías. Por un lado, los arqueólogos, quienes tratan de entender el pasado en aras de sí mismo y además tienen que interpretar los artefactos que encuentran a raíz de sus excavaciones sobre la base de evidencia imperfecta. Para poder entender el significado de los artefactos —sean, v.g., vasijas o libros— los arqueólogos deben hacerse preguntas sobre el papel que desempeñaba el artefacto en cierta forma de vida particular. Por el otro lado, se encuentran los profanadores de tumbas, quienes no solamente cometen un acto ilegal sino que además, y fundamentalmente, toman un artefacto, sea una tumba o el Leviatán de Thomas Hobbes, y le dan un uso completamente diferente al que alguna vez tuvo.

sábado, 14 de mayo de 2016

"Un Papa demasiado católico para mi gusto" (y otros chistes judíos)



A esta altura, nuestros lectores conocen nuestra notoria predilección por los chistes judíos, la cual se debe a no menos (mééééé) públicas razones. De ahí que no hayamos podido resistir la tentación de traer a colación el comentario final de Alejandro Rozitchner en la entrevista que le hicieran Carlos Pagni y Nicolás Dujovne en su programa de televisión (Odisea Argentina) en el minuto 13:22 de la misma. Habiéndole preguntado qué opinaba sobre el Papa, el filósofo de Macri respondió que “era demasiado católico para mi gusto”.

Da la impresión de que se trata de una elíptica aunque simétrica alusión a las películas de Woody Allen en las que suele constar que solamente los judíos sienten miedo de ser “demasiado judíos”. En cambio, al Papa (que suele ser católico por lo general) no parece importarle ser demasiado católico.

Tampoco descartamos que Rozitchner comparta nuestra adicción por el programa de televisión “Little Britain” de la BBC, en particular el sketch del juego de memoria pirata. En efecto, en dicha ocasión, uno de los dos protagonistas representa el papel de un cliente que entra a una juguetería cuyo dueño es el otro protagonista, tal como se puede apreciar en la fotografía de más arriba. El cliente pregunta si tienen un juego de memoria sobre piratas para niños de cuatro a ocho años. Luego de un intercambio entre el dueño y su esposa, el dueño le muestra precisamente ese artículo, a lo cual el cliente interesado le responde que el juego de memoria piratas que le mostró le parece “demasiado pirático” para su gusto e inquiere acerca de la existencia de una tienda especializada en la venta de juegos de memoria sobre piratas y que además se encuentre en el área local (Little Britain).

Decimos que se trata de una broma por parte de Rozitchner debido a que asumimos que Bergoglio no podría haber conseguido el cargo de otro modo. En efecto, suponemos que en la “job description” del papado explícitamente figura que para ser Papa hace falta ser, precisamente, “bastante católico”, o quizás lisa y llanamente “demasiado católico”. Cabe preguntarse de hecho si existe siquiera una persona que pudiera ser “demasiado católica” para ser Papa.

En realidad, alguien podría decir que el Papa es menos católico de lo que parece ya que no parece haberle prestado mucha atención a Macri, quien, convengamos, no es precisamente un seguidor de Bakunin. Convengamos otra vez, así y todo, que a diferencia de los intelectuales en general, Rozitchner se expresa claramente por lo general y, como se puede apreciar, no deja de incluir entre sus afirmaciones un muy saludable buen humor. Ojalá sus colegas lo imitaran más a menudo.

domingo, 8 de mayo de 2016

"Compatriotas, préstenme sus oídos"



En este 2016, año shakespeareano ya que se conmemoran cuatrocientos años del fallecimiento del Bardo, "La Causa de Catón" se suma con gusto a dicha conmemoración haciendo referencia (mééééé) a Razones públicas (Katz Editores), título shakespeareano si los hay. En efecto, la expresión “razones públicas” no fue creada por John Rawls (como parecen suponer los rawlsianos), sino que emerge por primera vez en Julio César (1599) de Shakespeare, reveladoramente en boca de Bruto en el contexto del debate que se plantea alrededor de la muerte de César. Esas "razones públicas" son las que Bruto dará en su famoso discurso ante el pueblo (por no decir la opinión pública) en defensa de la muerte de César (para más detalles, consultar por favor los capítulos 3 y 6 de Razones públicas).

      Dado que Razones públicas a lo largo de sus seis capítulos sobre la libertad, virtud, debate, ley, patria y César, respectivamente, expone y (se podría decir que) defiende la causa republicana apelando generosamente a la obra de Shakespeare (sobre todo en el cap. 3), a continuación, como buenos republicanos (y shakespeareanos amateurs) que somos, dejamos que el Marco Antonio de Shakespeare (representado extraordinariamente por Damian Lewis), defienda a ese verdadero enemigo de la república que era César en respuesta a las "razones públicas" que Bruto acababa de dar:




[el video tiene subtítulos en inglés: CC] "Amigos, romanos, compatriotas, préstenme sus oídos. Vengo a enterrar a César, no a alabarlo. El mal que los hombres hacen en verdad vive después de ellos; el bien, a menudo es enterrado con sus huesos. Que así sea con César. El noble Bruto les ha dicho que César era ambicioso. Si fuera así, sería una falta grave, y César ha respondido gravemente por ella. Aquí, bajo autorización de Bruto y del resto—porque Bruto es un hombre honorable y así lo son todos, todos hombres honorables—vengo a hablar en el funeral de César. Él era mi amigo, fiel y justo conmigo, pero Bruto dice que él era ambicioso, y Bruto es un hombre honorable. Él ha traído muchos cautivos a Roma, cuyos rescates han llenado los cofres generales. ¿Hizo esto que César pareciera ambicioso? Cuando los pobres lloraron, César lloró. La ambición debería estar hecha de un material más severo. Sin embargo, Bruto dice que él era ambicioso, y Bruto es un hombre honorable. Todos uds. vieron que durante las Lupercales tres veces le presenté una corona real, la cual él rechazó en verdad tres veces. ¿Era esto ambición? Sin embargo Bruto dice que él era ambicioso, y seguro que él es un hombre honorable. No hablo para desaprobar lo que Bruto dijo, sino aquí estoy para hablar sobre lo que sí sé. Todos uds. lo amaron una vez, no sin causa; ¿qué causa les impide entonces estar de luto por él? Oh juicio, tú has huido hacia las bestias brutas y los hombres han perdido su razón! Aguanten conmigo; mi corazón está en el cofre ahí con César, y debo hacer una pausa hasta que me vuelva".

sábado, 23 de abril de 2016

A Tracción Fatal



Hay un viejo refrán chino que reza "ojalá que vivas tiempos interesantes". Y vaya si nuestra época es interesante. En efecto, nunca antes como en nuestro tiempo han proliferado tanto las teorías acerca de la corrupción. No hace mucho discutíamos la oscilación entre la posición de Mempo Giardinelli, para quien si Cristina cometió un delito debe ser castigada, y la de Luis Bruschtein para quien es imposible que Cristina haya cometido un delito ya que la acusa el contexto, pasando por la de Julia Mengolini, para quien, en el fondo, es directamente irrelevante si Cristina cometió un delito o no: lo que importa es su legado, si se nos permite la expresión (click). La posición de Verbitsky no es tan fácil de catalogar y por eso no abundamos al respecto (click).

Por suerte, Horacio González ha decidido sumarse al ruedo con una muy interesante contribución de índole fundamentalmente conceptual en ocasión de una "fenomenología del bolso" (http://www.lateclaene.com/#!horacio-gonzlez/ctn2). En verdad, en esta época en la cual, como dice Discépolo, los conceptos están hechos "un merengue, en el mismo lodo, todos manoseados", el aporte de González es, para variar, una bocanada de aire fresco y sobre todo clarificador.

Conocido por su rigurosidad conceptual, González sostiene que, a pesar de lo que se suele creer, "el concepto de corrupción no es del mismo rango que el concepto de plusvalía y otros tantos de la teoría política". Mientras que el primero es "un tipo de concepto-mácula", el segundo pertenece al género de los "conceptos-proposicionales". La distinción viene a cuento no solo porque González no soporta las imprecisiones conceptuales sino porque "la conversación política más productiva trata de basarse en conceptos proposicionales". Bienvenida sea esta distinción, como todas aquellas que nos ayudan a separar la paja del trigo.

Sin embargo, González agrega inmediatamente que los "conceptos-proposicionales" como la plusvalía, i.e. aquellos conceptos de los que sí vale la pena hablar, están "siempre" acompañados por nociones tales como "conspiración", la cual pertenece a su vez al género de "conceptos mácula" del cual habíamos deseado alejarnos porque no valía la pena tratarlos en primer lugar (no deja de ser irónico que González se pronuncie contra el pensamiento conspirativo, pero no vamos a abundar en este punto).

Lo que salta la vista, así y todo, es la cornucopia lingüística de la que hace gala González siempre en aras de la precisión conceptual. En efecto, González podría haber dicho simplemente que los "conceptos proposicionales" (v.g. "plusvalía") son "determinados" y no que "los conceptos proposicionales tienen otra idea de la presentación de lo real y del tipo de acuerdo lingüístico que se reclama para invocarlos, pues siempre se refieren a hechos que usualmente se conceptualizan con la facultad de definir de una manera asertiva, no invariable, una situación. Pero siempre aproximativa, según las inflexiones personales o de época, que no le hacen perder el componente mínimo de rigor".

Asimismo, González podría haber dicho de modo no menos lacónico que los "conceptos mácula" (v.g. "corrupción") son "indeterminados" y no que "el supuesto y oscuro 'encanto' de conceptos como corrupción, (concepto-mácula, como dijimos), es el hechizo de su ausencia total de rigor, contrapuesto a la sobreabundancia de sus significados indeterminados. Su carácter de mancha viscosa en el lenguaje lo exime de consecuencias en cualquier reflexión que se exija algunos pasos demostrativos y ciertas bases de prudencia, alguna lógica probatoria".

Sin embargo, González alcanza el cenit de la claridad conceptual al sostener que la corrupción es "un significante vacío –por emplear estos términos- que traccionan –por emplear también este término- un conjunto subordinado de entidades semánticas que componen una escena de control social". Nos tomamos el atrevimiento de parafrasear a González para emplear estos términos y aventurar la hipótesis según la cual la plusvalíapara emplear este términoes un significante llenopara emplear este términoque no tracciona, o en todo caso si tracciona, lo que arrastra es un conjunto autárquico de entidades semánticas que componen una escena de liberación social. Queda por dilucidar (a) si se trata de un concepto 4 x 4 o si solamente tiene tracción trasera y, de paso, (b) (dado que González habla de "engorde de la idea") si es cierto el refrán según el cual significante limpio nunca engorda.

En pocas palabras, se podría decir que González practica un keynesianismo lingüístico, empleando entre cuarenta y sesenta palabras (diáfanas todas ellas) promedio para desempeñar una tarea que podría haber sido realizada por una sola palabra. La razón parece ser que en el capitalismo las palabras, al igual que los seres humanos, si pierden el empleo corren el riesgo de perecer. El razonamiento es absolutamente correcto.

Como decía el General, hasta aquí somos todos peronistas. Quedan solamente dos grandes dudas. La primera es por qué González está tan seguro de que mientras que la corrupción es un concepto que por razones de espacio vamos a llamar indeterminado, la plusvalía es un concepto que (otra vez por razones de espacio) vamos a llamar determinado, al menos en comparación. En efecto, dado que tanto la corrupción cuanto la plusvalía son conceptos valorativos, ambos pueden estar afectados por polémicas acerca de su caracterización. En efecto, González no podría decir que la plusvalía es descriptiva, a diferencia de la corrupción, ya que la plusvalía invoca una crítica de la realidad social. Por lo demás, tampoco podemos estar seguros de que las descripciones por definición son más determinadas que nuestras indicaciones normativas.

La otra duda gira alrededor de por qué la corrupción, a diferencia de la plusvalía, pertenece a los "conceptos que se usan a partir de una teología política encubierta y tienen resultados aparentemente ligados a hechos específicos, pero envueltos siempre en una lógica inquisitorial moralizante. Involucran el problema moral en política". Después de todo, no pocos han advertido una teología política subyacente incluso al discurso marxista.

Nuestras dudas se acrecientan cuando González afirma que Maquiavelo "no apela a los actos corruptos como espacio indefinido de la acción política, pues no los contempla como categoría de análisis. Simplemente, habla de asesinatos y engaños como si se tratara de una 'arena política' donde simplemente se movieran fichas de cartón". Por alguna razón, González se expresa como si solo hubiera leído la obra compuesta por Maquiavelo en su calidad profesional de asesor o justificador de gobernantes, ya que omite el gran tratado político de Maquiavelo, sus Discursos sobre la primera década de Tito Livio, en donde da a conocer su defensa del republicanismo y por lo tanto le dedica una cantidad significativa de espacio a la corrupción como "categoría de análisis". En realidad, para Maquiavelo la virtud es la base de la república y la corrupción lo que explica el colapso de esta última (de paso, incurrimos en una descarada publicidad no convencional al remitirnos al cap. 2 de Razones públicas. Seis conceptos básicos sobre la república de Katz Editores: Harry Potter).

Quizás el punto de González sea que, para citar al inimitable Ricardo Forster, la plusvalía descansa sobre una "una impresionante maquinaria comunicacional, una fábrica de sueños, de imágenes y de ficciones trabaja sin descanso para determinar nuestros hábitos y nuestras 'necesidades' que, siendo una invención del mercado, acaban por convertirse en imprescindibles para nuestras vidas aunque antes nos arreglábamos muy bien sin esos objetos artificiales" (click). Semejante consideración vendría muy al caso si a algún presidente se le ocurriera inaugurar fábricas de lavarropas o embotelladoras de bebidas refrigerantes comercializadas a escala planetaria. Quedamos debidamente advertidos.

miércoles, 20 de abril de 2016

Un Llamado a la Solidaridad



Las autoridades de la Feria del Libro se han visto obligadas a ponerse en contacto con la redacción del blog debido a la irresponsabilidad supina de quien no tuvo mejor idea que difundir el rumor según el cual mañana en la apertura misma de dicha Feria iba a estar disponible un libro que está a punto de aparecer (Razones públicas. Seis conceptos básicos sobre la república de Katz Editores) y cuya autoría corresponde a uno de los redactores del blog (por si hubiera alguien interesado en saber de cuál se trata, según la precisa terminología del Senador Pichetto esta persona es el único que cae bajo la descripción de “medio argentino”).

En efecto, a raíz de este rumor hay una verdadera multitud que acampa hace días bajo la lluvia y el viento (de hecho, hasta entonan las estrofas del “Viejo Matías”) en los alrededores del predio de Palermo. El número de personas es tal que muchas y muchos no solo venden sus lugares en la fila, sino que sendos comerciantes hacen pingües ganancias a lo largo de las nutridas y serpentinas formaciones, por no decir nada del entorpecimiento del tránsito que produce ese océano humano. Sin embargo, la preocupación mayor de los que organizan la Feria es que temen seriamente la reacción de la multitud toda vez que mañana, cuando se abran las puertas de la muestra, se encuentren con que no haya ejemplares disponibles en la mencionada Feria.

Nos vemos entonces obligados nosotros mismos a desmentir el rumor para de ese modo poner nuestro granito de arena en aras no entorpecer el normal desarrollo de las actividades de la Feria y de controlar el daño en la medida de lo posible, contribuyendo de este modo a la conservación del orden y de la paz públicas.

Les dejamos a nuestros lectores un muy pobre sustituto del libro, i.e. información acerca del libro en la página de la editorial: el índice, un fragmento y la página del libro. Y por si alguien no aguantara le dejamos también un video sobre la teoría del conflicto y de la autoridad republicanas, que pueden servir como adelanto de los capítulos 3 y 4 del libro, respectivamente. Después no van a poder decir que no les avisamos. 

sábado, 16 de abril de 2016

Entre Giardinelli y Bruschtein nos quedamos con Mengolini



Dado que hemos estudiado tanto tiempo al kirchnerismo, es más que comprensible que continúe nuestra fascinación al respecto. Por si hiciera falta, aclaramos que nuestro interés por el kirchnerismo no se debe a que sus oponentes sean genuinos republicanos, sino a que lisa y llanamente nos sigue sorprendiendo día a día, lo cual no hace sino provocar un incremento de nuestra fascinación. 

Tomemos, por ejemplo, el pensamiento de Mempo Giardinelli, quien si bien no se reconoce como kirchnerista, suele tener opiniones no menos fascinantes al respecto. Giardinelli cree que “si acaso la familia Kirchner o los Sres. Báez, López, De Vido, Boudou o cualesquiera otros funcionarios hicieron indebidos negocios… lo que habría que hacer son investigaciones serias, probanzas claras si las hubiere, y entonces, velozmente, o condenas precisas o bien disculpas públicas” (Página 12). Como se puede apreciar, Giardinelli se esfuerza palmo a palmo con Hernán Brienza para convertirse en el Sergei Bubka de la tautología, ya que parafraseando aquella línea memorable del personaje de John Gielgud en “Arturo, el millonario” (la versión original, no ese esperpento recientemente perpetrado), si decir tautologías fuera un deporte olímpico, Giardinelli enorgullecería a su país. En realidad, hay varios deportes en los que podría destacarse en caso de que se convirtieran en olímpicos. 

Lo que le llamará la atención a nuestros lectores es la concesión hipotética o contrafáctica de Giardinelli. ¿Tiene sentido acaso explorar la absurda posibilidad de que la mismísima familia Kirchner estuviera involucrada en negocios indebidos? Quizás la mencionada concesión sea meramente per impossibile, i.e. una proposición solamente invocada en aras de la argumentación para mostrar otro absurdo probablemente inferior, tal como, v.g., Hugo Grocio concediera alguna vez la inexistencia de Dios para mostrar el absurdo de la inferencia según la cual la moral es arbitraria. 

Luis Bruschtein, por suerte, en su nota de hoy toma un camino mucho más reconfortante y tranquilizador al sostener que los kirchneristas “son personas decentes y trabajadoras como la mayoría de las personas de cualquier pensamiento político. No les gusta la corrupción y detestan a los ladrones. Simplemente no creen y rechazan las acusaciones contra la ex presidenta porque son conscientes en [sic] el contexto interesado en que son y fueron promovidas” (Página 12). Como se puede apreciar, Bruschtein descarta completamente la veracidad de las acusaciones en contra de al menos un miembro de la familia Kirchner debido al contexto en que dichas acusaciones han sido formuladas. 

Ahora bien, en nuestra condición de abogados del diablo (y no porque creamos que las acusaciones contra la familia Kirchner tengan siquiera un ápice de asidero) y siendo muy conscientes del riesgo de ser acusados de caer bajo la descripción de “a Uds. no hay [para ser elegantes] nada que les venga bien”, nos vemos obligados a volver a traer a colación un punto que ya nos había llamado la atención en una de las tantas Cartas Abiertas que tuvimos el placer de leer. En efecto, nuestros lectores recordarán, si es que tenemos lectores y si es que nos leían en aquel entonces, que Carta Abierta, con razón, insistía en que las razones por las cuales Clarín denuncia al kirchnerismo no son precisamente morales, si se nos permite el eufemismo. Nótese que si bien la sabiduría popular ya cuenta con un muy elocuente apotegma al respecto: “Clarín Miente”, este apotegma no hace referencia al contexto sino al contenido. El punto de Bruschtein, sin embargo, es que una acusación es falsa debido a su contexto.  

En aquel momento, de hecho, habíamos decidido estipular que Clarín es el Diablo, fundamentalmente para no perder tiempo. Sin embargo, nobleza obliga, el problema subsistía ya que, y ahora nos vamos a citar, “no podemos descalificar el contenido de la denuncia sólo por su fuente. Vamos a dar un ejemplo extremo. Hasta Hitler puede decir la verdad, aunque nadie deseara creerle, tal como lo muestra el caso de la matanza de Katyn. En efecto, Hitler tenía razón cuando protestaba a los cuatro vientos no haber matado a los 20.000 oficiales e intelectuales polacos encontrados muertos en los bosques de Katyn, porque la matanza fue realizada por los soviéticos. Nadie, por supuesto, tiene ganas de creerle a Hitler, pero las creencias no tienen nada que ver con las ganas (al menos por lo que se sabe hasta ahora de la psicología humana y del mundo)” (Carta Abierta: Lo justo). Si ahora simplemente añadiéramos a la consideración de la fuente de una denuncia su contexto (Hitler se moría de ganas de mostrar que, para variar, había una matanza que no era suya), da la impresión de que el argumento de Bruschtein empezaría a ceder terreno peligrosamente. 

En fin, nos parece que entre la posición de Mempo Giardinelli y la de Luis Bruschtein, nos quedamos con la de Julia Mengolini: “La corrupción no quita lo bueno del proyecto político” (¿Qué son los Gobiernos sino... ?). Nuestros héroes serán personas de, en las palabras de Giardinelli, “dudosísima moralidad”, pero son héroes y son nuestros.   

sábado, 9 de abril de 2016

La Historia nos asiste



Los Dioses nos sonríen. Mempo Giardinelli, a pesar de, o precisamente debido a, la debacle popular causada por el triunfo del macrismo, continúa publicando sus extraordinarias columnas en Página 12, las cuales siempre nos dejan pensando.

Como es de costumbre, MG arranca con una gran verdad, aunque quizás no tan grande como la nuestra, como le solía decir Mario Mactas a Rolando Hanglin en “El Gato y el Zorro”: “el Gobierno y los grandes medios le mienten a la sociedad” (click). En realidad, que los grandes medios le mientan a la sociedad no es exactamente una novedad. Eso es precisamente lo que hacen los grandes medios. Lo que es indudablemente una noticia es que el Gobierno mienta. Si hay algo que caracterizó al kirchnerismo a lo largo de la muy bien llamada década ganada es que jamás le mintió a la sociedad. Otra gran verdad es que López y Báez son perseguidos por los grandes medios, una verdad tan grande que nos exime de referirnos a ella. 

Sin embargo, no es la mentira lo que más le preocupa a MG, sino “cómo gran parte de los argentinos tragan inadvertidamente tantas galletitas envenenadas”. La explicación de este hecho es muy simple. En primer lugar, el Gobierno anterior quizás repartía galletitas pero sin veneno. En segundo lugar, ahora la gente se sirve estas galletitas envenenadas inadvertidamente, es decir, precisamente porque no se da cuenta. La gran pregunta entonces es por qué la gente no advierte el veneno que contienen las galletitas. La respuesta de MG: se debe a “esa ingenuidad ancestral de todos los pueblos”. 

No podríamos estar más de acuerdo con MG. La gente es ingenua amén de estar “manipulada mediáticamente”. La única duda que nos surge, y que solamente expresamos en aras de la argumentación y/o por mera curiosidad científica, es por qué la ingenuidad emerge (y la manipulación mediática influye), v.g., ahora, pero no en los últimos doce años. Quizás en una nota subsiguiente MG aclare este punto. 

También nos llama la atención a qué apunta MG cuando dice que “todos estos mismos que hoy gobiernan esta república” estuvieron “en contra” de “la educación pública”, “el divorcio”, “el matrimonio igualitario”, etc. ¿Será que MG está sugiriendo que la Iglesia Católica gobierna hoy la república?

Sin embargo, la tesis más provocadora que defiende MG en esta nota es que “el presente argentino implica… el retorno en muchos aspectos a los viejos, malignos tiempos de la dictadura”. Que el gobierno de Macri sea una dictadura no es exactamente una novedad. Lo fascinante de la posición de MG es que han vuelto los “tiempos de la dictadura” sin que esto implique que “la dictadura retorne", ya que Macri, por increíble que parezca, ha triunfado “gracias al voto mayoritario”.

Es natural que una tesis fascinante como la de MG nos deje perplejos: hemos vuelto a los tiempos de X, pero X no ha vuelto. ¿Qué quiere decir MG con esto? En primer lugar, habría que reconocer que lo que dice MG, como siempre, es absolutamente cierto. Cuando uno viaja a Miramar, por ejemplo, uno retorna a dicha ciudad, al menos si ya había ido antes, sin que la ciudad retorne, ya que las ciudades no viajan. Claro que, obviamente, la dictadura no es una ciudad. 

En segundo lugar, si lo único que queda de la dictadura es su época pero no la dictadura, en el fondo, a pesar de que nos parezca que Macri es un dictador, en realidad no lo es. Por el contrario, lo que está diciendo MG es que hemos vuelto a los 70 pero sin la dictadura, que fue precisamente lo peor que nos pasó en esa época. Es como si MG dijera que hemos vuelto a los 30 pero sin el nazismo. Es difícil no concluir que hicimos negocio. A su modo, y por extraño que parezca, entonces, en lugar de criticar al gobierno de Macri, MG en realidad lo está defendiendo.

Así y todo, es difícil no concluir que MG está criticando a Macri después de todo. En efecto, ¿qué sentido tendría, si no, decir que “los programas de ajuste siempre, en todos los tiempos y todas las sociedades, más temprano que tarde son rechazados por los pueblos”, y/o que “nos asiste la Historia, ese frondoso muestrario de que los conservadores, los retrógrados, los neoliberales y los reaccionarios detona laya, a la larga, siempre, siempre, son los que pierden”? 

Lo que resulta increíble, sin embargo, es el esfuerzo que ponen los dictadores como Macri (asumiendo que se trata de un dictador, algo que MG mismo pone en duda) en tratar de dominar a los pueblos. No se dan cuenta de que sus esfuerzos están destinados al fracaso. Allá ellos. Para nosotros, es un gran alivio saber que a la larga el pueblo siempre gana. En realidad, a veces nos preguntamos para qué nos hacemos tanta mala sangre. Sea como fuere, tenemos la enorme suerte de que MG continúa escribiendo sus redundantes, aunque siempre provocadoras, columnas.

viernes, 18 de marzo de 2016

Entre Carta Abierta y Julia Mengolini: la Teoría de la Corrupción de Horacio Verbitsky



El discurso sobre la corrupción en nuestro país ha experimentado en los últimos tiempos una curiosa oscilación, particularmente en el caso del kirchnerismo. En efecto, tal como solía argumentar Carta Abierta, la posición originaria kirchnerista era que la corrupción o bien no existe porque, obviamente, “Clarín Miente” (Justo lo que faltaba), o bien era “compleja”, “abstracta”, “estructural”, y tres adjetivos más. Julia Mengolini, sin embargo, acaba de pensar “fuera de la caja” como se dice en inglés para sostener lisa y llanamente que si bien la corrupción kirchnerista indudablemente existe “no quita lo bueno del proyecto político” (gobiernos corruptos pero buenos).

Ahora bien, en un reciente reportaje a la revista Playboy Horacio Verbitsky propone una tesis intermedia, entre Carta Abierta y Julia Mengolini por así decir, según la cual no cualquier caso de corrupción merece nuestra atención, o al menos la de Verbitsky. Como se trata de dos párrafos enjundiosos, convendría transcribirlos para luego extraer de ellos la teoría de la corrupción de Verbitsky (Playboy):

- PLAYBOY: La corrupción es uno de los grandes temas en tu trayectoria periodística. En Robo para la corona está muy bien descripta la sobornización como forma de hacer política. ¿Cómo concebís vos la corrupción en el proceso kirchnerista?
- Verbitsky: Mirá, yo creo que los niveles de corrupción de los gobiernos kirchneristas no han superado el promedio de lo que han sido los gobiernos argentinos que yo recuerde. En el caso del menemismo, que es cuando yo dediqué tiempo y esfuerzo para investigar esas cuestiones, a mí me interesaba ver cómo la corrupción era el precio que se pagaba a un movimiento popular de raigambre histórica por el abandono de las banderas tradicionales. (...). En el caso del kirchnerismo… bueno, el caso de Ezkenazi sin duda es un caso de corrupción, no hay ninguna duda de eso. Ahora, digamos, fue puesto al servicio de una idea, errónea, pero donde también había una idea de política de Estado, también en ese caso la motivación (…). Habrá que esperar que pase el tiempo, a ver los hechos de corrupción, cuáles han tenido o no, alguna explicación vinculada con políticas estatales. Cuáles han sido meramente choreos y cuáles han sido resoluciones berretas, torpes, de temas serios. Como el caso Ciccone. Kirchner, con Repsol, lo que hace es meter al presunto empresariado nacional adentro. Cristina, directamente, expropia. Son dos soluciones distintas, en dos momentos distintos. Lo mismo con Aerolíneas. No sé cuántos casos reales de corrupción ha habido en el gobierno de Cristina. Ha habido un tam tam obsesivo y reiterativo, que impide un análisis en serio. Todo es motivo de denuncia, de sospecha, nunca de prueba. Habrá que esperar.


La curiosidad de los periodistas de Playboy acerca de la posición de Verbitsky sobre la corrupción es más que razonable, ya que se trata de un tema que solía interesarle particularmente pero que dejó de atraer su atención, aproximadamente en los últimos doce años. La pregunta clave entonces es: ¿por qué alguien que le había dedicado “tiempo y esfuerzo” a investigar y denunciar la corrupción gubernamental, sobre todo durante el menemismo, dejó de hacerlo bajo el kirchnerismo?
La respuesta de Verbitsky es que para que él dedique “tiempo y esfuerzo” a la corrupción esta última debe satisfacer ciertos requisitos:

1. superar el promedio de corrupción de los gobiernos argentinos que él recuerde (da la impresión de que según Verbitsky para poder ser encontrado penalmente responsable el acusado tiene que inventar un delito nuevo; haber cometido el mismo delito que otros no es suficiente)
2. ser el precio que se paga por abandonar banderas tradicionales
3. [que en el fondo no es sino la otra cara de 2.] no estar al servicio de una idea (nótese que Verbitsky no es muy exigente al respecto, la idea a cuyo servicio hay que estar bien puede ser “errónea”)
4. estar “vinculada con políticas estatales”
5. no deben ser meramente choreos, torpes o berretas
6. no debe involucrar a la burguesía nacional o expropiaciones
7. no debe haber un tam tam obsesivo y reiterativo al respecto

Como se puede apreciar, el gran aporte que hace Verbitsky es el de proveernos de los elementos básicos para una teoría general de la corrupción que nos permite con bastante precisión anticipar qué actitud tomar respecto a la corrupción, o al menos la actitud que tomará Verbitsky.

En líneas generales, se trata de muy buenas noticias para el gobierno de Macri, el cual puede confiar que Verbitsky no tendrá tiempo ni esfuerzo para denunciar corrupción alguna en la medida en que dicha corrupción:

(1) no alcance una marca tal que supere el promedio histórico de corrupción que Verbitsky recuerde de los gobiernos argentinos (recordemos que en caso de que la suma dé con decimales se debe redondear a favor del cliente),
(2) no abandone banderas tradicionales (como se puede apreciar, la ventaja comparativa que tiene el macrismo sobre el menemismo—y quizás sobre el kirchnerismo—al respecto es gigantesca, ya que en líneas generales no hay una bandera tradicional abandonada por el macrismo, ya que el macrismo jamás tuvo una bandera tradicional),
(3) esté al servicio de una idea (errónea obviamente en caso del macrismo, pero hemos visto que Verbitsky solamente pide ideas, no que sean correctas, con lo cual toda corrupción idealista es bienvenida, o al menos no provoca mayor reproche),
(4) no esté vinculada con políticas estatales (la verdad es que no estamos en condiciones de especificar en qué consiste exactamente este requisito; quizás, y solo quizás, el punto es que, v.g., tener una cadena de hoteles con fondos públicos no esté vinculado con políticas estatales, sino antes bien se trate de un intento de lavar fondos).
(5) ser meramente choreos, torpes o berretas (quedarse con el 80 % de la obra pública de una provincia parece caer bajo esta descripción)
(6) involucrar a la burguesía nacional y expropiaciones (Ciccone, Repsol)
(7) tener un tam tam obsesivo y reiterativo al respecto.

Es una pena que no nos hayamos enterado antes de esta teoría general de la corrupción. Nos habríamos ahorrado muchas discusiones.