martes, 24 de diciembre de 2013

Big Bang Brienza

La Ley de Brienza es tan enjundiosa que con la sola entrada que le dedicamos hace poco ni siquiera empezamos a hacerle justicia (La Ley de Brienza).

Por ejemplo, nos olvidamos de señalar que mientras que en el pasado Diana Conti había ensayado una justificación para delitos comunes como el de corrupción cometidos por la causa (derecho penal para todxs) y Carta Abierta trataba de atenuar los efectos que tales delitos comunes podían tener sobre la imagen del Gobierno (Carta Abierta), Brienza va todavía mucho más lejos y propone su ley para esta vez acometer la ciclópea meta de mostrar cómo ni siquiera los delitos de lesa humanidad pueden hacer mella en el Gobierno.

Además, fieles al proverbio "dime cuál crees que es el descubrimiento más importante de la civilización occidental y te diré quién eres", creemos que mientras que para pensadores como Carl Schmitt el descubrimiento es el Estado y para Carlos Nino los derechos humanos, para Brienza, a juzgar por su subordinación de los DD.HH. al cristinismo, se trata de este último.

También habíamos pasado por alto la honestidad intelectual de Brienza de referirse a las "dudas que, por primera vez, generaba un acto de gobierno en aquellos que simpatizaban, militaban, apoyaban la administración kirchnerista". El hecho de que el caso Milani fuera el primero en generar tales dudas nos dice muchísimo no sólo sobre estos simpatizantes kirchneristas sino además sobre la entidad del caso.

Pero el hallazgo más extraordinario de la Ley de Brienza que pasamos por alto reside en las preguntas siguientes que Brienza se hace en la nota: "¿Mario Firmenich, Fernando Abal Medina y Norma Arrostito hubieran secuestrado a Pedro Eugenio Aramburu, por ejemplo, el día 16 de abril de 1996? ¿Von Wernich habría dejado de ser el Queque si se hubiera quedado en Concordia?". Brienza mismo tiene parte de responsabilidad en que hayamos omitido este hallazgo ya que debido quizás a su modestia él sostiene en la nota que "así formuladas las preguntas son... estúpidas". Sin duda, la modestia de un pensador insigne no es excusa para una pobre lectura de su obra, pero nuestros lectores estarán de acuerdo en que lectores como nosotros bien pudimos habernos confundido por la exagerada autocrítica de Brienza.

El punto es que escondida tras estas preguntas Brienza anuncia al mundo la defensa no sólo de la culpabilidad circunstancial, tal como habíamos visto, sino además la tesis pionera de lo que podríamos llamar culpabilidad contrafáctica. Con lo cual, para que un sujeto X fuera culpable de un acto Y según Brienza no es suficiente que X haga Y en un tiempo T (y por T entendemos el tiempo histórico por así decir de la acción) sino que además X tendría que haber hecho Y en T + 1 (es decir en un tiempo T posterior), tal como lo sugiere el ejemplo de Aramburu, y si nos apuran nos animamos a sugerir que la tesis sería aún más fascinante si agregara que la acción debería haber sido realizada en el pasado, i.e. X tendría que haber realizado la acción en T - 1.

En otras palabras, y para ilustrar la teoría de la culpabilidad de Brienza, para poder creer que Milani es culpable de haber cometido delitos de lesa humanidad, digamos en 1976, tendría que haber sido capaz de cometerlos contrafácticamente después de 1976, digamos en 1996 (o ahora para el caso), pero antes también, digamos en 1975, por no decir en todos los mundos posibles, tanto en términos temporales y nos animamos a agregar espaciales. Para dar otro ejemplo, para poder reprocharle a Hitler el Holocausto, no sólo tendría que haberlo cometido entre 1941 y 1945, como lo hizo, sino además, digamos, entre 1932 y 1939, y entre 1955 y 1960 (nos preguntamos si la conveniente muerte de Hitler en 1945 lo exonera entonces de la culpabilidad que Brienza llama "absoluta" y sólo permite que le imputemos entonces una culpabilidad circunstancial). Sea como fuere, notará el lector la influencia quizás de la física cuántica o de la teoría de cuerdas, probablemente el guiño implícito a la repercusión del personaje de Sheldon Cooper en "Big Bang Theory" (quienes tengan tiempo querrán ver al menos el primer minuto del clip siguiente).




Sin duda, la tesis brienzana de la culpabilidad, si bien es fascinante, parece ser algo laxa. Y no faltarán quienes como resultado de la Ley de Brienza propongan una tesis contrafáctica pero de la inocencia antes que de la culpabilidad, de tal forma que sólo podríamos estar seguros de que alguien es inocente no sólo si no cometió el acto en el tiempo real, sino que sólo lo estaremos si además jamás podría haber cometido el acto en el pasado (i.e. antes de su comisión efectiva) y en el futuro. Sin embargo, quienes se dedican al mundo de la teoría en todas sus manifestaciones estarán de acuerdo en que no podemos juzgar a una teoría por sus consecuencias, sino sólo por sus méritos. Ahora es el turno de nuestros lectores para que saquen sus propias conclusiones.


lunes, 23 de diciembre de 2013

La Ley de Brienza

Hernán Brienza hace muy poco hizo un invalorable aporte para lograr un amplio consenso entre oficialistas y opositores al sostener que no nos merecíamos a Cristina (lo que vos te merecés). No contento con su contribución al avance de la filosofía política nacional, Brienza ayer decidió agregar al sayo de periodista militante el de filósofo moral y del derecho que podría cambiar el destino de la reflexión filosófica al menos de Occidente.

En efecto, en su nota de hoy en defensa del ascenso de Milani, Brienza desafía una dicotomía que hasta hoy imperaba sin oposición alguna en el territorio de la moral y del derecho, i.e. la dicotomía entre culpabilidad e inocencia, al introducir la noción de culpabilidad “acorde a las circunstancias”. Quizás quede más claro el lugar que ocupa la nueva noción de culpabilidad si la aplicamos al caso de Milani, tal como lo hizo Brienza, probablemente para ayudarnos a comprender mejor su desafiante e innovadora teoría.

En primer lugar, tenemos la inocencia colombina o absoluta. Brienza sostiene que si Milani fuera inocente, no habría controversia alguna. Pero la controversia misma sobre Milani, reconoce Brienza en otro de los gestos magnánimos que lo caracterizan, explica por qué “Nadie cree en su sano juicio que Milani es absolutamente inocente”. En otras palabras, Brienza, ferviente defensor del modelo kirchnerista, podría haber sostenido que Milani es inocente, pero no lo hizo.

Sería natural entonces suponer que, dada la vieja dicotomía inocencia-culpabilidad, como Milani no es inocente entonces no queda otra alternativa que sostener que Milani es culpable. Sin embargo, Brienza sostiene que “nadie puede afirmar que Milani es absolutamente culpable” [el subrayado es nuestro]. De ahí que para Brienza, Milani habite un limbo intermedio entre la culpabilidad absoluta y la inocencia absoluta, y este limbo designa lo que Brienza llama la culpabilidad “acorde a las circunstancias”. Esta culpabilidad circunstancial, huelga decirlo, es menor a la culpabilidad tradicional o absoluta, y permite que, v.g., el culpable sea ascendido a Teniente General.

Vale destacar que si bien la tesis de la culpabilidad “acorde a las circunstancias” es creación de Brienza, la magnanimidad de Brienza es tal que reconoce la inspiración que le brindó la siguiente cita de Balzac: “los principios no existen; lo único que existen son los hechos. No hay ni bien ni mal, ya que éstos son sólo circunstancias”. Envalentonado por su nueva categoría de culpabilidad, Brienza sostiene triunfante: “El problema, entonces, no está en qué haya hecho realmente Milani o Bergolglio o tantos otros durante la dictadura militar. La cuestión se encuentra en qué tan alto se ponga el listón del juicio, la exigencia moral, sobre las acciones, las conductas, y las decisiones de quienes vivieron aquellos años. Y utilizar una vara correcta para no andar cambiándola según las conveniencias políticas”.

Es sobre la base de estas consideraciones que nos tomamos el atrevimiento de formular “la ley de Brienza”, en homenaje a su creador: la culpabilidad circunstancial es inversamente proporcional al listón del juicio o exigencia moral.

Ahora bien, Brienza mismo, magnánimo que es, comprenderá que como ha sucedido en casi todos los casos de las grandes innovaciones en el campo de las ciencias sociales y humanas, la primera reacción es la del escepticismo y miedo al cambio (por no hablar del resentimiento por no haber sido nosotros los descubridores o innovadores), y de ahí que nos asalten las dudas siguientes:

1. ¿La culpabilidad circunstancial no podría ser llamada en realidad también inocencia circunstancial? ¿Se trata del famoso caso de las dos caras de la misma moneda?
2. ¿Acaso no toda culpabilidad es circunstancial, de tal forma que siempre evaluamos si las circunstancias justifican o no la acción realizada, y si lo hacen entonces el agente queda exonerado de responsabilidad, y si no, no? ¿No es entonces su tesis redundante, o peligrosamente apta para justificar lo injustificable, como la obediencia debida?
3. La culpabilidad circunstancial ¿elimina la vieja culpabilidad serpentina o absoluta o permite que esta última subsista, por ejemplo, para el caso de que los culpables no sean kirchneristas? Seguramente comprenderá Brienza que aunque los especialistas estén dispuestos a aceptar la ley de Brienza, no muchos compartirán entonces uno de sus corolarios: la culpabilidad circunstancial es directamente proporcional al compromiso del culpable con la causa kirchnerista (y a la infalibilidad de Cristina, por si hiciera falta aclararlo).
4. Si Brienza cree que no existen los principios, ¿cómo explica él que los principios parezcan ser aplicables para los culpables circunstanciales que desean estudiar en la UBA pero no para ser Jefe del Ejército?
5. ¿Cree Brienza que la frase “el pensamiento estratégico siempre sirve más para entender los hechos que la lógica binaria de malos contra buenos” se aplica entonces también a Videla, y que este último fue culpable sólo acorde a las circunstancias?
6. ¿Cree Brienza que la diferencia la hace la cantidad? ¿Un par de violaciones de DD.HH. no son comparables a un genocidio?
7. ¿O será acaso la edad del que comete la acción la clave, en cuyo caso, v.g., la juventud de Astiz también sería relevante?
8. ¿O la clave está en el lugar que ocupaba el sospechado al momento de cometer la acción? ¿Cómo explicar entonces que Milani hoy en día sostenga que no sabía en ese entonces que las desapariciones tenían lugar en la Argentina en absoluto? ¿Puede ser que este Wunderkind de la Inteligencia militar no se hubiera dado cuenta a esa temprana edad de lo que estaba pasando? ¿Tiene sentido hacer entonces una excepción por él? (el General tiene quien lo ascienda)

Quizás nos estamos tomando a Brienza demasiado en serio, ya que lo que hizo tal vez no fue sino parafrasear uno de los monólogos de Louis C. K. en el que el humorista distingue entre creencias "por supuesto" y creencias "tal vez", de tal forma que "por supuesto", está mal violar derechos humanos, pero "tal vez" si el sospechado es kirchnerista, entonces no está tan mal como parece. Si éste fuera el caso, entre irónicos no nos vamos a dar cornadas. Acá va el video:







domingo, 22 de diciembre de 2013

El General tiene quien lo ascienda

Horacio Verbitsky publicó en Pagina 12 de hoy una nota muy interesante sobre la designación del General Milani como nuevo Jefe del Ejército. Verbitsky, con razón, sostiene que basar el ascenso de Milani en la presunción de inocencia no tiene mayor sentido. Ante la pregunta de por qué fue ascendido, la respuesta oficialista es algo así como: "no cometió ningún delito de lesa humanidad", o peor aún en realidad: "todavía no ha sido probado que lo haya cometido". Es como si a alguien le preguntáramos por qué, v.g., eligió cierto peluquero y la respuesta fuera "no cometió ningún delito de lesa humanidad", o peor aún en realidad: "todavía no ha sido probado que lo haya cometido". Se supone que ser Jefe del Ejército requiere cierta idoneidad profesional, intelectual y moral (tal como sucede, v.g., con un peluquero, y quizás incluso mayor), y que a toda la administración pública se le exige por ley que no tenga antecedentes penales. La discusión parece ser redundante.

Verbitsky también tiene razón al invocar mediante una referencia a Emilio Mignone que para ocupar el cargo uno deposita además cierta "confianza... política, no en el sentido partidario pero sí en el sentido institucional, por cuanto es en aquellos hombres en quienes se depositan las armas de la República y, con ello, la suerte de la vida y la libertad de los argentinos", por lo cual las declaraciones de Milani no nos habían despertado confianza alguna, tal como lo habíamos indicado (click). Por lo demás, Milani no tiene un talento natural para la inteligencia militar, a pesar de que pertenece a la misma, ya que alega no haber sabido de desapariciones durante su carrera bajo la dictadura militar.

No es menos apropiado el comienzo de la nota: "El ascenso del ahora teniente general César Milani es un grave error político", aunque las razones por las que Verbitsky cree que se trata de un error político no son muy convincentes. En efecto, según Verbitsky, "afirmar que ello invalida la política de derechos humanos de la última década revela un sesgo deliberado", y esto se debe a su vez a que "esa pretensión [de invalidar] no proviene de quienes han luchado por la memoria, la verdad y la justicia, sino de aquellos que siempre se opusieron o al menos fueron indiferentes a todo avance en esa dirección", como si la designación de Milani sólo fuera un error político. Tal como hemos repetido millones de veces, las violaciones de derechos humanos son lo suficientemente graves como para que la discusión sobre la autoridad moral de quién los invoca sea irrelevante. ¿Acaso toleraríamos semejantes crímenes sólo porque quienes denuncian su comisión no creen en los derechos humanos?

Finalmente, al Gobierno le queda un argumento para defender el ascenso de Milani. Según este argumento, en lugar de darle tanta importancia a la dimensión moral o las violaciones de derechos humanos, deberíamos tomar a Milani desde un punto de vista orgánico, total. Quizás Milani tenga varias virtudes que no han sido puestas sobre el tapete. Tal vez sea un gran conversador o un eximio jugador de tute. Es más, jamás alguien alegó que Milani haya cortado un rama, qué decir haber talado un árbol (un tema que alguna vez fue muy sensitivo para el Gobierno) o de haber espiado a alguien por teléfono.

Es natural que este argumento nos remita otra vez a aquella gran película de Mel Brooks, "Los Productores" (la original de 1968 con Zero Mostel y Gene Wildner, no la reciente "remake"), en la que los productores contratan a Franz Liebkind, el autor de "Primavera para Hitler", y el autor insiste en que la mala fama de Hitler sólo se debía a la propaganda aliada (a partir de 1:43'):




- No mucha gente sabía que el Führer era un gran bailarín.
- ¿En serio? Nunca siquiera soñé que...
- Eso es porque Ud. fue engañado por la propaganda aliada. Decían mentiras, mentiras! Pero nadie nunca dijo algo malo sobre Churchill. Churchill, con sus cigarros, su brandy, su pintura podrida. Hitler, él sí que era un pintor: podía pintar un departamento entero en una tarde, dos manos.
- Exactamente por eso...
- Déjenme que les diga esto: Hitler era más apuesto que Churchill, contaba chistes más graciosos...
- Exactamente por eso... queremos producir esta obra, para mostrarle al mundo el verdadero Hitler. El Hitler que Ud. amó, que Ud. conoció, el Hitler con una canción en su corazón. Aquí, firme aquí. Haga realidad su sueño.
- Aquí está "Primavera para Hitler", sellada, firmada y entregada. ¿Qué te pasa?
- No me importa el acuerdo, no voy a usar este brazalete.


jueves, 19 de diciembre de 2013

Al César lo que es del César: Repetición de una Entrada del Blog (24/07/13)



El ascenso del General César Milani a la jefatura del Ejército—aunque curiosamente sólo su ascenso y no la condición misma de militar en actividad—representa todo un desafío, tanto para kirchneristas como para kirchnerólogos, debido a las denuncias que lo vinculan a la última dictadura militar, las cuales han llevado a que un kirchnerista con credencial al día como Horacio Verbitsky haya aconsejado que Milani diera un paso al costado.

Nuestros lectores no sólo recordarán la entrada anterior (acá se viene a militar) sino que seguramente habrán advertido la similitud que existe entre la aporía kirchnerista actual con la teodicea o la superación del desafío que representa la existencia del mal en el mundo con la existencia misma de Dios. Si Dios es todopoderoso y bueno, entonces ¿cómo explicar la existencia del mal en el mundo? Dios puede ser solamente bueno, lo cual explicaría la existencia del mal al precio de la omnipotencia divina. Dios puede ser omnipotente y probablemente decidir no ser bueno, lo cual también explicaría la existencia del mal pero a expensas de la bondad divina. Negar la existencia del mal en el mundo a esta altura no es una opción para nadie.

En lo que atañe directamente a la Presidenta, la situación es básicamente la misma. Parece ser imposible reconciliar las tres proposiciones siguientes:

(A) Cristina es todopoderosa.
(B) Cristina es buena.
(C) Milani existe.

Cristina, sin duda, es omnipotente. Sin embargo, no parece ser fácil reconciliar su bondad con su defensa del ascenso de Milani a la jefatura del Ejército.

Es innegable que la existencia diabólica de Clarín podría explicar no sólo la existencia del mal y la de Milani, sino que además podría explicar fácilmente cómo llegó la carpeta de Milani a la Presidencia de la Nación, lo cual hizo quizás que Cristina equivocadamente lo propusiera. Pero en tal caso, si bien Cristina podría ser considerada buena, no podría obviamente conservar su omnipotencia. Si insistiéramos con su omnipotencia, no quedaría otra alternativa que suponer que Cristina sabe que Milani tiene vínculos con la dictadura militar y sin embargo lo defiende, lo cual nos lleva a fojas cero.

Una primera salida institucional para el Gobierno podría consistir en tomar el camino católico de la infalibilidad del líder espiritual, que tan buenos resultados le ha dado a la Iglesia Católica. Una segunda salida, por si quedaran dudas respecto de la primera, podría ser sostener que la defensa de Milani responde a razones estratégicas, las mismas que explican la alianza kirchnerista con el conglomerado mediático diabólico aproximadamente entre el año 1 y el 4 d.K. Dentro de unos años, Milani podría ser desplazado a las filas diabólicas, tal como le ha sucedido a antiguos socios kirchneristas, entre ellos dicho conglomerado mediático diabólico. La discusión en tal caso giraría alrededor de si entonces la Presidenta seguiría siendo tan buena como solíamos creer. Quienes creen que la alianza indicada con quienes tienen las manos manchadas de sangre fue apropiada o no hace mella a la bondad presidencial, seguramente no tendrán problema alguno en creer otro tanto respecto a la alianza con Milani, la cual es insignificante en comparación.

Finalmente, siempre le queda al kirchnerismo—y por lo tanto a la kirchnerología—lo que el Cristo de Milton respondió frente al desafío de su archirival, Satán: “quien recibe la luz desde arriba, de la fuente de la luz, no necesita de otro doctrina, aunque fuera verdadera” (Paraíso recobrado, IV.288-90). En una época de renovación espiritual como la que estamos viviendo, esta última alternativa bien puede terminar siendo la favorita de los creyentes.

domingo, 15 de diciembre de 2013

Lo que Vos te merecés

En su habitual columna de Tiempo Argentino hoy Hernán Brienza convoca a que nos hagamos ciertas “preguntas políticas existenciales”, “tras diez años de kirchnerismo: ¿Y si nada de lo hecho tuvo sentido? ¿Y si nada de lo hecho, si ningún esfuerzo, ninguna batalla, ninguna obra tuviera sentido haber sido realizada? ¿Y si, finalmente, este pueblo no se merece absolutamente nada más que ser vapuleado por el liberalismo conservador y los sectores dominantes?”. Nos da la impresión de que el credo que subyace a esta nota de Brienza es una paráfrasis de Forster (no Ricardo, sino E. M.): “si tuviera que elegir entre la democracia y el kirchnerismo, espero tener el coraje de elegir la democracia”.

En efecto, el tono derrotista de la nota nos recuerda aquel trágico desengaño político sufrido por Winston Churchill, a quien luego de haber llevado a Gran Bretaña a la victoria frente a la amenaza nazi, el muy ingrato pueblo británico le dio la espalda en las elecciones generales luego de la guerra, dándole a la vez la victoria al laborismo. Si Churchill fue abandonado por el pueblo británico, ¿cómo no iba a serlo Cristina por el argentino? A veces uno cree que el pueblo argentino, gaucho que es, jamás haría algo semejante, pero, como dice Brienza “la política es una tarea ingrata”. A todo esto, nos da la impresión de que Brienza dramatiza el resultado de las últimas elecciones, ya que parece olvidar que el kirchnerismo sigue siendo la fuerza política más importante del país. Que Brienza no se deje llevar por el antikirchnerismo, al menos por ahora.

Comprendemos el malestar de Brienza cuando declara que “Diez años, una ‘década ganada’ [el entrecomillado es original], para que millones y millones de argentinos bailen al compás de la conga hecha por un mentiroso desmesurado que envenena el alma de los argentinos los domingos a la noche”. En efecto, a pesar de que el Gobierno intentó apelar a la política pública imperial de opacar la mentira desmesurada con nuestra religión secular que es el fútbol, sin embargo ganó la mentira. Es una suerte que tengamos un estándar para distinguir cuándo los números le dan la razón a la verdad, como por ejemplo cuándo los millones votan al kirchnerismo, cuándo “de buenas a primeras millones de argentinos votan a un muchacho insustancial de risa prefabricada” (Brienza tuvo la entereza de no recordarnos que se trata del mismo “muchacho insustancial de risa prefabricada” que había manejado la ANSES y sido Jefe de Gabinete bajo el kirchnerismo, pero que después no tuvo mejor idea que presentarse a elecciones: click), y cuándo los millones siguen a la mentira del antikirchnerismo, como cuando por ejemplo ven a Lanata.

Quizás llame la atención que un defensor del discurso nacional y popular haga referencia a los “lúmpenes”, y de ese modo no sólo adquiera un tinte republicano aunque aristocrático y comparta la tesis teológico-reaccionaria sobre la naturaleza y existencia de la maldad humana (click). Aunque quizás no cabe designar de otro modo a quienes cometen delitos bajo un gobierno como el kirchnerista (click). Brienza, magnánimamente, sostiene que el problema no son sólo los lúmpenes o “saqueadores” y “los policías-delincuentes que robaron artículos del hogar” sino también “los gringos hijos de gringos que salieron a cazar motociclistas negros en Nueva Córdoba”. En otras palabras, el kirchnerismo tiene un gran Gobierno, pero su pueblo todavía no está a la altura, porque ante el primer descuido de dicho Gobierno se matan entre ellos: “Bastan unos minutos de negrura para que el argentino se convierta en lobo del argentino”. La referencia a la queja de Coriolano en la obra homónima de Shakespeare es obvia: "¿Qué es lo que pasa? / Que en varios lugares de la ciudad / Uds. gritan contra el Senado, quienes, / Bajo los dioses, los mantienen a uds. a raya, los cuales de otro modo / Se comerían los unos a los otros?"(I.i.181-5).

Entramos en un terreno más farragoso al leer que Brienza concede, per impossibile (al igual que Grocio, y otros antes que él, habían concedido la inexistencia de Dios para mostrar el absurdo de la inferencia según la cual la moral es arbitraria), que el matrimonio Kirchner pudo haber hecho millones de manera ilegal (la suposición no tendría sentido si hubiesen sido obtenidos de manera legal), para luego preguntarse: “¿qué sentido tuvieron esos millones? ¿No habría sido mejor para Néstor Kirchner haber dejado todo y mandarse a mudar al sur a disfrutar de esos millones?”. No queda claro si Brienza trata de sostener (a) no es que los Kirchner sean corruptos sino que son irracionales, o (b) los Kirchner son corruptos pero en aras de un fin noble. Mientras que (a) es contraproducente porque no queremos que nos gobiernen seres irracionales, (b) sugiere cierto maquiavelismo vulgar al que apelan sólo los desesperados cuando su posición es insostenible.

Finalmente, Brienza se hace una pregunta desgarradora: “¿se merecen los argentinos… un Néstor Kirchner?” (o, para el caso una Cristina Fernández, nos animamos a agregar). Como todo gran pensador, Brienza mediante una pregunta aparentemente simple o retórica en realidad plantea una deliciosa ambigüedad inherente a la noción de “merecimiento” y de paso da el puntapié inicial para que los argentinos podamos ponernos de acuerdo, ya que tanto kirchneristas como anti-kirchneristas responderían al unísono que no nos merecemos al kirchnerismo, y/o que el kirchnerismo no es fácil de reconciliar con la democracia. Por suerte, y por ahora, el kirchnerismo y la democracia siguen por el mismo camino.





sábado, 14 de diciembre de 2013

Oh Rousseau, qué de Crímenes se cometen en tu Nombre!




Los saqueos de la semana pasada han traído a la luz otra contradicción rousseauniana del kirchnerismo (en otras palabras, no es la primera vez que pasa: Rousseau y el kirchnerismo). En efecto, por un lado, sobre todo en sus comienzos, el discurso kirchnerista adoptó una posición progresista sobre el delito según la cual el delito es esencialmente provocado por condiciones socioeconómicas defectuosas o antes bien radicalmente injustas. No hay criminalidad en el fondo que resista una redistribución equitativa del ingreso. Al final del camino, lo que subyace a esta concepción progresista del delito es que el ser humano es naturalmente bueno y la sociedad es la que lo lleva a delinquir. El tinte rousseauniano de esta posición es incandescente, al menos en relación al Rousseau del Segundo Discurso tal como se suele designar en la jerga, o Discurso sobre el Origen y el Fundamento de la Desigualdad entre los Hombres.

Sin embargo, a medida que la criminalidad se mostró mucho más inelástica de lo que debería a la luz de la inusitada redistribución equitativa del ingreso de la que el kirchnerismo suele jactarse, el kirchnerismo no tuvo otra alternativa que mudar ideológicamente en lo que atañe a su discurso penal, a menos si es que deseaba continuar jactándose de su redistribución del ingreso. Desde la Presidencia de la República para abajo, se convirtió en un lugar común atribuirle el crecimiento de la criminalidad al pobre desempeño de los jueces penales en su función punitiva.

Es obvio que el desplazamiento del énfasis desde el eje redistributivo o socioeconómico y el papel del Gobierno hacia la actividad de los jueces penales supone adoptar una perspectiva antropológica pesimista, por no decir lisa y llanamente reaccionaria, tal como comentábamos hace muy poco (Contra Rousseau, entre De Maistre y Nietzsche). Esta posición reaccionaria tiene entre sus más ilustres defensores a Joseph De Maistre, aquel célebre monarquista católico (por lo demás enemigo declarado de la democracia precisamente debido a su desconfianza en la naturaleza humana), aunque en nuestro país el más conocido representante de esta teoría antropológica hoy en día tal vez sea Eduardo Feinmann, probablemente autor de la teoría del “uno menos”.

Como era de esperar, los últimos saqueos parecen darle la razón al Gobierno. Quienes cometieron los delitos en cuestión son seres irremediablemente caídos y por lo tanto los que murieron como consecuencia de dichos saqueos bien merecido lo tienen, a juzgar por la posición oficialista. Quizás hablar de merecimiento suene muy fuerte, y convenga decir que según el oficialismo, quienes cometieron los saqueos perdieron el derecho a la vida que de otro modo le corresponde a todo ser humano (lo cual explica las dudas de Estela de Carlotto acerca de quiénes murieron y por qué: eso está por verse).

Es más, no sólo se trató de seres malvados sin más sino de malvados con aspiraciones políticas, ya que el objetivo final de los saqueos fue el de desestabilizar al Gobierno, como no podría ser de otro modo. Así como quienes protestaban en las calles en contra del Gobierno no eran sino destituyentes, qué cabía esperar de quienes hoy lisa y llanamente salen a la calle a cometer delitos. Quienes protestan en contra de este Gobierno y quienes cometen delitos bajo este Gobierno son destituyentes.

Aquí es que aventuramos otro punto de encuentro entre el Gobierno y Rousseau, no menos contradictorio que el señalado más arriba. En efecto, por un lado Rousseau creía que el ser humano era naturalmente bueno, pero por el otro creía que quien cometía un delito, al menos en una república rousseauniana, no sólo era un delincuente sino además un enemigo que se alzaba contra el contrato social: “todo malhechor que al atacar el derecho social se convierte por sus fechorías en rebelde y traidor a la patria, cesa de ser miembro de ella al violar sus leyes, e incluso le hace la guerra” (Del Contrato Social, I.5). Ciertamente, si el régimen político no es sino la encarnación de la moralidad, todo aquel que viole la ley bajo dicho régimen no es meramente un delincuente sino un enemigo del orden político en su conjunto. Así como Rousseau creía que su república iba a encarnar a la moralidad, el discurso kirchnerista parece creer otro tanto, como suele pasar.

Sin embargo, las proyecciones políticas de actos inmorales pueden terminar siendo un arma de doble filo. En efecto, nos hemos enterado de que “la Justicia investigará si hubo ‘un atentado contra el orden institucional’” (Página 12 de ayer). Para el Gobierno, ésta es, tememos, una bendición mixta, como suelen decir en inglés. Si la Justicia confirma que hubo semejante atentado contra la democracia, habría que ver cómo explica el Gobierno el hecho de que prefirió deslindar toda responsabilidad sobre los saqueos al sostener que la seguridad pública es de competencia puramente provincial cuando en realidad el orden democrático federal en su conjunto aparentemente estuvo en peligro durante los saqueos, tal como lo podría dictaminar la Justicia y el Gobierno mismo declara hoy en día a voz en cuello. Dejemos entonces que la causa decante y que el tiempo dé su veredicto.

miércoles, 11 de diciembre de 2013

Contra Rousseau, o entre De Maistre y Nietzsche




La primera reacción del Gobierno ante los últimos acontecimientos que son de público conocimiento fue la de creer que se trataba de una cuestión salarial (ya lo habíamos dicho), y que precisamente por eso no iba a intervenir en ellos.

Pero ahora la posición oficial del Gobierno creemos representada por la Presidenta de la República es que se trató de un complot, una confabulación contra el Gobierno y por lo tanto un acto de naturaleza política (planificación). Suponemos que mediante esta última tesis el Gobierno trata de defender no sólo su cambio de opinión sino su muy pobre reacción ante dichos acontecimientos.

En realidad, hay dos grandes maneras de entender los acontecimientos. Ambas interpretaciones coinciden en que se trató de acontecimientos criminales, pero están en desacuerdo sobre la naturaleza del delito y quién lo cometió. Se trata de la antigua discusión sobre el delito en sí. Algunos toman el camino que podríamos llamar rousseauniano de creer que la explicación del delito es básicamente socio-económica: el ser humano es bueno, pero se ve forzado a cometer actos violentos debido a una pobre o muy pobre redistribución del ingreso.

Otros creen que la gente adolece de un pecado original o ha sufrido una caída como dice la teología, y por lo tanto comete actos malvados. Quizás el más famoso representante de esta interpretación sea Joseph De Maistre y por eso bien puede ser llamada “reaccionaria”. En sus Les Soirées de Saint-Pétersbourg De Maistre sostiene que « toda subordinación reposa sobre el verdugo ; (…). Quitad del mundo este agente incomprensible ; en el instante mismo el orden hace lugar al caos, … y la sociedad desaparece ». Seguramente De Maistre se apoya en sus reflexiones Du Pape en las que sostiene que « Quien ha estudiado suficientemente esta triste naturaleza, sabe que el hombre en general, si es reducido a sí mismo, es demasiado malvado para ser libre ».

Parecería que ninguna de las dos interpretaciones favorece al Gobierno. La tesis rousseauniana obviamente en lugar de defender al Gobierno es una condena inapelable: luego de diez años de crecimiento ininterrumpido, de índices económicos astronómicos, de recaudaciones fiscales siderales, ¿cómo explicar los saqueos? Obviamente, es por eso que el Gobierno dejó atrás la tesis de la discusión salarial (dado que el país creció tanto, es hora de pedir aumentos de salarios) para adoptar la tesis reaccionaria. El país está mejor que nunca económicamente, pero la gente, que es mala y murmura como dice el tango, comete delitos igual. Sin embargo, a De Maistre le habría llamado mucho la atención que alguien compartiera su tesis antropológica sin estar preparado precisamente para hacer frente a la maldad humana que subyace a esta tesis.

Además, invocar el carácter planificado de los acontecimientos es absurdo; en realidad, es una confesión de la propia incapacidad para hacer frente a la responsabilidad de lo político, que consiste precisamente en ofrecer por lo menos protección a cambio de obediencia. ¿Acaso el Gobierno sólo puede hacer frente al mal desorganizado o espontáneo? ¿O supone acaso el Gobierno que la maldad sólo opera espontáneamente, y sólo está preparado para hacer frente a hechos naturales o humanos espontáneos?

Sea como fuere, el Gobierno decidió seguir adelante con la Fiesta de la Democracia, impertérrito ante las muertes, y de ese modo estetizándolas (y no nos referimos precisamente a Moria Casán), quizás en defensa de la genealogía ante quienes creen que el origen de una institución es irrelevante para la comprensión actual de dicha institución. Nobleza obliga, el Gobierno prueba que en este caso Nietzsche tenía razón: "Sin crueldad no hay fiesta: así lo enseña la más antigua, la más larga historia del hombre—¡y también en la pena hay muchos elementos festivos" (La Genealogía de la Moral, II.6).

 

domingo, 8 de diciembre de 2013

La Máscara de los Indignados



La Secretaría General de La Causa decidió romper el chanchito e invitar ayer a la noche al equipo de La Causa a ver la representación de Un Ballo in Maschera de Verdi en el Teatro Colón. El equipo de La Causa, por alguna razón, no pudo evitar la comparación con la decisión de Hitler de enviar a miembros del ejército y trabajadores en la industria militar a Bayreuth con todos los gastos pagos, como recompensa por sus esfuerzos (Frederick Spotts, Bayreuth: A History of the Wagner Festival, p. 190).

La comparación provino del hecho de que a muy pocos de los "huéspedes del Führer" les gustaba la ópera y mucho menos Wagner, de tal forma que estos huéspedes conformaban una audiencia cautiva: no tenían elección, tenían que asistir o asistir: eran transportados en grupos a Bayreuth en un tren musical del Reich, llegaban a las seis de la noche y marchaban en columnas a las barracas en donde eran alojados. A la mañana siguiente se reunían en el teatro en donde recibían folletos sobre Wagner y lecciones sobre la ópera que iban a ver ese día. A la mañana siguiente volvían, siendo reemplazados por otro contingente de huéspedes del Führer (de hecho, en estos “Festivales de Guerra” el Teatro de Bayreuth no estuvo abierto al público en general sino sólo a los “huéspedes del Führer”). Muchos de los soldados muy probablemente habrían preferido seguir peleando antes que escuchar a Wagner. Curiosamente, no hubo comparaciones con sorteos cuyos premios fueran un viaje a Miramar.

De todos modos, quizás la comparación se debió a la "polémica" representación de Un Ballo. En primer lugar, los cantantes no estuvieron a la altura, salvo "honrosas excepciones". En segundo lugar, fue muy curiosa y fundamentalmente, la producción, a cargo de Alex Ollé, de La Fura dels Baus. Todos los cantantes, incluyendo al coro, usaron máscaras durante toda la representación, salvo "honrosas excepciones", muy similares a los protectores craneanos que emplean los forwards en rugby; además, usaron un guardapolvo similar a los que usan los funcionarios de la AFIP en ciertos operativos; y finalmente, casi todo el elenco, quizás en un toque de justicia poética, muere gaseado sobre el escenario una vez que se quitaron los máscaras precisamente al final. Además, durante la representación se proyectaron imágenes en las que no podían falta las máscaras de los indignados. Sólo faltó un clip de "La Máscara", con Jim Carrey.

Sin duda, lo que está en juego es lo que alguna vez puede haber sido una transgresión y hoy no es sino una moda decadente: usar a las óperas como una ocasión de hablar del presente. Vamos a citar el muy importante documento contenido en el programa de la ópera de ayer en las palabras mismas de Ollé: "De la sordidez de la historia desplegada en el libreto fueron surgiendo los hilos que establecieron una conexión estética con el universo ideológico de Orwell y su mundo futurista de 1984, que no hacía más que recorrer el horror a los totalitarismos del siglo XX". Como diría Sheldon Cooper, ¿en cuál de los mundos posibles puede Un Ballo in Maschera, o cualquier ópera del siglo XIX para el caso, tener conexión alguna con sucesos acontecidos un siglo después, a menos que la ópera contara con propiedades prolépticas?

Continúa Ollé, "en la actual crisis del capitalismo, el poder político y el financiero se confunden en una trama corrupta de intereses ambiguos del todo ajenos al bien común. Contra esta utilización cínica del poder se han alzado, en los últimos tiempos, las voces de los indignados, (...). Curiosamente es un personaje global que se caracteriza por llevar la cara cubierta, es decir, por el uso de una máscara. Su intención, sin embargo, es arrancarle la máscara al poder. Es en este sentido que todos los personajes de Un ballo in maschera llevan su máscara de principio a fin. Nadie muestra realmente el rostro desnudo en público. Sólo Ricardo y Amelia, en la intimidad, descubrirán su verdadera identidad". Obviamente, se debe a que "esta historia contiene, pese a todo, una historia de amor. El resto es toda mentira". Para finalizar, la "última máscara, la del baile, tal vez sea, en una pesadilla de tintes surrealistas, una máscara de gas que logre proteger, a los supervivientes, de su propio terror a una muerte masiva".

La cuestión, en el fondo, es: ¿por qué esta necesidad imperiosa de usar a la ópera, o al arte en general, como una ocasión para el anacronismo? ¿Acaso la suposición es que el público se olvida de su realidad y necesita que se la recordemos en el teatro? Suponiendo que el público fuera olvidadizo, de ahí no se sigue que alguien tiene el deber de recordarle cómo es la realidad.

Por otro lado, el problema obviamente no es la política de la representación. Si fuéramos fieles a las intenciones y contextos originales, esto permitiría que el significado de la obra emergiera tal como es, sea que la obra fuera conservadora o revolucionaria para el caso. Además, es la única manera de ser fieles a la historia, de concederle autonomía frente al presente y de paso poder aprender de ella. Pero para aprender de la historia tenemos que dejar de subordinarla al presente. Precisamente, el anacronismo no es sino una disposición ingenua o perversa de suponer que la historia no existe, que todo es presente, y por lo cual el anacronismo es el mejor antídoto contra cualquier propuesta genuina de cambio.

Nada más revolucionario hoy que una producción como la que se muestra en este clip de Carlo Bergonzi, quizás uno de los mejores tenores verdianos de todos los tiempos, en vivo aparentemente, no sabemos cuándo ni dónde (irónicamente, como en una producción contemporánea):


 


Y si hay miseria, que no se note: un Plácido Domingo muy joven, quizás en el Teatro Covent Garden de Londres, por 1975:

  

jueves, 5 de diciembre de 2013

Hobbes no era hobbesiano




Muy pocos pudieron resistir la tentación de describir los fenómenos acaecidos en Córdoba en términos de un "estado de naturaleza hobbesiano" (ENH), debido a que se suele creer que semejante escenario representa al ENH por antonomasia. Sin embargo, el ENH sólo ocasionalmente tiene en cuenta escenarios como el cordobés de hace dos días.

En primer lugar, la mera invocación del ENH conjura inevitablemente la imagen de una situación caótica de violencia indiscriminada junto con la imposibilidad de invocar superioridad moral alguna. Sin embargo, si lo que tuvo lugar en Córdoba fue un saqueo en la acepción estándar de la palabra, entonces en dicha situación quizás hubo violencia indiscriminada, pero es obvio que tuvo lugar cierta superioridad al menos normativa y por parte de quienes fueron víctimas de los saqueos. Quienes saquearon suponemos no tenían derecho a actuar y quienes fueron sus víctimas precisamente tenían derecho a no ser saqueados, derecho que es la sombra lógica del deber por parte de quienes saquearon de abstenerse de realizar semejante conducta. En otras palabras, el problema es la impunidad, típico material del que están hechas las películas de buenos y malos.

En segundo lugar, en el ENH es sabido que no existe derecho a la propiedad; tal derecho sólo surge con la aparición del Estado. Hobbes por momentos parece reconocer que existe cierta superioridad normativa en el ENH, pero que la estructura de la interacción es tal que impide reconocer quiénes son normativamente superiores (o inferiores para el caso). De ahí que por momentos la estructura de la interacción es causa y efecto del conflicto, y por lo tanto no podría exigirse otra conducta en el caso de que una parte ejerciera su libertad en perjuicio de la otra. Se trata de una situación en la cual «no podemos reconocer a los buenos entre los malos, […] también a los buenos y a los modestos les pesa perpetuamente la necesidad de desconfiar, precaverse, anticipar, subyugar y defenderse de cualquier modo» («Prefacio», Elementos Filosóficos. Del Ciudadano).

En tercer lugar, Hobbes reconoce que existe una «proclividad natural de los hombres a herirse mutuamente, que deriva de las pasiones, ... en verdad principalmente de su vana autoestima». Pero cree que dicha proclividad es acompañada por el «derecho de todos a todo, por el cual uno ataca con derecho, el otro se resiste con derecho» (EFDC, i.12). Con lo cual, el problema no es psicológico o moral, sino jurídico. El caso central del ENH debería ser entendido entonces como un conflicto de derechos, y no como una situación de impunidad o de falta de motivación a cumplir con la ley.

Hobbes cree además que la religión y la ideología tienen un lugar destacado dentro de la explicación del conflicto político: «ninguna guerra es más feroz que la que se libra entre las sectas de la misma religión y las facciones del mismo Estado, cuando la contienda es o bien sobre doctrina o bien sobre prudencia política» (EFDC, I.5). De ahí que incluso la preservación de la vida pueda quedar relegada en la lista de prioridades de los agentes políticos hobbesianos: «todo signo de odio y desprecio provoca a la pelea y a la lucha más que todo lo demás, hasta tal punto que muchos prefieren perder la vida y mucho más la paz antes que sufrir contumelia» (EFDC, iii.12). En otras palabras, no sólo los derechos sino las creencias en general pueden servir de base a la simetría normativa del estado de naturaleza (lo cual es el material del que están hechas las películas de gladiadores, o las tragedias en general).

Asimismo, no hay que olvidar que si la impunidad fuera el problema, el Estado jamás sería desafiado si se comportara como un Leviatán, y sin embargo lo que provocó la reflexión política de Hobbes fue precisamente la guerra civil, la caída del Leviatán. Tampoco podemos olvidar que si bien Hobbes creía que el ENH era lo peor que nos podía pasar, había otro estado de naturaleza en el que nos aconsejaba entrar (el internacional) para dejar atrás el estado de naturaleza originario o doméstico, por lo cual no todo ENH es por eso necesariamente indeseable, al menos para Hobbes (quienes estén interesados pueden consultar "Hobbes y la autonomía de la política" y "El Enemigo de la República", prólogo a Elementos Filosóficos. Del Ciudadano, Hydra, 2010).

Quizás Hobbes habría llegado a una conclusión similar a la que Engels alega llegó Marx cuando se enteró del uso que varios hacían de su doctrina: "Todo lo que sé, es que no soy marxista".


miércoles, 4 de diciembre de 2013

Génesis y Capitanich

Es curiosa la primera reacción del Gobierno Nacional ante los hechos ocurridos en Córdoba. Nos informa precisamente la agencia oficial Télam que para el jefe de Gabinete, Jorge Capitanich, el conflicto con la Policía cordobesa obedece a una "cuestión estrictamente salarial que compete en forma exclusiva y excluyente al gobierno de la provincia de Córdoba" y, en ese sentido, sostuvo que el Estado Nacional no puede "subrogar responsabilidades ajenas" (click), en obvia referencia al pedido de ayuda del Gobierno Provincial para que el Gobierno Nacional envíe a la Gendarmería (a la sazón, hay un destacamento en Jesús María, a 50 kms de la Ciudad de Córdoba).

En otro orden, según Télam, Capitanich negó que exista "discriminación" del Estado Nacional hacia la provincia de Córdoba, a pesar de que el Gobierno Nacional envió a la Gendarmería a la Provincia de Buenos Aires y a la de Santa Cruz en repetidas veces. La mera coincidencia entre el envío de la Gendarmería y las simpatías políticas de los Gobernadores y/o relación con la provincias en cuestión son sólo eso, una coincidencia. 

Así y todo, llama la atención el criterio invocado por Capitanich, que podemos denominar como criterio genético o genealógico. Dado que la génesis o genealogía del conflicto es salarial, entonces el Gobierno Nacional no debe intervenir. De ahí que si, por ventura, de un conflicto salarial entre la Policía provincial y el Gobierno provincial deviniera un genocidio, el Gobierno Nacional tampoco podría intervenir. Vale recordar que el Gobierno Nacional envió a la Gendarmería a la Provincia de Buenos Aires recientemente sin que siquiera hubiera saqueos de por medio, sólo con fines preventivos entendemos, más allá del obvio propósito electoral. Da la impresión entonces de que el criterio genético es absurdo, y que debería prevalecer qué es lo que sucede, no tanto su génesis. 

Ciertamente, si sucediera que los saqueos fueron el producto de una pobre distribución del ingreso, no serían buenas noticias para un Gobierno Nacional que se ufana del éxito de su política redistributiva (que hasta donde sabemos habría alcanzado hasta la Provincia de Córdoba). Y si sucediera que los saqueos fueron producto de la mera criminalidad por no decir de nuestra caída naturaleza humana, eso tampoco serían buenas noticias para el Gobierno Nacional, ya que dicha naturaleza caída exigiría todavía más la ayuda nacional. Ni qué decir si los saqueos fueran el resultado de una conspiración contra el Gobernador. En este último caso no habría que descartar que al igual que lo sucedido con Massa (click), que el Gobernador mismo hubiera sido el que planeó esta conspiración en su contra, y que después incluso hubiera tratado de evitar la conspiración; la actuación de De la Sota en este caso habría merecido un premio de la Academia:




Hablando del diablo, el hecho de que el Gobernador en cuestión sea De la Sota no afecta nuestra conclusión. En efecto, aunque supusiéramos que De la Sota fuera el diablo (no hace falta ser muy imaginativo para suponerlo), no vemos por qué entonces la Provincia en cuestión debería sufrir por eso. Hasta Provincias gobernadas por diablos tienen derecho a ser socorridas por el Gobierno Nacional, a menos hasta una nueva reforma de la Constitución.   

viernes, 29 de noviembre de 2013

Con la Defensa alta




Al César lo que es del César. Aunque algunos suelen decir que uno de los problemas del kirchnerismo es que no tiene sentido del humor, esta bandera colgada entendemos ayer u hoy en ocasión de cierto festejo y que obra en el sitio de facebook de la así y reveladoramente llamada Juventud Kirchnerista de Izquierda, designación que reconoce la existencia de variantes kirchneristas de centro y de derecha so pena de redundancia, muestra que al menos el Ministerio de Defensa que entendemos responde al kirchnerismo tiene un sentido del humor por lo menos pythonesco.

¿Cómo entender de otro modo esta proclama pacifista en la fachada misma del edificio, justo debajo del cartel que indica precisamente el métier de este ministerio? Claro que no habría que excluir un regreso al cristianismo originario o primitivo según el cual si alguien nos hace daño debemos ofrecer la otra mejilla. En realidad, no pocos observarán que el cristianismo modificó su posición una vez que fue reconocido y co-optado por así decir por el poder, de ahí su hasta hoy preponderante teoría de la guerra justa. Quizás otro tanto suceda con el Ministerio de Defensa dentro de poco.

Ante nuestra curiosidad por el sentido, por parte del Ministerio de Defensa, de poner un número de asistencia telefónica tal como consta en el costado inferior derecho de la bandera, una amiga, Bárbara Hiertz, nos hizo notar que la explicación está en el costado inferior izquierdo. En otras palabras, se trata de una línea gratuita para contener, informar y asesorar las 24 horas, los 365 días del año, en todo el país. 

Sin embargo, la duda persiste. Primero porque, hasta donde sabemos, la ley de defensa de la democracia prohíbe el uso de personal de defensa para uso interno, por así decir. Pero aunque no estuviera prohibido, persisten los interrogantes. 

¿Será que, tratándose de, v.g., contención, uno podrá llamar en el caso elocuentemente descripto por ese gran tango de Pedro Laurenz, "Mal de Amores? ¿Y la información, podrá uno llamar para preguntar sobre el estado del tiempo, o la Morenocard, o hasta qué hora corren el subte E? ¿Y el asesoramiento? ¿Sabrán orientarnos sobre cuál es la mejor versión del Ring de Wagner? ¿La de Böhm en vivo en Bayreuth, o la de Solti en estudio? ¿O sobre cómo ir desde Parque Avellaneda hasta Medrano y Pasaje Inca? ¿O qué hacer para que no se corte una mayonesa? ¿Qué regalar a la cuñada en caso de que no sobre tiempo ni dinero? ¿Mejor la pizza del Cuartito o la de Güerrin? ¿Braden o Perón? ¿Alguna pileta cuya revisación médica no sea muy estricta, ahora que se viene el verano y los dedos de los pies no responden?

En fin, no podemos resistir la evocación del sketch pythonesco que primero se nos cruzó por la cabeza merced al obvio guiño cómico de la bandera:


jueves, 28 de noviembre de 2013

La nueva Propuesta a Irán




Hace unos días el Gobierno argentino le hizo una nueva propuesta a Irán en relación al acuerdo logrado con dicho Irán sobre la investigación penal del atentado contra la AMIA.

Con independencia de cuál sea nuestra posición sobre el tratado, existen sólo cuatro explicaciones sobre la nueva propuesta: (1) no hace ninguna diferencia, por lo cual es redundante; (2) es igualmente ventajoso para ambos países; (3) es todavía más ventajoso para nuestro país y por lo tanto desventajoso para Irán; (4) es todavía más ventajoso para Irán y por lo tanto desventajoso para nuestro país. Si supusiéramos que (1) y (2) quedaran fueran de combate por obvias razones, da la impresión de que sólo resta (4) ya que (3) tampoco tiene mayor sentido dado que Irán tampoco se ha mostrado muy motivado a cumplir siquiera el primer acuerdo, todo lo cual nos hace pensar por qué razón nuestro Canciller propondría algo semejante. Sobre la naturaleza misma del tratado, ya nos habíamos pronunciado en Acerca de los Deberes de un Funcionario público.

Hace poco el aparato mediático kirchnerista probó otra línea de argumentación en defensa del tratado con Irán invocando los nuevos acuerdos que Irán ha celebrado con potencias mundiales como EE.UU. para desacelerar la producción de armas nucleares. Según este argumento, dado que, v.g., EE.UU. puede celebrar tales acuerdos también nosotros podemos hacer otro tanto.

El punto es que no estamos haciendo "otro tanto". Mientras que los acuerdos sobre armas nucleares conciernen a la paz y/o guerra, la investigación sobre la AMIA es una cuestión penal. De ahí que quizás, y sólo quizás, existan razones para negociar con Irán sobre la paz (y la guerra), pero de ahí no se sigue entonces que tenga sentido negociar sobre la investigación de delitos de lesa humanidad con quien suponemos cometió tales delitos, y peor aún si como parte de la negociación Irán termina jugando de local (ya habíamos usado la metáfora casera del fútbol para explicar la cuestión: Local, empate o visitante).

Finalmente, es bastante absurdo suponer que, v.g., todo lo que hace EE.UU. está bien, y que por lo tanto si EE.UU. firma un acuerdo nosotros tenemos que hacer lo mismo (más allá de que en realidad no estamos haciendo lo mismo), particularmente dado que quienes ahora invocan a EE.UU. como escudo en defensa de semejante acuerdo suelen dedicar su vida a criticar a los EE.UU.

martes, 26 de noviembre de 2013

Democracia y Derechos: ¿la cópula es especificativa o redundante?





Hoy en Página 12, el profesor Guido Croxatto en una nota algo telegráfica defiende la existencia de una conexión entre democracia y derechos, aunque no queda del todo claro cuál es la naturaleza de la conexión.

A primera vista, la tesis parece ser que "A más derechos, más democracia", con lo cual la conexión es de cantidad, o sobre los efectos empíricos de la democracia por así decir. Sin embargo, si tomáramos este camino cuantitativo, probablemente el régimen político actual en Cuba sería democrático, a pesar de que no hay competencia electoral en sentido estricto (o como dice el viejo chiste al respecto: se vota por "sí", que se queden, o por "no", que no se vayan). Por lo tanto, un régimen autocrático sería democrático si concediera muchos derechos, y cuanto más derechos concediera, más democrático sería, a pesar de que gobiernan siempre los mismos.

Por otro lado, la nota sostiene que "La línea que separa un objeto de un sujeto de derecho (es decir, un objeto de una persona) es la línea esencial que define a la democracia", con lo cual la conexión no es cuantitativa sino cualitativa por así decir. No es el grado de democracia lo que está en juego, sino la esencia misma del régimen, de tal forma que hablar de democracia y de derechos sería redundante. La democracia se caracterizaría por ser el régimen que concede o reconoce derechos. En efecto, la nota sostiene que "la esencia de la democracia" consiste en "ir reconocimiento siempre más –nuevos– sujetos de derecho. No negarle a nadie su calidad de persona".

Si ésta fuera la tesis central de la nota, entonces no podría explicar el autor el hecho de que la conexión entre democracia y los derechos no es conceptual sino esencialmente histórica. La democracia y los derechos habían tomado caminos claramente separados desde sus inicios (griego y romano respectivamente) hasta por lo menos fines del siglo XVIII, tal como nos lo recuerda, v.g., Raymond Geuss. Sostener que están conceptualmente ligados implicaría desconocer tanto a la democracia como a los derechos.

Quizás la confusión provenga del uso actual de "democracia" y cognados como equivalente a "está bien" o "es moralmente correcto" (por no decir "es lo que creemos nosotros"), a pesar de que no todo lo que es democrático por eso es moralmente correcto, ni todo lo que es moralmente correcto por eso es democrático (no hace falta aclarar que no todo lo que uno cree es por eso mismo democrático).

Es obvio que Atenas tenía un régimen democrático, si no es que inventó el negocio por así decir. Pero sería absurdo creer que su régimen político democrático no le negaba a nadie su calidad de persona (hace muy poco hablamos precisamente de la esclavitud: click). Da la impresión de que el autor mismo se dio cuenta del punto mientras escribía la nota, y por eso, en medio de la nota, deja la tesis cualitativa y regresa a la cuantitativa de la conexión entre democracia y derechos al decir: "La democracia avanza cuando empieza a ver sujetos (así se abolió la esclavitud, los esclavos eran vistos como cosas y una cosa no tiene derechos, pero llegaron a ser personas, sujetos de derecho civil)". En otras palabras, la democracia no consiste en, v.g., reconocer sujetos, sino que avanza cuando reconoce sujetos. Pero el autor olvidó entonces decidirse por una de las dos tesis.

Por otro lado, es difícil de explicar por qué el autor cree que "Ya los griegos lo decían: la democracia es la práctica pública (la virtud) del humanismo", ya que el humanismo en el mejor de los casos es una creación renacentista, por lo cual a menos que creamos en la prolepsis o en el carácter retroactivo de la cultura, mal pudo la democracia griega haber conocido el humanismo.

En realidad, da la impresión de que si bien la nota se refiere a "estos treinta años", los ejemplos que da ("La legislación del derecho a la memoria fue un paso decisivo, ... la ley de identidad de género, la ley de matrimonio igualitario y la importantísima ley de salud mental (pero también el desendeudamiento externo, la relación más crítica con las instituciones financieras internacionales, la recuperación de recursos naturales, la integración regional, la reivindicación de una parte que había sido negada de la historia) reconocen como sujetos, como otros con derechos, a personas que antes eran negadas, encerradas y tratadas no como sujetos con dignidad, sino como objetos sin voz") sugieren que en lugar de ser una discusión sobre la cópula entre la democracia y los derechos, se trata de una defensa del Gobierno.

Por supuesto, no tiene nada de malo defender al Gobierno. Sin embargo, dado que toda defensa depende considerablemente de la claridad argumentativa y de los argumentos empleados, la nota no parece cumplir adecuadamente con su propósito.


domingo, 24 de noviembre de 2013

Louis C. K., Nietzsche y el Derecho de la Guerra

En esta presentación Louis C. K. ilustra claramente un desacuerdo o debate valorativo, o normativo para el caso. El primer y el último caso se refieren a posiciones (filo)nietzscheanas, según las cuales la vitalidad y la estética, por no decir la cultura y/o la civilización (con sus consabidas connotaciones violentas), son valores supremos, mientras que la debilidad y la moral (por no decir la así llamada "corrección política") son decadentes.

El segundo ejemplo, el del medio, por otro lado, parece ilustrar la discusión sobre la así llamada igualdad moral del acto de guerra. ¿Debería todo acto de guerra estar protegido por el derecho de la guerra, tal como es el caso hoy merced a la Convención de Ginebra, ya que lo que cuenta es la amenaza a la que están expuestos los soldados sin que importe si pelean por una causa justa (posición defendida hoy por Michael Walzer y Henry Shue, por ejemplo), o antes bien, sólo merecen privilegios legales que los protegen de la acusación de homicidio quienes pelean por una causa justa, ya que un agresor eo ipso pierde su derecho a no ser atacado (tal como creen, v.g., Jeff McMahan y Uwe Steinhoff)?

En fin, se trata de un humorista que no conocíamos y que, creemos, debe ser tenido en cuenta, si es que no somos los únicos que todavía no lo conocíamos.





miércoles, 13 de noviembre de 2013

Pensamiento nacional: ¿contradictorio o redundante?



En una nota publicada hoy en Tiempo Argentino, Norberto Galasso nos recuerda que hoy es el día del pensamiento nacional (click). Plenamente consciente de que expresión misma "pensamiento nacional" es fácil blanco de quienes creen que es una contradicción en sus términos, Galasso aclara que "las ideas no tienen nacionalidad. (...): las ideas, los pensamientos, las concepciones son producto de la acumulación  lograda por el hombre a través de toda su historia, en distintos momentos y diversas épocas". Sería absurdo, por ejemplo, "rechazar la numeración arábiga o la romana porque no ha surgido en estas tierras?". Es más, nos permitimos agregar, el nacionalismo mismo es una creación alemana o francesa según se mire, pero nunca argentina.

Otro tanto sucede con el pensamiento "propio": un pensamiento es propio no cuando se origina en Argentina sino cuando le hace bien a la Argentina. El punto de Galasso entonces, tras la huella de John William Cooke, es que un pensamiento es nacional o propio no cuando se origina en una nación sino cuando es correcto, o apropiado, bueno para una nación, y dicha bondad consiste en una revolución que le permite a la nación en cuestión independizarse del dominio extranjero, entendiendo por "extranjero", especularmente, lo que le hace daño a la nación antes que aquello que se origina fuera de la nación. La cita de Cooke con la termina la cita Galasso es muy reveladora: "las ideas que sirven para el avance del país y la libertad del pueblo son nacionales".

Como ejemplo de culturas o pensamientos precisamente extranjeros o antinacionales en este sentido, i.e., desventajosos para la nación, Galasso ofrece el siguiente panorama:

"Bastaría recorrer la calle Santa Fe de esta ciudad Capital para encontrar negocios con nombres y anuncios en inglés, u observar atentamente los nombres de la mayoría de nuestros cines y teatros, para advertir sus nombres exóticos que, de tanto verlos, forman el escenario natural de nuestro paisaje. A pesar de haberse nacionalizado bastante en las últimas décadas, aún subsisten en el fútbol, por ejemplo, los relatores –e incluso los simples simpatizantes– que usan palabras como corner, hand o referee, como resabio de otros tiempos, ... o se da el caso común de canciones bailadas con letras no comprendidas. Asimismo, todavía escuchamos hablar de 'la puntualidad británica', 'del gentleman', (...). En algunos casos, esa extranjerización llegó a límites increíbles como el de Victoria Ocampo, quien sostuvo que al percibir una emoción, la expresaba en el papel en un poema en francés y luego se traducía ella misma al castellano, no obstante que su fortuna estaba ligada profundamente al humus de esta tierra que no sentía como propia".

Suponemos que Galasso preferiría que los bailes fueran al compás de canciones cuyas letras fueran comprendidas y que Galasso tampoco disfruta precisamente de la lectura de la cuenta de twitter de la Presidenta; quizás Galasso no tenga twitter por obvias razones. En cuanto a Victoria Ocampo, si hubiese hecho su fortuna en Francia, entonces sí podría haber expresado sus emociones en francés. Nos provoca curiosidad imaginar qué opina Galasso sobre la proliferación del inglés como lingua franca, incluso dentro del ámbito del conocimiento. Dicho sea de paso, algo nos dice que no somos los primeros en detectar la ironía de que un adalid del pensamiento nacional se llame John William Cooke; ya que estamos, hoy los diarios hablan de la fuga de un militar procesado por delitos de lesa humanidad llamado Alejandro Lawless (click).

A juzgar por otras consideraciones de Galasso acerca del "pensamiento dominante... expresado en los colegios, la nomenclatura de calles, plazas y ciudades, los medios de comunicación, 'la pedagogía de las estatuas', como lo llamaba Ricardo Rojas en su juventud, etcétera", la propia pedagogía de las estatuas del Gobierno nacional actual ha resultado insuficiente así como iniciativas tales como la creación del Instituto Nacional de Revisionismo Histórico Argentino e Iberoamericano Manuel Dorrego (del cual suponemos Galasso forma parte), la acuñación del bello billete de cien pesos con la efigie de Evita, etc.

El problema es que si bien el pensamiento nacional, tal como lo entiende Galasso, puede evitar la acusación de ser contradictorio, una vez entendido como el pensamiento que le hace bien a la nación es muy difícil que pueda evitar ser catalogado como redundante. En efecto, sería muy extraño que alguien defendiera cierto pensamiento porque es malo para la nación. Quienes, por ejemplo, critican el cepo al dólar lo hacen porque creen que es nocivo para la economía argentina, y no faltarán quienes crean que a menudo quienes defienden el así llamado pensamiento nacional perjudican de ese modo a la nación. Además, quienes se oponen al pensamiento nacional suelen ser catalogados como antinacionales, y sería un pobre consuelo para quienes son catalogados de este modo recordarles que por antinacional entendemos "incorrecto", ya que el efecto político de ser considerado un enemigo de la nación suele ser considerable, incluso en nuestros días.

De todos modos, le deseamos al pensamiento que le hace bien a la nación un feliz día.

lunes, 11 de noviembre de 2013

El Sermón de la Montaña

No es nuestra costumbre subir videos de funcionarios públicos. Pero creemos que el siguiente es una excepción justificada. Se trata de las declaraciones del intendente de General San Martín, Aldo Leiva, en la provincia del Chaco, en ocasión del último 17 de octubre y en relación a Gustavo Corregido, quien no sólo tiene un nombre revelador sino que sospechamos es un adversario político. A primera vista algunos creen que se trata de un acto que configura discriminación (click).

Sin embargo, bien podría tratarse de un guiño cómplice, una referencia indirecta al humor de Monty Python y sus constantes juegos metalingüísticos (como la famosa escena de la lapidación en "La Vida de Brian" que tantas veces hemos utilizado), paradojas ("La Clínica de la Discusión"), etc., y en este caso una crítica velada al cristianismo primitivo y su pacifismo constitutivo (y no nos extrañaría que la preferencia kirchnerista del amor por sobre el odio también estuviera en juego). En fin, se trata de un muy gracioso video. Que lo disfruten.


lunes, 4 de noviembre de 2013

Primavera para Brienza

En una nota de hoy Hernán Brienza sostiene que la estrategia del Grupo Clarín respecto a la ley de medios representa el Curupaytí de Magnetto (click).

Incluso suponiendo que la metáfora es apropiada y que la tesis de la nota es correcta, nos llama poderosamente la atención el siguiente párrafo: "En la cabeza de muchos de los integrantes del Grupo, posiblemente, crean que cuando el kirchnerismo pase, Clarín quedará a la historia como el gran adalid de la Prensa libre. Nada más alejado de la verdad. El diario La Prensa, por ejemplo, no pudo evitar su decadencia luego del gobierno de Juan Domingo Perón, por ejemplo".

Si bien Brienza trata de defender a la democracia en contra de las corporaciones, en este caso trata de mostrar que la posición de Clarín es insostenible porque es irracional. Sin embargo el planteo de irracionalidad que Brienza le atribuye a Clarín trasluce una grave confusión conceptual por parte de Brienza.

En efecto, hablar de la "decadencia" de un diario es ambiguo. En primer lugar, puede ser que la decadencia en cuestión se refiera, por así decir, al vigor o poder del diario. ¿Se refiere Brienza al hecho de que a La Prensa le fue mal porque Perón la cerró? Si ésta es la posición de Brienza, y Brienza se considera peronista, es el primer peronista que se enorgullece de semejante hecho.

A ningún peronista le gusta que siquiera le recuerden la acción de Perón contra La Prensa, pero Brienza la reivindica (quizás esto prueba que Brienza no es peronista). Entendemos, ciertamente, que Brienza supone que la prensa libre es una contradicción en sus términos (su propia actividad periodística lo demuestra). Pero no podemos entender que Brienza crea que de ese modo defiende al kirchnerismo, y menos aún ante la opinión pública. Es como si un prestamista predijera que le va a romper las piernas a quien no le pagara la deuda. O aquel chiste judío en el que uno le dice al otro: "Me enteré de que se quemó tu negocio. Callate, la semana que viene".

La segunda alternativa gira alrededor de la idea de decadencia moral. ¿Será que Brienza acaso se refiere al hecho de que Perón estuvo bien al cerrar La Prensa dado que luego de haberla cerrado eso mismo provocó la decadencia del diario? Si ésta es la posición de Brienza, si infiere del mero hecho que X sea derrotado que X por lo tanto estaba equivocado, o al revés que X tenía razón porque había triunfado, es natural preguntarse qué habría dicho él sobre Alemania en 1941. De todas formas, nada le convendría a Clarín que lo comparen con La Prensa, en cualquiera de estos dos escenarios. Y la ley de medios, en lugar de ser su Curupaytí, sería precisamente su liberación de París.

Ojalá alguien pueda iluminarnos al respecto y sacarnos la duda. Mientras tanto, por alguna razón, la posición de Brienza nos hace acordar otra vez a aquella gran película de Mel Brooks, "Los Productores" o "Primavera para Hitler" (la original de 1968 con Zero Mostel y Gene Wildner, no la reciente "remake"), en la que un contador le hace saber a un productor fracasado de Broadway que podría hacer muchísimo más dinero con un fracaso que con un éxito vendiendo el 100 % de los ingresos del show a muchas personas, y luego quedándose con todo el dinero gracias al fracaso. De ahí que busca la peor obra (un musical llamado "Primavera para Hitler" en el que se cuenta el costado bueno de Hitler), con el peor director, los peores actores, hasta intenta sobornar al crítico del New York Times, para que la obra fracase. Pero la obra es tan mala que la gente cree que es una comedia y se convierte en un gran éxito, con lo cual los productores terminan en la cárcel. Aquí, la escena en que contratan al autor de la obra (ver por favor a partir de 37:20):




- Está usando un casco alemán.
- No digas nada que lo ofenda. Necesitamos esa obra.
- ¿Franz Liebkind?
- [con acento alemán] Nunca fui miembro del Partido Nazi, no soy responsable, sólo seguía órdenes. ¿Quiénes son Uds.? ¿Por qué me persiguen? Mis papeles están en orden. Amo a mi país adoptivo. ¿Qué quieren?
- Relájese Sr. Liebkind. No somos del gobierno. Vinimos a hablar con Ud. sobre su obra.
- ¿Mi obra? ¿Ud. quiere decir "Primavera para quien Ud. sabe?
- Sí.
- ¿QUÉ PASA CON ELLA?
- La amamos. Creemos que es una obra maestra. Por eso estamos aquí. Queremos producirla en Broadway.
- Oh alegría! Oh alegría de las alegrías! Sueño de los sueños! No lo puedo creer. Debo contarle a los pájaros. ¿Pájaros, escuchan? Voy a limpiar el nombre del Führer.
- Sr. Liebkind, por favor, la gente puede oírlo.
- Este no es un lugar para hablar. Vamos a mi departamento. Una ocasión así reclama schnapps.

- No mucha gente sabía que el Führer era un gran bailarín.
- ¿En serio? Nunca siquiera soñé que...
- Eso es porque Ud. fue engañado por la propaganda aliada. Decían mentiras, mentiras! Pero nadie nunca dijo algo malo sobre Churchill. Churchill, con sus cigarros, su brandy, su pintura podrida. Hitler, él sí que era un pintor: podía pintar un departamento entero en una tarde, dos manos.
- Exactamente por eso...
- Déjenme que les diga esto: Hitler era más apuesto que Churchill, contaba chistes más graciosos...
- Exactamente por eso... queremos producir esta obra, para mostrarle al mundo el verdadero Hitler. El Hitler que Ud. amó, que Ud. conoció, el Hitler con una canción en su corazón. Aquí, firme aquí. Haga realidad su sueño.
- Aquí está "Primavera para Hitler", sellada, firmada y entregada. ¿Qué te pasa?
- No me importa el acuerdo, no voy a usar este brazalete.


miércoles, 30 de octubre de 2013

Estamos de Festejos


Casi sin darnos cuenta, hemos superado las 100.000 visitas al blog. Por lo tanto, La Causa de Catón ha decidido sortear entre sus lectores una rifa para devolverles al menos una pequeña parte de todo lo que ha recibido de ellos. El primer premio es una semana en Miramar con todos los gastos pagos. El segundo premio, dos semanas en Miramar con todos los gastos pagos. Los resultados los daremos a conocer apenas lleguemos a los 200.000 visitantes.

lunes, 28 de octubre de 2013

Esto no es una Interpretación



Edgardo Mocca tiene una gran virtud: a diferencia de Ricardo Forster, no suele usar media docena de adjetivos por sustantivo. Todo lo cual, facilita enormemente su lectura. Ciertamente, la adjetivación generosa puede ser muy apropiada, tal como nos lo recuerda el caso de Hobbes y su inmortal descripción de la vida en el estado de naturaleza en el capítulo XIII del Leviatán: "solitaria, pobre, horrible, bruta y corta (solitary, poor, nasty, brutish, and short)". Pero, precisamente, lo hace aquella única vez, no en cada oración.

La falta de adjetivación de Mocca, sin embargo, tiene otra virtud. Nos permite apreciar la extrema debilidad de su argumentación. No hace falta aclarar que se supone que cuando un profesor universitario escribe una nota para un diario sobre política, a pesar de que al hacerlo por supuesto expresa su opinión política, al menos se va a asegurar de no incurrir en contradicciones, y menos todavía una contradicción que va a poner en cuestión la totalidad de su argumentación, y quizás la totalidad de lo que ha venido defendiendo hace ya muchos años.

Leamos lo que ayer a la mañana Mocca publicara en Página 12: "En las horas posteriores al escrutinio de las elecciones de hoy asistiremos, con seguridad, a una intensa y fervorosa operación mediático-política dirigida a imponer una interpretación excluyente de sus resultados en términos de debilitamiento gubernamental y de la necesidad de construir una transición política hacia la apertura de un nuevo ciclo político en 2015. Claro está que esa interpretación, tanto como cualquier otra, no se desprende objetivamente de los hechos, sino que enuncia un programa de acción, una estrategia política".

En realidad, no hacía falta ser un científico especializado en cohetes para anticipar lo que era una obvia reacción, todo lo cual facilitó enormemente el pronóstico acertado de Mocca. Lo más notable, sin embargo, es que semejante apertura por parte de Mocca no sólo pone en duda la interpretación antikirchnerista sino además y fundamentalmente la propia interpretación de Mocca. Si una interpretación, "tanto como cualquier otra, no se desprende objetivamente de los hechos, sino que enuncia un programa de acción, una estrategia política", ¿qué razones tenemos para creer en la interpretación de Mocca?

Después de todo, Mocca no está explicando un fenómeno natural como un terremoto sino interpretando precisamente el resultado de una elección, y además, suponemos, cree tener razón ya que critica a la interpretación antikirchnerista precisamente porque es errónea, y no porque es antikirchnerista, creemos suponer. ¿O acaso Mocca cree que su defensa del kirchnerismo tiene sentido porque es su defensa, de Mocca, y no al revés? ¿Pensará Mocca que sus lectores deberán apoyar al kirchnerismo porque él lo apoya, o porque hay razones independientes del apoyo de Mocca, que son precisamente las que Mocca trata de compartir con sus lectores?

En fin, si un alumno del CBC cometiera semejante error en un examen, comprometería muy seriamente sus posibilidades de aprobarlo. Alguien dirá que no podemos ser tan exigentes con una nota de diario, ni con Mocca. Mocca usa sus notas periodísticas para darse un gusto, sacarse las ganas, no para al menos mínimamente argumentar en defensa de un proyecto político. Nuestra única respuesta ante tal escenario sería: no sabíamos, lástima que no nos avisaron antes. Aunque, para ser sinceros, Mocca bien podría replicar: ¿acaso no me habían leído antes? Y la respuesta tendría que ser sí: no podemos decir que no lo sabíamos: qué me importa tu pasado.


viernes, 25 de octubre de 2013

Violencia es Confundir



Hoy los decanos de varias facultades de la UBA, con mucha razón sostienen que las tomas de las facultades han sido violentas e injustificadas. Lo que llama la atención es el título de la nota: "Violencia es mentir" (click). Quizás el título sea responsabilidad del diario. De todos modos, no nos interesa quién es el autor, sino la confusión que subyace a semejante idea.

En efecto, una toma es violenta porque impide, v.g., que la gente entre o salga de un edificio. Es más, aunque el control de la entrada y salida de un edificio estuviera autorizado, seguiría siendo violento llegado el caso si fuera ejercido contra quienes desean entrar o salir, a pesar de que no tuvieran derecho a hacerlo. Negar el carácter violento de una toma, sea o no legítima, sólo ayuda a la confusión.

Sin embargo, la expresión "violencia es mentir" se ha vuelto popular. Quizás se trate de una expresión metafórica, o una manera de hablar, pero algo redundante si el sentido de la frase consiste en que mentir está mal. Otro tanto sucede con la violencia simbólica o cultural.

El peligro de la confusión es bastante claro. No se trata sólo del hecho de que quienes participan en las tomas suelen creer que son o se entienden a sí mismos como pacifistas. Lo más preocupante es que dado que, como reza el adagio latino, "es lícito repeler a la violencia con violencia", la creencia en que una acción es violenta puede llegar a dar pie a una respuesta violenta.

En efecto, podemos defendernos violentamente si alguien nos amenaza con provocarnos un daño físico (v.g., hundirnos el cráneo), pero sería absurdo decir que tenemos derecho a matar al que dibuja un cuadro "violento". Sin embargo, esta última sería la conclusión necesaria para quienes creyeran en la existencia de la violencia cultural o simbólica. Si la respuesta fuera que en realidad, quien habla de violencia del tipo X reconoce que semejante violencia sólo puede ser respondida con violencia del mismo tipo, con lo cual perdería sentido semejante noción de violencia.

Yendo a las tomas, como se trata de medidas violentas, sólo tendrían sentido (serían necesarias, proporcionales y eficientes) ante una violencia anterior. Una elección universitaria puede ser muchas cosas, entre ellas injusta, inmoral, inapropiada, etc., pero difícilmente puede ser entendida como violenta. Por supuesto, como resultado de una elección puede tener lugar una acción violenta (v.g. la asamblea de representantes decide una acción violenta). Pero, otra vez, a pesar de que no nos gusten quienes hayan ganado, de ahí no se puede inferir violencia alguna.

Alguien podría replicar que si bien la violencia cultural no existe, sí existe algo así como la violencia estructural, la cual proviene del carácter mismo de cierto sistema a pesar de que no corre sangre a raíz de acciones individuales. Se suele decir, por ejemplo, que el capitalismo es un sistema violento, y no sólo, v.g., porque la policía reprime a quienes se resisten a ser explotados.

En otras palabras, la violencia del sistema proviene de las omisiones del mismo. Por ejemplo, el capitalismo no impide que la gente se muera de hambre, a pesar de que podría hacerlo a un muy bajo costo. Otra vez, semejante escenario se refiere precisamente a una omisión pero en relación a un daño físico letal. Nada semejante se puede decir del resultado de una elección.

Finalmente, si aceptáramos que podemos reaccionar violentamente contra una elección, es natural la curiosidad acerca de qué sucedería si realmente debiéramos reaccionar ante un acto más grave que el mero hecho de que el sistema bajo el cual tuvo lugar la elección fuera insuficientemente democrático. ¿Freiríamos en aceite al responsable?

Habemus Aulam (126)! Teórico de Filosofía del Derecho este Lunes 28 a las 17

Annuntio vobis gaudium magnum: habemus aulam! En otras palabras, debido a sucesivos estados de excepción, este lunes 28 a las 17 tenemos teórico de Filosofía del Derecho en el aula 126, y el tema va a ser Aristóteles vs. Hobbes, primera parte seguramente. Andrés

martes, 22 de octubre de 2013

¿Quién puede tirar la primera Piedra? Cualquiera

Enhorabuena, luego de habernos referido una y otra vez a los peligros de la falacia de exigir autoridad moral de una fuente a la hora de comprobar la veracidad de una proposición (v.g. click), Página 12 hoy (click) publica una nota por uno de sus columnistas más representativos, Washington Uranga, en la que pide que dejemos atrás la política de preguntarnos acerca de quién puede tirar la primera piedra.

Sabemos que es difícil de creer, por eso nos vemos obligados a citarlo: "Uno de los tantos problemas que afectan la vida política argentina es otorgar valor a algo por quien lo dice sin reparar, en la mayoría de los casos, en lo que efectivamente está diciendo, en la exposición de los hechos, los argumentos y las razones en las que se fundamenta. Esto ocurre de manera particular en tiempos de campaña electoral, donde las pasiones –también las chicanas, las mentiras y las agresiones sin sentido– suelen desplazar con facilidad a la sensatez, al raciocinio y a los criterios que ayudan al discernimiento". Recordemos que hasta hace poco no había inflación, ni inseguridad, etc., y todo porque quienes lo decían no eran kirchneristas.

Es un gran paso adelante por parte del kirchnerismo: en lugar de exigir que paguemos nuestros impuestos para poder criticar al gobierno, o que formemos un partido político y ganemos elecciones (aunque algunos parecen haber hecho caso al kirchnerismo y parecen estar a punto de darle una dosis de su propia medicina), ahora Página 12 pide que nos concentremos en los argumentos, en qué se dice o hace, y no en quién lo dice o hace. Valga la aclaración, el kirchnerismo no inventó la descalificación ad hominem. Pero es uno de los campeones mundiales de este deporte (algo parecido pasó con el fútbol y los ingleses por un lado, y los brasileños, v.g., por el otro).

Es curioso que, v.g., en el caso Cabandié el kirchnerismo (en realidad, sólo una parte, la que no está tan interesada en cuidar el voto, tal como lo muestra el cuidado de Insaurralde en este tema) insista con la teoría que podríamos llamar "Duchamps" de la política, a pesar del llamado de Uranga a abandonarla. En efecto, así como un inodoro es arte si aparece en un museo en relación a cierto artista, o un inodoro sin más según quién lo use o dónde, la prepotencia puede ser un acto moral de acuerdo con quién la comete. Algunos kirchneristas todavía discuten la existencia de una operación en la cual Cabandié se muestra invocando su condición de diputado y de familiar de desaparecidos en ocasión de recibir una multa de tránsito. Es como si Hitler hubiese denunciado una campaña mediática por la filmación de los campos de exterminio.

Por lo demás, no sabemos si la siguiente admonición que figura en la nota: "se trata de juzgar a los dirigentes por sus trayectorias y por la fidelidad o no al mandato que les fue confiado" es parte de una auto-crítica kirchnerista o una crítica indirecta a quienes no pueden justificar su patrimonio y/o tratan de adaptarse como fuera a un electorado volátil.

De todos modos, es una señal de que las cosas pueden cambiar para mejor en estos tiempos y lugares que sólo daban lugar para el mayor de los escepticismos. Por supuesto, no podemos invocar a la lapidación bíblica sin que nos venga inmediatamente a la memoria "La Vida de Brian":