martes, 11 de febrero de 2014

Toujours la Subtilité



Nos habíamos tomado un descanso por varias razones, pero fundamentalmente porque el Gobierno se repite tanto que hacer comentario alguno al respecto nos habría forzado a repetirnos, y, nos crean o no, odiamos repetirnos (sobre la oposición no hay nada que decir, porque fundamentalmente no existe). Sin embargo, no podemos con nuestro genio, y nos vamos a repetir, esta vez en reconocimiento de la sutileza ajena.

El polifacético filósofo Ricardo Forster, ha incursionado nuevamente en los medios, ese medio precisamente en el que se siente tan cómodo, como sapo en el agua. Esta vez, para denunciar que "Las grandes corporaciones le torcieron el brazo al Gobierno" (click), lo cual explica ciertamente la devaluación llevada a cabo por el Gobierno, a pesar de que el Gobierno se jactaba de que quienes esperaban una devaluación deberían esperar otro Gobierno.

Ciertamente, la jactancia anti-devaluatoria del Gobierno, so pena de notoria contradicción, no pudo haberse referido a la devaluación progresiva que el Gobierno mismo ha llevado a cabo durante años y que había aniquilado a la moneda nacional lentamente, sino que dicha jactancia solía referirse a devaluaciones que podríamos llamar significativas, precisamente de un 20 % en un día, como la que tuvo lugar hace muy poco precisamente.

Pero hete aquí que, por un lado, así como Forster reconoce que las corporaciones le han torcido el brazo al Gobierno, por otro lado, en Radio Nacional acusó al diario La Nación por tener la intención de "alimentar el imaginario de un gobierno maniatado” (click). Seguramente, no faltarán quienes arrogándose conocimientos filosóficos no tardarán en atribuirle a Forster haber incurrido en una notoria contradicción. ¿Acaso Forster mismo no reconoce que "las grandes corporaciones le han torcido el brazo al Gobierno"?

Aquí es donde Forster se luce como verdadero doctor subtilis que es, y que habría hecho enverdecer de envidia al mismísimo Duns Escoto. En efecto, y en primer lugar, mientras que La Nación tiene la intención de "alimentar el imaginario de un gobierno maniatado", Forster carece de dicha intención. En otras palabras, su denuncia contra las corporaciones es sin intención. En segundo lugar, Forster habría incurrido en una contradicción si "torcer el brazo" fuera igual a "maniatar", lo cual está lejos de ser verdad. Alguien maniatado no puede hacer nada, mientras que alguien a quien le tuercen el brazo al menos puede precisamente mover el brazo. En tercer lugar, mientras que La Nación opera sobre el imaginario de la gente, Forster en cambio es un filósofo que apunta, suponemos, a la verdad.

Finalmente, la noble actitud de Forster de reconocer que al Gobierno le han torcido el brazo ha resuelto lo que otrora habíamos creído representaba una genuina teodicea kirchnerista. Efectivamente, la designación de Milani nos había planteado un verdadero desafío: ¿cómo reconciliar semejante decisión con la naturaleza omnipotente y bondadosa del Gobierno? (Al César lo que es del César). Gracias a Forster sabemos hoy que si bien el mal existe y Cristina es bondadosa, ella no es omnipotente. Queda por ver por supuesto cómo reconciliar la bondad presidencial con la designación de Milani (o con la inflación o la devaluación para el caso), desafío comparable al de reconciliar la existencia de Dios con la tragedia que es la vida humana. Sin embargo, el atributo de la omnipotencia representaba un desafío todavía mayor.

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