jueves, 2 de enero de 2014

Nazis eran los de Antes, y los Catones también




Hace unos días apareció una nota de Perfil: "El uso actual del insulto “nazi”: una explicación", escrita por Guillermo Raffo y Gustavo Noriega (click), cuya tesis central parece ser que la palabra "nazi" es un adjetivo apropiado para designar al kirchnerismo. Sin embargo, los argumentos que podemos reconstruir de la nota dejan bastante que desear.

Un primer argumento consiste en que el "súbito prurito por la precisión" que muestran quienes no están de acuerdo en que el kirchnerismo es nazismo "no es consistente con el uso que el kirchnerismo le da a las palabras". Este argumento parece suponer que sólo un kirchnerista está en desacuerdo con la equiparación entre nazismo y kirchnerismo, pero no nos vamos a meter con esto. La cuestión es que del hecho que los demás no sean precisos no se sigue que uno mismo pueda darse el lujo de no serlo. En realidad, el descuido en la argumentación y en la terminología bien podrían ser designados como kirchnerismo metodológico, como hemos comprobado en este blog frecuentemente por desgracia.

Un segundo argumento es: "No hay buenas palabras para nombrar  lo que está pasando en Argentina y en otros países cuyos populismos modernos mencionamos mucho y entendemos poco". Es obvio que del hecho que nos falten palabras para designar al kirchnerismo no se sigue que el kirchnerismo sea equivalente al nazismo. Podríamos usar cualquier otra palabra.

Un tercer argumento arrima algo más el bochín, por así decir, ya que consiste en que "Algunos atributos típicos del nazismo aparecen claramente en el ejercicio del gobierno en la Argentina: falseamiento de las estadísticas, culto a la personalidad, indiferenciación entre Estado y partido gobernante y entre Estado y líder, propaganda sistemática, utilización del aparato del Estado para intimidar opositores, uso secreto de fondos oficiales". En una entrada anterior (nazis eran los de antes), sin embargo, ya habíamos indicado el problema con este argumento recurriendo a lo que habíamos llamado "pichettismo metodológico" (senador, lo que se dice senador y Némesis). Lxs lectorxs sabrán disculpar la auto-cita siguiente:

"En efecto, aplicando la distinción que hace Pichetto entre argentinos argentinos (o absolutos, o simpliciter) y argentinos judíos (o relativos, o secundum quid), podríamos distinguir entre nazis nazis o nazismo sin más, o absoluto, etc., y nazismo de cierta clase o relativo, según el cual sería nazi todo aquel o aquello que tuviera cierta relación con el nazismo. Por ejemplo, todos los seres humanos serían nazis relativos dado que comparten con los nazis un aparato respiratorio (no podrían haber sido nazis sin respirar, pero no por eso respirar es nazi). Es más, hay cierto nazismo anodino que va más allá de ciertas propiedades comunes a todos los seres humanos. Hay instituciones que fueron creadas por los nazis, tales como la de la juventud política (la tristemente célebre Hitlerjugend), pero nadie cree que por eso, v.g., la Juventud Radical (si es que todavía existe) es una institución nazi en algún sentido relevante (X fue creado por los nazis, de ahí no se sigue que todos los que tengan un X sean nazis). Si la Juventud Radical no lo es, entonces, mal que nos pese, tampoco podría serlo La Cámpora (al menos hasta ahora; de la Juventud Radical podemos hablar con certidumbre porque ya no existe). Otro tanto ocurre con la importancia que el nazismo le daba a la publicidad oficial o al deporte para difundir su mensaje. No por eso cualquiera que ponga la publicidad oficial o el deporte al servicio de su causa es, amén de ser un nazi relativo, por eso un nazi en sentido estricto".

Finalmente, la nota hace referencia al "catonismo", una expresión acuñada por Barrington Moore, Jr. y que "Pregona una moralidad que no es instrumental; no tiene como objetivo una vida mejor y entiende la felicidad como una ilusión burguesa decadente. La moral del catonismo es la base de un discurso épico que le sirve para ocultar o negar las condiciones sociales reales. Valora la obediencia y las jerarquías  pero no en el sentido burocrático del Soviet sino proponiendo la restauración de valores patrióticos perdidos: camaradería, gemeinschaft, heimat. Reivindica una idea provinciana del arte, alentando expresiones folklóricas y rechazando las foráneas. Su condición más fascista es también la que más resuena como algo familiar en el presente: el catonismo de Moore se constituye a partir de enemigos. El extranjero decadente, el intelectual cosmopolita, el mundo de las finanzas, el comerciante".

(Sobre el "catonismo" en sí mismo, que refiere a Catón el Censor y no al de nuestra Causa o de Útica, vamos a estipular en aras de la argumentación que su descripción es correcta. Sólo querríamos aclarar antes de continuar que en realidad toda teoría política tiene enemigos, y el catonismo, o el liberalismo para el caso, no es una excepción. Tampoco lo son los autores de la nota).

Ahora bien, la nota continúa: "Podríamos llamar catonismo a lo nuestro y nos acercaríamos bastante. Sin embargo, la analogía no termina de resolver el problema del presente. El Catón original inspiró a Spengler y —vía Spengler— a Mussolini. Pero la República francesa también es hija de la guillotina. Y ni Catón ni Spengler ni Robespierre ni Mussolini habrían actuado de la misma manera en Facebook, o en el subte. Su mundo era otro". Podríamos agregar nosotros que el republicanismo originario se basaba en la idea misma de esclavitud; sin embargo, la cuestión pasa por ver si la comprensión histórica del republicanismo impide todo uso posterior del republicanismo. También el liberalismo originario contemplaba y justificaba la esclavitud y el colonialismo. De ahí no se sigue entonces que debamos deshacernos del liberalismo, o por ejemplo de Locke y de Tocqueville.

Dicho sea de paso, la nota misma es consciente de su anacronismo: "Y ni Catón ni Spengler ni Robespierre ni Mussolini habrían actuado de la misma manera en Facebook, o en el subte. Su mundo era otro", con lo cual no hace falta recordar el anacronismo que la atraviesa ni preguntarnos para qué la nota apela a la historia entonces en absoluto. Luego la nota apela al fascismo como epíteto apropiado para el kirchnerismo, y para ahorrar espacio y tiempo diremos que nuestras consideraciones anteriores también se aplican a este término.

El final de la nota es revelador: "Que son malos es, por supuesto, lo que uno quiere decir en última instancia". El sentido de la nota parece ser entonces que el kirchnerismo es en parte nazi, en parte fascista, en parte "catonista", porque es malo, o inaceptable, etc. Pero elegir a nazi, o fascista, etc., como equivalente de "inaceptable" es tan confuso como usar "democrático" como equivalente de "aceptable", por una obvia razón: no todo lo que está seriamente mal en términos morales (o políticos) es nazi, y no todo lo que está muy bien en términos morales o políticos es democrático. En realidad, usar nazi, etc., para referirse al kirchnerismo sirve a propósitos más expresivos que políticos y bien puede ser políticamente contraproducente. Quién sabe, en el futuro quizás los autores de la nota tengan razón. Pero entonces, por ahora, no nos queda otra que esperar.