sábado, 13 de agosto de 2016

"Los verdaderos republicanos somos nosotros, los populistas"




Nos vemos en la obligación de comenzar aclarando que el título de esta entrada, entendemos, no es irónico (i.e. no pertenece a Monty Python), sino que es literal y pertenece al profesor Eduardo Rinesi, al menos según la Agencia Paco Urondo (click). Se trata de una proposición que invita al debate y por eso resulta tan atractiva.

Por alguna razón, mientras que los populistas ocasionalmente tratan de acercarse al (y a veces parece ser hasta quieren apropiarse del) republicanismo, rara vez los republicanos hacen otro tanto en relación al populismo. Nos hace acordar al caso mencionado por Jackie Mason, quien con mucha razón solía contar que mientras que los judíos habitualmente se nutren de comida china, rara vez alguien ha visto a algún chino comiendo comida judía. Quizás se trate de un éxito de relaciones públicas o simplemente se deba a que la comida china es mucho más rica (o los primero debido a lo segundo). Habría que ver si lo mismo se aplica a la relación entre populismo y republicanismo.

Para evitar confusiones, y sin entrar en la cuestión de cuál comida es la más rica, quizás convenga primero hacer un retrato del republicanismo para luego poder determinar si el populismo se le parece o no, con independencia de si el retrato es bello o feo, deseable o indeseable, etc.

Nuestros lectores habituales a esta altura ya saben que a continuación vamos a hacer sonar nuestra propia corneta (Razones Públicas), i.e. vamos a mencionar los cinco rasgos esenciales del republicanismo que no pueden faltar en un retrato republicano clásico. En Razones Públicas consta por qué el retrato que sigue no es una estipulación sino un retrato de la tradición republicana clásica. A continuación nos limitamos a describirlo (Test de republicanismo en sangre).

El primer rasgo esencial del republicanismo es el de la libertad como no dominación, según la cual una persona es libre si no depende del arbitrio de otra persona (sea física o jurídica). En otras palabras, una persona es libre si depende de la ley y nada más. La libertad republicana y el personalismo son completamente incompatibles.

El segundo rasgo es la virtud. Dicha virtud no tiene por qué ser moral; antes bien, se trata de una noción política (precisamente, Montesquieu decía que la republicana es una "virtud política"). La otra cara de la importancia de la virtud es que no se puede ser republicano y defender la corrupción, que precisamente consiste en la falta de virtud.

El tercero rasgo es el debate producido por la participación cívica o popular (dicho sea de paso, no hay que olvidar que "pueblo" es una noción distintiva y originariamente republicana). El conflicto político no se debe a que la gente sea mala o estúpida sino a que incluso agentes virtuosos pueden tener diferentes visiones o proyectos sobre lo que debemos hacer en conjunto. En particular, no podemos calificar a quienes están en desacuerdo con nosotros como enemigos del pueblo sólo porque piensan diferente.

En cuarto lugar, la otra cara del debate cívico es la autoridad de la ley. Dado que los desacuerdos políticos son inevitables tenemos que tomar una decisión sobre cuál es el camino que vamos a seguir y una vez tomada la decisión no podemos incumplirla sosteniendo que las instituciones consagran el status quo. El debate político y el eslogan "la ley es la ley" son dos caras de la misma moneda. Otro tanto se aplica a la distinción entre derecho y poder, característica del discurso republicano.

En quinto lugar, la patria. En efecto, la libertad como no dominación, inspirada por la virtud, la cual en lugar de impedir el debate lo estimula, debate que a su vez es canalizado gracias a la autoridad de la ley, todos estos rasgos tienen como espacio la patria e incluso la nación siempre y cuando entendamos a esta última no en términos chauvinistas sino tal como Ernest Renan la entendía, i.e. como equivalente de patria. De ahí que la expresión "patria libre", bien entendida, es redundante y que sólo pudo haber emergido una vez que el nacionalismo chauvinista se apropiara de la noción de patria.

En efecto, si estamos dominados, no nos preocupa la corrupción, la unanimidad es la regla, nos gobierna el personalismo de un líder providencial y creemos que la nación (sea el territorio, la cultura, etc.) es más importante que las instituciones cívicas, entonces ya no vivimos en un régimen republicano, ya no tenemos una patria en sentido estricto, sino que hemos caído en el cesarismo.

En conclusión, expresiones tales como republicanismo populista o populismo republicano son inevitablemente contradictorias, a menos que se trate de una ironía (aunque a veces no sea fácil percibir la ironía).

37 comentarios:

Anónimo dijo...

¿Es compatible la distinción entre libertad republicana y personalismo, por un lado, con una gran delegación del poder popular (por poner un par de ejemplos, la delegación de la facultad legislativa, la crítica de Rousseaua la "representación", etc.; la delegación de la revocabilidad de funciones "ejecutivas")? Dicho de otro modo, la primero mentada distinción, ¿no corre el riesgo de desdibujarse cuanto mayor sea la delegación de poder por parte de la totalidad de la comunidad política (los ciudadanos)? Saludos.

Andrés Rosler dijo...

Hola Anónimx, muchas gracias por el comentario. Por supuesto que la delegación del poder puede incrementar los riesgos del personalismo. En el caso del republicanismo clásico semejante delegación sólo tenía lugar en momentos de crisis y bajo controles bastante estrictos. El capítulo 6 de Razones Públicas (pp. 272 ss.) discute precisamente eso. Sobre la representación y su relación con el pueblo, sin duda que la representación no es fácil de reconciliar con el republicanismo clásico (convendría ver pp. 209-212). No hay que olvidar que el retrato es del republicanismo clásico u originario, que se supone contiene ingredientes que no pueden faltar en receta republicana alguna.

Anónimo dijo...

Muchas gracias por la respuesta, Andrés. Justamente, en consonancia con lo que vos lo comentás, se me planteó la fuerte duda acerca de si esa noción de libertad era realmente compatible con una delegación "alta" de poder, como es concretamente la idea moderna de representación. No sería imposible, después de todo, que el republicanismo moderno prescindiera de la idea misma de representación (Rousseau?), o de libertad en ese sentido específico (?)...

Anónimo dijo...

Te debo lo del libro, al menos hasta que recupere un poco el bolsillo, pero es tenido en cuenta! Muchas gracias.

Andrés Rosler dijo...

La representación no tiene por qué ser un problema si la decisión tomada por el representante no es una interferencia arbitraria. En todo caso, el problema pasa por estipular cuándo hay o no hay interferencia arbitraria, i.e. dominación, que es el tema del capítulo 1 (pp. 53-66).

Anónimo dijo...

Claro, estoy presuponiendo al respecto lo que plantea Rosseau: la voluntad popular no puede ser representada en cuanto a su función legislativa; podría agregarse que tampoco la elección y remoción de cargos técnicos (ejecutivos, judicial) debe estar infinitamente alejada de la voluntad popular. O sea, creo que claramente es una "interferencia arbitraria" la alienación o enajenación de funciones tales como la elaboración de las leyes o la elección-remoción de cargos técnicos.

Anónimo dijo...

Dicho de otra manera, entiendo que respecto de esta delegación se trata de una cuestión de derecho y no de hecho. De otra manera, habría que hacer un plebiscito cada vez que el representante toma una decisión, para saber si es o no una interferencia arbitraria.

Anónimo dijo...


Muy buena reflexión. Le recomiendo lo que dice Rinesi, en esta conferencia, sobre la libertad republicana, a los 1:01:10 minutos. Con esto se hace un libro. Saludos.

https://www.youtube.com/watch?v=Nz0mLTwiWx4

Eduardo Reviriego dijo...

La frase de Rinesi no deja de ser una buena noticia, puesto que si un populista se quiere apropiar también de la república debe ser porque la considera valiosa. Obviamente no debemos dejar a un lado que ahora los populistas son opositores, y ¡qué opositor no dice ser republicano!

Andrés Rosler dijo...

Anónimx 17.25: muchas gracias otra vez. El libro debería estar en alguna biblioteca. Anónimx, 20.12, muchas gracias por el video. Rinesi se concentra en la noción de libertad externa (discutida en el libro al final del capítulo 5), sin mencionar que la no dominación no sólo es externa sino además (y fundamentalmente) interna (con las consiguientes nociones de libertad, virtud, debate y ley).

Andrés Rosler dijo...

Anónimx 17:50, sin duda, la noción de interferencia arbitraria es normativa. La cuestión es si la idea de no dominación, con independencia de cómo fue implementada en Roma, es necesariamente incompatible con la representación. Los representantes, v.g., pueden votar una ley (sin conformarse con un decreto que podría ser fácilmente derogaba) que asegura una renta ciudadana para evitar que quienes tengan menos recursos queden expuestos a la dominación económica.

Andrés Rosler dijo...

Anónimx 20:12, muchas gracias por el comentario. Sin duda, la libertad como no dominación debe ser interna y externa. Rinesi en el video sólo habla de la externa, no menciona los cinco ingredientes básicos del republicanismo. Y de hecho el republicanismo clásico prefería terminar con la república y/o abrir la puerta a los extranjeros antes que sufrir la dominación interna. ¿De qué sirve ser libres externamente si no somos libres internamente?

Anónimo dijo...

Estimado Andrés, muchas gracias por tu respuesta. Tomo tu ejemplo: "Los representantes, v.g., pueden votar una ley ...que asegura una renta ciudadana para evitar que quienes tengan menos recursos queden expuestos a la dominación económica". ¿Puede negarse que, en este caso, de acuerdo al republicanismo quien tiene menos recursos DEBE estar "en manos" del representante? (lo mismo, evidentemente, se extiende a la totalidad de los representados). Finalmente, estar "en manos de" otro, ¿no es en sí mismo una interferencia arbitraria? ¿no se es esclavo de igual manera si alguien deja su voluntad en manos de un virtuoso que si se deja en manos de un corrupto? Por otro lado, esta apelación última a la virtud del representante me recuerda a un comentario que alguien hacía sobre el marxismo, "bonita teoría, especie equivocada".

Andrés Rosler dijo...

Cuando dependemos de la ley (que en nuestro caso es sancionada por representantes) no estamos "en manos" del representante sino de la ley. Como dice Cicerón: "Somos todos esclavos de las leyes para poder ser libres". Por supuesto, estoy hablando de una ley entendida en términos republicanos. En última instancia, sólo un anarquista puede darse el lujo de ser escéptico sobre la ley debido a que es sancionada por seres humanos (el grave problema que tiene el anarquismo, a su vez, es que no puede explicar el conflicto político genuino). Precisamente, el famoso comentario de Wilson (especialista mundial sobre las hormigas) sobre el marxismo se debía entre otras cosas a que el marxismo está en contra de la autoridad de la ley, no a favor.

Eduardo Reviriego dijo...

Un ley "entendida en términos republicanos" sería una ley que se ajustara a la constitución. Sin embargo el tema es para nada pacífico en el ámbito doctrinario. Incluso algunos -Fernando Atria, entre ellos- entiende que eso sería un derecho pre-moderno. Cuando se lee a estos autores queda la impresión de que están obsesionados con la idea de que "los principios" pudieren contaminar la pureza de su derecho positivo. ¿Es así?

Anónimo dijo...

Estimado Andrés, si dependemos de una ley que dicta el representante, volvemos al mismo punto. La cita de Cicerón no dice nada sobre lo discutido: quién es el legítimo legislador, ¿la comunidad política o un/os especialista/s? Decir que sólo un anarquista "puede ser escéptico sobre la ley debido a que es sancionada por seres humanos" es plantear injustificadamente un dilema falso. Hay algo entre la anarquía y el/los especialista/s, y sigue siendo humano (la comunidad política en su conjunto). Dado que la ley es una "cosa pública", lo primero a justificar es cómo la comunidad política puede enajenarse de su facultad de decisión y seguir siendo humana (además ¿de qué virtud y libertad hablamos luego de semejante enajenación?). Finalmente, si la ley debe ser elaborada por "especialistas" (poseedores de alguna ciencia establecida), es difícil ver qué función juegan nociones como "virtud" (¿qué importa la virtud para ser buen científico?); "peligro de personalismo" (¿qué es ser personalista en ciencia?); "conflicto-discusión" (en período de ciencia normal, se aplica lo establecido; en período de ciencia revolucionaria, guerra civil, la COMUNIDAD científica construye un nuevo consenso). La misma idea de "representación" tiene poco sentido si el representante se remite sólo a una doctrina (ley fijada) y excluye la voluntad del representado, o prima aquella sobre ésta (presuponiendo que la fuente de legitimidad de la ley es la voluntad del representado).

Andrés Rosler dijo...

Pido disculpas entonces por haber mencionado al anarquismo. Pensé que la objeción era que dado que en el fondo toda ley es hecha por seres humanos, en última instancia el gobierno de la ley es tan arbitrario como el gobierno de un ser humano. Pero ahora entiendo que el problema es la representación en sí misma. Mientras que no hay problemas con una ley sancionada por una asamblea en la que participan todos (y deliberan, etc.), en cambio una ley sancionada por representantes es por definición arbitraria. Convendría primero tener en mente que esta clase de objeción no es compartida por la tradición republicana clásica (durante siglos los republicanos cantaron las loas del Senado romano, una institución que siempre fue representativa) sino que el único republicano que la sostiene es Rousseau (y no me extrañaría que hasta él haya cantado sus loas). En segundo lugar, el representante no es un especialista, al menos para el republicano, sino alguien fundamentalmente elegido por la comunidad política (y quizás la razón sea que se trata de un especialista). El republicanismo busca la libertad como no dominación, i.e. no depender del arbitrio de otra persona. Pero de ahí no se sigue que alguien es libre si solamente depende de su propio arbitrio (puedo sin representantes decidir ser un esclavo no interferido, algo que permite la libertad negativa, pero que es incompatible con la libertad republicana). La cuestión en el fondo entonces es ver si podemos ser libres aunque estemos bajo la autoridad de instituciones representativas. Por ejemplo, existen cortes constitucionales (como la alemana o la colombiana) que han tomado decisiones republicanas a pesar de que en dichas cortes obviamente no participan todos los ciudadanos. La pregunta es: ¿por qué es imposible la libertad republicana bajo instituciones representativas?

Anónimo dijo...

Estimado, ciertamente hay que definir más claramente "no depender del arbitrio de otra persona" en el problema de la representación. Esa "no dependencia" no es condición suficiente de la libertad, pero lo que estoy planteando en definitiva es que es condición necesaria. Lo principal es que, aunque ciertamente una decisión puede hacerme más esclavo, si no tengo posibilidad de decidir en la ley no hay posibilidad de ser libre. ¿Qué contenido puedo darle a "libertad como no dominación" o "imperio de la ley" si yo no participo con mi decisión en la ley? Comentario al margen: la libertad sólo se puede perder por una decisión tomando "libertad" en términos absolutos para el plano de la acción. Me resulta inconcebible, en el plano de la acción, un ser humano absolutamente libre tanto como otro absolutamente esclavo. Quizás, con Aristóteles, diríamos que es "una bestia o un DIos". Entonces el riesgo nunca puede ser, realmente, decidir ser esclavo sin más, en absoluto. Segundo, el argumento "no podés tomar parte en el gobierno porque podés decidir ser esclavo" me resulta indistinguible de "no podés jugar porque podés perder" (o bien, porque te puede salir mal). La discusión es ¿qué es jugar este juego? Difícilmente "jugar" sea "no participar", o sea, no decidir (a lo que equivale delegar mi poder de decisión en la ley, o sea, la ley no comprende la decisión de todos aquellos a quienes rige). Por eso es incompatible la representación con la libertad como dominación y el imperio de la ley. Ser ciudadano es gobernar y ser gobernado (dirá Aristóteles si no recuerdo mal), siendo "gobernar" tener una participación real en el gobierno. Por otra parte, si el argumento es "mi decisión me puede hacer esclavo", de nuevo, ¿hay una opción de infalibilidad? No. Decidir es estar necesariamente expuesto a consecuencias no deseadas. Ademas, es obvio que cuanto decimos del "representado" aplica al "representante", entonces la discusión es vana. También el representante puede decidir algo que lo haga más esclavo.


Andrés Rosler dijo...

(1) Para el republicanismo es mejor o preferible participar, pero de ahí no se sigue que no hay república si hay representación. Dado que el ejemplo de las cortes constitucionales no tuvo éxito, ¿no podría un congreso de hombres sancionar una ley que consagrara la no dominación de, v.g., las mujeres? Además, si la representación fuera incompatible con el republicanismo (i.e. con la no dominación), un republicano no podría jamás aceptar la autoridad de la constitución, a menos que por constitución entendiéramos reglas no sólo aceptadas sino sancionadas por la generación a la cual se la aplica, cuando en realidad toda constitución aspira a ser aplicada a la generación contemporánea y a las siguientes. Además, los representados pueden contar con mecanismos que les permitan aceptar o rechazar las decisiones de los representantes. Precisamente, la graphe paranonom, una creación de los creadores de la democracia directa, era un mecanismo para impedir que la participación directa (y no la representación que se supone que no había) no aniquilara la democracia. Semejante control no era ejercido por todo el pueblo sino por ciertos representantes (otra vez, una especie de tribunal).
(2) Sin duda que lo que decimos sobre el representante se puede aplicar al representado, pero eso es un problema para quienes defienden la incompatibilidad entre republicanismo y representación y/o la infalibilidad del que no es representado.

Andrés Rosler dijo...

Perdón: léase "aniquilara la democracia", sin el "no".

Anónimo dijo...

Sobre (1) quizás sea necesaria una definición, por eso presenté la de Aristóteles. En este punto, sí, no creo que haya matices: se participa o no se participa realmente en el poder. Si soy ciudadano, debo participar; el que no participa (no gobierna) no es ciudadano (porque sólo es gobernado, o sea, acata una ley externa, osea, está bajo dominación arbitraria). Podría remplazarse en lo anterior "participación" por "libertad". Ahora, está claro que puedo participar (o ejercer la libertad) mejor o peor. Ese es otro problema, y no parece aceptable argumentar que porque ejerzo mal la libertad entonces debo ser privado absolutamente de ella. En cierto sentido, ciertamente, podría pensarse aquí en la "justificación" aristotélica de la esclavitud: sólo es libre el que es autónomo. Es una verdad a medias, inaceptable en la medida en que no se considere que un individuo sólo es autónomo en y por una polis autónoma; sobre todo, una vez más, hay que postular que en cuanto ser humano se es capaz de autonomía y además pensar la autonomía como proceso (que nunca podría alcanzarse ni perderse en absoluto; se tiende hacia ella o se aleja de ella).

En los ejemplos que diste, entonces, creo que siempre hay alguien que no participa del poder. Por una cuestión de derecho, no se puede separar el presunto contenido valioso (igualdad de la mujer, igualdad económica) del ejercicio mismo de la libertad. Algo similar se puede decir de los mecanismos que mencionás: presentados de esa manera son "paliativos", pero la cuestión presentada es anterior e implica decidir qué es participar realmente en el poder y quiénes lo hacen. Entonces hay que decidir si la aniquilación de la democracia por parte de la participación directa se entiende como "el jugador pierde" o como "el jugador se lesiona". Si creemos que es la segunda, llamamos a los doctores, los especialistas. Pero entonces los que realmente juegan (los ciudadanos reales) son los especialistas. Acá, nuevamente, no veo término medio ni mecanismo alguno que lo "solucione".

Respecto de la constitución, partiendo de la no dominación como igual participación en el poder, lo central es que todos participen. De ahí no se sigue que la constitución deba cambiar a cada instante ni que deba durar diez siglos. Esto es una cuestión empírica, variará con las circunstancias conforme a la libre decisión de los ciudadanos. La autoridad no corre riesgo necesariamente. Por otra parte, ¿por qué creer que la mera estabilidad es signo de buena salud, si las cuestiones de fondo son de derecho? Nadie está planteando al auto destrucción deliberada. Nuevamente, es necesario no caer en falsos dilemas. Lo que no puede escamotearse es que la mera presencia o permanencia de la ley (en el sentido de ley positiva, ley fijada) no garantiza que el poder ejercido mantenga legitimidad (se mantenga como dominación no arbitraria). Creo que es un fetichismo tan condenable como el "espontaneismo" contrario y, volviendo al origen de la discusión, pierde de vista la cuestión de la interferencia arbitraria o libertad.

Sobre (2), creo que estamos diciendo lo mismo, pero curiosamente cada uno ve en ello apoyo para las consecuencias opuestas. El punto es: A) si representante como representado son igualmente falibles en tanto que humanos; B) si la cuestion de las decisiones y la participación política es irreductible a ciencia alguna y es intrínsecamente polémica; C) si es necesario participar en el poder para no estar bajo dominación interna o externa; ¿cuáles son los argumentos concretos para (i) sostener que la totalidad de aquellos a quienes rigen la ley y pueden participar de ella (defínase como se quiera, mayor de 18, cualquier género, etc.) no debe participar; y (ii) un representante debe usufructuar la dominación arbitraria de la mayoría para detentar el poder? No veo como de A, B Y C se puede derivar legítimamente una justificación de la representación política.

Andrés Rosler dijo...

Entiendo que alguien prefiera la participación o crea que es más importante que la no dominación, pero sigo sin ver la conexión necesaria entre no dominación y participación. Decir que las mujeres en el ejemplo sigue sin ser libres, a pesar de no estar dominadas, porque no participaron de la decisión es circular (o en todo caso equivale a creer que la participación es más importante, lo cual sigue separando la participación de la no dominación). Y si reconocemos la necesidad de tener constituciones que trasciendan a las generaciones que las sancionan (así como controles de constitucionalidad), no veo cómo se puede insistir en que la participación es constitutiva de la libertad como no dominación. Si el argumento fuera que cuando uno acepta una constitución participa (i.e. para participar no hace falta además ser el creador), entonces, v.g., las mujeres pueden aceptar la no dominación sin haber participado de o creado la ley. Respecto a la infalibilidad, si la participación fuera infalible eso podría mostrar que la representación queda fuera de combate. Si no lo fuera, volvemos al punto anterior.

Anónimo dijo...

-La participación es constitutiva de la no dominación, ese es el punto. No es que sea preferible. Por eso dije "condición necesaria", que no es igual a "suficiente". Son cosas distintas, y sin embargo no puede haber no dominación sin participación. La pregunta sería, en todo caso, qué más hace falta. invierto la carga de la prueba, decidí vos qué es no dominación. Yo acá ya di al menos un principio de definición. Tampoco respondes cómo se puede participar a medias, es una idea bastante extraña.
-Deberías especificar qué quiere decir que la constitución "trasciende" a la generación que la sanciona y cómo eso sería deseable manteniendo la no dominación. "Control constitucional" entra perfectamente dentro del trabajo de la ley, la discusión es (otra vez) quién lo hace: el que hace el control es el que participa en el poder; el que queda afuera no es ciudadano.
-No sé qué sentido tiene en política participar sin elaborar la ley. Volvemos a Rousseau.
-La representación implica necesariamente la no participación del representado. Ergo, no es ciudadano. Hasta acá no dijiste nada que pudiera contradecir esto. Por otra parte, requerir infalibilidad delata que no interesa ni la libertad ni el conflicto. Finalmente, algo que me quedó de tu comentario anterior al último: nunca hablé de la infalibilidad del representado, por lo mismo que te acabo de decir antes; por otra parte, es absurdo téorica y prácticamente, i) por definición no hay "decisión" infalible (¿seguimos hablando de humanos, no?); ii) ¿vos sólo tomas decisiones cuando sabes que no vas a fallar (suponiendo que supieras eso)?

Andrés Rosler dijo...

La dominación consiste en la interferencia arbitraria. Si la participación equivale a interferencia justificada, tenemos un ganador. Pero no veo por qué si no participo voy a estar dominado siempre, en todos los casos, sin que importe cuál es la decisión, a menos que se estipule que la no dominación consista en participar. En cuanto a la constitución, voy a tratar de ser más claro todavía: una constitución hecha en tiempo T0 aspira además a ser vigente en tiempos posteriores T1, T2, etc., con lo cual va a haber gente que si la obedece en T1, T2, etc., a pesar de no haberla sancionado en T0 (v.g. porque no había nacido) no va a ser libre según la tesis de la conexión necesaria entre no dominación y participación. La constitución no tiene que ser eterna, sin embargo el desfase generacional se va a mantener. El control de constitucionalidad, otra vez, para que tenga sentido en lugar de ser una repetición (es muy probable y razonable que quien dicta una ley crea que es constitucional) tiene que estar en manos de un agente distinto al que dictó la constitución, lo cual es incompatible con la conexión necesaria entre no dominación y participación. Me parece que ya dimos toda la vuelta.

Eduardo Reviriego dijo...

En este tema de la representación conviene no olvidar que estamos frente a una ficción, como lo ha estudiado Edmund S. Morgan en su conocida obra "La invención del pueblo": "Su consentimiento, dado en el Parlamento, debía ser tan pleno como si los electores hubieran asistido en persona."Como si". La representación desde el principio fue en si misma una ficción. Si el representante aprobaba algo, sus electores tenían que simular que ellos lo habían aprobado". (pagina 40 de la edición de siglo XXI. Buenos Aires. 2006).

Anónimo dijo...

Excelente punto, Eduardo. Sólo agrego que si esa ficción está en la base del sistema político tenemos que hablar de mistificación y alienación.

Andrés, nuevamente muchas gracias por tus respuestas.

-Efectivamente, creo que la no dominación consiste (entre otras cosas, pero como elemento necesario) en participar: ser ciudadano es no sólo ser gobernado sino también gobernar, la voluntad general no puede ser representada en su facultad legislativa ni alienarse a dirigentes cuyo cargo no puede remover. La definición de dominación como interferencia arbitraria descansa en una posterior especificación de "arbitraria", o bien es nominal y vacía. La cuestión, otra vez, es quién define "arbitrario": todos, pocos, uno. Segundo, acá cabe presentarse tu propio argumento: si alguien o la mayoría define que no es arbitraria la esclavitud (delegar la participación), ¿después podemos hablar de libertad, virtud, etc.? La cuestión es si aceptas esa tesis (es necesario participar en el poder para ser libre políticamente o no estar dominado) o no y por qué.
-Exactamente, quien acata una ley sobre la que no tiene participación es esclavo. Soy esclavo si simplemente me mantengo en la ignorancia y obedezco la ley sin distinguirla de una extorsión (el ejemplo de Rousseau sobre el ladrón), y también soy esclavo si sé que la ley es distinta de la violencia pero no hago algo para participar en ella (cambiar si hay algo que hacer para cambiarla, que son algunos casos pero no todos; hacer nuevas leyes, que son otros tantos). Evidentemente, distintos tipos de leyes resultan inútiles en diferentes velocidades. La participación no implica revocar todo en todo instante. Creo que ya acordamos en que eso es absurdo. Yo agrego, tan absurdo como lo contrario: porque está legislado, se deduce que responde a la fuente de la ley (notar que esta concepción cae incluso bajo la falacia naturalista: porque es, debe ser). Separar la ley de la fuente de la ley es claramente una situación de alienación o dominación arbitraria. Esa separación acarrea el peligro de no poder diferenciar poder legítimo (imperio de la ley) de ilegítimo (dominación). Lo que sí implica la participación es, perdónese la tautología sciolística, que: lo bueno se mantiene y lo que es malo (o era bueno y ya no tanto) puede y ser cambiado; el agente de ese cambio (y sólo ese agente) es soberano y ciudadano; la calidad de soberano y ciudadano (la participación) no puede delegarse.
-Sobre el control constitucional, ante todo implica una regresión indefinida: el control 1 va a creer, efectivamente, que hace lo mejor y no puede controlarse a sí mismo, luego al control 1 debería seguirle el control 2, etc. Es el mismo resabio fundamentista de querer la infalibilidad, y además intenta falazmente buscar un fundamento extra social a la ley. Segundo, es notable que se le conceda a un grupo reducido en segundo grado (luego del representante) el "beneficio" de la deliberación, pero sea inconcebible la deliberación de la comunidad política en su conjunto. No está en discusión cuán difícil es hacerlo, sino la cuestión de derecho.

Andrés Rosler dijo...

Si recuerdo bien, Rousseau creía que el legislador originario, que por definición no era ciudadano (y por lo tanto era representativo, o en todo caso no había participación cívica en el momento constituyente), era decisivo para el diseño institucional de su república (de ahí la importancia de Solón, Licurgo, etc.) y también creía que la democracia en sentido estricto (entiendo directa, i.e. sin representación) era un gobierno apropiado solamente para dioses. Da la impresión de que Rousseau entonces creía que la democracia directa es un régimen imposible y que en todo caso habría que tolerar al menos un mínimo de representación.

Anónimo dijo...

-Sobre el legislador "originario", puesto así es evidente que contradice lo que el propio Rousseau dice acerca de la voluntad general como fuente indelegable de la ley (y, a partir de eso, todo lo que distingue a Rousseau en su pensamiento político). En el parágrafo el mismo Rousseau tiene la honestidad intelectual de remarcarlo: "El que dicta las leyes no tiene, pues, o no debe tener ningún derecho legislativo, y el mismo pueblo, aunque quiera, no puede despojarse de un derecho que es inalienable... Ya he dicho esto pero no es inútil repetirlo. Así, encuéntrense en la obra del legislador dos cosas aparentemente incompatibles: una empresa sobrehumana y para su ejecución una autoridad nula". Basta con la característica de "sobrehumana" ("Sería menester de dioses dar leyes a los hombres" dice antes) para notar que, o Rousseau tira por la borda todo lo que dijo sobre la voluntad general, o bien todo el parágrafo debe leerse de otro modo. Creo que la pista puede estar al final el parágrafo: "Lo expuesto no quiere decir que...que la política y la religión tengan entre nosotros un objeto común, pero sí que, en el origen de las naciones, la una sirvió de instrumento a la otra". O sea, este es el modo en que históricamente se dieron las cosas, las sociedades históricamente se dan una institución religiosa, poniendo en una fuente extra social (dios, o un legislador "originario" que de hecho es un dios) el origen de la ley. Es evidente, y Rousseau lo remarca, que esto es una situación de alienación. Y segundo, del hecho que la mayoría de las sociedades humanas fueran heterónomas no se sigue que todas deban serlo. De nuevo es la falacia naturalista.
-Sobre la democracia como régimen divino. En parte ya fue contestado anteriormente. Por otra parte, siempre leí este pasaje como un reconocimiento honesto de Rousseau acerca de la inmensa dificultad del régimen democrático. Creer que un pasaje tira por la borda medio libro es muy extraño, no? En todo caso, hay que elegir qué idea tiene más valor (¿cómo exponés vos a Rosseau, como teólogo o como político?). Finalmente, no es necesario ser rousseaunianos para reconocer algo bueno en Rousseau. Aquí debería remitirme a la lectura de Castoriadis: la democracia es un régimen trágico, al no aceptar más que su propia ley la comunidad política está expuesta a su propia hybris. Bueno, la no dominación no es gratis...Si querés podés ser religioso y rezar...Ciertamente, dimos la vuelta al tema. No encontré ni una caracterización de la "arbitrariedad" de la interferencia ni cómo la representación no es alienación. Por tanto, es muy difícil creer que la representación política es compatible con otros valores muy respetables como "no dominación", "imperio de la ley", etc.

Andrés Rosler dijo...

Diría que dejemos a Rousseau y nos concentremos en el problema de la representación.

Eduardo Reviriego dijo...

Anónimo:
LO que importa realmente es evitar tomar la ficción por realidad, es decir caer en la ilusión de que el legislador es el pueblo, cuando en realidad la función del pueblo, como cuerpo electoral, se encuentra limitada a la creación del órgano legislativo. Creyendo en esa ficción se cae en el peligro de que la democracia, como expresión de la voluntad popular, valga por eso solo para realizar el bien común, con todas las consecuencias que ello acarrea y que nuestra sociedad lo ha vivido durante la llamada década ganada, y que día a día van quedando en mayor evidencia.

Anónimo dijo...

Excelente propuesta, Andrés. Vuelvo a mi duda inicial acerca de la compatibilidad de los siguientes elementos: por un lado, la distinción entre libertad republicana (no dominación o interferencia no arbitraria) y personalismo; por otro, representación política. Conjeturo que, viendo la discusión anterior, mi duda se debe al desconocimiento de la definición de no dominación como interferencia "arbitraria". Hasta ahora, me veo conducido a concluir que el republicanismo (exceptuando a Rousseau) hablando mal y pronto es personalista y sólo contempla la libertad de los representantes; si es que (como dijiste) el antiguo Senado era un mecanismo representativo, y en la modernidad ningún otro republicano abandona la noción de representación.
Resumo mi perspectiva: tal como es presentada habitualmente, la representación política implica necesariamente la enajenación de la deliberación y la decisión por parte del representado. Habitualmente "representación" es (en lo esencial): Senado o congreso representa la voluntad general en la facultad legislativa, lo que comprende la capacidad de remoción directa (juicio político) de gobernantes y jueces. En negativo: el pueblo no gobierna, delibera ni remueve gobernantes y jueces sino a través de sus representantes. Esta caracterización de la representación política, a mi juicio, califica de dominación o interferencia arbitraria. Respecto de la libertad como no dominación, entonces, digo por mi parte que comprende como condiciones necesarias (no suficientes): participación con conocimiento de causa. No sé si hace falta otra cosa; suerte, quizás...pero aquello tiene que estar. Si el ejecutivo y los jueces son representantes, no estoy seguro. Concedo en todo caso que es el "mínimo de representación" necesaria que mencionabas, manteniendo que deben ser elegibles y revocables de manera inmediata y directa por todos los ciudadanos (si es que mantenemos como valores la libertad y la diferencia entre ley y violencia). Sobre el "conocimiento de causa" que debe comportar la participación ciudadana, no hay nada para recurrir al respecto fuera de la sociedad, salvo que mantengamos una posición religiosa (entiéndase por "religiosa": cualquier apelación a una instancia extra social, como un dios creador, o un control constitucional o un legislador independientes afectiva, intelectual y materialmente del tema a tratar).

Eduardo: "evitar tomar la ficción por realidad", tal como vos decís, es una opción. El problema es que literalmente significa no poder distinguir ley de violencia: hago de cuenta que las prescripciones son legítimas (emanan del pueblo) pero sé que no lo son (emanan del representante). No sé cómo se puede decir, a partir de ahí, que somos libres y estamos bajo imperio de la ley ni tampoco que el sistema en que estamos (hablamos del republicanismo) siquiera intente procurar la libertad o el imperio de la ley.

Andrés Rosler dijo...

Estamos dando vueltas. Está todo bastante claro más arriba.

Anónimo dijo...

Cuando dije "desconocimiento de la definición de no dominación como interferencia "arbitraria"", quise decir: hasta ahora lo que veo es una expresión (no dominación) por otra (arbitraria), o sea, es una definición nominal. No tiene contenido específico, como traté de especificar con "participación indelegable y directa con conocimiento de causa" etc.

Andrés Rosler dijo...

Supongamos que la libertad republicana no tiene sentido. Decir que la participación tiene una conexión necesaria con la libertad (sea lo que fuera la libertad, o en todo caso no será la libertad republicana porque estipulamos que no tiene sentido) no es un argumento, a menos que estipulemos que no podemos ser libres sin participar. Es un problema en realidad que tiene cualquier defensa intrínseca de la participación. Toda vez que participemos para lograr X, no va a ser fácil mostrar que sin participación no hay X jamás (en todo caso, participar puede ser muy deseable, sin duda, pero el vínculo entre la libertad y X podrá ser usual, frecuente, etc., pero difícilmente sea necesario). Me estoy repitiendo, prometo que va ser la última vez que lo hago.

Anónimo dijo...

Me parece que, tal como lo planteas, la discusión se abre: un tema es la libertad; otro es lo que podamos lograr con la libertad. Me da la impresión de que vos centrás la discusión en lo que se pueda lograr con la libertad. No digo que sea indigno de atención teórica o práctica. Digo que no creo que sea esencial poner el foco en ello para la discusión acerca de qué es libertad, qué es no dominación, qué es interferencia arbitraria, y cómo todo eso es compatible con la representación. Según entiendo, el primer punto a discutir es la libertad en su ejercicio, por ello insisto en la participación. A mí me parece del todo evidente que el contenido nunca es valioso en sí mismo, sino sólo porque alguien lo valora. Eso remite a la prioridad del ejercicio de la libertad en la discusión acerca de "qué es libertad". Quizás aquí tenemos una diferencia irreductible: para vos lo importante es un contenido específico como "renta mínima para todo ciudadano" o "libertad de expresión"; yo no digo que eso sea despreciable, digo que esos son resultados concretos de un valor superior que se presupone (el ejercicio de la libertad). Lo expreso de otro modo: ¿qué condiciones son necesarias para ejercer la libertad? Decir: no ser interferido arbitrariamente no dice nada sino definimos "arbitrariamente". Seguramente que también es muy genérico "participar con conocimiento de causa en la deliberación legislativa y en la elección-remoción de gobernantes y jueces", pero definitivamente creo que es más concreto que "no dominación" o "interferencia no arbitraria". Porque de esta manera no se restringe la libertad a un contenido específico, sino que se garantiza que sea efectivo cualquier contenido específico que el soberano impulse con conocimiento de causa.

Anónimo dijo...

Ciertamente que "la participación tiene una conexión necesaria con la libertad no es un argumento... a menos que estipulemos que no podemos ser libres sin participar". Es exactamente lo que he dicho varias veces. Lamentablemente yo también me he repetido. La discusión que al menos yo he planteado es: cómo definimos libertad, porque sólo entonces podemos ver su compatibilidad con la representación. Y también he repetido que cambiar una palabra (no dominación) por otra (interferencia no arbitraria) en la definición de libertad republicana no es un argumento interesante, sino una definición verbal o meramente conceptual.

Eduardo Reviriego dijo...

Anónimo:
Sin perjuicio de lo que pensaba Rousseau -perdón Andrés- sobre que el pueblo de Gran Bretaña solo es libre cuando elige el Parlamento y luego vuelve a ser esclavo, nuestra libertad está asegurada por la alternancia y la rendición de cuentas, rendición que presupone alternancia, como lo estamos viviendo actualmente. La ficción de la representación permite hacer posible el gobierno en las grandes sociedades. No es poca cosa. A los representados nos corresponde defender la libertad y evitar que la representación se convierta en dominación, perenne tentación del poder.